Viernes Santo


Viernes Santo

Viernes Santo: Crucifixión y muerte de nuestro Señor.

Todas las profecías se han cumplido, así lo ha confirmado Jesús poco antes de morir en la cruz: «Todo se ha consumado». Pero para poder dar pleno cumplimiento a las escrituras, el hijo de Dios ha debido padecer primero a manos de aquellos a quienes ha venido a salvar.

Mientras los corderos pascuales sangran en el templo, muere un hombre fuera de la ciudad, muere el Hijo de Dios, asesinado por los que creen honrar a Dios en el templo. Dios muere como hombre; se entrega a sí mismo a los hombres, que no pueden dársele, sustituyendo así los cultos infructuosos con la realidad de su inmenso amor.

¡Jesús es condenado a muerte y crucificado! Pilato, representante del poder de Roma, presenta a Jesús a los judíos como su Rey; pero el pueblo lo rechaza y renuncia hoy, Viernes Santo, a la dominación de Dios, para abrazar la dominación del César romano: “No tenemos otro rey que el César.”

Con esta renuncia, el pobre pueblo, sella para siempre su fatal destino. Nadie puede despreciar a Jesús sin despreciarse y perderse a sí mismo al mismo tiempo.

Jesús, es el Rey despreciado por su pueblo. En el relato del Evangelista San Juan, al describirnos la condenación de Jesús, se advierte un marcado empeño por subrayar la regia actitud con que el Señor comienza y termina su Pasión: «Yo soy Rey. A eso he venido al mundo: a dar testimonio de la Verdad».

Los soldados ponen sobre su cabeza una corona de espinas y le saludan: “¡Salve, Rey de los Judíos!”. Pilato se sienta en su tribunal, y pregunta a los judíos: “¿Queréis que crucifique a vuestro Rey?” Ellos respondieron: “Nosotros no tenemos más rey que el César.”

Jesús sube a la Cruz como Rey. Así lo prueba la inscripción que se coloca sobre ella: “Jesús Nazareno, Rey de los judíos.” El Señor dispone de su Cuerpo como un Rey.

Reconozcamos nosotros en el Crucificado de hoy al Rey, a Nuestro Rey, y acatémoslo.

¡Qué humillado, qué ultrajado, qué despreciado esta!

¡Él, el Rey!

EL VIERNES SANTO SEGÚN EL CATECISMO DE SAN PIÓ X

61. ¿Por qué el Jueves y Viernes Santos van los fieles a visitar el Santísimo Sacramento en muchas Iglesias, en pública procesión o en particular? – El Jueves y Viernes Santo van los fieles a visitar el Santísimo Sacramento en muchas Iglesias en memoria de los dolores que sufrió Jesucristo en muchos lugares, como en el Huerto, en las casas de Caifás, Pilatos y Herodes y en el Calvario.

62. ¿Con qué espíritu han de hacerse las visitas a los monumentos? – Las visitas a los monumentos han de hacerse no por curiosidad, costumbre o pasatiempo, sino con sincera contrición de nuestros pecados, que son la verdadera causa de la pasión y muerte de nuestro Redentor; y con verdadero espíritu de compasión de sus penas, mediante los diversos padecimientos que sufrió; por
ejemplo: en la primera visita, lo que padeció en el Huerto; en Ia segunda, lo que sufrió en el pretorio de Pilatos, y así en las demás.

63. ¿Por qué el Viernes Santo, de un modo particular, ruega la Iglesia al Señor por toda suerte de personas, aun por los paganos y judíos? – La Iglesia, el Viernes Santo, ruega de un moceo particular al Señor por toda suerte de personas para demostrar que Jesucristo murió por todos los hombres, y para implorar en beneficio de todos el fruto de su Pasión.

64. ¿Por qué el Viernes Santo se adora solemnemente la Cruz? – El Viernes Santo se adora solemnemente la Cruz porque, habiendo sido Jesucristo clavado y muerto en ella en este día, la santificó con su sangre.

65. Si la adoración se debe a sola Dios, ¿cómo se adora también la Cruz? – La adoración se debe a solo Dios, y por esto, cuando se adora la Cruz, nuestra adoración se refiere a Jesucristo, que murió en ella.

 

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