Victoria a través del Santo Rosario


Desde la época de Santo Domingo, el Santísimo Rosario ha sido el arma por la cual Nuestra Señora ha traído las mayores victorias para la Iglesia. En muchas ocasiones, cuando todo parecía humanamente perdido, este acto de confianza en Nuestra Señora, ha transformado lo que parecía cierto fracaso en un triunfo glorioso. La heroica convicción mostrada por los católicos de generaciones pasadas y presentes, muestra el poder de Nuestra Señora y su sefura intercesión para superar los mayores obstáculos.

¿Otorgará Nuestra Señora una victoria a los católicos del siglo XXI como lo hiciera en el pasado? Como han testificado los católicos de generaciones anteriores, confiar en la victoria segura del Inmaculado Corazón de María a través del rosario puede derrotar a las fuerzas del mal y cambiar el curso de la historia.

El Rosario y Santo Domingo derrotan la herejía

El rosario, como arma espiritual contra el mal, tiene una historia muy larga y preciosa. En la Francia de los siglos XII y XIII, un grupo de herejes conocidos como los albigenses estaba destruyendo las mentes de los laicos católicos con sus ideas erróneas. La enseñanza de los albigenses alentaba al suicidio, muchas veces por inanición auto-inducida, porque creían que el cuerpo era un mal intrínseco y que el alma debía ser liberada de la materia a toda costa.

Sin embargo, como la historia a menudo muestra, la Providencia suscita grandes santos en tiempos de crisis. Esta vez no fue diferente. Santo Domingo, nacido de noble linaje, recibió el Santísimo Rosario de manos de Nuestra Señora. Ella entregó a Santo Domingo el rosario como arma para combatir la horrible herejía albigense.

El Papa Inocencio III proclamó una cruzada para librar a Francia de la influencia de los herejes albigenses. En septiembre de 1213, Raimundo de Tolosa se unió a Pedro II de Aragón para luchar contra los enemigos de la Iglesia, que los superaba ampliamente en número.

Los dos bandos estaban acampados fuera de la guarnición de Muret en el sur de Francia. Los cruzados, apenas 800 hombres liderados por Simon de Montfort, pasaron Pasó la noche rezando el Rosario, pidiendo la victoria bajo la dirección de Santo Domingo. Por la mañana todos fueron a confesarse y luego a recibir la Sagrada Comunión.

Los ejércitos enemigos, que sumaban más de 20,000 hombres, seguros de la victoria, se entregaron a una noche de embriaguez y libertinaje. A la mañana siguiente, Simon de Montfort dividió a su caballería en tres escuadrones que se lanzaron sobre las huestes desorganizadas de los herejes. La derrota se completó en menos de veinte minutos, y la vida de miles de herejes llegó a su fin en el campo de batalla.

La batalla de Muret marcó una victoria decisiva y puso fin a la expansión territorial del albigensianismo. Con la predicación del rosario, este peligro pronto se extinguió.

El dominico inglés Nicholas Trivet escribió más tarde:

«Santo Domingo peleó con la oración, Montfort con las armas. Simón de Montfort construyó la primera capilla dedicada al Rosario como un acto de acción de gracias por la victoria en Muret».

La batalla de Lepanto: el rosario salva la cristiandad

La batalla de Lepanto tuvo lugar en 1571 y fue un conflicto crucial entre los defensores cristianos y los invasores turcos otomanos, una de las mayores batallas navales de todos los tiempos.

Los piratas musulmanes saqueaban constantemente Grecia y el Mediterráneo Oriental, y los buques de guerra otomanos capturaban barcos cristianos y esclavizaban a un gran número de marineros. El Papa san pío V pidió a los poderes católicos de Europa que se unieran en una cruzada contra el enemigo que amenazaba a la cristiandad.

Después de convocar a la cruzada, pidió a cada católico no combatiente, en todo el mundo cristiano, que rezara el Santo Rosario. Sin embargo, incluso después de este llamado a las armas, la flota cristiana en Lepanto era superada en gran medida por los turcos otomanos.

Poco antes de la batalla, los musulmanes gritaban insultos y blasfemias, golpeando cualquier cosa que hiciera ruido. En contraste, los cristianos guardaron un silencio ominoso, llevando sus armas en una mano y sus rosarios en la otra. Poco después, los cristianos y los musulmanes se vieron inmersos en una sangrienta batalla.

La Batalla de Lepanto.

Los cronistas relatan que Don Juan de Austria condujo valientemente a los cristianos desde el puente de su buque insignia. Relatan que los musulmanes dispararon al enorme crucifijo que se hallaba en la cubierta principal de su nave, pero el cuerpo de Nuestro Señor giró milagrosamente para evitar el impacto.

Por su parte, los cronistas musulmanes de la batalla también informaron haber visto en el cielo a una dama vestida con una armadura que sostenía a un niño, que los miraba con mirada terrible. Aterrados ante esta vista, los turcos comenzaron a perder el control de la flota y los cristianos presionaron el ataque.

Así fue que el 7 de octubre de 1571, la flota cristiana se levantó con una victoria milagrosa. El Papa San Pío V fue bendecido con una visión de la victoria en Lepanto, y ordenó procesiones públicas en acción de gracias.

Cuando los mensajeros llegaron a Roma una semana después para informar sobre la victoria de la flota cristiana, se sorprendieron al descubrir que todos ya sabían el resultado, ya que ordenadas por el Santo Pontífice, todas las iglesias de la ciudad, repicaron sus campanas anunciando la noticia. Inmediatamente acreditó la victoria a Nuestra Señora, estableciendo el 7 de octubre como la fiesta del Santísimo Rosario.

El asedio de La Rochelle: el rosario salva a Francia de una rebelión protestante

En los siglos XVI y XVII, Francia fue destrozada por una serie de guerras religiosas entre católicos y hugonotes protestantes que intentaban tomar el poder. En 1598, el rey Enrique IV, en un esfuerzo por establecer la paz, emitió el Edicto de Nantes que preveía la tolerancia de los protestantes mientras mantenía el catolicismo como la religión establecida en Francia.

Sin embargo, la paz largamente deseada fue de corta duración. Los hugonotes entraron en rebelión formal en la ciudad occidental de La Rochelle contra el gobierno del rey católico Luis XIII en el año 1628.

Los protestantes se hicieron aún más fuertes al formar una alianza con Inglaterra. El rey Luis, que no estaba dispuesto a ver su reino desgarrado, hizo de este levantamiento su primera prioridad. Los rosarios públicos y las procesiones se celebraban todas las noches en las iglesias católicas de toda Francia durante los ocho meses de la duración del asedio.

Los frailes dominicos acompañaron al rey al campo de batalla y predicaron a los ejércitos de los franceses la necesidad de rezar el rosario diariamente por la victoria. Los sacerdotes distribuyeron más más de 15,000 rosarios entre las tropas, que los soldados rezaron juntos a horas determinadas durante el día.

El 28 de octubre de 1628, los hugonotes se rindieron incondicionalmente a los ejércitos del rey Luis XIII cuando los ingleses no pudieron acudir en su ayuda.

Los franceses victoriosos entraron a la ciudad el 1 de noviembre, fiesta de Todos los Santos, guiados por los dominicos cantando la Letanía de Loreto y llevando una gran pancarta con la imagen de Nuestra Señora del rosario. Los frailes permanecieron durante tres semanas y distribuyeron más de 1,500 rosarios a aquellos en La Rochelle que se reconciliaron con la Iglesia.

El rey Luis XIII regresó a París y financió la construcción del santuario de Notre Dame des Victoires (Nuestra Señora de las Victorias) en acción de gracias por la intercesión de Nuestra Señora por la victoria en La Rochelle.

La Naval de Manila: Nuestra Señora salva a Filipinas de una invasión holandesa

La guerra entre los españoles y los holandeses en Europa durante el siglo XVI pronto llegó al otro lado del globo. A través de la piratería y la fuerza bruta, los holandeses protestantes capturaron todas las posesiones portuguesas en el sudeste asiático para el año 1600. Su próximo objetivo era conquistar Filipinas, el puesto avanzado más lejano del Imperio español.

La situación en Filipinas en ese momento era sombría: las erupciones volcánicas en la década de 1630 provocaron escasez de alimentos que paralizaron Manila, y luego un violento terremoto que destruyó 150 estructuras, sacudió la ciudad en 1645. Además, tuvieron lugar numerosos naufragios que disminuyeron la fuerza naval de las islas. La flota hispano-filipina se quedó con solo dos buques viejos que se enfrentan a una armada de dieciocho buques de guerra holandeses.

En 1646, el gobernador Fajardo en Manila ordenó el despliegue de los dos buques para enfrentar a los barcos holandeses. Cuatro sacerdotes dominicos fueron asignados como capellanes de los dos barcos, y todos a bordo fueron a confesión y comunión antes de partir. Los soldados hicieron un voto a Nuestra Señora del Rosario para peregrinar a su santuario en Manila en caso de que ella les concediera la victoria.

Durante los siguientes seis meses, los hombres de ambas embarcaciones recitaban el rosario a diario de rodillas, rogándole a la Reina del Cielo que les ayudara en esta situación que les era del todo adversa.

A través de una serie de cinco batallas durante este período, la flota hispano-filipina pudo hacer huir a los holandeses en cada ocasión. En su segundo encuentro, los holandeses protestantes tenían el buque insignia de los españoles rodeado, sin embargo, los soldados católicos se mantuvieron impávidos y luego informaron que sus cañones y mosquetes dispararon con una precisión sorprendente a la vez que extraña.

Un cañonero atestiguó que disparó diecinueve tiros de cañón en sucesión sin fallar uno solo disparo, llevando el Santo Rosario en una mano y una antorcha en la otra, mientras proclamaba en voz alta: «¡Viva la Virgen!»

Hacia el final del año, los holandeses que se retiraban habían sufrido la pérdida de dos barcos con otros tres gravemente dañados, y un estimado de 500 soldados muertos durante los enfrentamientos.

Nuestra Señora de La Naval.

Los invasores se retiraron a su base en Indonesia, para no amenazar nunca más a Filipinas. Los victoriosos españoles y filipinos regresaron a Manila con solo quince bajas. Los soldados cumplieron sus votos e hicieron una peregrinación descalzos al santuario de Nuestra Señora del Rosario en Manila como un solemne acto de acción de gracias.

Todos los años, para la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, se realiza una procesión en acción de gracias por la victoria milagrosa dada a través del rosario por Nuestra Señora de La Naval.

La batalla de Peterwardein: El fin a la amenaza musulmana

Después de la batalla de Viena en 1683, los turcos continuaron amenazando a Europa. El príncipe Eugenio de Saboya recibió la misión de poner fin a la amenaza musulmana y restaurar las tierras húngaras ocupadas por los turcos durante más de un siglo. Recordando los éxitos de su predecesores, el papa Clemente XI renovó el llamado a todos los católicos a rezar el rosario por una victoria decisiva sobre los turcos.

El año 1716 marcó una nueva ofensiva islámica en el interior del Sacro Imperio Romano. La fortaleza de Peterwardein, ubicada en la actual Serbia, estaba en peligro de caer en manos del enemigo. El príncipe Eugenio llegó a la ciudad con una fuerza de 60,000 hombres, solo para encontrar un ejército contrario con más del doble de hombres liderado por el Gran Visir turco. El Príncipe Eugenio, usando un pensamiento rápido y una estrategia acertada, pudo derrotar a los ejércitos invasores y ponerlos en fuga.

La victoria decisiva resultó en una pérdida de 3.000 tropas cristianas, mientras que los musulmanes perdieron varias veces ese número, incluido el Gran Visir que era su comandante. Esta batalla  puso fin a los intentos de invasiones islámicas a gran escala de Europa continental.

El Papa Clemente le envió al Príncipe Eugenio una espada ceremonial con gemas incrustadas como agradecimiento por su valiente defensa de la cristiandad. En acción de gracias por esta victoria otorgada por Nuestra Señora, el Santo Padre ordenó que la Fiesta del Santo Rosario, hasta entonces solo celebrada en ciertos países, se agregara al calendario universal de la Iglesia, para que los católicos de todas partes pudieran honrar a la Reina del Cielo por sus muchas victorias otorgadas a través del rosario.