Un trato con Nuestra Señora

En la ciudad de Doul, en Francia, vivía un joven caballero llamado Ansaldo. Este caballero fue adiestrado en las artes de la equitación y la batalla. Como era común para aquellos en la línea de trabajo de Ansaldo, recibió una herida de flecha durante una batalla, misma que se enterró tan profundamente en la mandíbula, que no fue posible extraer el hierro.

Después de cuatro años de sufrimiento, el afligido hombre  no pudo soportar más el dolor. Su aflicción lo había puesto muy enfermo, era una sombra de su antiguo y robusto ser. Pensó que volvería a intentar extraer el hierro. Pero antes de hacerlo, esta vez decidió hacer un trato con la Santísima Virgen.

Desde su lecho de enfermo, Ansaldo le suplicó a la Madre de Dios que le sanara la mandíbula y le devolviera la salud. A cambio de esta gran gracia, se comprometió a visitar una imagen sagrada de ella en la ciudad de Doul cada año, y ofrecer una cierta cantidad de dinero sobre su altar si Ella lo concedía.

Apenas había hecho el voto, el hierro, sin ser tocado, cayó de su mandíbula y se metió en su boca.

Al día siguiente, enfermo como estaba, fue a visitar la imagen sagrada. Con mucho esfuerzo, el hombre debilitado, pero esperanzado, colocó el regalo prometido sobre el altar.

Inmediatamente, se sintió completamente restaurado a la salud.

Asombrado por la rápida respuesta materna de María Santísima, Ansaldo nunca olvidó su voto y regresó todos los años para cumplir su parte del trato.

De las glorias de María, por san Alfonso María de Ligorio.