Un sacerdote muy «burro» del que todos aprendieron una lección…


Si bien es cierto que San Juan María Vianney  fue un predicador admirable, capaz de convertir con la gracia de Dios a los pecadores más obstinados, también fue sin embargo, menospreciado por varios de sus compañeros debido a sus limitaciones en los estudios.

Hijo de campesinos, San Juan María Vianney, también conocido hoy como el Santo Cura de Ars, se sintió llamado al sacerdocio cuando era muy joven. Debido a los aciagos días de la revolución francesa, vio impedido de asistir a la escuela.

Cuando las tensiones se relajaron en Francia, finalmente se matriculó en una escuela local. Aunque era el mayor de la clase, Juan María no era el mejor en los estudios.

Sus compañeros le provocaban constantemente fastidiándole por “burro“, por usar un término relativamente blando. Una vez, a propósito, un estudiante le humilló, porque Juan María no supo responder a una pregunta y, como si no fuera suficiente, le propinó una bofetada en la cara. El alumno era Mathias Loras. Juan María acabó convirtiéndole en su amigo. Años después, Mathias se convertiría en el primer obispo de Dubuque, Iowa, en Estados Unidos.

Juan María Vianney fue autorizado a estudiar en el seminario, pero era considerado “muy lento” por sus instructores. Después de ser suspendido en más de un examen, su rector le dijo:

“Juan, los profesores no te consideran apto para la sagrada ordenación al sacerdocio. Algunos te tachan de ‘burro que no sabe nada de teología’. ¿Cómo haremos para promoverte al sacramento del sacerdocio?”

La respuesta que San Juan María Vianney le dio se hizo célebre:

“Monseñor, si Sansón mató a cien filisteos con la quijada de un burro. ¿Qué no podría hacer el buen Dios con un burro entero?”

Juan María acabó siendo ordenado sacerdote no por causa de sus luces intelectuales, que de hecho no eran su fuerte, sino por lo que más importa en cualquier sacerdote: la santidad de vida.

Se convirtió en uno de los más santos y extraordinarios párrocos conocidos en toda la historia de la Iglesia y en nada más y nada menos que en el Santo Patrono de los Párrocos.