Tiempos «Modernos»…


A nuestro alrededor reinan la inmoralidad, la rebelión, la abyección, el egoísmo, la ambición, el fraude y la desesperación. Todo atestigua la muerte casi completa de la civilización cristiana. Sin embargo, hay un vaso de elección, un vaso que Nuestra Señora eligió para ser uno de gloria y honor, un vaso de castidad y fidelidad. En este vaso, Nuestra Señora recogió el sentido católico del pasado, la devoción a ella, el amor por todas las tradiciones católicas abandonadas por otros. Ella también puso en este recipiente la esperanza y la certeza de su reino. Este recipiente es el pequeño remanente.

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Desacralización pública de la Catedral de San Esteban en la capital Austriaca. Crédito: Tradition in Action.

Desacralización pública de la Catedral de San Esteban en la capital Austriaca. Crédito: Tradition in Action.

En esta terrible noche, a través de las bendiciones de Nuestra Señora, el alma del últimos verdaderamente cristianos, es un vínculo entre el pasado y el futuro. Una persona que pertenece a este remanente cree en su promesa. Tiene la certeza de que el Inmaculado Corazón de María triunfará.

Esta certeza le da tranquilidad en medio de los mayores sufrimientos, que es una posición de alma similar a la que tuvo Nuestra Señora aquel Sábado Santo. Hasta que venga el Reino de María, viviremos un largo Sábado Santo donde todo lo que amamos está en el sepulcro – Despreciado, odiado y completamente abandonado.

Sin embargo, tenemos la certeza de que la victoria será nuestra. Ella nos escogió a nosotros para repetir e imitar su fidelidad en nuestros lamentables tiempos. Ésta es la oración que podríamos decirle los sábados:

Oh Inmaculado y Sabio Corazón de María, haz que mi corazón sea como el tuyo. Cuando todo lo que me rodea afirme lo contrario, cuando el mundo parezca derrumbarse, las estrellas del cielo caer y las columnas de la tierra venirse abajo, incluso en tal calamidad, dame la serenidad, la paciencia, el celo apostólico y el coraje para afirmar: Tu Inmaculado Corazón Triunfará!