Teófilo, el hombre que vendió su alma al diablo

La historia representada sobre la entrada norte de la Catedral de Notre Damme. Creative Commons.

Historias de la Leyenda Dorada de  Santiago de la Vorágine

Teófilo era un hombre que vendió su alma al diablo. Parece que él no fue el primero, y ciertamente no el último en hacer tal cosa. Firmó un contrato con el diablo con su propia sangre para mantener su posición en una diócesis de Sicilia. Luego, después de muchos años, Teófilo tuvo miedo de pensar en su muerte. Tocado por la gracia, se arrepintió y pidió a la Virgen para que lo rescatara de su pacto.

En Sicilia, en el año 537, según el informe de Fulbert de Chartres, había un hombre llamado Teófilo, que servía como administrador a un obispo. Teófilo manejaba los asuntos de la Iglesia con tal habilidad que cuando el Obispo murió, toda la población lo aclamó como digno del episcopado. Sin embargo, estaba contento de permanecer como administrador y prefería que alguien más fuera ordenado como Obispo.

Pero con el tiempo, este nuevo obispo privó a Teófilo, quien no lo deseaba, de su cargo. Teófilo cayó en tal desesperación que, para recuperar su honorable puesto, buscó el consejo de un hechicero judío. El hechicero convocó al diablo, quien vino inmediatamente. Entonces, Teófilo, a la orden del demonio, renunció a Cristo y a su Madre, repudió la Fe católica, escribió la declaración de su renuncia y repudio con su propia sangre, misma que firmó y selló. Luego se lo dio al diablo, prometiéndose así a su servicio. Al día siguiente, por la manipulación del Diablo, Teófilo fue devuelto a las buenas gracias del Obispo y reincorporado a su cargo.

Sin embargo, con el tiempo, el hombre miserable recobró el sentido y lamentó lo que había hecho. Con toda la devoción de su corazón, recurrió a la gloriosa Virgen. En un momento determinado, la Santísima Virgen María se le apareció, lo reprendió con severidad por su impiedad, le ordenó que renunciara al diablo y le hizo confesar su fe en ella y en Cristo, el Hijo de Dios, y en toda la doctrina católica.

Así que ella lo trajo de vuelta a su favor y al de su Hijo. En señal del perdón que le concedió, ella se le apareció nuevamente y le devolvió el pergamino que le había dado al Diablo, colocándolo en su pecho como una señal de que no debía temer que pudiera estar al servicio del demonio, y que, a través de Su Intervención, era un hombre libre.

Habiendo recibido este regalo, Teófilo se llenó de alegría. Fue ante el obispo y toda la población, y dio un informe completo de los eventos. Todos se llenaron de admiración y elogiaron a la gloriosa Virgen, y Teófilo, tres días después, se durmió en la paz del Señor.

 

Fuentes

https://www.traditioninaction.org/religious/h007rp.Theophilus.html
Traducido y adaptado por Proyecto Emaús