¿Será el sínodo de la Amazonía un sínodo cismático?


Tal es la confusión en la iglesia de hoy, que esta religiosa no tiene inconveniente en participar en un rito pagano.

Los pasados días 6 y 7 de septiembre, el CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) y la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) se reunieron en Bogotá para hablar del Sínodo de Obispos que tendrá lugar en el Vaticano entre el domingo 6 y el domingo 27 de octubre con el título «Amazonía; nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral».

En el comunicado final de la reunión, el presidente del CELAM, monseñor Miguel Cabrejos, y el de la REPAM, cardenal Cláudio Hummes, tras expresar su «su alegría por la convocatoria del Sínodo por el Santo Padre», reiteran su «esperanza de seguir promoviendo una Iglesia con rostro amazónico y rostro indígena, para continuar el proceso en la implementación».

Con ocasión del encuentro con el Papa, el recién nombrado cardenal Michael Czerny, secretario especial para el Sínodo para la Amazonía, declaró: «Amazonía es la primera palabra del nombre del Sínodo. Puede afirmarse que la Amazonía, con sus pueblos, su realidad, su territorio, sus habitantes, es el tema del Sínodo, es su tema central. Por eso, como primera, o mejor dicho primerísima preocupación está la gente, los pueblos, y en particular los pueblos indígenas».

Sin embargo, como suele suceder en estos encuentros, lo importante no son las declaraciones oficiales, sino las reuniones privadas entre los hombres clave y los documentos que circulan entre ellos con miras a organizar mejor la estrategia mediante la cual puedan alcanzar sus objetivos.

Uno de dichos documentos, titulado Hacia el Sínodo Panamazónico: desafíos y aportes desde América Latina y el Caribe, es fruto de una reunión anterior celebrada igualmente en la capital de Colombia el pasado mes de abril por iniciativa de las organizaciones Amerindia y REPAM.

LifeSiteNews, que el pasado día 3 publicó este artículo, ha revelado que en el encuentro de Bogotá estuvieron presentes cuatro personajes encargados por el papa Francisco de la preparación del Sínodo: el padre Paolo Suess, estrecho colaborador del obispo Erwin Kräutler, miembro del consejo presinodal; Mauricio López, secretario de la REPAM y miembro también del mencionado consejo; el asesor indígena padre Justino Sarmento Rezende, y Peter Hughes, igualmente asesor.

Estos cuatro señores serían los redactores principales del Instrumentum laboris con el que trabajaran los padres sinodales en octubre. Como señalan Maike Hickson y Matthew Cullinan, autores del artículo que publicó LifeSiteNews, el documento de Bogotá tiene por objeto socavar o invertir los elementos fundamentales de la doctrina católica, sosteniendo que la Iglesia no tiene el monopolio de la salvación y que el pluralismo y la diversidad de religiones son expresiones de una sabia voluntad divina; que las religiones no cristianas tienen capacidad para proporcionar la salvación, y que es preciso revalorizar las tradiciones religiosas paganas de los indígenas amazónicos; el texto redefine la Eucaristía como acto simbólico de la comunidad; ataca el sacerdocio jerárquico del Nuevo Testamento y prevé la creación de nuevos ministerios para los laicos, así como la posibilidad de la ordenación de diaconisas y la ordenación sacerdotal de hombres casados; promueve también una nueva teología indigenista, feminista y ecológica, y se propone exportar este modelo para crear una Iglesia de rostro amazónico.

Por otra parte, el cardenal Müller ha señalado:

«Si en la Amazonía se ordenan sacerdotes hombres dignos que viven en uniones declaradamente estables (¿tanto si son matrimonios canónicamente válidos como si no?) a fin de proporcionar (!) sacramentos a los fieles, incluso sin formación teológica (IL 129, 2), ¿qué motivo habría para que ello no se convirtiera a la larga en un acicate para introducir los viri probati en Alemania, donde la sociedad ya no acepta el celibato y donde muchos teólogos casados estarían dispuestos a ocupar como sacerdotes puestos vacantes entre el clero célibe?

El 14 de agosto pasado en Bogotá, que se está convirtiendo en uno de los principales centros de difusión de los errores amazónicos, Isidoro Jajoy, hechicero de la tribu colombiana inga, impartió su bendición a religiosos de ambos sexos en uno de los jardines de la sede de la Conferencia Episcopal Colombiana durante una de las reuniones preparatorias para el Sínodo. La foto se ha hecho viral y confirma hasta qué punto ha llegado el proceso de alteración de la doctrina y constitución de la Iglesia. No se equivoca el arzobispo José Luis Azcona, obispo emérito de la prelatura de Marajó, en la región amazónica brasileña, que en una entrevista concedida a Aciprensa manifiesta su temor por el peligro de cisma.

Igualmente en Alemania, el cardenal Rainer Woelki, arzobispo de Colonia, ha expresado en unas declaraciones al Kirchenzeitung Köln su temor de que «el camino sinodal emprendido por el episcopado alemán conduzca a un cisma en la Iglesia alemana y en la universal». Lo habitual en la historia de la Iglesia es que los cismas precedan a las herejías, como sucedió con el cisma anglicano en el siglo XVI.

Hoy en día, la difusión de errores y herejías precede a la formación de una fractura eclesial, también porque lo habitual es que aparte de la Iglesia enfrentándose al Papa, pero en nombre del Papa algunos obispos están preparando su separación de la Iglesia. ¿Qué hará el pontífice Bergoglio si el enfrentamiento se hace abierto?

El pasado 10 de septiembre, en el avión que lo llevaba de vuelta a Roma tras su viaje a África, declaró: «Rezo por que no suceda, pero no tengo miedo a que haya un cisma en la Iglesia». Para el mismo Papa, la posibilidad de una división intraeclesial no es remota. Sin embargo, el Vicario de Cristo se equivoca en no temer un desgarro en el Cuerpo Místico.

Los católicos que aman de verdad a la Iglesia tienen horror a los cismas y herejías y están dispuestos a defender hasta la última gota de su sangre la pureza e integridad de las enseñanzas de Cristo. Por esa razón va en aumento la resistencia a un sínodo que podría pasar a la historia como el sínodo cismático de la Amazonía.

Si los errores panteístas, pelagianos y luteranos que contienen el documento de Bogotá y el propio Instrumentum laboris no se corrigen, el Sínodo de la Amazonía corre el riesgo de volverse un sínodo abiertamente cismático, como lo fueron el filoarriano de Milán (355), el monofisita de Éfeso (449), el nestoriano de Constantinopla (553), el conciliarista de Basilea (1438) y el jansenista de Pistoya (1786).

En la lucha contra el arrianismo, pocos fueron los obispos, entre ellos San Eusebio de Vercelli y San Paulino de Tréveris, que tuvieron valor en el siglo IV en Milán para enfrentarse a la asamblea y al emperador Constancio II, que había convocado el sínodo y pretendía imponer en él su voluntad política.

Y pocos son también al parecer hoy en día los cardenales y obispos que están dispuestos a hacer frente a la política del papa Francisco con el heroísmo que exigen las circunstancias. Sin embargo, las manifestaciones de fidelidad a la Iglesia por parte de sacerdotes y laicos se extienden, y no sólo en EE.UU., como dice el Santo Padre, sino en todos los países.

Somos hijos de una Iglesia militante que no acoge ni da cabida al error, sino que lo combate y defiende la verdad. Una Iglesia que quiere conquistar las almas y la sociedad entera para Cristo. Una Iglesia que se aparta de quien en su fuero interno profesa otra religión. Una Iglesia que encomendamos a la Santísima Virgen María para que la proteja mediante sus ángeles en las próximas y decisivas semanas.

Fuentes

Artículo publicado originalmente en: http://www.robertodemattei.it/
Traducido por Adelante la Fe
Adaptado por Proyecto Emaús