Semana Santa


Los más grandes misterios de nuestra redención , es decir, la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, fueron celebrados cada año por la Santa Madre Iglesia desde la época apostólica, con una solemnidad muy peculiar. Se conmemoraban ante todo los momentos más salientes en un especial triduo llamado “Triduo de Cristo Crucificado, Sepultado y Resucitado”. Se añadió después la conmemoración de la institución de la Santísima Eucaristía; y finalmente, en la Dominica que precede inmediatamente a la Pasión, se instauró la celebración litúrgica de la Entrada Triunfal de Nuestro Señor Jesucristo, Rey y Mesías, en la ciudad llamada Santa y fue enriquecida con ritos cada vez más esplendidos y piadosos.

Estos ritos se celebraban al principio en los mismos días y a la misma hora en que habían sucedido los misterios recordados. Así, la institución de la Santísima Eucaristía, se conmemoraba en la tarde del Jueves con la Misa Solemne IN CENA DOMINI; en la tarde del Viernes, se desarrollaba una función litúrgica especial en conmemoración de la Pasión y Muerte del Señor, y por la tarde del Sábado se daba comienzo a la Solemne Vigilia que terminaba a la mañana siguiente con la Gloria de la Resurrección.

Procuren los buenos cristianos asistir a todas las funciones de esta Semana, no como simples espectadores, llevados de la rutina o curiosidad, sino penetrando el sentido espiritual y litúrgico de las mismas. Váyanlas siguiendo devotamente con el misal en las manos y atendiendo a todas y cada una delas ceremonias  y verán por experiencia, el fruto de santificación que reportaran de ellas.

Decreto de la Sagrada Congregación de Ritos. 16 de Noviembre de 1955

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