23 de Marzo: Santo Toribio de Mogrovejo

Santo Toribio de Mogrovejo

Santo Toribio de Mogrovejo Cursó estudios en Valladolid, primero, y en Salamanca, después, con grandísimo aprovechamiento. Felipe II lo nombró presidente de Granada, cuyo cargo desempeñó con la inteligencia e integridad propias de un hombre tan sabio y tan santo como él. El mismo mo­narca le eligió para arzobispo de Lima, capital del Perú que entonces dependía de España, de la que recibió la organización, las instituciones, la religión y el idioma.

Santo Toribio de Mogrovejo gobernó con celo, abnegación, caridad, entereza y dulzura, y por esto se granjeó la estima de sus súbditos, la cual se acrecentó hasta la ve­neración a causa de su santidad y de los numerosos milagros que obraba.

Fue el padre, el pastor y el apóstol de aquellas tierras, visitadas por él en medio de dificultades, privaciones y sacrificios; reprendía a los avaros y animaba a los oprimidos; instruía a los indios, los catequizaba y los socorría. Cum­pliendo su misión apostólica en el pueblo de Santa, a ciento diez leguas al norte de Lima, le sorprendió la muerte, que le abrió las puertas del cielo, el 23 de marzo de 1606.


Día celebración: 23 de marzo / 27 de abril.
Lugar de origen: Mayorga (España).
Fecha de nacimiento: 16 de noviembre de 1538. 
Fecha de su muerte: 23 de marzo de 1606  Lima (Perú) .
Santo Patrono de: Episcopado Latinoamericano.


Contenido

– Introducción
– Llegada al Perú
– Primeras acciones
– Sacrificios
– Milagros
– Enfermedad y muerte
– Culto
– Oración a Santo Toribio de Mogrovejo


Introducción

Santo Toribio de Mogrovejo,  nació el 18 de noviembre de 1538 en Mayorga, España. Desde la infancia se sinti6 inclinado a la piedad y le tuvo horror al pecado; en vez de los juegos, encontraba placer en adornar los altares y servir a los pobres. Devotísimo de la Santísima Virgen María,  rezaba a diario su oficio, el Rosario y ayunaba todos los sábados. Más de una vez fue necesario moderar sus mortificaciones; durante sus estudios en Valladolid y Salamanca, daba un buena parte de sus alimentos a los pobres.

Muy pronto, el rey Felipe II tuvo oportunidad de conocer los méritos del joven estudiante y le confié puestos importantes, al grado de llegar a nombrarle presidente del Tribunal de la Inquisición en Granada, a pesar de que solo era un laico. Tras de haber desempeñado su oficio durante cinco años, satisfactoriamente para todos, Toribio fue elegido para ocupar la sede arzobispal de Lima, capital del Perú.

Una serie de escándalos impedía la conversión de los infieles en aquel país de América y, en la corte española se consideraba que Santo Toribio de Mogrovejo era el único hombre capaz de poner remedio a los excesos. Pero éste recibió la noticia de su elección como la de un suceso funesto: consternado y bañado el rostro en lagrimas, se echó a los pies del crucifijo; escribió en seguida al Consejo del Rey una extensa carta en la que declaraba su incapacidad y recordaba los cánones de la Iglesia que prohibían elevar a un laico al episcopado.

Aquel acto de humildad fue para Toribio una fuente de gracias. Sus razones no fueron aceptadas y tuvo que consentir en su elección.

Llegada al Perú

Santo Toribio de Mogrovejo se preparó entonces a su ordenación; solicit6é recibir las cuatro órdenes menores en otros tantos domingos, para tener el tiempo de cumplir con sus funciones; después recibió las demás órdenes, fue consagrado obispo y se embarcó sin demoras para el Perú. Llegó en 1581, cuando acababa de cumplir cuarenta y dos años. La diócesis de Lima, tenia ciento veinte kilómetros de extensión a lo largo de las costas; aparte de varias poblaciones, comprendía una multitud de aldeas dispersas por la cordillera de los Andes.

Los conquistadores se habían conducido como verdaderos tiranos con respecto a los indios y, tras la conquista, se desataron las guerras civiles y las disensiones internas; las costumbres habían caído en una condición deplorable y, en vez de reaccionar, los clérigos contribuían con su conducta a aumentar los escándalos. El santo arzobispo no pudo contener las lagrimas al constatar todos
aquellos desórdenes y se propuso recurrir a todas las medidas necesarias para remediarlos.

Primeras acciones

Sus primeros mandatos, enérgicos y prudentes, lograron detener el curso de los escándalos públicos en Lima y así, el arzobispo pudo emprender la visita de su diócesis, a lo cual consagré siete años. Es imposible dar una idea precisa sobre los peligros que debió afrontar, las fatigas y penurias que debió soportar; tuvo que escalar altísimas montañas escarpadas, cubiertas de hielo o de nieve, para llegar hasta las chozas miserables de los pobres indios.

A menudo, tenía que hacer sus viajes a pie; pero aún así oraba y ayunaba sin cesar para asegurar los frutos de sus trabajos apostólicos. Por todas partes colocó a pastores sabios y celosos, fue el azote de los pecadores públicos y el protector de los oprimidos, sin cuidarse de la calidad, dignidad o poder de las personas a las que había necesidad de reprimir. Medidas tan enérgicas le  atrajeron persecuciones; le malquistaron con los gobernantes del Perú, que todo lo sacrificaban a sus placeres y sus intereses; pero Santo Toribio de Mogrovejo hizo frente a sus enemigos con su paciencia y su dulzura, sin abandonar por ello su firmeza contra el mal.

Muchos de los poderosos, para excusar ciertos abusos, alegaban que esa era la costumbre; pero su argumentación era vana, porque Toribio les respondía invariablemente, como Tertuliano, que Jesucristo se llamaba verdad y no costumbre y que, en el tribunal de Dios, nuestras acciones serán pesadas en la justísima balanza del Santo de los Santos.

A fin de que se extendiera y perpetuara su obra, Santo Toribio de Mogrovejo decidió realizar sínodos diocesanos cada dos años y sínodos provinciales cada siete. Fundé seminarios, iglesias y hospitales.  Cuando la peste atacó una parte de su diócesis, se privó aun de lo más necesario para socorrer a las victimas de la epidemia y recomendé la penitencia como el único medio de aplacar la indignación del cielo. En aquella ocasión organizó procesiones publicas a las que él mismo asistía como un penitente mas, con los ojos llenos de lagrimas, fijos en un Santo Cristo que portaba en alto, mientras ofrecía su propia vida a Dios por la conservaci6n de su rebaño.

Sacrificios

Sus plegarias, sus ayunos, sus extraordinarias vigilias duraron el tiempo que la peste. Afrontaba los mayores peligros, si con ello lograba proporcionar a un alma el menor beneficio; hubiese dado la vida con gusto por cualquiera de sus diocesanos. Cuando se enteraba de que algunos pobres indios, para escapar a la barbarie de sus opresores, vagaban por las montañas o en los desiertos, iba hacia ellos a través de espantosas soledades en las que no había mas que bestias feroces, para Ilevarles socorros y palabras de consuelo.

Por tres veces hizo la visita a su diócesis: el segundo recorrido duré cinco años y el tercero un poco menos: el fruto de estos trabajos fue la conversión de un enorme numero de indios. Cuando iba  de camino, empleaba su tiempo en la plegaria; al llegar a cualquier sitio, su primer cuidado era el de ir a la iglesia. A veces permanecía varios días en un lugar donde había necesidad de instruir a los
indios, a pesar de que casi siempre faltaba ahí hasta lo indispensable para vivir.

Predicaba y catequizaba con un celo infatigable y, con el fin de desempeñar esa tarea con mayor eficacia, se propuso aprender las diferentes lenguas y dialectos que hablaban las tribus. También tuvo Santo Toribio de Mogrovejo la gloria de renovar a la Iglesia en el Perú, porque si bien no fue el primer apóstol en las nuevas tierras, a él se debe el restablecimiento de la devoción, casi extinta.

Los decretos elaborados en los concilios provinciales realizados durante su episcopado, quedaron para siempre como auténticos monumentos de su piedad, de su sabiduría y de su prudencia; se les ha considerado como oráculos, no sólo en el Nuevo Mundo, sino en Europa y hasta en la misma Roma. Incluso se ha comparado su obra a la de San Carlos Borromeo en Italia.

El prelado, tan celoso por la salvación de su prójimo, no descuidaba nada para su propia santificación; se confesaba por lo general cada mañana y a diario celebraba la misa con una piedad angelical.

La gloria de Dios era el fin de todas sus palabras y de todos sus actos, de manera que su vida era una continua plegaria. Sin embargo, tenia señaladas sus horas para los santos ejercicios; y en esos momentos, un resplandor externo caía sobre su rostro.

Por humildad, ocultaba con extremo cuidado sus mortificaciones y sus otras buenas obras; su caridad hacia los pobres era ilimitada; su generosidad comprendía a todos, sin distinción, pero dedicaba especial atención a los pobres vergonzantes.

Milagros

Si consideramos el milagro tal como lo define la Real Academia de la Lengua: “Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural”, en torno a nuestro santo se han recogido más de un centenar. Dos fueron los milagros sancionados por la Congregación de los Sagrados Ritos de la Santa Sede: la curación total e instantánea de Juan de Godoy, cuyo pecho fue traspasado con una espada, y el manantial de agua brotado en el pueblo de San Luis de Macate.

Cuentan las crónicas que el Santo al ver que las buenas tierras se quedaron sin agua, rogó por los habitantes del lugar, e inspirado por Dios subió a una altura a media legua del pueblo. Allí, revestido de pontifical, golpeó cual otro Moisés con su báculo tres veces las rocas, y de ellas brotaron tres brazos de agua cristalina que hasta ahora da vida, verdor, lozanía a aquella región. que corren en forma de cruz; el derecho riega la estancia de Rocotay, el izquierdo la villa de Macate y el centro corre de este a occidente por la quebrada denominada del milagro.

Este hecho no sólo está autenticado por una tradición constante en el pueblo, sino también porque en la festividad de Santo Toribio de Mogrovejo, cada 27 de abril, se repite, en el mismo lugar del milagro, el gesto del Santo. Hay además, en la iglesia de Macate una pintura que reproduce la escena, mandada pintar por el cura de Huaraz, Julián Morales. A media legua de la villa, hacia el este, existe esta fuente conocida como la del Milagro, donde existía un pequeño santuario.

Son varios los milagros vinculados con el agua: El de Llumpa, que nos refiere la tradición ubicada cerca de Piscobamba, en el lugar llamado Yishpaj por haber hecho brotar buena agua de una parte muy alta para regar el valle de Llacma o Gagananin.

Como el Santo se dirigiese a pie de Pumallucay a Piscobamba y subiese fatigosamente en pleno sol de Llacma a Llumpa, se encontró con una mujer que llevaba un cántaro de agua. El prelado le solicitó por amor de Dios un poco de agua para sus acompañantes y para él mismo; la mujer se negó debido al mucho sacrificio que le costaba por traerla de un lugar muy lejano.

Los caminantes reanudaron resignados la marcha y volvieron a encontrarse con otra mujer que accedió a la petición de calmar su sed. Santo Toribio de Mogrovejo, conmovido por la bondad de la mujer, le dijo: «Desde ahora no tendrás que seguir sufriendo por tu agua» y con el báculo golpeó la roca de donde brotó instantáneamente agua para beneficio de todos los moradores de la zona.

Otra por el estilo sucedió en Recuay, en la quebradita denominada «Arzobispo». Se cuenta que había una pequeña caída de agua con extraño ruido que humedecía el lugar, haciendo crecer una yerba venenosa que mataba a todo ser viviente que la bebía. El Arzobispo, al escuchar las lamentaciones de los naturales, compadecido, marchó al lugar y lo conjuró rociando con agua bendita a las gentes que lo acompañaban y haciéndoles beber el agua.

El prodigio fue tal que nadie sintió los efectos de una cercana muerte. Entonces, todos se postraron de rodillas y agradecieron a Dios y al Arzobispo. A partir de ese momento, las aguas amargas, se hicieron dulces y potables.

En las inmediaciones del chorro de agua crece una yerba llamada «yerba del Arzobispo» con propiedades curativas para las mujeres y animales que van a dar a luz. Varios son los milagros que tienen que ver con el nacimiento. Sí la futura madre se encuentra en dificultades, le procuran una reliquia del santo (el bonete, el pectoral, el zapato) y da a luz perfectamente. Con todas las de la ley se le podría nombrar también patrono de la vida.

Enfermedad y muerte

El arzobispo Toribio cayó enfermo en Santa, una villa situada a 440 kilómetros de Lima. Por entonces, acababa de iniciar una visita más a su diócesis. Inmediatamente vaticinó su muerte próxima y prometió una recompensa al primero que llegara a anunciarle que los médicos no tenían esperanza de salvarlo. A sus auxiliares y servidores les dio todo lo que empleaba en su uso personal; el resto de sus bienes lo legó a los pobres.

Pidió que lo llevaran cargado a la iglesia para recibir el viatico, pero antes de llegar los portadores consideraron prudente devolverlo al lecho y ahí se le administró la extremaunción. Durante su agonía repetía constantemente las palabras de San Pablo: “Deseo despojarme de los lazos de mi cuerpo para estar unido a Jesucristo”.

Rogó a los presentes que se acercaran al lecho para entonar las frases del salmo: “Estoy lleno de júbilo por lo que se me ha dicho: Iremos a la casa del Señor!”.

El 23 de Marzo de 1606, murió mientras pronunciaba las palabras del rey profeta: “Señor: pongo mi alma entre Tus manos.”

El año siguiente al de la muerte del santo arzobispo Toribio, se trasladó su cuerpo de Santa a Lima: aún estaba incorrupto. El autor de su biografía y las actas de su canonización informan que resucitó a un muerto y dejé sanos a numerosos enfermos. También después de su muerte obró muchos milagros. Fue beatificado en 1679 por Inocencio XI y canonizado en 1726 por Benedicto
XIII.

Culto

Su fiesta en el santoral católico se celebra el 23 de marzo, aniversario de su muerte. Sin embargo, en la ciudad de Lima se celebra la Solemnidad de Santo Toribio de Mogrovejo el 27 de abril, día de la traslación de sus reliquias hasta la Ciudad de los Reyes (Lima), donde hoy sus restos son venerados en su capilla de la basílica catedral.

Este mismo día se celebran fiestas en su honor en su lugar de nacimiento, Mayorga, España; y también en el de su muerte, Santa, Perú. También en Mayorga las fiestas patronales se celebran en su honor, los 5 últimos días de septiembre, girando en torno a la fecha del 27 de septiembre (día en el que se conmemora la llegada de las segundas reliquias de Toribio, que fueron honradas por los mayorganos que las procesionaron portando teas y antorchas).

En esta fiesta se porta el vítor, un estandarte que se entregaba a los estudiantes doctorados en la Universidad de Salamanca, y en el que se recoge el nombre del santo y su lugar de nacimiento, Mayorga. Esta fiesta, «El Vítor», ha sido declarada de Interés Turístico Nacional.

Su devoción se encuentra muy extendida principalmente en el Perú, y en Mayorga (España). Sus parientes de las familias Bravo de Lagunas, Arias de Saavedra y Goyeneche han velado durante siglos por la difusión y conocimiento en América y Europa de la vida y obra del religioso.

Oración a Santo Toribio de Mogrovejo

Santo Toribio, tu que nos dejaste un ejemplo inigualable de amor por Cristo, por la Iglesia y por las almas, y proclamaste el evangelio con tu vida de santidad, más que con palabras. Intercede ante Dios por nuestras almas necesitadas de la gracia de Dios para seguir tu camino, siendo fieles al evangelio, comenzando con nuestros corazones en relación con el Señor, en relación con nuestra familia y las personas más cercanas como también con aquellas que son solo observadoras de nuestros actos, sepamos llevar el mensaje de Cristo.

Ayúdanos en los momentos de oscuridad, de tribulaciones, reza por nosotros, para que podamos dar una mejor respuesta, con fe y esperanza en el Señor.

Fuentes

Vida de los Santos de Butler.
El Santo de cada día por EDELVIVES.
https://www.aciprensa.com/recursos/oracion-a-santo-toribio-de-mogrovejo-4416
https://es.wikipedia.org/wiki/Toribio_de_Mogrovejo