27 de Abril: San Pedro Canisio, Doctor de la Iglesia


San Pedro Canisio, Doctor de la Iglesia
San Pedro Canisio es llamado (y con justísima razón) «El segundo evangelizador de Alemania». Se le venera como uno de los creadores de la prensa católica y fue el primero del numeroso ejército de escritores jesuitas. Fue llamado además el «Martillo de los Herejes» por la claridad y elocuencia con que criticaba las posiciones de los no católicos.


Día celebración: 27 de abril / 21 de diciembre.
Lugar de origen: Nimega, Ducado de Güeldres.
Fecha de nacimiento: 8 de mayo de 1521.
Fecha de su muerte: 21 de diciembre de 1597.
Santo Patrono de: Prensa católica.


Contenido

– Introducción
– Su predicación
– El Resumen de la doctrina Cristiana
– Su dedicación y trabajos
– Oración a San Pedro Canisio


Introducción

Se ha llamado a San Pedro Canisio el segundo apóstol de Alemania, comparándole con San Bonifacio, que fue el primero. También se le venera como uno de los creadores de la prensa católica. Ademas, fue el primero del numeroso ejército de escritores jesuitas. Nació en 1521, en Nimega de Holanda, que dependía entonces de la arquidiócesis alemana de Colonia. Era el hijo mayor de Jacobo Kanis, quien recibió un titulo de nobleza por haber desempeñado el oficio de tutor de los hijos del duque de Lorena y fue nueve veces burgomaestre de Nimega.

Aunque San Pedro Canisio tuvo la desgracia de perder a su madre cuando era todavía pequeño, su madrastra fue para él una segunda madre. El joven creció en el temor de Dios. Cierto que él mismo se acusa de haber perdido el tiempo, de niño, en juegos infantiles; pero, dado que a los diecinueve años obtuvo el grado de Maestro en Artes, en Colonia, resulta difícil creer que haya sido muy perezoso.

Por complacer a su padre, que deseaba darle una carrera de abogado, San Pedro Canisio estudié algunos meses el derecho canónico en Lovaina; pero, al caer en la cuenta de que ésa no era su verdadera vocación, desechó el matrimonio, hizo voto de castidad y volvió a Colonia a enseñar teología. La predicación del Beato Pedro Fabro había despertado gran interés en las ciudades del Rin. Fabro era el primer discípulo de San Ignacio.

Bajo su dirección, hizo San Pedro Canisio los Ejercicios de San Ignacio, en Mainz y durante la segunda semana, prometió a Dios ingresar en la Compañía de Jesús. Fue admitido en el noviciado y pasó varios años en Colonia, consagrado a la oración, al estudio, a visitar a los enfermos y a instruir a los ignorantes. El dinero que recibió como herencia a la muerte de su padre, lo dedicó en parte a los pobres y en parte al mantenimiento de la comunidad. San Pedro Canisio había empezado ya a escribir. Su primera publicación había sido la edición de las obras de San Cirilo de Alejandria y San León Magno.

Su predicación

Después de su ordenación sacerdotal, comenzó a distinguirse en la predicación. Había asistido a dos sesiones del Concilio de Trento como delegado: una en Trento y otra en Bolonia. De ahí le llamó San Ignacio a Roma, donde se retuvo cinco meses, en los que San Pedro Canisio dio pruebas de ser un religioso modelo, dispuesto a ir a cualquier parte y a desempeñar cualquier oficio.

Fue enviado a Mesina a enseñar en la primera escuela de los jesuitas de la que la historia guarda memoria, pero al poco tiempo volvió a Roma a hacer su profesión religiosa y a desempeñar un cargo mas importante.

Recibió la orden de volver a Alemania, pues había sido elegido para ir a Ingolstadt con otros dos jesuitas, ya que el duque Guillermo de Baviera había pedido urgentemente algunos profesores capaces de contrarrestar las doctrinas heréticas que invadían las escuelas. No sólo tuvo éxito San Pedro Canisio en la reforma de la Universidad, de la que fue nombrado primero rector y luego vicecanciller, sino que, con sus sermones, consiguió la renovación religiosa, en la que también colaboró con su catequesis y su campaña contra la venta de libros inmorales.

Grande fue el duelo general cuando el santo partió a Viena, en 1552, a petición del rey Fernando, para emprender una tarea semejante. La situación en Viena era peor que en Ingolstadt. Muchas parroquias carecían de atención espiritual, y los jesuitas tenían que llenar las lagunas y enseñar en el colegio recientemente fundado. En los últimos veinte años no hubo una sola ordenación sacerdotal; los monasterios estaban abandonados; las gentes se burlaban de los miembros de las órdenes religiosas; el noventa por ciento de la población había perdido la fe y los pocos católicos que quedaban, practicaban apenas la religión.

San Pedro Canisio empezó por predicar en iglesias casi vacías, en parte por el desinterés general, o bien porque su alemán del Rin resultaba muy duro para los oídos de los vieneses. Pero, poco a poco, fue ganándose el cariño del pueblo por la generosidad con que atendió a los enfermos y agonizantes durante una epidemia. La energía y espíritu de empresa del santo eran extraordinarios; se ocupaba de todo y de todos, lo mismo de la enseñanza en la universidad, que de visitar en las cárceles a los criminales mas abandonados.

El Resumen de la doctrina Cristiana

El rey, el nuncio y el mismo Papa hubiesen querido nombrarle arzobispo de la sede vacante de Viena, pero San Ignacio sólo permitió que administrase la diócesis durante un año, sin el titulo ni los emolumentos de arzobispo. Por aquella época, San Pedro Canisio empezó a preparar su famoso catecismo o “Resumen de la Doctrina Cristiana”, que apareció en 1555. A esa obra siguieron un “Catecismo Breve” y un “Catecismo Brevísimo”, que alcanzaron enorme popularidad. Dichas obras serian para la Contrarreforma Católica, lo que los catecismos de Lutero habían sido para la Reforma Protestante.

Fueron reimpresos más de doscientas veces y traducidos a quince idiomas (incluyendo el inglés, el escocés de Braid, el hindú y el japonés) en vida del autor. El santo no despertó, ni en ésas ni en sus otras obras, la hostilidad de los protestantes contra las verdades que sostenía, ya que nunca los atacó violentamente. En Praga, a donde había ido a fundar un colegio, se enteró con gran pena de que había sido nombrado provincial de una nueva provincia, que comprendía el sur de Alemania, Austria y Bohemia. Inmediatamente escribió a San Ignacio:

“Carezco absolutamente del tacto, la prudencia y la decisión necesarias para gobernar. Soy orgulloso y apresurado por temperamento, y mi falta de experiencia me hace totalmente inepto para el oficio de provincial.”

Pero San Ignacio sabia lo que hacia. En los dos años que pasó en Praga, San Pedro Canisio devolvió la fe a gran parte de la ciudad, y el colegio que fundó era tan bueno, que aun los protestantes enviaban a él a sus hijos.

Su dedicación y trabajos

En 1557, fue invitado a Worms a tomar parte en la discusión entre los teólogos católicos y protestantes. Asistió a dicha conferencia, aunque estaba convencido de que ese tipo de reuniones provocaban disputas que no hacían mas que ensanchar el abismo que separaba a los cristianos. Es imposible, dado el reducido espacio de que disponemos, seguir al santo en los numerosos viajes de su provincialato y en sus múltiples actividades.

El P. Brodrick calcula que, entre 1555 y 1558, recorrió diez mil kilómetros a pie y a caballo y que, en treinta años, anduvo cerca de treinta mil kilómetros. Para responder a quienes le criticaban por trabajar demasiado, el santo solía decir: “Quien tenga demasiado qué hacer será capaz de hacerlo todo con la ayuda de Dios.”

Ademas de los colegios que fundé o inauguró, dispuso la fundación de muchos otros. En 1559, a instancias del rey Fernando, fue a residir a Augsburgo durante seis años. Ahí reavivó una vez mas la llama de la fe, alentando a los fieles, tendiendo la mano a los caídos y convirtiendo a muchos herejes. Además, convenció a las autoridades para que abriesen de nuevo las escuelas públicas, que habían sido destruidas por los protestantes.

Al mismo tiempo que hacia todo lo posible por impedir la divulgación de los libros inmorales y heréticos, divulgaba en cuanto podía los libros buenos, ya que comprendía, por intuición, la importancia que la prensa tendría con el tiempo. En aquella época recopiló y editó una selección de las cartas de San Jerónimo, el “Manual de los Católicos”, un martirologio y una revisión del Breviario de Augsburgo.

En Alemania se reza todavía, los domingos, la oración general compuesta por el santo. Al fin de su provincialato, San Pedro Canisio residió en Dilinga de Baviera, donde los jesuitas tenían un colegio y dirigían la universidad. Ademas, ahí residía también el cardenal Otón de Truchsess, que desde hacia largo tiempo era intimo amigo de San Pedro Canisio.

El santo se dedicó sobre todo a la enseñanza, a oír confesiones y a escribir los primeros libros de una colección que había comenzado por orden de sus superiores. Dicha obra tenia por fin responder a una historia del cristianismo, muy anti-católica, que habían publicado recientemente los escritores protestantes, conocidos con el nombre de “Centuriadores de Magdeburgo”. Alguien ha dicho que se trataba de “la primera y la peor de las historias de la Iglesia escritas por los protestantes.”

Canisio continué su obra mientras desempeñaba el cargo de capellán de la corte en Innsbruck y sólo la interrumpió en 1577, a causa de su mala salud. Sin embargo, seguía tan activo como siempre, pues predicaba, daba misiones, acompañaba al provincial en sus visitas y aun desempeñó, durante algún tiempo, el puesto de viceprovincial.

En 1580 se hallaba en Dilinga, cuando recibió la orden de ir a Friburgo de Suiza. Dicha ciudad, que se hallaba situada entre dos regiones muy protestantes, quería que se fundase desde hacia tiempo un colegio católico, pero, ademas de otros obstáculos que se oponían a la empresa, carecía de fondos suficientes para realizarla. En pocos años, venció San Pedro Canisio esos obstáculos y consiguió dinero,eligió el sitio y supervisó la erección del espléndido colegio que es en la actualidad la Universidad de Friburgo, aunque nunca fue rector ni profesor en él.

Ademas del interés con que seguía los progresos del colegio, su principal actividad, durante los ocho años que pasé en Friburgo, fue la predicación; los domingos y días de fiesta predicaba en la catedral y, entre semana, visitaba los pueblos del cantón. Se puede afirmar sin temor a equivocarse, que a San Pedro Canisio se debe el que Friburgo haya conservado la fe en una época tan
critica.

Días postreros

La debilidad obligó al santo a renunciar a la predicación. En 1591, un ataque de parálisis le puso a las puertas de la muerte, pero se rehízo lo suficiente para seguir escribiendo, con la ayuda de un secretario, hasta poco antes de su muerte, que aconteció el 21 de diciembre de 1597.

San Pedro Canisio fue canonizado y declarado doctor de la Iglesia en 1925. Una de las principales lecciones de su vida es el espíritu y el estilo de sus controversias religiosas. El mismo San Ignacio había insistido en la necesidad de dar “ejemplo de caridad y moderación cristianas en Alemania”.

San Pedro Canisio advertía que era un error “citar en una conversación los temas que antipatizan a los protestantes…, como la confesión, la satisfacción, el purgatorio, las indulgencias, los votos monásticos y las peregrinaciones, pues, como algunos enfermos, tienen el paladar estragado, son incapaces de apreciar esos manjares. Necesitan leche, como los niños; sólo poco a poco es posible Ilevarles a aceptar los dogmas sobre los que no estamos de acuerdo con ellos.”

San Pedro Canisio se mostraba duro con los que propagaban la herejía y, como la mayor parte de sus contemporáneos, estaba dispuesto a emplear la fuerza para impedirselo. Pero su actitud era muy diferente con quienes habían nacido en el luteranismo o habían sido arrastrados a él. El santo pasé toda su vida oponiéndose a la herejía y tratando de restaurar la fe y la vida católicas.

Sin embargo decía, hablando de los alemanes: “Es cierto que muchísimos de ellos abrazan las nuevas sectas y yerran en la fe, pero su manera de proceder demuestra que lo hacen mas por ignorancia que por malicia. Yerran, lo repito, pero sin intención, sin deseo y sin obstinación.”

Según San Pedro Canisio, no había que enfrentarse ni siquiera a los mas conscientes y peligrosos de los herejes “con aspereza y descortesía, pues ello no sólo es el reverso del espíritu de Cristo, sino que equivale a quebrar la rama desquebrajada y a apagar la mecha que humea todavía.”

Oración a San Pedro Canisio

Dios todopoderoso, que has derramado por toda la creación reflejos de tu infinita belleza y bondad, haciendo el hombre a tu imagen y semejanza, tanto amas a quienes se entregan totalmente, que nos los pones como modelo, quieres que les veneremos y haces innumerables beneficios y milagros por su intercesión. Por ellos y mediante tu siervo San Pedro Canisio te rogamos nos concedas (mencionar aquí la petición) y con ello una mayor correspondencia a tu amor.

Amén.

San Pedro Canisio | Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.