San Miguel Arcángel

San Miguel arcángel

San Miguel arcángel

El Arcángel San Miguel, príncipe de la milicia celestial o jefe de los ejércitos de Dios, es el patrono y protector de la iglesia universal. Su nombre significa ¿Quién como Dios?.

Al Arcángel Miguel se le atribuyen roles específicos que comprenden desde actuar como el oponente directo de Satanás hasta estar encargado de la salvación de las almas en el momento de la muerte tal y como queda evidenciado en la Biblia:

«Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Angeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Angeles combatieron, 8. pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. 9. Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Angeles fueron arrojados con él.»

Apocalipsis, 12 -7

El papa León XIII promovió su devoción mediante una oración (que se muestra a continuación) luego de haber tenido una visión en la que la iglesia era atacada por demonios. En vida, Juan Pablo II instó a los católicos del mundo entero a rezarla con devoción: «Yo les pido a todos que no la olviden, y que la reciten para obtener ayuda contra las fuerzas del mal«.

San Miguel ArcángelLos primeros Padres de la Iglesia reconocieron la importancia de los ángeles y los arcángeles, particularmente la de San Miguel Arcángel. Teodoreto de Ciro (393-466) en su Interpretación del libro de Daniel escribió:

“Se nos enseña que cada uno de nosotros está confiado al cuidado de un ángel individual para guardarnos y protegernos, y para liberarnos de las trampas de los demonios malvados. A los arcángeles se les confía la tarea de proteger a las naciones, como enseñó Moisés, y con esas observaciones Daniel está de acuerdo; porque él mismo habla de «el jefe del Reino de los persas», y un poco más tarde de «el jefe de los griegos», mientras llama a Miguel «el jefe de Israel».

San Miguel Arcángel y los padres de la Iglesia

Los Padres de la Iglesia también afirman que fue San Miguel Arcángel hizo guardia en la entrada del paraíso después de que Adán y Eva habían sido desterrados, y él fue el ángel a través del cual Dios publicó los Diez Mandamientos, que bloqueó el paso de Balaam  y que destruyó el ejército de Senaquerib (Crónicas 32:21).

San Basilio y otros Padres griegos clasificaron a San Miguel Arcángel como el Príncipe de todos los Ángeles. Con el surgimiento de la escolástica y la exposición de los «nueve coros de ángeles«, algunos concluyeron que San Miguel Arcángel era el príncipe de los serafines, el primero de los coros. (Sin embargo, Santo Tomás de Aquino asignó a San Miguel como el príncipe del último coro, los ángeles).

San Miguel Arcángel protector

San Miguel Arcángel
San Miguel Arcángel envaina su espada en señal de que el fin de la plaga ha llegado.

San Miguel Arcángel ha sido invocado para protección en varias ocasiones. En 590, una gran plaga golpeó a Roma. El Papa San Gregorio Magno dirigió una procesión por las calles como un acto de penitencia, buscando el perdón y la expiación del pecado. En la tumba de Adriano (ahora Castillo Sant ‘Angelo cerca de la Basílica de San Pedro), San Miguel apareció y envainó su espada, indicando el final de la plaga. Más tarde, el Santo Padre construyó una capilla en la parte superior de la tumba y hasta el día de hoy descansa una gran estatua de San Miguel.

San Miguel Arcángel en la tradición Católica

Por lo tanto, en nuestra tradición católica, San Miguel tiene cuatro deberes: (1) Continuar librando la batalla contra Satanás y los otros ángeles caídos; (2) para salvar las almas de los fieles del poder de Satanás, especialmente a la hora de la muerte; (3) para proteger al Pueblo de Dios y (4) finalmente conducir las almas de los difuntos de esta vida y presentarlas a nuestro Señor para el juicio particular, y al final de los tiempos, para el juicio final.

Por estas razones, la iconografía cristiana representa a San Miguel como un caballero guerrero, con armadura de batalla y empuñando una espada o lanza, mientras se para triunfante sobre una serpiente u otra representación de Satanás. A veces se lo representa sosteniendo las escalas de la justicia o el Libro de la Vida, ambos símbolos del juicio final.

En el video que acompaña este artículo y disponible a continuación, se observa a San Miguel Arcángel en «el día de la ira del Señor» (Dies Irae).

Como católicos, hemos recordado a través de nuestros ritos litúrgicos, el importante papel de San Miguel Arcangel en defendernos contra Satanás y los poderes del mal. Un antiguo canto ofertorio en la Misa por los Muertos atestiguaba estos deberes:

“Señor, Jesucristo, Rey de Gloria, libra las almas de todos los fieles que ya partieron, de los dolores del infierno y del abismo; libéralos de la boca del león para que el infierno no los trague y que no caigan en la oscuridad, pero que el abanderado Miguel los conduzca a la luz sagrada, que prometiste desde la antigüedad a Abraham y su simiente. Te ofrecemos, Señor, sacrificios y oraciones; ¿Los recibes en nombre de esas almas que conmemoramos este día? Concédeles, Señor, que pasen de la muerte a la vida que prometiste a Abraham y a su descendencia».

San Miguel Arcángel en nuestras Oraciones

San Miguel Arcángel es invocado en el Confiteor, junto con la Santísima Virgen María, San Juan Bautista y los santos Pedro y Pablo; la invocación de estos santos inspiró a los fieles a recordar el llamado a la santidad y la impecabilidad de la Iglesia triunfante en el cielo.

Durante la mayor parte del siglo XX, los fieles recitaron la oración a San Miguel Arcángel al final de la Santa Misa. El Papa León XIII (fallecido en 1903) tuvo una visión profética de los dolorosos tiempos que se cernían sobre la Iglesia Católica, tiempos de dolor y guerra. Después de celebrar la misa, el Santo Padre de repente, cayó al suelo. Los cardenales inmediatamente llamaron a un médico. No se detectó pulso, y se temía que el Santo Padre estuviera muerto. De pronto, el Papa Leo se despertó y dijo:

«¡Qué imagen tan horrible se me permitió ver!».

En esta visión, Dios le dio a Satanás un siglo de tiempo para hacer su mejor trabajo contra la Iglesia. Tan conmovido estaba el Santo Padre de esta visión que compuso la oración a San Miguel Arcángel.

El Papa Pablo VI emitió el Novus Ordo de la Misa en 1968, la oración a San Miguel Arcángel y la lectura del «último evangelio» al final de la Misa fueron entonces suprimidos (Puede leer más al respecto en: La Desaparición de San Miguel Arcángel)

Finalmente, San Miguel Arcángel ocupa un lugar destacado en el Rito del Exorcismo, particularmente en el caso de la infestación diabólica. Aquí el sacerdote reza:

Oh glorioso príncipe de las milicias celestes, san Miguel arcángel, defiéndenos en el combate y en la terrible lucha que debemos sostener contra los principados y las potencias, contra los príncipes de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos.

Oración del Papa León XIII

Oración del Papa León XIII 

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

Oración por la familia


Oración por la Familia

Arcángel San Miguel, protector y guardián de los hombres, tú que brillas con resplandor, líbranos de todo mal.

Con plena confianza recurrimos a ti para que guardes en unión y amor a nuestras familias.

Fortalece con tu presencia la unión familiar y libérala de todo egoísmo y discordia.

Amén.

Oración para pedir la protección del Cielo


Oración para pedir la protección del Cielo

Oh gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas, guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los rebeldes espíritus infernales.

Humildemente te rogamos, te digne librar de todo mal a los que a ti recurrimos con confianza; que tu favor nos ampare, tu fortaleza nos defienda y que, mediante tu incomparable protección adelantemos cada vez más en el servicio del Señor; que tu virtud nos esfuerce todos los días de nuestra vida, especialmente en el trance de la muerte, para que, defendidos por tu poder del infernal dragón y de todas sus asechanzas, cuando salgamos de este mundo seamos presentados por tí, libres de toda culpa, ante la Divina Majestad.

Amén.

Oración a San Miguel Arcángel para pedir protección contra todo mal


Oración a San Miguel Arcángel para pedir protección contra todo mal
Oración original a San Miguel para ser realizada sosteniendo un crucifijo en alto.
(“Levanta el Crucifijo y reza esta oración con la señal de la cruz. Has esto en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Tú vencerás… Rezar esta oración todos lo días, ya que la batalla es enorme…”)

Oh Glorioso príncipe de la Hueste Celestial, San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla y en el terrible combate que estamos librando contra los principados y Potestades del aire, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, en contra de todos los Espíritus del Mal. Ven en ayuda del hombre, a quien Dios Todopoderoso creó inmortal, hecho en ayuda del hombre, a quien Dios Todopoderoso creó inmortal, hecho a su imagen y semejanza, y redimido por un gran precio, de la tiranía de Satanás.

Pelea en este día la batalla del Señor, junto con los santos ángeles, igual que combatiste al líder de los orgullosos ángeles, Lucifer, y a su hueste apóstata, quienes no tuvieron poder para resistirte y tampoco hubo ya lugar para ellos en el cielo. Esa cruel serpiente antigua, llamada el diablo o Satanás, que seduce al mundo entero, fue arrojada al abismo junto con sus ángeles.

Mira, este enemigo primitivo y asesino del hombre ha tomado fuerza. Transformado en un ángel de luz, anda alrededor del mundo con una multitud de espíritus perversos, invadiendo la tierra para borrar el nombre de Dios y de Jesucristo, apoderarse, asesinar y arrojar a la eterna perdición de las almas destinadas a la corona de la gloria eterna. Este malvado dragón vierte, como la inundación más impura, el veneno de su malicia en los hombres de mente depravada y corrupto corazón; el espíritu de mentira de impiedad, de blasfemia, y de aire pestilente de impureza, y de todo vicio e iniquidad.

Estos astutos enemigos han llenado y embriagado con hiel y amargura esta Iglesia, la esposa del Inmaculado Cordero, y han puesto sus manos impías en sus más sagradas posesiones. En el Santo Lugar, en donde la sede de San Pedro y el asiento de la verdad han sido colocados como la luz del mundo, ellos han levantado el trono de su abominable impiedad, con el designio inicuo de que cuando el Pastor sea herido, también las ovejas pueden ser heridas.

Entonces levántate, oh Príncipe invencible, dale ayuda al pueblo de Dios en contra de los ataques de los espíritus perdidos. Dale la victoria al pueblo de Dios: Ellos te veneran como su protector y patrón; en ti la gloriosa Iglesia se regocija con tu defensa contra el maligno poder del infierno; a ti te ha confiado Dios las almas de los hombres para ser establecida en bienaventuranzas celestiales.

Ora al Dios de la paz, para que ponga a Satanás bajo nuestros píes, derrotado para que no pueda más mantener al hombre en cautiverio y lastimar a la Iglesia. Ofrece nuestras oraciones a la vista del Altísimo, para que pronto pueda encontrar misericordia a los ojos del señor; y venciendo al dragón la antigua serpiente que es el diablo y Satanás, tú nuevamente lo pongas cautivo en al abismo, para que no pueda ya más seducir a las naciones. Amén.

L: Miren la Cruz del Señor; y sean dispersos los poderes enemigos.

R: El León de la tribu de Judá ha conquistado la raíz de David.

L: Qué tu misericordia esté sobre nosotros, oh Señor.

R: Así como hemos tenido esperanza en Ti.

L: Oh Señor, escucha nuestra oración.

R: Y deja que mi llanto llegue a Ti.

Oremos
Oh Dios, Padre nuestro, señor Jesucristo, invocamos a tu Santo Nombre, y suplicantes imploramos tu clemencia, para que por la intercesión de la siempre Virgen María, Inmaculada Madre nuestra, y por el glorioso San Miguel Arcángel, Tú te dignes ayudarnos contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos, que andan por el mundo para hacer daño a la raza humana y para arruinar a las almas.

Amén.

Novena a San Miguel Arcangel


Oraciones para todos los días de la Novena

Yo confieso ante Dios Todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión: por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mi ante Dios, nuestro Señor. Amén.

San Miguel, Primado entre los Príncipes del Cielo, os ofrezco mis alabanzas y devoción, porque Dios os ha creado tan excelente y tan perfecto y os ha dotado de un celo tan grande por su gloria y de una sumisión tan admirable a sus divinos decretos.San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

Oraciones para cada día de la Novena

Día Primero:
María Inmaculada, Madre y dulce Medianera, Reina de los Cielos, humildemente os suplicamos intercedáis por nosotros. Ruega a Dios que envíe a San Miguel y a sus ángeles para apartar los obstáculos que se oponen al reinado del Sagrado Corazón en el mundo.
Día Segundo:
San Miguel, Ángel de los Santos combates, os ofrezco mis alabanzas y devoción por la inefable complacencia con que Dios os mira como defensor de su gloria.
Día Tercero:
San Miguel, Ángel de la Victoria, con devoción os alabo por la alegría con que Nuestro Señor Jesucristo os ve como celoso defensor de su divinidad y las victorias que conseguís sobre los enemigos de nuestras almas.
Día Cuarto:
San Miguel, Ministro del Altísimo, con devoción os alabo por la ternura con que os mira la Santísima Virgen viendo los combates que habéis librado y libráis sin cesar para establecer el reinado de su amado Hijo, Dios y Redentor nuestro, en el mundo.
Día Quinto:
San Miguel, Guardián del Cielo, os alabo con devoción por la veneración, el amor y el honor que os rinden las jerarquías celestiales de las cuales sois augusto Príncipe.
Día Sexto:
San Miguel, Ángel del Santo Sacrificio, os alabo con devoción por el honor que os ha hecho nuestro Señor Jesucristo confiándoos la custodia de la Iglesia, su querida esposa y os ofrezco el reconocimiento y amor que la Santa Iglesia os profesa.
Día Séptimo:
San Miguel, Portador del estandarte de salvación, os ofrezco mis alabanzas con devoción por la importante misión que Dios os ha dado al confiaros las almas de todos los predestinados, defendiéndolas en la hora de la muerte de los asaltos del infierno, presentándolas ante Dios enteramente puras.
Día Octavo:
San Miguel, Ángel de la Paz, os alabo con devoción por toda la fuerza, la dulzura y suavidad encerradas en vuestro santo nombre, delicia de vuestros verdaderos devotos.
Día Noveno:
San Miguel, Ángel del Perdón, os alabo con devoción por los inmensos beneficios que habéis derramado sobre nuestra Patria, siempre que ésta ha sido fiel a Dios, así como por la abnegación, reconocimiento y amor que os rinden vuestros servidores. Dignaos, os suplicamos, obtener de los Corazones de Jesús y de María aumenten vuestros devotos para obtener la salvación.

Corona Angélica al Arcángel San Miguel


A ser posible, delante de una imagen del santo Arcángel, hacer un acto de verdadera contrición y rezar a continuación devotamente las siguientes salutaciones:

V. Oh Dios, ven en mi ayuda.
R. Apresúrate, Señor a socorrerme.
Gloria.

SALUTACIÓN I.
Dedicamos estas oraciones al Primer Coro Angélico.
Un Padrenuestro
Tres Avemarías
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del celeste coro de Serafines, suplicamos al Señor nos haga dignos de una llama de perfecta caridad. Amén.

SALUTACIÓN II.
Un Padrenuestro y tres Avemarías al segundo coro angélico.
Un Padrenuestro
Tres Avemarías
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de Querubines, quiera el Señor concedernos la gracia de abandonar el camino del pecado, y de correr por el de la perfección cristiana. Amén.

SALUTACIÓN III.
Un Padrenuestro y tres Avemarías al tercer coro angélico.
Un Padrenuestro
Tres Avemarías
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del sagrado coro de los Tronos, infunda el Señor en nuestros corazones un espíritu de verdadera y sincera humildad. Amén.

SALUTACIÓN IV.
Un Padrenuestro y tres Avemarías al cuarto coro angélico.
Un Padrenuestro
Tres Avemarías
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de las Dominaciones, quiera el Señor concedernos la gracia de poder dominar nuestros sentidos y corregir las pasiones depravadas. Amén.

SALUTACIÓN V.
Un Padrenuestro y tres Avemarías al quinto coro angélico.
Un Padrenuestro
Tres Avemarías
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del celeste coro de las Potestades, dígnese el Señor librar nuestras almas de las asechanzas y tentaciones del demonio. Amén.

SALUTACIÓN VI.
Un Padrenuestro y tres Avemarías al sexto coro angélico.
Un Padrenuestro
Tres Avemarías
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro de las admirables Virtudes celestiales, no permita el Señor que caigamos en las tentaciones, sino que nos libre de todo mal. Amén.

SALUTACIÓN VII.
Un Padrenuestro y tres Avemarías al séptimo coro angélico.
Un Padrenuestro
Tres Avemarías
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de los Principados, dígnese Dios llenar nuestras almas del espíritu de verdadera y sincera obediencia. Amén.

SALUTACIÓN VIII.
Un Padrenuestro y tres Avemarías al octavo coro angélico.
Un Padrenuestro
Tres Avemarías
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de los Arcángeles, quiera el Señor concedernos el don de la perseverancia en la fe y en las obras buenas, para que podamos conseguir la gloria del paraíso. Amén.

SALUTACIÓN IX.
Un Padrenuestro y tres Avemarías al noveno coro angélico.
Un Padrenuestro
Tres Avemarías
Por intercesión del glorioso arcángel san Miguel y del coro celeste de todos los Ángeles, dígnese el Señor concedernos que nos guarden en la presente vida mortal, y después nos conduzcan a la gloria eterna de los cielos. Amén.

A continuación se rezan cuatro Padrenuestros: el primero a San Miguel, el segundo a san Gabriel, el tercero a san Rafael, y el cuarto a nuestro Ángel Custodio.

Se concluye este ejercicio con la siguiente antífona y oración final:

Antífona.
Gloriosísimo príncipe san Miguel arcángel, cabeza y jefe de los ejércitos celestiales, depositario de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, doméstico en la real morada de Dios, nuestra guía admirable después de Jesucristo, y de excelencia y virtud sobrehumanas, dignaos librar de todo mal a todos los que acudimos a Vos con confianza, y haced por medio de vuestra protección incomparable que adelantemos cada día en servir fielmente a nuestro Dios.

V. Rogad por nosotros, oh gloriosísimo San Miguel arcángel, príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Oración.
Omnipotente y sempiterno Dios, que con un prodigio de bondad y misericordia para la salvación de todos los hombres elegisteis por príncipe de vuestra Iglesia al gloriosísimo san Miguel arcángel; os suplicamos nos hagáis dignos de que con su benéfica protección nos libre de todos nuestros enemigos, para que ninguno de ellos nos moleste en la hora de nuestra muerte, sino que seamos conducidos por él a la presencia de vuestra divina Majestad. Por los méritos de Nuestros Señor Jesucristo. Amén.

De acuerdo con una piadosa tradición el arcángel san Miguel declaró a una persona devota que le sería grato se pusieran en uso las siguientes oraciones en honor suyo. La propagación y difusión de esta devoción se debe a una religiosa carmelita del monasterio de Vetralla, diócesis de Viterbo (Italia), muerta con fama de santidad en 1751. El 8 de agosto de 1851 Pío IX concedió indulgencias a la práctica de este piadoso ejercicio.

 

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