San Germán y la «casa embrujada»


Actualmente es común escuchar que una “casa embrujada” está en realidad siendo visitada por almas que no han encontrado el descanso definitivo. Si bien en algunos casos puede tratarse de almas en pena, que por una particular permisión de Dios deambulan por determinados lugares esperando que alguien se apiade de ellas rezando en su favor oraciones y misas, lo cierto es que la mayor parte de los casos tienen que ver con presencias infernales, agravadas tanto más cuanto no se cree en ellas y se utilizan métodos supersticiosos y “mágicos” para eliminarlas.

Un ejemplo de esto se encuentra en “La Vida de San Germán”, escrita por el Presbítero Constancio y referida por Surio en el tomo cuarto: se dice que en un viaje que hizo el mismo obispo San Germán, decidió descansar por la de noche en cierta casa despoblada, que porque se decía que andaban en ella malos espíritus, nadie se atrevía a habitarla.

Y fue así que uno de los clérigos que iban con él, estando dormido el siervo de Dios, vio una figura espantosa delante de sí. Empezó a llamar con fuerza al santo varón para que le ayudase, y éste conjuró a la figura para que le dijese quién era. Declaró esta presencia que se encontraban en aquella casa ciertos cuerpos de hombres que fueron malísimos en vida, por lo cual atraían demonios que asustaban a los que venían a ella.

El santo le mandó entonces que le mostrase dónde estaban aquellos cuerpos. La sombra le señaló el lugar y una vez que se hizo de día, San Germán hizo cavar allí donde le fuera indicado, y hallaron unos cuerpos que parecían de hombres muertos en prisión, porque estaban ligados con cadenas. Los hizo llevar fuera de allí, y no se vieron ni oyeron más en la casa semejantes horrores.