13 de Junio : San Antonio de Padua y por qué se le invoca por las cosas perdidas

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Muchas personas acuden a San Antonio de Padua en busca de ayuda cuando extravían o pierden algo. Aquí está la historia de su vida que explica cómo llegó a ser el Santo Patrono de quienes le invocan para encontrar cosas perdidas.

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San Antonio de Padua, nació en el seno de una acaudalada familia de Lisboa, en Portugal (razón por la que también se le conoce como San Antonio de Lisboa) el 15 de agosto de 1195. Su nombre de pila era Fernando Martins de Bulhões, y desde joven se destacó por sus poderosas prédicas,  conocimiento de las Sagradas Escrituras y su gran amor y devoción para con los pobres y enfermos.  Esto le valió la canonización más rápida en la historia de la Iglesia.

Su poderosa familia, decidió instruirlo en la Escuela Catedralicia local. A la edad de 15 años ingresó a la  Orden de los Canónigos Regulares de la Santa Cruz, ubicada en las afueras de la ciudad. Antonio estudió las Sagradas Escrituras y la teología de algunos doctores de la Iglesia católica como Jerónimo de Estridón, Agustín de Hipona, Gregorio Magno y Bernardo de Claraval. También estudió los clásicos latinos, como Ovidio y Séneca.

En 1212 (a la edad de 17 años) luego de haber obtenido el permiso de sus superiores, pide su traslado al Monasterio de la Santa Cruz, en Coimbra. Se trataba de un reconocido centro de cultura eclesiástica, donde tuvo oportunidad de profundizar la disciplina religiosa, su conocimiento de la Biblia y el ejercicio de la Lectio divina.

 

San Antonio de Padua se une a los Franciscanos

Mientras estaba en Coimbra, algunos frailes franciscanos llegaron y se establecieron en una pequeña ermita en las afueras de la ciudad, dedicada a San Antonio de Egipto.  Fernando se sintió fuertemente atraído por el estilo de vida simple y evangélico de estos frailes, cuya orden había sido fundada solo 11 años antes.

A principios de 1220 llegó la noticia de que tres sacerdotes (Berardo, Pedro y Otón) y dos hermanos legos (Acursio y Ayuto), todos ellos de la orden franciscana, fueron asesinados en Marruecos. El rey Alfonso rescató sus cuerpos para ser devueltos y enterrados como mártires en la Abadía de Santa Cruz. Inspirado por su ejemplo, Fernando obtuvo el permiso de las autoridades de la iglesia para abandonar la Orden de los Canónigos Regulares de la Santa Cruz para unirse a la nueva orden franciscana.

Tras su admisión a la vida de los frailes, se unió a la pequeña ermita de Olivais, adoptando el nombre de Antonio (en honor a San Antonio Abad), por el cual sería conocido.

Antonio partió luego para Marruecos, en cumplimiento de su nueva vocación. Sin embargo, cayó gravemente enfermo y se dirigió a Portugal con la esperanza de recuperar su salud. En el viaje de regreso, el barco perdió su rumbo y terminó en Sicilia.

Desde Sicilia, se dirigió a la Toscana, donde fue asignado a un convento de la orden, pero se encontró con dificultades debido a su aspecto enfermizo. Finalmente fue asignado a la ermita rural de San Paolo, cerca de Forlì, Romagna, una elección hecha después de considerar su mala salud. Allí, vivio a una celda que uno de los frailes había hecho en una cueva cercana, pasando tiempo en oración privada y estudiando.

San Antonio de Padua predicando y Enseñando

Un día, en 1222, en la ciudad de Forlì, con motivo de una ordenación, estuvieron presentes varios frailes dominicanos visitantes, y surgieron algunos malentendidos sobre quién debía predicar. Los franciscanos naturalmente esperaban que uno de los dominicos ocupara el púlpito, porque eran famosos por su predicación; a la sazón, los dominicanos no habían llegado  preparados, pensando que un franciscano sería el homilista.

En este dilema, el jefe de la ermita, que no tenía a nadie entre sus humildes frailes adecuados para la ocasión, llamó a Antonio,  quien sospechaba que estaba más capacitado, y le rogó que hablara lo que el Espíritu Santo pusiese en su boca.

San Antonio se negó primero pero de inmediato fue conminado a hacerlo. Así, sin quererlo realmente, pronunció un sermón que causó una profunda impresión. No solo gracias a su rica voz  y a sus llamativas formas , sino también a todo el tema, la sustancia de su discurso y a su conmovedora elocuencia. Antonio capturó por completo la atención de sus oyentes. Todos quedaron impresionados con su conocimiento de las escrituras, adquirido durante sus años como fraile agustino.

 

San Antonio de Padua conoce a San Francisco de Asís

En ese momento, el hermano Graziano, el ministro provincial local, envió a Antonio a la provincia franciscana de Romaña, con sede en Bolonia. Allí, bien pronto llamó la atención del fundador de la orden, San Francisco de Asís.

Una de las grandes preocupaciones de San Francisco, se relacionaba con los votos de los miembros de su hermandad y de que estos abandonasen su compromiso con una vida de pobreza. Sin embargo, encontró en San Antonio de Padua un espíritu afín a sus anhelos,  que fue capaz de proporcionar la enseñanza que necesitaban los jóvenes miembros de la orden que buscasen  la ordenación. Así en en 1224, San Francisco confió la educación de sus frailes al cuidado de San  Antonio, quien les instruiría en teología.

San Antonio de Padua y la mula se arrodilló ante la Eucaristía

Un día, San Antonio de Padua tuvo una fuerte discusión con un hereje, quien desafió al santo a demostrar la presencia Real de Jesús en la Eucaristía. Para ello, pusieron a una mula en ayuno, para que cuando fueran a liberarla, ésta escogiera entre el alimento y la adoración de Jesús. Para sorpresa y conmoción de aquel hereje, llegado el momento, el animal dejó de lado el heno para inclinarse ante la presencia de Dios, dejando además impresionada a la multitud.

 

San Antonio de Padua y el Niño Jesús

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San Antonio de Padua con el Niño Jesús, por Antonio de Pereda

En mayo de 1231, después de haber predicado su última Cuaresma en Padua  se traslada a Verona y de ahí al castillo de Camposampiero del conde Tisso, donde moraba una comunidad de religiosos franciscanos.

En el bosque que circundaba el castillo, al lado de un gigantesco nogal, el Santo se hizo construir una pequeña cabaña, donde moraba la mayor parte del día y la noche dedicado a la meditación y a la oración.

Aquí fue donde tuvo lugar la visión del niño Jesús. El conde Tisso, que visitaba y espiaba con frecuencia a su célebre huésped, presenció cómo el Santo tenía delante, entre sus brazos, al niño Jesús. Este fue quien le advirtió que el Conde lo había presenciado. El santo prohibió al Conde que lo divulgara hasta que él hubiera muerto.

Conocido este relato, a finales del siglo XV comenzó a representarse a San Antonio con el niño Jesús en los brazos, tal y como aparece en la mayoría de las esculturas que se pueden contemplar en las Iglesias y museos. En Sevilla, se hizo especialmente popular en la pintura de Murillo.

 

Muerte de San Antonio de Padua

Es en este lugar que San Antonio de Padua enfermaría de hidropesía (Ergotismo según otras fuentes). Debil y enfermó, pasaría la mayor parte del día en la cabaña construida debajo de aquel nogal.

Poco después, decidió retornar a Padua. Ya en las proximidades, se detuvo en el convento de las clarisas pobres en Arcella, donde murió prematuramente el 13 de junio de 1231, a la edad aproximada de 35años.

 

La lengua de San Antonio de Padua

En 1263, la ciudad de Padua le dedicó una Basílica que conserva sus restos mortales. Treinta años después de su muerte, el sarcófago donde se encontraba su cadáver fue abierto. Todo su cuerpo estaba ya corrupto con excepción de su lengua, lo que provocó una nueva oleada de devoción y la admiración que incluyó a personalidades como Buenaventura de Fidanza.

La lengua fue separada del resto de las reliquias y colocada en un relicario aparte, donde aún hoy se conserva. Como dato curioso, los frailes más ancianos de la basílica recuerdan como hasta el tiempo de la segunda guerra mundial, la lengua se conservaba roja y fresca.

Por miedo a los bombardeos, la lengua fue sacada del relicario y puesta entre dos cristales y cuidadosamente sellada para esconderla y protegerla. Parece ser que al Santo no le gustó mucho la falta de confianza de sus hermanos de hábito.

De hecho, no cayó ninguna bomba sobre la basílica. Pasada la guerra, cuando se trajo la lengua ya no era roja, sino oscura y rígida y, al quitarle los cristales, se enrolló. Ante la tristeza de los frailes, el Ministro provincial pidió, a los «frailecitos» (jóvenes que se preparaban en el seminario menor de la Orden), hacer una novena para que se pudiera reponer en el relicario. La oración fue escuchada y, al final de la novena, se pudo poner, enhiesta en su lugar de siempre.

 

San Antonio de Padua y las cosas perdidas

Durante su estancia en el monasterio franciscano de Montpellier, San Antonio no solo se dedicaba a predicar, sino también a enseñar teología a sus hermanos más jóvenes. Fue aquí donde tuvo lugar una aventura extraordinaria con uno de sus novicios.

Este último, cansado de la vida monástica, abandonó repentinamente el monasterio, llevando consigo un libro de salmos, copiado y anotado por el Santo en beneficio de sus alumnos.

San Antonio sintió profundamente la pérdida de este libro, ya que los libros de esa época solo se copiaban laboriosamente a mano, el arte de la impresión era desconocido y un libro ordinario costaba una buena cantidad.

Por ejemplo, en el año 1240 los monjes de Camaldoli pagaron hasta 200 ducados de oro por un misal. A veces se gastaban fortunas en la compra de un solo libro.

Lo que más le dolió al Santo, más que la pérdida de una obra tan invaluable para él, fue el desmán cometido contra Dios y el peligro espiritual que amenaza al culpable.

El Santo, con su confianza habitual en Dios, se lanzó inmediatamente a la oración, implorando humildemente la Divina Providencia en el infeliz joven y al mismo tiempo solicitando la restitución de su libro. Su oración apenas había terminado cuando fue escuchada.

Justo en ese momento, cuando el ladrón estaba a punto de cruzar un puente, el Diablo, en forma de un gigante negro horrible, apareció ante él con un hacha en la mano, amenazando de inmediato con matarlo y pisotearlo si lo hacía. El novicio, aterrorizado ante la vista del monstruo, se apresuró a obedecer y, cayendo a los pies del siervo de Dios, no solo devolvió el libro, sino que imploró el perdón, pidiendo ser readmitido en el monasterio.

El Santo, lleno de gratitud a Dios, perdonó al culpable, advirtiéndole al mismo tiempo contra las trampas del Diablo y animándolo a perseverar en su santa vocación. El libro robado se conservó durante años en el monasterio franciscano de Bolonia.

San Antonio de Padua de cabeza

Sucede que San Antonio de Padua  es reconocido como el santo de los matrimonios, los que buscan pareja y los novios. El día de su fiesta (el 13 de junio) las muchachas solteras tienen la costumbre de comprar una pequeña imagen del santo y pedirle su intercesión para conseguir novio; cuando esto no ocurría se colocaba al revés la imagen como castigo hasta que por fin se encontrara un buen partido.

Esta curiosa tradición ha sido retratada muchas veces en la cultura popular portuguesa e hispanoamericana, aunque la Iglesia católica la considera «superstición».

 

Oración a San Antonio de Padua

Aquí hay una pequeña oración sencilla que muchas personas usan cuando necesitan encontrar un artículo perdido:

San Antonio de Padua, tú eres el patrón de los pobres y el ayudante de todos los que buscan artículos perdidos. Ayúdame a encontrar (nombre de artículo perdido) para poder aprovechar mejor el tiempo que ganaré para el mayor honor y gloria de Dios. Concede tu ayuda graciosa a todas las personas que buscan lo que han perdido, especialmente a aquellos que buscan recuperar la gracia de Dios.

Amén.