Respuesta a los 15 argumentos protestantes más comunes contra la Santísima Virgen María


La presente es una recopilación de los argumentos (errores) más comunes, empleados por los protestantes que suelen visitar el sitio, quienes escudados detrás de una supuesta fidelidad al Evangelio;  ya sea por ignorancia o arrogancia,  no vacilan en esgrimir insultos y ofensas contra la Santísima Virgen María (por medio de la sección de comentarios o por correo electrónico), creyendo que de esta manera, es posible congraciarse con Cristo: Defendiendo «su verdad» (el error) con el error; y peor aún, ofendiendo a la Madre buscando que congraciarse con el Hijo…

En lo posible, se refutarán todos los argumentos protestantes, haciendo uso de sus propias «armas»; es decir, la Biblia Reina Valera (1960), y la visión de los fundadores del protestantismo sobre los diferentes argumentos que aquí se presentan.

1.-  María no fue siempre Virgen como sostienen los católicos (Este es de hecho el argumento favorito de muchos protestantes que visitan el sitio).

Dogmas Marianos

Respuesta Católica: El sostener que María fue siempre virgen no es un simple capricho de nosotros los católicos ni mucho menos lo hacemos por llevar la “contra” a los protestantes.

María fue siempre virgen y estuvo libre de toda mancha de pecado (Inmaculada) en honor y por los méritos de quien iba a engendrar: Dios Hijo, es decir, la segunda persona de la Santísima Trinidad. Así lo declara el arcángel Gabriel durante la anunciación: «[…] y será llamado hijo del Altísimo (Dios Padre o primera persona de la Santísima Trinidad)», es precisamente por esto  que los Católicos decimos que María es la Theotokos, vocablo griego que quiere decir «Madre de Dios».

También, en un fragmento de papiro que data del siglo II-III se encontró, lo que se cree es la oración más antigua dedicada a la Santísima Madre de Dios: Sub Tuum Praesidium (Bajo tu amparo) que dice así:

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!

Los primeros Cristianos (hace casi 2,000 años), ¡reconocían la perpetua Virginidad de la Santísima Virgen María!

Pero avancemos en el tiempo unos  1, 500 años hasta los días de Martín Lutero. Muchos protestantes, ni siquiera sospechan la posición que el padre del protestantismo tenía sobre este respecto {Luther’s Works, eds. Jaroslav Pelikan (vols. 1-30) & Helmut T. Lehmann (vols. 31-55), St. Louis: Concordia Pub. House (vols. 1-30); Philadelphia: Fortress Press (vols. 31-55), 1955, v.22:23 / Sermons on John, chaps. 1-4 (1539) }:

Cristo, nuestro Salvador, fue el fruto real y natural del vientre virginal de María…Esto sin la cooperación de un hombre y ella permaneció virgen después.

Finalicemos la defensa contra este argumento empleando la opinión que sobre este tema especifico tenía Zwinglio (Compendio de Apologética Católica, por José Miguel Arráiz Roberti – Zwinglio y la Virgen María, Página 463):

“Hay que considerar aquí el honor que el evangelista Lucas y también Mateo le tributan por su elevada pureza; ella es joven pura e intacta antes del parto, en el parto y después del parto, es decir, siempre. Entre los hombres es imposible que una madre sea al mismo tiempo virgen; para Dios todo es posible, porque todas las criaturas obedecen a su voz”.


2.-: ¡María tuvo relaciones con José!

 

Respuesta Católica: Para iniciar la respuesta a este popular argumento protestante contra la perpetua Virginidad de María, resulta interesante recordar (como hemos visto arriba), que los fundadores del protestantismo, Martín Lutero, Juan Calvino y Ulrich Zwinglio,  reconocían la virginidad perpetua de María como enseñanza bíblica, tal como lo ha reconocido siempre la Iglesia Católica.

Para citar a uno de ellos, Martín Lutero sostuvo {Luther’s Works, eds. Jaroslav Pelikan (vols. 1-30) & Helmut T. Lehmann (vols. 31-55), St. Louis: Concordia Pub. House (vols. 1-30); Philadelphia: Fortress Press (vols. 31-55), 1955, v.22:23 / Sermons on John, chaps. 1-4 (1539) } que:

Cristo…fue el único Hijo de María, y la Virgen María no tuvo otros hijos aparte de Él…

Tal parece que los padres del protestantismo no tuvieron problema alguno en reconocer esta verdad.  Sin embargo para los protestantes modernos, es bastante común el basarse en la deshonesta interpretación de Mateo 1,24-25 (Reina Valera 1960):

«Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS».

Los detractores de la Perpetua Virginidad de María argumentan que el uso de la palabra «hasta» implica que José y María tuvieron relaciones después de Ella dar a luz. Esto es un error fundamentado es una antojadiza y deshonesta interpretación del lenguaje bíblico.

Bíblicamente, la palabra “conocer” ciertamente se refiere a tener relaciones sexuales. Pero aquí lo elemental es aclarar que el decir que “no la conocía hasta” de ninguna manera quiere decir que después si la conoció, simplemente no especifica nada después. Hay muchos pasajes de la Biblia en que la palabra «hasta» no indica un cambio posterior de estado. Por ejemplo, 1 Corintios 15,25:

«Porque debe él (Jesús) reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies.»

Obviamente Cristo no dejará de reinar después de vencer a sus enemigos. Mas bien, será entonces cuando su reino se haga evidente a todos. La Biblia nos dice que «Cristo reinará para siempre» (Lucas 1, 32-33).

Luego, en Mateo 28,20 encontramos:

«y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»

Quiere decir acaso este texto que ¿Jesús abandonará a su Iglesia del fin del mundo?

En el libro de Samuel (2 Samuel 6,23) encontramos otra referencia de la palabra “hasta” que no implica un cambio posterior de estado:

“Y Mikal, hija de Saúl, no tuvo ya hijos hasta el día de su muerte.”

Quiere decir este texto entonces, que Mikal hija de Saúl ¿tuvo más hijos después de muerta?… Si analizamos el contexto nos daremos cuenta que Mikal desprecio a David y se burló de el por danzar delante del Arca de la Alianza acusándolo de bailar para entretener a las mujeres, cuando en realidad David danzaba para Dios. Entonces Dios le puso de castigo a Mikal que no tendría hijos “hasta” el día de su muerte. Dios lo prometió y Dios lo cumplió.

Uno de los padres del Protestantismo, Calvino, dice al respecto, rechazando la posición de los protestantes modernos:

“A partir de Mateo 1,25, Elvidio creó mucha confusión en la Iglesia, porque de él dedujo que María había permanecido virgen únicamente hasta el primer nacimiento y después tuvo otros hijos con su marido. La perpetua virginidad de María fue defendida vigorosamente por Jerónimo. Es suficiente decir que es insensato y falso deducir de estas palabras qué sucedió después del nacimiento de Cristo”.


3.- ¡La Virgen María tuvo más hijos (los hermanos de Jesús)!

mayo mes de maría

 

Respuesta Católica: Este es otro de los argumentos que emplean los protestantes a fin de negar la virginidad perpetua de María. Para ello citan  Lucas 2, 7:

«[…] y dio a luz a su hijo primogénito».

De aquí, sostienen que; si Jesús era el primogénito, – el primero de entre los hijos de una mujer -, entonces María tuvo más hijos, de entre los cuales, Jesús era el primero.

Pero la primogenitura no tiene unicamente que ver con ser el primero de los hermanos, así queda demostrado en I Crónicas 23, 17:

«El hijo de Eliezer fue Rejabías, el primer primogénito. Eliezer no tuvo más hijos».

Para los judíos en aquellos días, la primogenitura tenía otras connotaciones: El primer hijo varón en nacer, era presentado a Dios como primicia. En Lucas 2,23 encontramos la definición de Primogénito:

Como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón que abra la matriz sera llamado santo para el Señor.

Tiene además la primogenitura connotaciones legales por los derechos y deberes de sucesión y herencia de de ella se derivan. En la «popular» enciclopedia en linea wikipedia, se define la palabra primogénito de la siguiente manera:

Según la biblia, primogénito, es el primer hijo consagrado a Dios, no importando si nacen otros hijos, los primogénitos se presentaban al Señor a los 8 días de nacido.

Muchos protestantes quedaran estupefactos al leer lo que sobre este argumento pensaba Lutero {Pelikan, ibid., v.22:214-15 / Sermons on John, chaps. 1-4 (1539) }:

Me inclino a aceptar a quienes declaran que los «hermanos» realmente significan «primos» aquí ya que el escritor sagrado y los judíos en general siempre llamaban hermanos a los primos.

El editor Jaroslav Pelikan (luterano) agrega {Pelikan, ibid.,v.22:214-5}:

Lutero […] ni siquiera consideró la posibilidad de que María pudiera tener otros hijos además de Jesús. Esto es consistente con la aceptación durante toda su vida de la idea de la virginidad perpetua de María […]


4.- María no es la madre de Dios, fue solamente un instrumento en el proceso de redención.

Respuesta Católica: El título  Madre de Dios» (Theotokos en griego)  fue empleado ya por los primeros Cristianos. Existe evidencia de esto en las pinturas de la Virgen María encontradas en las catacumbas Romanas que datan del siglo I y fueron pintadas por los fieles que allí se escondían debido a la persecución de Nerón.  Entre estas representaciones, se pueden encontrar las de «María la Madre de Dios» (usualmente presentan a la Virgen María con el pequeño niño Jesús en brazos), venerada y honrada como tal por la Iglesia primitiva.

Volvamos a citar la oración del Sub Tuum Praesidium (Bajo Tu amparo), en ella leemos también:

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!

Por ende, si María es madre de Jesús, que es Dios, entonces es Madre de Dios. Negar este aspecto, linda con la herejía arriana. Nótese además gracias a esta evidencia, que los primeros Cristianos nunca pusieron en duda la virginidad perpetua de María (¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!).

Pero quizás, el argumento más fehaciente contra el error protestante, lo encontramos en Lucas 1:26-38 (Reina Valera 1960):

Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

No es posible ser más explicito. Negar que la palabra Altísimo infiere a Jesús el ser el  hijo de Dios, es hacer una interpretación maniatada y deshonesta.


5.- ¡En la Biblia no dice que María es reina, eso es antibíblico!

Respuesta Católica: Maria es Reina porque es Madre del Rey de reyes, y como Reina, se beneficia de todos los derechos que el ser Madre de Dios y del Rey de reyes le otorgan.

Replicó Jesús: “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores combatirían a fin de que Yo no fuese entregado a los judíos. Mas ahora mi reino no es de aquí”. Díjole, pues, Pilato: “¿Conque Tú eres rey?” Contesto Jesús: “Tú lo dices: Yo soy rey. Yo para esto nací y para esto vine al mundo, a fin de dar testimonio a la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.   (Juan 18, 34-37).

La razón por la que la Santísima Virgen María es Reina se fundamenta teológicamente en su divina Maternidad y en su función de ser colaboradora en la obra de la redención del género humano. Por eso, su divina Maternidad la eleva a un grado altísimo de intimidad con el Padre celestial y la une a su divino Hijo, que es Rey universal por derecho propio.


6.- ¡Los católicos adoran a la virgen María!

Respuesta Católica: No es lo mismo el honrar y venerar a la Madre de Dios que adorarla. Nosotros no adoramos a María. La veneramos como la Santa Madre de Dios, siempre pura, Virgen Impecable concebida sin la mancha del pecado original. Pareciera que prodigar tanto amor por la Madre de quien dio la vida por nosotros genera mucho odio, y eso, no viene de Dios…

Pastores y «teólogos» protestantes acusan a la Iglesia Católica de “Mariolatría”, es decir, un culto idolátrico a la Madre de Jesús. Para justificar su tesis, relacionan la veneración a María con la devoción que se daba en la antigüedad a las diversas divinidades politeístas. En las Sagradas Escrituras podemos destacar especialmente a la “diosa reina del cielo” (Regina deam coeli) en Egipto (Jeremías 44, 16-19), al lado de Asera, deidad cananea de la fertilidad.

«En eso que nos has dicho en nombre de Yahveh, no te hacemos caso, sino que cumpliremos precisamente cuanto tenemos prometido, que es quemar incienso a la Reina de los Cielos y hacerle libaciones, como venimos haciendo nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros jefes en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, que nos hartábamos de pan, éramos felices y ningún mal nos sucedía. En cambio, desde que dejamos de quemar incienso a la Reina de los Cielos y de hacerle libaciones, carecemos de todo, y por la espada y el hambre somos acabados.»

Y dicho esto, se atreven a aseverar que la Santísima Virgen María, es aquella «Reina de los Cielos«. Esto no solo demuestra la gran ignorancia de quienes sostienen semejante aseveración, sino también lo pérfido de sus intenciones. Es necesario comprender que el profeta Jeremías desarrolla su ministerio entre los años 650-586 Antes de Cristo. La Virgen María nació posiblemente entre los años 14-15 Antes de Cristo, es decir, más de 600 años después, así que este versículo no puede hacer referencia a la Virgen María.

Ahora, es justo dedicar un poco de tiempo a explicar lo que quiero decir con tener devoción u honrar a María. La palabra puede tener más de un significado, y la Iglesia usa términos latinos para ayudarnos a distinguir entre el tipo de devoción que damos a María, y el tipo de devoción que damos sólo a Dios. Estas palabras son dulía y latría.

Latría significa básicamente adoración. Tradicionalmente, se refiere al culto y homenaje que damos a Dios y solo a Dios. Cuando adoramos a Dios, lo reconocemos como una persona excelente, perfecta, increada y divina.

Dulía es muy diferente. Esencialmente, dulía significa amor y honor; es decir, elogiar la excelencia de una persona. Vemos este tipo particular de honrar cada día, cuando, por ejemplo, las personas son reconocidas por sus logros mundanos: en los deportes, académicos y en las artes. Pero nunca, el hecho honrar a un jugador de béisbol va contra o quita la adoración que damos a Dios.

Por ser quien es, María es merecedora de una Dulía aún mucho mayor: La Hiperdulía.

La Iglesia católica, de hecho, prohíbe estricta y expresamente la adoración de María. Sin embargo, a causa de ser quién es, de lo que hizo durante su vida terrenal y de lo que sigue haciendo en la vida eterna, es más merecedora de la veneración que cualquier otra criatura creada -hombre o ángel- que exista jamás. Es por eso que el término hiperdulía se usa para describir sólo el tipo de honor que damos a María.


7.- María reconoce que ella era pecadora y que necesitó ser rescatada por la gracia de Dios (Lucas 1: 28, 47).

Respuesta católica: Este argumento, además de lamentable, es también falso. Ella se declarara salvada por Dios es cierto. En Lc 1:48 Ella reconoce que fue salvada. ¿De qué? Del dominio del pecado, por gracia de Dios. Pero para eso no tuvo que llegar a pecar. Dios la salvó preservándola del pecado.

El dogma de la Inmaculada Concepción de María no niega que ella fue salvada por Jesús. En María las gracias de Cristo se aplicaron ya desde el momento de su concepción. El hecho de que Jesús no hubiese aún nacido no presenta obstáculo pues las gracias de Jesús no tienen barreras de tiempo y se aplicaron anticipadamente en su Madre. Para Dios nada es imposible.

Este punto es cubierto y ampliado en la respuesta del siguiente argumento.


8.- La Inmaculada Concepción contradice la enseñanza de San Pablo: «todos han pecado y están lejos de la presencia salvadora de Dios» (Romanos 3:23).

Respuesta católica: Si fuéramos a tomar las palabras de San Pablo «todos han pecado» en un sentido literal absoluto, Jesús también quedaría incluido entre los pecadores. Sabemos que esta no es la intención de San Pablo ya que después menciona que Jesús «no conoció pecado» (2Cor 5,21; Cf. Hebreos 4:15; 1 Pedro 2:22).

El dogma de la Inmaculada Concepción de María no contradice la enseñanza Paulina en Rm 3:23 sobre la realidad pecadora de la humanidad en general, la cual estaba encerrada en el pecado y lejos de Dios hasta la venida del Salvador.

San Pablo enseña que Cristo nos libera del pecado y nos une a Dios (Cf. Efesios 2:5). Esta es la enseñanza del Catecismo de la Iglesia católica, el pecado original «afecta a la naturaleza humana», que se encuentra así «en un estado caído». Por eso, el pecado se transmite «por propagación a toda la humanidad, es decir, por la transmisión de una naturaleza humana privada de la santidad y de la justicia originales». Pero Jesús tiene la potestad para preservar a su Madre del pecado aplicando a ella los méritos de su redención.

San Pablo declara que, como consecuencia de la culpa de Adán, «todos pecaron» y que «el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación» (Rom 5,12.18). El paralelismo entre Adán y Cristo se completa con el de Eva y María: La mujer tuvo un papel importante en la caída y lo tiene también en la redención.

San Ireneo, Padre de la Iglesia del siglo II, presenta a María como la nueva Eva que, con su fe y su obediencia, contrapesa la incredulidad y la desobediencia de Eva. Ese papel en la economía de la salvación exige la ausencia de pecado. Era conveniente que, al igual que Cristo, nuevo Adán, también María, nueva Eva, no conociera el pecado y fuera así más apta para cooperar en la redención.

El pecado que mancha a toda la humanidad no puede entrar en el Redentor y su colaboradora. Con una diferencia sustancial: Cristo es totalmente santo en virtud de la gracia que en su humanidad brota de la persona divina; y María es totalmente santa en virtud de la gracia recibida por los méritos del Salvador. Entonces, lo que Pablo declara en forma general para toda la humanidad no incluye a Jesús y a María.

Evidencia en la que se basa nuestra argumentación, la encontramos las actas del martirio de ¡San Andrés apóstol! (aquél que estuvo al lado de Cristo y es protagonista del pasaje bíblico de la multiplicación de los panes y peces), en el mencionado documento leen estas palabras que el Santo dirigió al Procónsul:

«Y puesto que de tierra fue formado el primer hombre, quien por la prevaricación del árbol viejo trajo al mundo la muerte, fue necesario que, de una virgen Inmaculada, naciera hombre perfecto el Hijo de Dios, para que restituyera la vida eterna que por Adán perdieron los hombres».

Aunque estas actas, como algunos opinan, no sean genuinas, es decir, contemporáneas de San Andrés, tienen una venerable antigüedad y nos atestiguan lo que entonces se pensaba de la Santísima Virgen.

En la Iglesia oriental encontramos el esforzado defensor de la maternidad divina de María, San Cirilo, que escribe:

«¿Cuándo se ha oído jamás que un arquitecto se edifique una casa y la deje ocupar por su enemigo?».

No se puede expresar más claramente la idea de la Concepción Inmaculada.

Y Teodoto de Ancira:

«Virgen inocente, sin mancha, santa de alma y cuerpo, nacida como lirio entre espinas».

Y en otra parte:

«María aventaja en pureza a los serafines y querubines».

Proclo, secretario de San Juan Crisóstomo, en el mismo siglo V, dice de María que está formada «de barro limpio», es decir, de naturaleza humana, pero incontaminada.

Martín Lutero al respecto dice:

«Es dulce y piadoso creer que la infusión del alma de María se efectuó sin pecado original, de modo que en la mismísima infusión de su alma ella fue también purificada del pecado original y adornada con los dones de Dios, recibiendo un alma pura infundida por Dios; de modo que, desde el primer momento que ella comenzó a vivir fue libre de todo pecado».

Ahora, si usted quiere verlo desde una perspectiva más sencilla: ¿Pondría usted la leche que va a tomar en un vaso sucio? ¿Serviría usted la cena a su familia o invitados en una vajilla sucia? ¿Recuerda usted el meticuloso cuidado que tuvo Dios en cuanto a las especificaciones y materiales a emplearse en el Arca de la Alianza en la que se depositaron las tablillas de los 10 mandamientos (La palabra de Dios)? Pues, cuanto más cuidado no habrá tenido el Señor en escoger a la más pura y predilecta de todas sus creaturas para depositar en Ella al Verbo Encarnado.


9.- ¡La segunda parte del Avemaría es anti-bíblica y es un invento Católico!

Respuesta Católica:  Lo primero que hemos de advertir es que esta plegaria (El  Avemaría) tiene origen divino y origen eclesiástico. El último añadido: «ahora y en la hora de nuestra muerte», aparece en un breviario cartujano del 1350, siendo asumido posteriormente por los trinitarios y camaldulenses.

Mucho antes de eso, en el año 431,  el hereje de nombre Nestorio se atrevió a decir que María no era la Madre de Dios. A consecuencia de semejante blasfemia, 200 obispos se reunieron en el Concilio de Efeso (ciudad en donde la Santísima Virgen María pasó los últimos años de su vida) en donde por intervención e iluminación del Espíritu Santo y acompañados de una multitud de fieles, proclamaron que:

«La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios».

Luego, en la oscuridad de aquella noche, e iluminados por antorchas, todos aquellos fieles, salieron en procesión cantando:

«Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.»

En el año 1525 se encuentra ya en los catecismos populares. Puede afirmarse que la fórmula definitiva que ha llegado hasta nosotros fue fijada por Pío V en 1568, con ocasión de la Reforma litúrgica. Hace pues, 432 años que los católicos rezamos en su forma actual esta incomparable plegaria mariana, mitad himno de alabanza, mitad súplica filial.

Es necesario comprender, que esta segunda parte del Avemaría , «la petición», surge en un contexto bastante especial: Las sangrientas y despiadadas persecuciones contra la Iglesia (el circo romano, donde los primeros cristianos eran devorados por fieras, las crucifixiones, las «teas humanas», y agregue usted aquí el sinfín de formas de muerte violenta que padecían).

Los primeros Cristianos, conscientes de que el solo hecho de ser tales les podía costar la vida en cualquier momento, se encomendaban a la Madre de Dios. Por eso, así como la Santísima Virgen María estuvo al pie de la Cruz de su hijo a la hora en que entrego Su alma al Padre, nosotros sus hijos, también le pedimos que este a nuestro lado y ruegue por nosotros, como madre, a Su Hijo en la hora de nuestra muerte.

¡Pues sí, la inventamos los Católicos!


10.- Los católicos llaman a María “santa”. ¿Dónde dice la Biblia que María es santa?

Respuesta Católica: En los Evangelios de San Mateo (Mt. 5:48) encontramos a Jesús, invitándonos a ser santos:

“Sean Santos como mi Padre es Santo.”

San Pablo,  en su carta a los tesalonicenses (1 Tes 4,3) nos recuerda que:

«Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación[…] «

Ahora, es necesario definir lo que es la santidad: Es dejarse conducir por el Espíritu Santo, para de esa manera cumplir la voluntad de Dios viviendo de acuerdo al Evangelio. Y ¿no es justamente esto  lo que hizo la Santísima Virgen María?: «Hágase en mi según tu palabra«.. ¿y que cree? ¡Esa frase sí está en la Biblia!

Todos los fieles son llamados a la plenitud de la vida cristiana. Todos los cristianos, de cualquier estado o condición están llamados cada uno por su propio camino, a la perfección de la santidad.

El ser santo es la meta a la que estamos llamados todos los bautizados, y que se alcanza sólo en el Cielo, después de luchar toda la vida procurando vivir de acuerdo a la voluntad del Señor, contando con Su ayuda. Por lo tanto, sostener que María no es santa, es lo mismo que decir que no está en el Cielo o que no vivió en la tierra conforme a los designios de Dios; y son ambas, tremendas herejías.

Para finalizar la respuesta a este argumento, quizás sea necesario recordar a los protestantes, la visión de Lutero sobre la Santidad de María, dada en su sermón su sermón de la Fiesta de la Asunción el 15 de Agosto de 1522:

No cabe duda que la Virgen María está en el Cielo. Cómo ocurrió no lo sabemos. Y ya que el Espíritu Santo no nos ha dicho nada acerca de esto, no lo podemos hacer artículo de fe es suficiente saber que Ella vive en Cristo.

Hasta el hereje Lutero lo tenía bien en claro: María Santísima está en el Cielo. Luego, de aquí se deduce que es Santa.


11.- ¡Los católicos tienen muchas Vírgenes!

Respuesta Católica: No es que los católicos tengamos «muchas vírgenes», como argumentan los protestantes. En realidad se trata de la misma Virgen María, representada de diversas maneras. Es a lo que los católicos  llamamos advocaciones marianas.

Para los católicos, una advocación mariana es una manera de hacer referencia a misterios (La Encarnación del Verbo, La Inmaculada Concepción), lugares geográficos donde han tenido lugar apariciones (Virgen de Lourdes, Virgen de Fátima) , dones o atributos de la Virgen María (Virgen de la Merced) o a circunstancias históricas (La Virgen de la Victoria) que rodean a la devoción de una imagen determinada​.

La Iglesia admite numerosas advocaciones que representan la figura de la madre de Jesús o alguna de sus cualidades, a las que se rinde culto de diversas maneras.

Por eso no es difícil encontrar templos: Iglesia María Reina, Iglesia de la Asunción de María o incluso zonas geográficas: Asunción (en Paraguay), Madre de Dios (en Perú), Rosario (en Argentina) consagrados a alguna de estas advocaciones marianas.

En la wikipedia se agrupan la mayoría de las advocaciones marianas en diversas categorías​:

Relativas a los misterios o pasajes de la vida de la Virgen: Como la Anunciación, la Asunción, la Presentación, etc.
Relativas a verdades teológicas: Como la Esperanza, la Caridad, la Consolación, etc.
Relativas a los estados físicos o psicológicos de la Virgen: Los Dolores, la Soledad, etc.
Relativas a su condición de mediadora​ y protectora de la humanidad: María Auxiliadora, las Mercedes, los Remedios, etc.
Relativas a accidentes geográficos, generalmente coincidentes con los parajes donde se encuentran sus santuarios, como el Carmen, el Mar, Fátima, Lourdes, etc.

Aunque el nombre sea diferente en cuanto al atributo relativo a la Virgen María siempre se refiere únicamente a Ella, así se haga mención de varios nombres en un mismo momento, la instancia es la misma, la Virgen María.


12.- ¡Los católicos le rezan a María y la Biblia enseña que sólo debemos rezar a Dios!

Respuesta Católica: Los Católicos no rezamos a María, mas, pedimos su intercesión, lo que encuentra su fundamento en el pasaje bíblico conocido como «Las Bodas de Cana» (Reina Valera 1960):

Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos.  Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.

Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere. Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros.

Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron.

Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora.

Este pasaje bíblico nos presenta una boda Judía, cuyas celebraciones se prolongaban por siete días. El texto comienza con «Al tercer día», dando a entender que a menos de la mitad de las celebraciones, ya se había acabado el vino. María interviene en favor de los novios, pidiendo a su hijo les ayude a resolver este trance. Así, se lleva a cabo el primer milagro público en la vida de Jesús.

Es de destacar que María toma la palabra en las Sagradas Escrituras en muy pocas oportunidades (En la Anunciación, La Visitación, El niño Jesús perdido y hallado en el templo y en las bodas de Cana) por lo que ha de llamar poderosamente nuestra atención, que en  una de estas, lo haga para interceder por los hombres.


13.- ¡Los católicos le atribuyen a María una serie de títulos que no son Bíblicos y que sólo corresponden a Jesús (Causa de Nuestra alegría, Vida, Dulzura y Esperanza Nuestra)!
 

Respuesta Católica: No todo puede ser comprendido exclusivamente desde una perspectiva bíblica, así como tampoco podemos pretender argumentar la verdad o falsedad de un argumento bíblico, cotejando si este existe en las Sagradas Escrituras o no (Es una verdad que San José murió, más este hecho no aparece en la Biblia, ¿entonces quiere decir esto que no murió?). Es allí cuando necesitamos de la asistencia de la Teología (Ciencia que trata de Dios y del conocimiento que el ser humano tiene sobre Él y de las cosas relacionadas con Él)

También es necesario comprender, que todos estos títulos con los que los Católicos ensalzamos a la Santísima Virgen María, se han ido engarzando en las Letanías Lauretanas a lo largo de los siglos, y han conseguido su lugar en ellas como resultado  de portentos, con los que de manera visible, María ha intercedido en favor nuestro (un caso claro lo encontramos con el rezo del Santo Rosario y la Batalla de Lepanto, en la que flota Cristiana derrotó a la muy superior flota mahometana que se aprestaba a invadir Europa) y otros son simplemente el resultado del amor filial de nosotros, sus hijos.

La piedad cristiana, siempre conducida por el Espíritu Santo, llama a la Virgen: Causa de nuestra alegría. No puede ser de otra manera. Porque María nos trae y nos da siempre a Jesús, el que es el gozo del Padre, el pasmo de los Ángeles, la dicha colmada de los Santos. María es causa de nuestra alegría porque nos trajo al Libertador. Cada uno de nosotros podemos ser causa de la alegría de nuestros hermanos si les llevamos la liberación de Cristo, por la luz de sus palabras, por la calidez de su amor, por la fuerza de sus sacramentos, por la alegría de la familia de Dios que es la Iglesia donde nadie debe sentirse solo o incomprendido.

Con respecto a los demás títulos, existe en el sitio una entrada en la que se detalla el significado de las invocaciones y títulos de las Letanías Lauretanas, por lo que no voy a extender aquí la defensa contra estos argumentos.


14.- Los católicos llaman a María «Madre»

Respuesta Católica:  ¡Y no en vano!  Así la llamamos sin cansarnos nunca de darle tan dulce nombre. Madre, sí, porque verdaderamente lo es, no carnal, sino espiritual, de nuestras almas, para conseguirnos, con amor de Madre, la eterna salvación.

Esto es lo que Nuestro Salvador significó cuando, poco antes de expirar, mirándola desde lo alto de la cruz, y mirando al discípulo amado, dijo a María ( Jn 19, 26 ): Ese es tu hijo; como si le dijese: Ves ahí el hombre que, en virtud del ofrecimiento que por su salvación haces de mi vida, ya nace a la vida de la gracia; y dirigiéndose después al discípulo, añadió: Esa es tu Madre, con cuyas palabras, dice San Bernardino de Sena, quedó constituida por Madre, no sólo de San Juan, sino también de todos los hombres.

Dos veces, pues, se hizo nuestra Madre espiritual, dicen los Santos Padres: la primera fue cuando mereció concebir en sus purísimas entrañas al Hijo de Dios, pues al dar para ello su consentimiento, empezó a pedir con afecto ardentísimo nuestra salvación, y se dedicó de tal suerte a procurárnosla, que desde entonces nos llevó en su seno como amorosísima Madre.

La segunda fue cuando en el monte Calvario ofreció, con gran dolor de su corazón, al Eterno Padre, la vida de su Hijo por nuestra salvación; y así, dice San Agustín que, habiendo entonces cooperado con tanto amor a que los fieles naciesen a la vida de la gracia, se hizo igualmente Madre espiritual de todos nosotros, que somos miembros de Jesucristo, nuestra cabeza; y es precisamente lo que testifica en el Cantar de los Cantares ( 1, 5 ) la misma bienaventurada Virgen: Me puso a guardar sus viñas; pero la mía no la guardé. Para salvar nuestras almas, sacrificó la vida de su dulcísimo Hijo.

Dice las Sagradas Escrituras, que Dios amó tanto a los hombres, que entrego a su unigénito hijo para salvarlos. Así mismo puede decirse de María Santísima, que entrego al hijo que llevó en sus entrañas, amamantó durante 9 meses, vio crecer, jugar, reír y llorar, y luego un Viernes de pasión, lo vio sentenciado, escupido, insultado, vejado, flagelado, ensangrentado, crucificado y muerto en la Cruz, por nosotros. Sí, tanto nos ama María, que soportó la pasión y muerte de nuestro Señor por nosotros.


15.- ¡Los católicos llaman a María «Señora, abogada nuestra” pero la Biblia llama a Jesús nuestro Abogado ante el Padre!

Respuesta Católica: Cuántas veces no ha salido de nuestros labios la plegaria a María: ¡Ea, pues, Señora, Abogada nuestra!… Esto lo decimos muy pronto. Pero, ¿es María de veras nuestra Abogada? ¿No le estamos robando a Jesucristo, el único Mediador, un título intransferible como se cuestionan los protestantes?… Por fortuna la doctrina de la Iglesia establece (Lumen Gentium 60-62):

Uno solo es nuestro Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús… Sin embargo, la misión maternal de María para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo…, pues se apoya en la mediación de éste, depende totalmente de ella y saca de la misma todo su poder… María, asunta a los cielos, con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora”

Todos sabemos que un abogado toma una causa en sus manos, la lleva a un tribunal, la defiende con tesón, y no ceja hasta arrancar al juez un fallo favorable para su cliente. Si María es Abogada nuestra, ¿tiene o no tiene poder ante Dios, ante Jesucristo su Hijo?

La fuerza de la intercesión de María radica en que es la Madre de Jesucristo y la Madre nuestra, declarada por Jesús desde la cruz con aquel “Ahí tienes a tu hijo”. Jesús sabía que, siendo el Juez de vivos y muertos, María abrazaría con todo su amor de Madre al pecador lo mismo que le seguiría abrazando a Él, a Jesús, el hijo de sus entrañas.

El nombre de abogada significa además «defensora». María nos defiendes del maligno, del que atacó a nuestra madre Eva en el Paraíso,y la hirió pasándonos la herida.

María nos libra de peligros y tentaciones que nos pudieran hacer perecer.

Con María llevamos la frente alta por la vida, hasta el destino final que es el cielo. Desde allí Ella intercede ante Su Hijo por cada uno de nosotros.


virgen de feruzzi virgen de las calles

Oración

Aquí me tenéis, Señora, delante de Vos, como un pobre andrajoso y lleno de llagas en presencia de una Reina poderosa; aquí estoy delante de la Reina del cielo y de la tierra. Desde ese trono tan elevado no os desdeñéis de volver a este miserable pecador vuestros ojos misericordiosos. Dios os colmó de tantas riquezas para que socorráis a los pobres, y os hizo Reina de misericordia para que amparéis a los miserables. Miradme, pues, y compadeceos de mí.

Miradme, y no me dejéis hasta mudarme enteramente de pecador en justo. Bien conozco ser indigno de todo favor, y aun merezco ser privado, por mis ingratitudes, de todos los beneficios que por vuestro medio he recibido de la mano divina; pero Vos, como Reina que sois de la misericordia, no buscáis méritos, sino miserias para remediarlas. Pues ¿dónde habrá en el mundo otro más necesitado que yo?

¡Oh Virgen excelsa! Siendo Vos la Reina de todo el universo, sois también Reina mía, por lo cual me ofrezco a serviros con más empeño que hasta aquí, para que en todas las cosas dispongáis de mí según fuere vuestro mejor agrado; y así os diré con San Buenaventura: Regidme y gobernadme, Señora; regidme, y nunca me dejéis a mi discreción. Andad y decid lo que tengo que hacer, y si falto alguna vez, castigadme como queráis, porque para mí será muy saludable cualquier castigo que venga de vuestra piadosa mano.

En más estimo ser vuestro esclavo que el señor de toda la tierra: tuus sun ego, salvum me fac. Recibidme, Virgen soberana, como cosa vuestra y cuidad continuamente de mi salvación. Ya no quiero ser mío, todo me entrego a Vos. Si hasta ahora, por mi desgracia, os he servido mal, si he dejado perder tantas ocasiones en que pude agradaros, propongo ser en adelante uno de vuestros siervos más leales.

No, no quiero ya que ninguno me aventaje en amaros y serviros, ¡oh Reina mía amabilísima! Así os lo prometo, y así espero cumplirlo con vuestro auxilio poderoso. Amén.