Recobra vigencia la oración a San Miguel Arcángel

En respuesta a la crisis general (no sólo de abuso de menores) que vive la Iglesia, son muchas las parroquias en el mundo entero en las que se  ha comenzado a pedir a los feligreses rezar la Oración a San Miguel Arcángel después de la Santa Misa y del rezo del Santo Rosario, tal y como era costumbre y tradición en la iglesia antes de las novedades del CVII.

El recordado exorcista italiano de la diócesis de Roma, el padre Gabrielle Amorth, recomendaba vivamente el rezo diario de esta oración después del Santo Rosario, resaltando la importancia de acudir al príncipe de las milicias celestiales en estos momentos, tan acuciantes para la vida de los cristianos en el mundo entero.

Esta oración a San Miguel Arcángel y una versión más larga de la misma, fueron incluidas también en el rezo del exorcismo del papa León XIII, quien recomendaba su rezo después de la Santa Misa.

Cuenta la historia que el 25 de Septiembre del año 1888 (no todas las fuentes están de acuerdo con la fecha exacta) después de haber celebrado la misa de la mañana, se encontraba el Papa participando de otra misa, esta vez, una misa de agradecimiento. Cuenta el padre Domenico Pechenino; testigo presencial del acontecimiento, que el sumo pontífice, levantó la cabeza súbitamente y parecía mirar con extrema atención “algo” que se encontraba encima del celebrante. Su mirada era fija y no parpadeaba. Su rostro expresaba asombro y terror. Algo inusual estaba ocurriendo.

Luego, como volviendo en sí, el Papa se levanta y se dirige apresurado hacia un despacho privado. Hasta allí le siguen algunos familiares quienes preocupados, le preguntaban:

-“Santo Padre, ¿no se siente bien? ¿Necesita algo?”

El entonces papa León XIII respondería con:

«Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que él podía destruir la Iglesia y llevar a todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás le pidió permiso a Dios de tener 100 años para influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo».

Oración a San Miguel Arcángel

SSan Miguel Arcángel: Defiéndenos en la pelea contra Satanás y sus demonios; sed nuestro amparo y protección; que el Altísimo os dé el poder y el permiso para que nos asistáis y que Dios haga oír su voz imperiosa para que expulse a Satanás y sus demonios que quieren hacer perder la humanidad. Que tu grito: “¿Quién como Dios?, ¡nadie es como Dios!”, someta a Satanás y sus demonios bajo nuestros pies.
Amén.

 

Súplicas a San Miguel Arcángel

Gloriosísimo príncipe de la milicia celestial, Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha que mantenemos combatiendo “contra los principados y potestades, contra los caudillos de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos esparcidos por los aires”. Ven en auxilio de los hombres que Dios creó incorruptibles a su imagen y semejanza, y a tan “alto precio rescatados” de la tiranía del demonio. Con las huestes de los ángeles buenos pelean hoy los combates del Señor, como antaño luchaste contra Lucifer, corifeo de la soberbia y contra sus ángeles apóstatas. Ellos no pudieron vencer, y perdieron su lugar en el Cielo. “Fue precipitado el gran dragón, la antigua serpiente el denominado diablo y Satanás, el seductor del universo: fue precipitado a la tierra y con él fueron arrojados sus ángeles”.  He aquí que el antiguo enemigo y homicida se ha erguido con vehemencia. Disfrazado de “ángel de luz” con la escolta de todos los espíritus malignos rodea e invade la tierra entera, y se instala en todo lugar, con el designio de borrar allí el nombre de Dios y de Jesucristo, de arrebatar las almas destinadas a la corona de la gloria eterna, de destruirlas y perderlas para siempre. Como el más inmundo torrente, el maligno dragón derramó sobre los hombres de mente depravada y corrompido corazón, el veneno de su maldad: el espíritu de la mentira, de la impiedad y de la blasfemia; el letal soplo de la lujuria, de todos los vicios e iniquidades.

Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido. Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey. Oh invencible adalid, ayuda al pueblo de Dios contra la perversidad de los espíritus que le atacan y dale la victoria.

La Iglesia te venera como su guardián y patrono, se gloría que eres su defensor contra los poderes nocivos terrenales e infernales; Dios te confió las almas de los redimidos para colocarlos en el estado de la suprema felicidad. Ruega al Dios de la paz que aplaste al demonio bajo nuestros pies, para que ya no pueda retener cautivos a los hombres y dañar a tu Iglesia. Ofrece nuestras oraciones al Altísimo, para que cuanto antes desciendan sobre nosotros las misericordias del Señor, y sujeta al dragón, la antigua serpiente, que es el diablo y Satanás, y, una vez encadenado, precipítalo en el abismo, para que nunca jamás pueda seducir a las naciones.
Después de esto, confiados en tu protección y patrocinio, con la sagrada autoridad de la Santa Madre Iglesia, nos disponemos a rechazar la peste de los fraudes diabólicos, confiados y seguros en el Nombre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor.

He aquí la Cruz del Señor, huid poderes enemigos.
R. Ha vencido el León de la tribu de Judá, la raíz de David.

Señor, que tu misericordia venga sobre nosotros.
R. Como lo esperamos de Ti.

Señor, escucha nuestra oración.
R. Y llegue a Ti nuestro clamor.

El Señor esté con vosotros. (Sólo si es un sacerdote)
R. Y con tu espíritu.

Oh Dios Padre Nuestro Señor Jesucristo, invocamos tu Santo Nombre, e imploramos insistentemente tu clemencia para que por la intercesión de María inmaculada siempre Virgen, nuestra Madre, y del glorioso san Miguel arcángel, te dignes auxiliarnos contra Satán y todos los otros espíritus inmundos que recorren la tierra para dañar al género humano y perder las almas.
Amén.

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