¿Qué son las misas Gregorianas?

Se llama Misas Gregorianas a un conjunto de 30 Misas, ofrecidas de manera consecutiva por el alma de una persona fallecida.
El ‘Nuevo Derecho Parroquial’, de Manzanares, Mostaza y Santos (Ed. BAC, Madrid, pag. 254-255) define más exactamente a las ‘misas gregorianas’ a la serie de misas que deben ser aplicadas por un difunto durante treinta días sin interrupción.

Esta costumbre se remonta al Papa San Gregorio Magno (590-604), quien la hizo popular merced a una historia referida en sus Diálogos V, 55 (PL 77, 420-421). Allí relata que Justus, monje fallecido en el convento de San Andrés en Roma, por quien San Gregorio había ofrecido la Misa durante 30 días consecutivos, acabada la treintena se apareció a sus compañeros monjes vivientes y les anunció que había sido librado de las penas del Purgatorio. Siguiendo este hecho significativo, la Iglesia siempre ha tenido en gran aprecio esta preciosa práctica espiritual.

Aunque se argumenta que el papa San Gregorio muy probablemente sólo quiso enseñar la doctrina de los sufragios aplicados a los difuntos; «la ingenua mentalidad medieval cargó el acento en la ininterrumpida sucesión de misas, creencia que pretendió reajustar San Antonino de Florencia, afirmando simplemente que, si las 30 misas se dicen seguidas, las almas del purgatorio perciben antes sus frutos».

La Iglesia Católica mantiene esta práctica, de gran arraigo popular, con sentido de sufragio por los difuntos, pero ha mitigado la obligación de la celebración ininterrrumpida, según la declaración Tricenario Gregoriano (24-2-1967):

Si por un impedimento imprevisto (vgr., una enfermedad) o por otra causa razonable (vgr., celebración de una misa de funeral o de matrimonio), un sacerdote tuviere que interrumpir el treintenario, ‘este mantiene por disposición de la Iglesia los frutos de sufragios a él atribuidos por la práctica de la Iglesia y la piedad de los fieles hasta el momento presente, pero con la condición de completar lo antes posible la celebración de las treinta misas’ (EV 2/966)’.

 

En contexto

La Iglesia siempre ha enseñado que orar por los difuntos es una obra de misericordia y que los fieles podemos ayudar a nuestros difuntos mediante la oración, el sacrificio y, especialmente, por la Santa Misa, sacrificio de Cristo. Si bien es cierto que el Concilio Vaticano II trajo cambios en la liturgia, no obstante, muchos los fieles que continuaron con la costumbre de orar por sus difuntos y las llamadas Animas del Purgatorio durante 30 días. Sin embargo, en algunas partes las iglesias comenzaron a cerrar por descanso, un día a la semana.

Ante la falta de continuidad la tradición de las llamadas Misas Gregorianas se fue perdiendo. En otros lugares se perdió la idea de la importancia de la Misa a tal grado que los familiares de los difuntos se conformaron con pedir por ellos en pocas ocasiones: el día de su sepultura, en el novenario de la muerte, al cumplirse un mes y un año del fallecimiento, un total de solo cuatro misas.

Afortunadamente, muchos fieles saben que orar por los difuntos es un acto de justicia y caridad, oran constantemente por sus difuntos, participan de la Misa agradeciendo todos los beneficios que recibieron en vida, piden por su eterno descanso y el perdón de sus pecados.

Hoy en día por lo general se entiende que una ‘misa gregoriana’ es una serie de 30 misas seguidas.

¿Cuales con las condiciones que deben cumplir las Misas Gregorianas?

La iglesia considera la Misa como la oración más poderosa de intercesión porque es el ofrecimiento perfecto de Cristo al Padre al hacer presente el Misterio Pascual de Su muerte y resurrección. Es una antigua tradición en la Iglesia que se pida una Misa por una intención específica, incluso cuando la persona no puede presente físicamente para la Misa.

-Las treinta misas debían celebrarse en forma continua, sin interrupción, con excepción del Viernes Santo y debían aplicarse siempre por los mismos difuntos .

-No es necesario que las celebre un mismo sacerdote, ni que se se celebren en un mismo altar, ni en memoria de San Gregorio.

Fuentes

Pildorasdefe.net
teologoresponde.com
Adaptado por Proyecto Emaús