Qué es la envidia, cual es su origen y como vencerla

Imagen: Flicker – Allie Holzman.

En la lectura de la misa diaria del jueves de la segunda semana del tiempo ordinario, nos encontramos con un Saúl envidioso. Cuando David regresó de matar a Goliat, las mujeres lo reciben cantando una canción elogiándolo. Saúl debería regocijarse con todo Israel, pero en cambio, se muestra resentido y envidia a David:

“A su regreso, cuando volvió David de matar al filisteo, salían las mujeres de todas la ciudades de Israel al encuentro del rey Saúl para cantar danzando al son de adufes y triángulos con cantos de alegria.  Las mujeres, danzando, cantaban a coro: «Saúl mató sus millares y David sus miríadas.  Irritóse mucho Saúl y le disgustó el suceso, pues decía: «Dan miríadas a David y a mí millares; sólo le falta ser rey. Y desde aquel día en adelante miraba Saúl a David con ojos de envidia.”

I Samuel, 18, 6-9

La reacción de Saúl es muy exagerada; esto es lo que hace la envidia.

¿Qué es la envidia?

La mayoría de la gente usa hoy la palabra como sinónimo de celos, pero tradicionalmente no significan lo mismo. Cuando estoy celoso de ti, hay algo bueno que tienes o eres, que quiero tener para mí. Los celos son pecaminosos cuando uno desea algo de manera excesiva o irracional.

En la teología tradicional, la envidia es bastante diferente (cf Summa Thelogica II, IIae 36.1). La envidia es tristeza, tristeza o enojo por la bondad o la excelencia de otra persona porque de alguna manera, considero que hace una disminución de la mía. La diferencia clave es que con la envidia (a diferencia de los celos) uno no solo quiere poseer el bien o la excelencia de otro sino destruirlo.

Observe en la lectura anterior, Saúl quiere matar a David porque cree que la excelencia de David lo hace parecer menos excelente, menos grande. Saúl debería regocijarse en los dones de David, porque son dones para todo Israel. David es un buen soldado, lo cual es una bendición para todos. La respuesta adecuada a la excelencia de David debe ser el regocijo, estar agradecido a Dios y, donde sea posible, imitar el coraje y la excelencia de David. En cambio, Saul se enoja. Él ve a David como robándole el centro de atención y posiblemente incluso su reinado. La envidia asoma su fea cabeza cuando Saúl concluye que David debe morir. El bien que está en David debe ser destruido.

¿Cuál es su origen?

La envidia es diabólica. San Agustín llamó a la envidia el pecado diabólico (De catechizandis rudibus 4,8: ​​PL 40,315-316) porque busca minimizar, terminar o destruir lo que es bueno. La Escritura dice: “Por la envidia del diablo, la muerte entró en el mundo (Sab 2:24)“. Viendo la excelencia que Adán y Eva (hechos a la imagen de Dios) tenían y que posiblemente conocían los planes para la encarnación, el Diablo los envidió. Su gloria disminuyó – o al menos eso pensó – y así se dispuso a destruir la bondad en ellos. La envidia es diabólica.

Las virtudes que cancelan la envidia

La respuesta adecuada para observar la bondad o la excelencia en los demás es la alegría y el celo. Deberíamos alegrarnos de que las personas a nuestro alrededor sean bendecidas porque cuando son bendecidas, también lo somos nosotros. Además, debemos responder con un celo que busca imitar (cuando sea posible) su bondad o excelencia. Quizás podamos aprender algo de ellos o de su buen ejemplo.

La envidia es mala, incluso cuando se enmascara como bondad y justicia. Por ejemplo, la tendencia moderna de otorgarle a todos un premio  y en su lugar decir “todos son ganadores” puede estar enraizada en sutiles formas de envidia disfrazadas de bondad. Tales enfoques disminuyen la verdad de que algunos están dotados, algunos son mejores que otros en ciertas áreas. No siempre seré el mejor ni seré siempre el ganador. En lugar de ocultar la bondad y la excelencia, debemos celebrarla. La respuesta adecuada a la excelencia y la bondad son la alegría y el celo.

Fuentes

Artículo Publicado originalmente en http://blog.adw.org/2018/01/envy-illustrated/ Su autor original es Monseñor Charles Pope. Traducido y adaptado por Proyecto Emaús

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