¿Qué es el Arrianismo?


que es el arrianismo

El Arrianismo: San Nicolas abofetea al hereje Arrio.

El arrianismo es el conjunto de doctrinas cristianas desarrolladas por Arrio (de ahí el origen del nombre de esta corriente anticristiana), sacerdote de Alejandría, quien consideraba que Jesús de Nazaret no era Dios o parte de Dios Trino, sino una criatura. Una vez que la Iglesia hubo aceptado como dogma la proposición opuesta, el arrianismo fue condenado como una herejía.

La naturaleza de Jesús era el problema más complejo de los primeros siglos del cristianismo, como lo revelan las discusiones teológicas. En los primeros siglos del cristianismo se planteaba el problema de la relación del Hijo y de Dios. A esto se le llamó las disputas cristológicas. El Arrianismo es considerado la primera entre las disputas doctrinarias que perturbaron a los cristianos después que Constantino el Grande hubo reconocido a la Iglesia en 313 d.C., y origen de muchas otras durante tres siglos, el arrianismo ocupa un gran lugar en la historia eclesiástica.

El Arrianismo fue un intento Oriental de racionalizar el credo despojándolo del misterio en lo concerniente a la relación de Cristo con Dios.

En el Nuevo Testamento y en la enseñanza de la Iglesia, Jesús de Nazaret aparece como el Hijo de Dios. Tomó este nombre para sí mismo (Mateo 11,27; Juan 10,36), mientras que el Cuarto Evangelio declara que Él es el Verbo el Logos, quien al principio estaba con Dios y era Dios, por quien fueron hechas todas las cosas.

San Pablo establece una doctrina similar en sus indudablemente genuinas Epístolas a los Efesios, Colosenses y Filipenses. Ignacio las reitera en sus Cartas, y explica la observación de Plinio al mencionar que los cristianos cantan en sus asambleas un himno a Cristo como Dios.

Orígenes del Arrianismo

Pablo de Samosata es considerado como el verdadero antecesor de aquellas herejías que relegaban a Cristo mas allá de la esfera Divina. Sostuvo que El hombre Jesús fue distinto del Logos. «El Supremo es uno en Persona y Esencia». Los tres concilios efectuados en Antioquía (264-268 ó 269) condenaron y excomulgaron al samosateno.

También encontramos a Luciano de Antioquia, quien editó la Versión de los Setenta y se convirtió al final en mártir. La escuela de Antioquía obtuvo su inspiración de este hombre sabio. Eusebio de Cesarea, el historiador, Eusebio de Nicomedia y Arrio mismo, todos cayeron bajo la influencia de Luciano.

Ario, desde el año 318 propagó la idea de que no hay tres personas en Dios sino una sola persona, el Padre. Jesucristo no era Dios, sino que había sido creado por Dios de la nada como punto de apoyo para su Plan. El Hijo es, por lo tanto, criatura y el ser del Hijo tiene un principio; ha habido, por lo tanto, un tiempo en que él no existía. Al sostener esta teoría, negaba la eternidad del Verbo, lo cual equivale a negar su divinidad. A Jesús se le puede llamar Dios, pero solo como una extensión del lenguaje, por su relación íntima con Dios.

Admitía la existencia del Dios único, eterno e incomunicable; el Verbo, Cristo, no divino sino pura creatura, aunque más excelsa que todas las otras y escogido como intermediario en la creación y la redención del mundo. Aunque Arrio se ocupó principalmente de despojar de la divinidad a Jesucristo, hizo lo mismo con el Espíritu Santo, que igualmente lo percibía como creatura, e incluso inferior al Verbo.

Arrio, tras formarse en Antioquía, difunde sus ideas en Alejandría, dónde en el 320, Alejandro, obispo de Alejandría, convoca un sínodo que reúne más de cien obispos de Egipto y Libia, y en el se excomulga a Arrio y a sus partidarios, ya numerosos. No obstante, la herejía continúa expandiéndose, llegando a desarrollarse una crisis de tan grandes proporciones, que el Emperador Constantino el Grande se vio forzado a intervenir para encontrar una solución.

Fue el Concilio de Nicea, el 20 de mayo del 325 D.C., donde el partido anti-arriano bajo la guía de San Atanasio, diácono de Alejandría, logró una definición ortodoxa de la fe y el uso del término homoousion (consustancial, de la misma naturaleza) para describir la naturaleza de Cristo:

««Creemos en un solo Dios Padre omnipotente… y en un solo Señor Jesucristo Hijo de Dios, nacido unigénito del Padre, es decir, de la sustancia del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consustancial al Padre…»»

(Manual de Doctrina Católica Denzinger – Dz 54).

Como resultado, fueron condenados los escritos de Arrio y tanto él como sus seguidores desterrados, entre ellos Eusebio de Nicomedia. Aunque no era arriano, Constantino gradualmente relajó su posición anti-arriana bajo la influencia de su hermana, quien tendía simpatías arrianas.

A Eusebio y a otros se les permitió regresar y pronto comenzaron a trabajar para destruir lo hecho en el Concilio de Nicea. Por los manejos de Eusebio de Nicomedia, Constantino intento traer a Arrio de regreso a Constantinopla (334-335) y rehabilitarlo, pero murió antes de que llegara.

El Arrianismo se extiende

Aprovechando la nueva situación, el partido arriano fue ganando terreno y logró el exilio de San Atanasio, quien ya era obispo de Alejandría, y de Eustaquio de Antioquía. Los arrianos no dejaron de perseguirlo y apelaron a todos los medios para echarlo de la ciudad e incluso de Oriente. Avanzaron aún más durante el reinado del sucesor de Constantino en Oriente, Constancio II (337-361), quien dio un apoyo abierto al arrianismo.

San Atanasio fue desterrado cinco veces y cuando la autoridad civil quiso obligarlo a que recibiera de nuevo en el seno de la Iglesia a Arrio, excomulgado por el concilio de Nicea y pertinaz a la herejía, Atanasio, cumpliendo con gran valor su deber, rechazó tal propuesta y perseveró en su negativa, a pesar de que el emperador Constantino, en 336, lo desterró a Tréveris.

Durante dos años permaneció Atanasio en esta ciudad, al cabo de los cuales, al morir Constantino, pudo regresar a Alejandría entre el júbilo de la población. Inmediatamente renovó con energía la lucha contra los arrianos y por segunda vez, en 342, tuvo que emprender el camino del destierro que lo condujo a Roma.

El Arrianismo

El Arrianismo: El Primer Concilio de Nicea, con Arrio dibujado a los pies del emperador Constantino y de los obispos.

En el año 341 se celebró un Concilio en Antioquía, el cual no fue reconocido como concilio ecuménico y fue encabezado por Eusebio de Nicomedia. Este Concilio aceptó varias afirmaciones heréticas sobre la naturaleza de Cristo. La oposición fue tal en Occidente, que Constancio II, emperador de Oriente, y Constante, de Occidente, convinieron en convocar un Concilio en Sárdica en el 343, donde se logró el regreso de Atanasio y su restauración como obispo de Alejandría, así como la deposición de sus sedes de muchos obispos arrianos.

Ocho años más tarde se encontraba de nuevo en Alejandría con la satisfacción de haber mantenido en alto la verdad de la doctrina católica. Pero llegó a tanto el encono de sus adversarios, que enviaron un batallón para prenderlo. Providencialmente, Atanasio logró escapar y refugiarse en el desierto de Egipto, donde le dieron asilo durante seis años los anacoretas, hasta que pudo volver a reintegrarse a su sede episcopal; pero a los cuatros meses tuvo que huir de nuevo. Después de un cuarto retorno, se vio obligado, en el año 362, a huir por quinta vez. Finalmente, pasada aquella furia, pudo vivir en paz en su sede.

Tras la muerte de Constante y el advenimiento de Constancio como único emperador en el año 350, los arrianos recuperaron mucho de su poder, generándose persecuciones anticatólicas en el Imperio. Durante este período se dio el momento de mayor poder y expansión de la herejía arriana con la unificación de los diversos partidos en el interior del arrianismo en el año 359 y su máximo triunfo doctrinal en los concilios de Seleucia y Arimino.

El declive del Arrianismo

Cuando parecía humanamente imposible restaurar la verdadera fe católica y que esta se perdía, las cosas se volvieron en contra del arrianismo. Constancio murió en el año 361, dejando al arrianismo sin su gran protector. Más adelante los semiarrianos, escandalizados por la doctrina de sus copartidarios más radicales, empezaron a considerar la posibilidad de algún arreglo.

Bajo el gobierno del emperador Valentiniano (364-375), el cristianismo ortodoxo fue restablecido en Oriente y Occidente, y la ejemplar acción de los Padres Capadocios (San Basilio y San Gregorio Nacianceno) condujo a la derrota final del arrianismo en el Concilio de Constantinopla en el año 381.

La herejía no moriría aun por siglos y crecería en algunas tribus germánicas que habían sido evangelizadas por predicadores arrianos, las cuales la traerían de nuevo al Imperio en el siglo V con la invasión de Occidente. Aunque todavía se encuentran grupos de cristianos-arrianos en el Oriente Medio y el Norte de África, el arrianismo profesado como tal desapareció hacia el siglo VI.

Como ocurre con otras herejías, hay siempre quienes, sin definirse herejes, sostienen todavía esos errores. Se trata de una batalla por la verdad en la que el espíritu del error no se da por vencido.

Muerte de Arrio

Como resultado de los sínodos de Tiro (335) y Jerusalén (336), el emperador terminó desterrando esta vez al obispo antiarriano Atanasio de Alejandría (aunque posteriormente se le dejó volver), el cual fue acusado de usar los envíos de grano que salían de Egipto hacia Constantinopla como chantaje para resolver una discusión sobre teología especulativa.​ El sínodo de Jerusalén devolvió la comunión a Arrio.

El emperador ordenó a Alejandro de Constantinopla que recibiese a Arrio a pesar de las objeciones del obispo; el obispo Alejandro respondió diciendo que rezaba porque Arrio pereciese antes de que eso ocurriera.

Sócrates Escolástico (un detractor de Arrio), quien nació 45 años después de la muerte de Arrio, describe la muerte de Arrio de la siguiente forma:

Era sábado, y Arrio estaba esperando la asamblea con la iglesia al día siguiente: pero la retribución divina llegó a sus atrevidos crímenes. Al salir del palacio imperial, al que asistieron una multitud de partidarios de Eusebio como guardias, desfiló por orgullo por mitad de la ciudad, lo que atrajo la atención de todas las personas.

Al acercarse al lugar llamado Foro de Constantino, donde se erigió la columna de pórfido, un terror que surgía de los remordimientos de conciencia se apoderó de Arrio, y con el terror vino una relajación violenta de sus entrañas; él, por tanto, se preguntó si había un lugar adecuado cerca, y se dirigió a la parte trasera del Foro de Constantino, apresurándose hacia allá.

Poco después, un desmayo se apoderó de él, y junto con las evacuaciones sus entrañas sobresalían, lo que fue seguido de una hemorragia abundante, y del descenso de los intestinos pequeños: trozos del bazo y del hígado salieron con efusión de sangre, por lo que murió casi inmediatamente. El escenario de esta catástrofe todavía se muestra en Constantinopla, como he dicho, detrás de las ruinas, en la columnata, y las personas señalan con el dedo el lugar, hay un recuerdo perpetuo conservado de este tipo de muerte.

 

Fuentes

http://www.catolico.org/diccionario/arrianismo.htm

https://www.aciprensa.com/recursos/biografia-4591

https://es.wikipedia.org/wiki/Arrio

Adaptado por Proyecto Emaús