Promesas y Profecías de Nuestra Señora en Fátima – Parte I

Un secreto y un milagro

Los tres pequeños videntes. De izquierda a derecha: Jacinta Marto, Lucia dos Santos, Francisco Marto

El anuncio que hicieran los tres pequeños videntes después de la aparición, tuvo el mismo efecto de una bomba.
Nuestra Señora, dijeron los niños, les había confiado un “secreto” y prometió un milagro que todos los presentes pudiesen ver.

Que podría despertar la curiosidad innata del ser humano sino un secreto? Claro, la curiosidad sería aún mayor tratándose de un secreto dado por alguien del Cielo!

En la mayoría de las personas, la curiosidad sensacionalista reemplaza al miedo, y la pasión, supera a la reflexión. Por lo tanto, si los pobres niños ya habían sufrido mucho con las apariciones anteriores, ahora estaban entrando en el verdadero martirio. Fueron sujetos a todo tipo de hostigamiento, acosamiento y amenazas a fin de «sacarles» el secreto.

La familia de Lucía, ni siquiera estaba convencida de todo este asunto de las apariciones y mucho menos le importaba “el secreto”. Es más, ni siquiera se molestaron en preguntarle a Lucía sobre el mismo. Muy por el contrario, en la casa del Sr Marto se sostenía que “Un secreto es un secreto. Si ellos lo recibieron, entonces deben conservarlo”.

Para intentar obtener acceso al secreto, las autoridades civiles, emplearon amenazas y posteriormente la fuerza.

Aljustrel, como las demás villas de los alrededores, eran parte del consejo administrativo de Vila Nova de Ourém, que estaba presidido por un virulento anticlerical de nombre Artur Oliverira Santos.

El 10 de Agosto, Santos envió un mensaje con carácter oficial a los padres de Lucía y de Francisco, convocándoles a presentarse frente al consejo con los niños.
Santos presionó a Lucía para que revelase el secreto y prometiese nunca más volver a Cova de Iria. Al ver que la pequeña no cedía, se enfureció contra sus padres, enviándoles de regreso a casa y amenazándoles con ulteriores “medidas”.

Los Videntes en prisión

En Agosto 13, una gran multitud se había hecho presente en el lugar de las apariciones. El tiempo transcurría y los pequeños pastores no se hacían presentes. Las personas comenzaban a ponerse nerviosas.
De pronto, una voz comenzó a correr “¡los niños no vendrán el día de hoy, han sido arrestados por el administrador!”
Todos comenzaron a preguntarse cómo es que podría haber sucedido semejante cosa!
Resulta que temprano, esa misma mañana, Santos, acompañado por el párroco de Porto de Mós, fue a Aljustrel a buscar a los niños en sus respectivas casas.
Santos argumentó que como Santo Tomas, tenía que “ver para creer”, y quería ser testigo de aquellas apariciones. Así convenció a los padres y persuadió a los niños a subir a su carruaje tirado por caballos. Nada les hacía sospechar que al llegar al cruce con el camino principal, en lugar de dirigirse a Cova de Iria, tomarían el camino opuesto hacia Nova de Ourém y a todo galope.

Al llegar al pueblo, primero se dirigieron a la residencia de la Sra. Santos, quien era católica practicante sin saberlo su esposo. Los trató de la mejor de las maneras y les sirvió el almuerzo. Poco después, los tres niños fueron llevados a la municipalidad donde fueron interrogados sobre el secreto, después, de lo cual, volvieron a la residencia de Santos donde pasaron aquella noche.

La mañana siguiente, dispuesto a conocer aquel secreto, Santos decidió que la mejor manera de hacerlo, era aterrorizando a los niños, a quienes encerró en una celda con mal vivientes, los que para sorpresa de Santos, terminaron rezando el Rosario con los pequeños.

Santos, enfurecido, decide en un arranque de indescriptible crueldad, amenazar a los videntes con hervirlos vivos en un caldero lleno de aceite si no revelaban el secreto. A tal fin, un guardia se presenta preguntando por la pequeña Jacinta, argumentando que el aceite ya estaba hirviendo y que era su última oportunidad de revelar el secreto. Prefiriendo el martirio, la pequeña heroína se negó a hablar, por lo que fue llevada por el guardia. Francisco y Lucía, imaginaban lo peor. Poco después, el mismo guardia vendría por Francisco y posteriormente por Lucía. Grande fue su sorpresa al encontrarse los tres juntos y vivos en el cuarto de al lado.

El 15 de Agosto durante la Fiesta de la Asunción de Nuestra Señora al Cielo, Santos liberó a los tres pequeños pastores de Fátima.

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