«¿Por qué me haces daño?» : El abortero que cambió su vida en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe

Era un reconocido médico abortista en Virginia (Estados Unidos). No tenía escrúpulos a la hora de acabar con la vida de los recién nacidos. Sin embargo, la vida de John Bruchalski dio un giro de 180º grados durante un viaje a Guadalupe (México) cuando experimentó una conversión religiosa.
Fundó el Centro Familiar Tepeyac en 1994. La instalación obstétrica y ginecológica en Fairfax, Virginia, combina lo mejor de la medicina moderna con la presencia sanadora de Jesucristo.

Con el sufrimiento de haber acabado con la vida de miles de niños, Bruchalski jamás imaginó que unos años después pondría en marcha una clínica provida. En eso recuerda al doctor Bernad Nathanson, el llamado rey del aborto, que llegó a practicar 75.000 abortos, y luego dió un giro radical y se convirtió en adalid de la defensa de la vida.

En 1987, el Dr. John Bruchalski  recibió la invitación de un amigo para viajar a la Ciudad de México. En ese momento era un ginecólogo típico que practicaba abortos sin mayores miramientos y que estaba seguro de que los anticonceptivos liberarían a las mujeres.

Así, con el fórceps en la mano empezó a descuartizar a los niños en el útero de la siguiente manera: “Lo giraba” y luego lo aspiraba con “la cánula, que mide unos 20 centímetros de largo. Esa es la pequeña distancia que te separa del niño cuando le quitas la vida. Y pasaba de la cánula, de mis dedos, de mis brazos, hasta mi corazón. Y mi corazón se hacía cada vez más duro”. De hecho, fueron pasando los años hasta la indiferencia más absoluta: la vida del médico proseguía como si nada pasase, como si el homicidio de cientos de inocentes no tuviese consecuencias ni para él ni para sus madres. Mucho menos para el mundo. Sin embargo, “no había ni felicidad ni alegría en mis clínicas”, confiesa. Además, la difusión de la anticoncepción, considerada como panacea, más que resolver el problema del aborto o de las enfermedades de transmisión sexual, lo aumentaba: “Cada vez más relaciones se rompían, había más infecciones”. Sin embargo Bruchalski se justificaba así, como sus colegas: “Esto pasa porque la anticoncepción no está aún lo bastante extendida ni es lo bastante segura”.

En su recorrido por la ciudad de México, llegó a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, la que visitó sin mayores intenciones que la de un turista, de aquellos tantos que llegan a tomarse algunas fotos de recuerdo. De pronto, para su gran sorpresa, comenzó a escuchar la voz de una Dama que claramente le decía: “¿Por qué me haces daño?
Bruchalski se referiría a esta voz de la siguiente manera:”Era una voz de mujer, muy amorosa, para nada amenazadora”. Pero sería necesario que pasarán años antes de que entendiera completamente el mensaje.

De lo que sí estaba seguro, era que al volver a casa,  nunca más volvería a practicar abortos.  De hecho, la gracia recibida durante la peregrinación no fue solo la de reconocer todos sus pecados, sino también la de “comprender que había un modo auténtico de ser médico… opuesto a aquel que sostenía Planned Parenthood. La Virgen me mostró mi papel”.

En la clínica Tepeyac 40 por ciento de los pacientes son católicos, alrededor del 40 por ciento son evangélicos y el resto son agnósticos, judíos, musulmanes, etc.

Y así, desde 1994 el médico comenzó a dirigir una centro de ayuda a la maternidad donde “estamos convencidos de que la salud depende de las relaciones de comunidad” y de que, “si amamos lo suficiente cuando practicamos la medicina, podemos crear ambientes en los que el aborto se haga impensable”. La clínica Tepeyac nunca ha tenido ánimo de lucro, porque “la Virgen dice que debemos ver a los pobres en nuestra vida cotidiana, dado que una cosa es ser un médico provida, y otra que en tu propia vida como médico llegues a ver a los pobres”. El centro ha ido creciendo en servicios y calidad. Sobre todo, dada su experiencia como abortero, Bruchalski está convencido de que, más que concentrase en soluciones como fomentar la adopción o mostrar a la madre imágenes del feto (puesto que la mujer en ese momento percibe a su hijo como un enemigo), hay que ofrecer un sentido y una esperanza, que es Cristo.

Desde entonces ya han pasado más de 23 años y este ginecólogo se ha dedicado a seguir esta visión de la medicina. Comenzó fundando junto a su esposa y tres enfermeras Tepeyac Family Center en el sótano de su casa, haciendo en primer lugar de consultorio y después de clínica.

Con su lucha y tesón, ahora trae al mundo a más de 700 bebés al año desde la mayor clínica provida de Virginia y Tepeyac Family Center se ha convertido en un refugio seguro para mujeres embarazadas.

Fuentes

https://www.actuall.com/vida/el-nuevo-doctor-nathanson-john-bruchalski-de-practicar-abortos-a-dirigir-la-mayor-clinica-provida-en-virginia/
https://carifilii.es/un-medico-abortero-escucho-en-la-basilica-de-guadalupe-una-voz-que-le-dijo-por-que-me-haces-dano
https://www.thedivinemercy.org/news/Former-Abortionist-Now-a-Witness-to-Mercy-3066
Traducido y adaptado por Proyecto Emaús