Un paseo por «La Cueva del Apocalipsis»


Habiendo sido exiliado a la isla de Patmos, dentro de la que ahora se ha venido a llamar «Cueva de la Revelación» o «Cueva del Apocalipsis», Juan el evangelista, el discípulo amado, recibió visiones divinas y las registró en el Libro de la Relevación por mandato de Jesús:

««Lo que veas escríbelo en un libro y envíalo a las siete Iglesias: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea».»

Apocalipsis, 1: 11

Alrededor del año 95 d. C., Juan el teólogo fue exiliado a la isla griega de Patmos en el mar Egeo, cincuenta millas al sur de Éfeso, lugar que era utilizado por los romanos como colonia penal bajo el dominio del emperador Domiciano, quien creía firmemente en la religión romana tradicional.

En aquellos días, las religiones extranjeras se toleraban en la medida que no interfirieran en el orden público y que pudieran ser asimiladas a la tradicional religión romana. Durante el reinado de la dinastía Flavia, creció el culto a las distintas deidades egipcias entre las que destacaban Serapis e Isis, identificadas con Júpiter y Minerva respectivamente.

En el Imperio Romano, la acusación de «ateísmo» indicaba la negación a adorar a los dioses romanos en general y a reconocer el origen divino del emperador en particular, en  consecuencia, los cristianos fueron implacablemente perseguidos a finales de su reinado.

El destierro de Juan el Apóstol desde Éfeso a la isla de Patmos da testimonio de ello:

«Yo, Juan, vuestro hermano y compañero de la tribulación, del reino y de la paciencia, en Jesús. Yo me encontraba en la isla llamada Patmos, por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús.»

Apocalipsis 1: 9

Dentro de la Cueva del Apocalipsis

Durante su exilio, impuesto por el emperador romano Domiciano, el Santo hizo de esta cueva su hogar. En ella, la tradición sostiene que Juan escuchó la voz de Cristo a través de tres pequeñas fisuras que aparecieron en la roca, mismas que simbolizan a la Santísima Trinidad.

Dentro de la «Cueva del Apocalipsis», San Juan dictó el Libro de la Revelación  a su discípulo Prochorus Cydones (Prócoro) quien es representado en el arte ortodoxo como el asistente  del Apóstol San Juan en el exilio.

Cueva del Apocalipsis

Imagen que se encuentra en la entrada de la Cueva del Apocalipsis en la que se aprecia a Prócoro, quien recibe de San Juan la revelación del Apocalipsis. Crédito: Njaker via Wikimedia Commons.

Prócoro fue uno de los siete diáconos de la Iglesia de Jerusalén, compañero de San Esteban, el protomártir. Se cree que fue de origen griego. Una tradición más tardía lo asocia con el grupo de los setenta y dos discípulos seguidores de Jesús,  mientras que algunos escritos lo vinculan con Juan el Apóstol en Patmos. Se habría desempeñado como obispo de Nicomedia, en Bitinia, para finalmente sufrir el martirio por la fe en Jesucristo en Antioquía.

Cueva del Apocalipsis

Parte del interior de la Cueva del Apocalipsis. Crédito: greekcitytimes.

La entrada a la cueva está marcada con un mosaico que representa las visiones de San Juan y dentro de la pequeña gruta, se puede ver el lugar de descanso nocturno de la cabeza del apóstol, cercado y delineado en plata batida. Se han colgado siete lámparas de plata en la cueva, de las cuales la más grande se encuentra sobre el lugar donde dormía el Santo, utilizando una roca como almohada que aún existe en la cueva.

Actualmente, un monje se sienta en la roca y cuenta a los visitantes la historia del Apocalipsis y cómo se escribió el libro. La cueva tiene algunos nichos en la piedra donde San Juan apoyaba la cabeza. Además, se puede apreciar la triple fisura desde la cual, según la tradición, San Juan escuchó la voz de Cristo.

En 1088, el monasterio de San Juan el teólogo fue construido en la Cueva de la Revelación por Christodoulos Latrinos de Patmos, en parte con el deseo del emperador bizantino Alejo I Komnenos de colonizar las islas del mar Egeo. La cueva del Apocalipsis se halla a medio camino de este monasterio.

En 1999, la llamada «Cueva del Apocalipsis» fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Hoy, miles de peregrinos viajan cada año para ver el sitio en donde según las Sagradas Escrituras, tuvo lugar la Revelación del Apocalipsis, el último libro de la Biblia.