Ocho razones por las que María NO era una «chica normal»

Pareciera que el Santo Padre ha olvidado todas las gracias y singulares virtudes que adornan a la siempre Virgen María, hija predilecta de Dios, escogida desde toda la eternidad para ser madre del Redentor, despojándola de todas especialísimas cualidades, degradándola a nivel de una «chica normal».

Recordemos las palabras de San Luis María Grignon de Monfort extraídas de las «Súplicas a la Virgen María»:

¡Ah! Si se conociera la gloria y amor que recibes en esta criatura admirable, ¡se tendrían hacia ti y hacia Ella sentimientos muy diferentes de los que ahora se tienen! Ella se haya tan íntimamente unida a ti que sería más fácil separar la luz del sol, el calor del fuego, más aún, sería más fácil separar de tí a todos los ángeles y santos que a la excelsa María: porque Ella te ama más ardientemente y te glorifica con mayor perfección que todas las demás criaturas juntas.

 

¿No será, pues, extraño y lamentable, amable Maestro mío, el ver la ignorancia y oscuridad de todos los hombres respecto de tu Santíma Madre? No hablo de tantos idólatras y paganos que, no conociéndote a ti, tampoco a Ella conocen. Tampoco hablo de los herejes y cismáticos que, separados de ti y de tu Iglesia, no se preocupan de ser devotos de tu Madre. Hablo sí, de los católicos y aún de los doctores entre los católicos: ellos hacen profesión de enseñar a otros la verdad, pero no te conocen ni a ti ni a tu Madre sino de manera especulativa, árida, estéril e indiferente. Estos caballeros hablan sólo rara vez de su Santísima Madre y del culto que se debe.

María predestinada desde la eternidad

La Elección de María por parte de nuestro Padre Celestial ha sido interpretada por los teólogos como predestinación en el marco del proceso de salvación. Esto significa que Dios, en su divina omnisciencia, determinó mediante un acto voluntario el destino de la Virgen María como parte de su plan de salvación. De esta manera, Dios Padre elige a María, desde antes de los tiempos, a ser la madre del Verbo encarnado, es decir, predetermina o predestina la vida de María para esta función específica. Ella es creada por Dios para realizar esta magna finalidad. Por tal razón, la Epístola Apostólica Ineffabilis Deus, dedicada al dogma de la Inmaculada Concepción, del 8 de diciembre de 1854 pronunciada por el Papa Pío IX sostiene sin ambages que el inefable Dios: “(..) Eligió y señaló, desde el principio y antes de los tiempos, una Madre, para que su unigénito Hijo, hecho de carne de ella, naciese, en la dichosa plenitud de los tiempos, y en tanto grado la amó por encima de todas las criaturas, que en sola ella se complació con señaladísima benevolencia”.

“Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, fue por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del genero humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios, por tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles.”

María es la Madre de Dios

Desde los tiempos más antiguos, la Bienaventurada Virgen María, ha sido honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles acuden con sus súplicas en todos sus peligros y necesidades.
Mucho antes del Concilio de Efeso, que tuviese lugar en el año 431, los primeros Cristianos ya veneraban a María como la Theotokos, palabra de origen griego que quiere decir “Madre de Dios“.  La primera evidencia al respecto, la encontramos en un pedazo de papiro que data del año 250 aproximadamente. Este, contiene lo que se conoce, como la oración mariana más antigua de la que se tiene evidencia.  En ella, ya se referían a María como “Sancta Dei Genetrix” o “Santa Madre de Dios“. Esto evidencia, no solamente que los primeros cristianos veneraban a la Virgen María, sino que además, se referían a ella como “Madre de Dios”.  Además, si uno es un poco curioso y lee la última linea (Virgo gloriosa… – Virgen gloriosa…), entenderemos, que su virginidad, tampoco estuvo en duda entre los primeros cristianos.

María siempre Virgen

La liturgia de la Iglesia celebra a María como la ‘Aeiparthenos’, la ‘siempre-virgen’. Este dogma define que María Santísima fue Virgen antes, durante y perpetuamente después del nacimiento de Jesús. El Catecismo de la Iglesia Católica en el punto 499 nos recuerda:

“La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la virginidad real y perpetua de María, incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre. En efecto, el nacimiento de Cristo lejos de disminuir, consagró la integridad virginal de su madre”.

Este dogma Mariano, encuentra su sustento además en las Sagradas Escrituras en donde podemos encontrar que: “Ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo cuyo nombre será Emanuel”.

 

María es la llena de gracia

La gracia es una participación de la naturaleza de Dios en la creatura racional, que, entonces, vive de la vida de Dios es un don sobrenatural que infundido por Dios en el alma, nos hace justos, agradables a Dios y amigos suyos, sus hijos adoptivos y herederos de la vida eterna. En el Evangelio de San Lucas leemos: « Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón llamado José… entrando junto a ella, le dijo: Salve, llena de gracia, el Señor es contigo» (Lc l, 26-28).

Así también cuando nuestra Señora fue a visitar a su prima Santa Isabel, tan pronto escuchó su voz, el niño en su vientre saltó de gozo. María estaba llena del Espíritu Santo y derramaba su gracia

 

María es nuestra Madre Espiritual

El papel de María en nuestra vida espiritual no puede ser diferente al que jugó en la vida de Cristo. No olvidemos que desde la crucifixión de su Hijo, ella se transformó en madre nuestra también. María ocupa progresivamente un punto singular y eminente en la fe y en la espiritualidad de la vida cristiana por eso María no es solamente la Madre de Dios , sino nuestra madre común, porque ella profesa a todos los hombres afecto e inclinación, ella es madre de todos nosotros y de cada uno. María ha engendrado a los cristianos, pues ella es Madre de Cristo y por tanto, Madre de los cristianos, lo es porque Cristo y los cristianos son hermanos .

María es la Nueva Arca de la Alianza

Gracias al antiguo testamento, sabemos que el Arca de la Alianza, era (después de Dios) el objeto más sagrado sobre la faz de la tierra. Esta Arca, contenía la palabra escrita de Dios bajo la forma de los 10 mandamientos. Además, contenía el Maná o pan milagroso que cayó del cielo y la vara de Aarón que había florecido y que representaba al sumo sacerdote (Num 17,1-23).  En Juan 1:14 encontramos que la Santísima Virgen María, contenía el verbo de Dios (el Verbo encarnado), en Juan 6:51 leemos que María llevó en su vientre al Pan Vivo bajado del Cielo, y en Hebreos 4:14 se nos dice que María engendró al Sumo Sacerdote, Jesucristo Nuestro Señor.

Gracias al Antiguo Testamento sabemos también que Dios ordenó la construcción  Arca de la Alianza  brindando instrucciones precisas, al detalle, indicando así mismo el empleo de los mejores y más selectos materiales. De la misma manera, predestino a María desde toda la eternidad. La escogió de entre todas las mujeres y la conservó libre de mancha y llena de gracia. También sabemos que el Arca de la Alianza estaba cubierta del poder y la Gloria de Dios. En Lucas 1:35 encontramos que durante la Encarnación, María fue cubierta por el poder de Dios.  Sí Dios puso tanto esmero y cuidó de cada detalle del Arca que llevaría su palabra (las tablas de los 10 mandamientos), ¿que no haría por la Nueva Arca de la Alianza que llevaría en su purismo seno a  Cristo, su hijo y nuestro Señor? Después de todo esto, se dará cuenta el amigo lector, que sostener que María era una muchacha común, es un completo disparate.

María es la mediadora de todas las gracias

Las Bodas de Caná, es un muy conocido fragmento de la Sagradas Escrituras. Tan breve y sencilla en apariencia, esta narración es en realidad toda una síntesis del papel de la Santísima Virgen María como mediadora maternal de todas las gracias.
Sabiendo que se había acabado el vino (siendo que se hubiese percatado por si misma o que se lo hubiese informado alguna otra persona invitada a las bodas) decide hacer participe a Jesús de esta necesidad: «No tienen vino». Jesús responde algo reacio al comentario de su madre con un: «Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora». Obsérvese además, que dicho comentario de María, lleva una petición de manera implícita.

María como buena Madre que conoce la bondad de su hijo y sin mediar más palabras, da por concedida la acción con «Haced todo lo que os diga». De esta manera María, acaba de arrancarle un milagro a nuestro Señor Jesucristo.
Así también, María nos presenta una fe llevada al extremo, a la convicción, a la seguridad de obtener aquello que se pide: «La fe es la esperanza en cosas que no se ven, y que son verdaderas».

María Corredentora

Trajo al mundo al Redentor, fuente de todas las gracias. María dio su consentimiento libre para que viniese el Salvador al mundo: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc. 1, 38). Dice Santo Tomás que representaba a toda la naturaleza humana.

Se le suele contraponer a Eva y así como ésta fue causa de la perdición, María por su obediencia lo es de la salvación. Y si aquélla era «madre de los vivientes», la «Nueva Eva» es madre de los que viven por la fe y la gracia.

Desde el siglo XV se llama a la Virgen CORREDENTORA y la Iglesia así lo hace en algunos documentos oficiales. No debe entenderse como una equiparación con Cristo, único Redentor, ya que ella también fue redimida. La suya es una cooperación indirecta por cuanto puso voluntariamente toda su vida al servicio del Redentor, padeciendo y ofreciéndose con Él al pie de la Cruz, pero sin corresponderle el título de Sacerdote, exclusivo de Cristo (cfr. Vat. li, LG, 60).

 

 

 

 

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