Nuestra Señora y la Navidad

Es la víspera de Navidad y el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo debe ser el objeto de nuestra meditación. Intentemos discernir el estado de ánimo de Nuestra Señora en la Nochebuena.
María llevaba a Nuestro Señor dentro de ella. Lo llevó como en un Tabernáculo. Nuestro Señor no solo era capaz de pensar, sino también de querer. Por lo tanto, se estableció una intensa interacción entre sus almas, que creció continuamente hasta el momento de su nacimiento.

Entonces, ¿qué representó la Navidad para Nuestra Señora?

Es obvio que el momento en que Nuestro Señor abandonó el claustro materno, sin dañar la virginidad de Nuestra Señora de manera alguna, debe haber sido muy elevado. Ese momento en que Nuestra Señora trajo a Cristo al mundo, debe haber sido una manifestación extraordinaria de su júbilo y amor por Él, así como el momento culmen en el que se entrelazaron amorosísimamente sus almas: La Madre que por fin tenía frente a sus ojos al hijo.

Simultáneamente, el acto de Su nacimiento, que incluyó la participación de las Tres Personas de la Santísima Trinidad, fue conmemorado por todos los Ángeles en el Cielo con cánticos de alegría. El nacimiento de nuestro Señor es seguramente una de las fiestas más grandes en el cielo y uno de los momentos más gloriosos en toda la historia. Por lo tanto, podemos ver cuán trascendental e importante fue este acto para Ella.

Sin embargo, había algo más que Nuestra Señora habría experimentado. Ella aún no había visto el rostro de Nuestro Señor. La realidad física es un símbolo y una expresión de la realidad espiritual. En las características de la Santa Faz de Nuestro Señor, uno podría distinguir Su alma perfecta. Su cuerpo sería la expresión de Su alma, unida a la Segunda Persona de la Trinidad.

Contemplando su mirada, su rostro sagrado y su cuerpo, Nuestra Señora adquirió un nuevo conocimiento de Su Hijo que aumentó la comprensión de Su mentalidad. Ella podría amarlo y unirse a Él de esta nueva manera, lo que ciertamente inspiró la adoración que le ofreció en la Nochebuena.

La iconografía del Renacimiento deformó por completo un aspecto de Nuestro Señor. Con el propósito de plasmar el concepto de pureza, representó al Niño Jesús como a un bebé de aspecto más bien tonto. Los artistas de ese período a menudo lo presentaban como un niño inexpresivo sin mostrar ningún signo de su mentalidad divina. Por el contrario, todo lo que admiramos en Nuestro Señor como hombre – Su bondad, equilibrio, distinción, afabilidad y fortaleza, y especialmente Su trascendencia – ya se habían manifestado en el rostro y el cuerpo del Infante Divino.

Todas esas perfecciones que lo hicieron un Hombre superior a todos los demás, se expresaron por primera vez en Navidad y fueron el objeto de la adoración de Nuestra Señora y también de San José, quien estuvo allí con ella y compartió ese acto de adoración como ella.

Podemos imaginar la ternura, el respeto, la veneración y la adoración de San José al mirar a ese Niño que sabía que era un Hijo del Espíritu Santo y de Nuestra Señora, y sin embargo, legalmente su Hijo. Fue como su Hijo que se convirtió en el Hijo de David y cumplió las profecías de las Escrituras. Y quizás también por algunos segundos, habrían pensado en aquellas otras que habría de cumplir, incluyendo su pasión y muerte.  Mirando a ese Niño, consideraba que el Niño era además su Dios, el Dios y el redentor de toda la humanidad y, sin embargo, era su Hijo, el Hijo de su esposa. ¡Podemos imaginar el acto de adoración de San José cuando vio la santidad del Infante Divino expresada en Su Persona e iluminando toda la Caverna!

Pidamos a Nuestra Señora y San José, que nos ayuden a entender este misterio y nos den una Navidad piadosa y verdaderamente recordada.

 

 

Fuentes

Adaptado de un artículo publicado originalmente en http://www.traditioninaction.org/SOD/j256sd_Nativity_12_25.html y cuyo autor original es el profesor Plinio Corrêa de Oliveira. Traducido y adaptado por Proyecto Emaús.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *