2 de Febrero: Nuestra Señora del Buen Suceso

En Julio de 1941, dio inicio el conflicto armado entre Perú y Ecuador que sería poco después conocido como “La Guerra del 41”. Como todo conflicto, este enfrentamiento entre países vecinos, acarreo muerte y destrucción. Ambas partes presagiaban una larga y sangrienta guerra. Para el mes de Julio, el conflicto había cobrado la vida de innumerables combatientes.

El Arzobispo de Quito, Carlos María Javier de la Torre, ordenó, en una súplica al Cielo – ya que no parecía haber recurso alguno en la tierra – un triduo (tres días de oración antes de la celebración de Fiestas importantes en honor a Nuestra Señora y a algunos santos) en todas las iglesias de Quito, dirigiéndose a la Santísima Virgen, implorando su intercesión ante Dios, para poner fin a las hostilidades.

El 24 de julio se inició en la Iglesia de la Inmaculada Concepción, en el centro de Quito y frente al Palacio de Gobierno, el Triduo en honor a Nuestra Señora del Buen Suceso.
La imagen milagrosa de Nuestra Señora del Buen Suceso, que por lo general se ubica en el asiento de la abadesa, en el coro superior, fue llevada a reinar sobre el altar principal para que los fieles pudieran unirse a las monjas Concepcionistas en su intercesión.

El 27 de julio, cuando el Triduo estaba llegando a su fin, Nuestra Señora del Buen Suceso realizó un milagro para el pueblo ecuatoriano, ofreciendo una gran esperanza a esta afligida población.

Nuestra Señora baja y levanta los ojos

Eran alrededor de las 9 de la mañana, cuando varias señoras que estaban cerca del altar mayor rezando a Nuestra Señora, observaron que la Estatua de la Virgen del Buen Suceso abrió sus ojos de par en par, los volvió hacia abajo con una mirada de gran compasión y, hacia arriba. Esto sucedió varias veces. Visiblemente conmovidos por el acontecimiento milagroso, permanecieron en oración, varios de ellos llorando, pero no le dijeron a los otros presentes en la iglesia lo que habían presenciado.

Alrededor de las 10 am. Benjamín Rafael Ayra, capellán del convento y canónigo de teología se hizo presente en el lugar. Teniendo una profunda devoción a Nuestra Señora del Buen Suceso, fue primero al altar para encomendarse a la Virgen, antes de la Misa. Cuando se volvió hacia su estatua, fue testigo del mismo milagro.

Profundamente conmovido, pero temeroso de que estuviera experimentando alguna ilusión óptica, fue a decirles a las damas que rezaban tan fervorosamente en la iglesia lo que había presenciado. Lo confirmaron, diciéndole que habían visto el mismo milagro sólo una hora antes.

La noticia se extendió rápidamente por toda la ciudad. Una persona le dijo a otra: “¡Un milagro en la Iglesia de la Concepción!” “¡Date prisa, Nuestra Señora está moviendo los ojos en la Iglesia!”

En poco tiempo, parecía que todos los habitantes de Quito, una ciudad conocida por su piedad y devoción a Nuestra Señora, se dirigían hacia la Iglesia Concepcionista con la esperanza de ver por sí mismos el milagro, a medida que la estatua seguía subiendo y bajando Su mirada a intervalos durante todo el día.

Al conocer sobre este prodigio, un periodista del diario de Quito “El Comercio”, corrió hacia la concurrida plaza para entrevistar a los testigos de esta maravilla. Habló con la distinguida Señora Matilde Chiriboga de Salvador, quien le dijo con gran entusiasmo: “Vi a la Santísima Virgen abrir y cerrar los ojos, como miles de personas lo han visto hoy”.

El señor Hugo Argüello Yépes se enteró del milagro por medio de un amigo y se dirigió inmediatamente a la Iglesia Concepcionista. Rompiendo entre la enorme multitud, se dirigió al pie del altar. Dijo que contempló la estatua por un espacio de 10 minutos y, junto con los muchos otros presentes que llenaron la iglesia, también fue testigo del movimiento de sus ojos.

Muchos testigos dijeron que la cara de la imagen tomaba un color rosado. Entonces, sus párpados, que normalmente estaban medio cerrados, se abrían y ella volvía su mirada hacia abajo sobre la gente. Después, los elevaría al Cielo y luego los bajaría a su posición natural. A lo largo del milagro, la estatua fue impregnada con una luz sobrenatural, que brillaba con una aureola celestial.

Casi todas las personas que vinieron a ver la Estatua – algunas creyentes, otras no – vieron la Virgen milagrosa levantar y bajar los ojos. Sin embargo, unos pocos decían que no podían ver nada, a pesar de su predisposición religiosa, aunque todos los que los rodeaban, hombres, damas y niños, eran testigos de la maravilla.

Por ejemplo, el curioso caso de dos estudiantes universitarios, uno de devota juventud católica y otro socialista, que entraron en la iglesia por simple curiosidad, por el hecho de que todos hablaban al respecto. El católico no vio nada, mientras que el socialista vio el milagro. Lleno de emoción, cayó de rodillas, con el rostro bañado en lágrimas.

Cuando sonó la campana que llamaba a la misa vespertina de las 7 de la tarde y a las oraciones finales del Triduo, varios miles de fieles se desplazaban hacia la iglesia, tratando de entrar para comprobar por sí mismos si la Virgen del Buen Suceso movía sus párpados. La policía fue llamada a mantener el orden y evitar que la gente impaciente dañara las puertas de la iglesia Concepcionista.

Este maravilloso signo materno de la preocupación de Nuestra Señora por su pueblo, continuó durante toda la noche, terminando solamente alrededor de las 3 de la mañana del día siguiente. Miles de personas fueron testigos del milagro.

Claramente, Nuestra Señora había intercedido por el pueblo ecuatoriano, porque en ese día, lunes 28 de julio, se informó de que se había llamado a un alto el fuego. La guerra había terminado. El 29 de julio Perú y Ecuador firmaron el Protocolo de Río y las fuerzas peruanas se retiraron del territorio ecuatoriano. No había duda en la mente de los fieles de que este prodigioso acontecimiento, era una señal de que la Madre de Dios, había oído sus oraciones y venido en su ayuda en ese momento de angustia.

Algunos Testimonios


Los hechos de este prodigioso milagro, fueron publicados en numerosos artículos en todo el Ecuador. Estos informes fueron recogidos por el P. Benjamín Rafael Ayora y Cueva, Doctor en Teología, en un folleto titulado “Nuestra Señora del Buen Suceso de Quito y el Conflicto Internacional con el Perú en 1941”. En su obra encontramos testimonios del milagro de 1941:

El señor Juan Bautista Jaramillo dio cuenta de esto: “Yo estaba escuchando la Misa a las 10 de la mañana en la Iglesia Concepcionista, cuando me di cuenta de que la gente se reunía en multitud alrededor de la estatua de la Virgen del Buen Suceso. Pero entonces vi que algunos lloraban y otros se desmayaban y pregunté por la causa.

“Una señora, señalando hacia la estatua, dijo entre sollozos y lágrimas:” ¿No ves el gran milagro que la Virgen está haciendo? ” Entonces, vi a la Virgen abrir los ojos, girarlos en dirección al altar y luego devolverlos a su posición anterior, era algo sobrenatural y nunca lo olvidaré en toda mi vida”.

Otra señora afirmó que ella, junto con su marido, vio desde una distancia de unos 2 metros el milagro. Explicó que su esposo, era un oficial militar retirado y un masón y que cuando vio los ojos de la estatua moverse, casi se desmayó porque demostró algo en lo que nunca había creído. Fueron bendecidos, afirmó, para ser testigos reales de este gran acontecimiento que había contribuido a la conversión de su marido.

“Al regresar a nuestra casa”, dijo, “juró que haría todo lo posible para convertir a sus compañeros de la Logia a la Religión Católica. Le pedí que orara conmigo, y se arrodilló y oró conmigo”.

Otro testigo, el señor Rafael Pérez, dio este testimonio: “Toda mi vida he sido un incrédulo, nunca creí en los milagros de los santos y siempre pensé que eran invenciones de los sacerdotes para explotar el sentimiento religioso de los creyentes necios. , Lo que vi el domingo por la noche a las 8:30 pm me transformó.
“Llegué a la esquina y vi que la multitud se movía, tratando de entrar en la Iglesia de la Concepción. Una dama me explicó que dentro de la iglesia, la Estatua de la Virgen del Buen Suceso estaba haciendo un milagro. Para confirmar el hecho, me las arreglé para entrar en la iglesia, abriéndome camino con gran dificultad, me situé lo más cerca que pude de la estatua. Allí, experimenté una sorpresa sensacional.
Observé a la Virgen voltear los ojos al Cielo y luego bajarlos varias veces, me pareció que sólo podía ser una ilusión óptica, así que, luego de frotarme los ojos, los volví a fijar en los de la Virgen y después de observar con calma la estatua durante una hora, estaba convencido de la veracidad de este gran acontecimiento y me fui, pensando que las desgracias nacionales e internacionales de la época, podían haber hecho que la Virgen y Dios tuvieran misericordia del Pueblo ecuatoriano, que en ese momento sufría una de las mayores desgracias de su historia”.

Otro testigo confiable, la señora Isabel de Ramírez, afirmó que también vio el milagro de la Santísima Virgen del Buen Suceso. En la noche del domingo 27 de julio, después de escuchar la noticia, fue a la Iglesia Concepcionista con su hermana, dos hijos de su hermana y un criado. Entraron en la iglesia y, tras situarse muy cerca de la sagrada estatua, experimentaron una extraña sensación.

“Un tipo de niebla cubría la estatua, que gradualmente se desvaneció y, entonces, la Virgen se vio rodeada por un esplendor que sólo se podía llamar sobrenatural, su rostro era extremadamente hermoso y bañado en una luz nunca antes vista. “
La señora Isabel continuó: -Después de unos momentos de devota observación, noté con gran asombro que las pupilas de sus ojos, así como sus párpados, volvían a su posición natural … Esta maravilla se repitió varias veces en intervalos de unos pocos minutos. El mismo milagro fue visto por todos los miembros de mi familia que estaban presentes.”

El informe concluye: “Este gran milagro fue confirmado por muchas honorables mujeres de nuestra sociedad, que también lo vieron con gran admiración y emoción, entre ellas Señoras Elvira Chiriboga de Salvador, Lola Lasso de Uríbe, María Lasso de Eastman Cox, Victoria Pérez De Quiñones, María Luisa Muñoz de Mancheno, la Señorita Gangotena Jijón y muchas otras.

Otros testigos incluyen a los canónigos Ayora, Arcos y Andrade, así como a un grupo de guardias y militares.

La aceptación general del milagro

Un diario de Ibarra se entrevistó con el P. J. E. Vázquez, un sacerdote jesuita que vivió en Quito, para confirmar los informes del milagro. Aunque no fue testigo del prodigio, el sacerdote le dijo al reportero que era ciertamente digno de creer, dadas las muchas pruebas creíbles del milagro de Nuestra Señora del Buen Suceso. La entrevista a continuación:

Reportero: Viviendo tan cerca del Convento Concepcionista, Vuestra Reverencia ciertamente puede testimoniar, la verdad de la prodigiosa manifestación de Nuestra Señora del Buen Suceso a finales del pasado mes de julio. Nos gustaría saber aquí [en Ibarra] cómo los sacerdotes y otras personas competentes de la Capital, interpretaron este fenómeno celestial, ya que no todos lo comprenden y lo admiten de la misma manera.

Fr. Vázquez: “No me enteré de todos los hechos hasta el día siguiente. Aquí en la casa, oímos noticias de lo que estaba ocurriendo en la Iglesia Concepcionista, pero ninguno de nosotros pudo entrar en la Iglesia cuando las puertas se abrieron esa noche, porque la multitud era demasiado grande… La última palabra sobre esto, como en cualquier milagro o cosa sobrenatural, recae estrictamente en la autoridad eclesiástica y en nosotros, según el decreto oficial.
Pero, mientras tanto, ciertamente podemos aceptar el testimonio de tantas personas de mente sana, buen juicio y fe confiable que relataron lo que vieron y perseveraron en sus declaraciones, a pesar de algunas pocas diferencias en detalles, como ha sucedido en tantas otras apariciones, desde la de Nuestro Señor Jesucristo a San Pablo, hasta la de la Santísima Virgen en Lourdes y, más recientemente, el milagro de nuestra Madre Dolorosa en el Colegio de los Jesuitas.
Manifestaciones semejantes demuestran que María, Augusta Madre de Dios, a cuyo santo Sagrado Corazón nuestra República está consagrada, no nos ha abandonado y que, gracias a su poderoso patrocinio, debemos esperar buenos resultados en nuestros esfuerzos y en nuestras empresas, que no se aparten de la santa Ley de Dios, y de las enseñanzas de la Iglesia “.

Las Profecías Aprobadas por la Iglesia

Para aquellos que dudan de la verdad de las apariciones de Nuestra Señora del Buen Suceso, y de la maravillosa vida de Madre Mariana de Jesús Torres, presentamos extractos del prólogo del libro titulado: “El Mensaje Profético de la Sierva de Dios Madre Mariana Francisca de Jesús Torres” , Escrito por el postulador para su causa de beatificación, Mons. Luis E. Cadena y Almeida. El objetivo de su obra es mostrar que las muchas profecías de Nuestra Señora a la Madre Mariana se han cumplido, incluso en los detalles minuciosos. El libro tiene el imprimatur del Vicario General de la Arquidiócesis Gabriel Díaz Cuevo.

En el Prefacio, describe a los biógrafos franciscanos de la Madre Mariana, el misterioso silencio que envolvió a las profecías durante tres siglos y, finalmente, el surgimiento del conocimiento de Nuestra Señora del Buen Suceso, y las profecías a principios del siglo XX. Explica cómo se estableció una comisión eclesiástica, para estudiar el libro “La Vida Admirable de Madre Mariana” por el P. Manuel Sousa Pereira, y la encontró “auténtica y digna de creer”.

Con la iniciación en nuestros días de la Causa de Beatificación de la Sierva de Dios, Mariana Francisca de Jesús Torres y Berriochoa, conviene conocer su edificante vida y las profecías que recibió de la Santísima Virgen del Buen Suceso. Con este fin, confiamos en la incalculable contribución franciscana, los frailes que dedicaron sus servicios a hacer conocer a esta gran hermana religiosa. Esta monja está llamada a brillar – desde el pedestal dorado de los altares – por su práctica ejemplar de las virtudes y su generosa correspondencia con los dones recibidos de la liberalidad divina.

Entre los sacerdotes franciscanos que han ayudado a darla a conocer, están el P. Antonio Jurado, P. Francisco Anguita, y el P. Juan de la Madre de Dios Mendoza, quienes como Directores Espirituales de Madre Mariana de Jesús Torres, la obligaron a escribir su autobiografía. Se dieron cuenta de los grandes retornos de la espiritualidad y el ascetismo que el conocimiento de su vida, produciría en el suelo del privilegiado monasterio de la Inmaculada Concepción, que alimentó esta preciosa flor en su pecho materno.

A la muerte de Madre Mariana, el 10º Obispo de Quito, el austero y erudito Mons. Pedro de Oviedo, predicó en la misa fúnebre de la santa religiosa. Con conocimiento íntimo del funcionamiento de su alma, la alabó y agradeció a Dios, “el Dador de todos los bienes”, por este maravilloso regalo a su Diócesis, y al Continente Americano. Este mismo obispo testificó la heroica virtud de la Madre Mariana, las apariciones de la Santísima Virgen del Buen Suceso, su carisma de profecía y los muchos milagros realizados por esta Sierva de Dios.

Después de su muerte, hubo otros franciscanos, como el P. Martín Ochoa, que escribieron las biografías, no sólo de Madre Mariana, sino también de la Madre fundadora, para que su memoria y sus nombres perduren a través de los siglos.

Pasó un siglo, y en los años 1760-1770, otro franciscano conocido por su virtud y sabiduría, el P. Bartolomé Ochoa de Alcano y Gamboa, al tener a mano nuevos datos y abundante documentación, lanzó al público la biografía de la Rev. Madre Mariana Francisca de Jesús Torres y Berriochoa, obra que fue bien recibida no sólo por los monjes franciscanos, hermanas y miembros de la tercer orden, sino también, por diversos círculos religiosos de España, Portugal y, desde luego, Quito y América del Sur.

En el año 1790, este ciclo de historiadores confiables y venerables, cerró con broche dorado. Fr. Manuel Sousa Pereira, un franciscano con una incalculable riqueza de hechos, información y documentación, escribió una biografía inspirada por un espíritu sobrenatural. Fr. Pereira dejó un manuscrito en la Biblioteca del Gran Monasterio de San Pablo de Quito y otro a los religiosos del Monasterio de la Concepción. Se tituló “La Admirable Vida de la Rev. Madre Mariana de Jesús Torres”, española y una de las fundadoras del Real Monasterio de la Inmaculada Concepción de la Ciudad de San Francisco de Quito.

Luego, desde 1790 hasta los primeros años del siglo XX, el nombre y la memoria de la Sierva de Dios estaban envueltos en un manto de terrible silencio, escondido y no revelado, un silencio tan pesado como su lápida.

De repente, el 8 de febrero de 1906, 271 años después de su muerte, el cuerpo virginal e incorrupto de esta bendita esposa de Cristo, fue encontrado en su primera tumba que estaba en uno de los muros del coro inferior del Convento. El cuerpo fue removido y colocado en un sarcófago de cristal a los pies de su Madre Santísima, en la pequeña capilla de la Virgen del Carmen, donde permanece hoy.

Desde mediados de este siglo, ya se ha dicho mucho tanto a favor como en contra de las apariciones de la Santísima Virgen del Buen Suceso a su hija, la Madre Mariana de Jesús Torres, Madre Fundadora y elegida Abadesa del Real Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito en el año 1593 a la edad de 30 años. Algunos, los crédulos y débiles de corazón, fueron conmocionados por los mensajes proféticos de la Madre de Dios, muchos de los cuales se habían cumplido con fechas verificables en la Historia. Otros, escépticos e incrédulos, sacudían la cabeza y rechazaban las profecías, no queriendo saber cosas que pudieran agitar las aguas estancadas de sus conciencias.

Para responder a estas objeciones, entró en escena el cardenal Carlos María de la Torre, prelado conocido por su espíritu lúcido, sereno y su ardiente devoción a la bienaventurada Virgen María. El Cardenal nombró una Comisión, formada por sacerdotes eruditos versados en Historia y Teología, para estudiar el manuscrito original de las apariciones y profecías, escritas por el P. Manuel Sousa Pereira, OFM, titulado “La Admirable Vida de la Venerable Madre Mariana Francisca de Jesús Torres.”

Fuentes

Adaptado de una serie de documentos publicados originalmente en http://www.traditioninaction.org/OLGS/olgshome.htm

Traducción y Adaptación por Proyecto Emaús.