Nuestra Señora del Buen Consejo de Genazzano

 

La aparición milagrosa de la imagen de María, venerada con el título de Buen Consejo, marcó un momento fundamental en la historia de la iglesia. Según la tradición, la imagen se desprendió de una iglesia de Scutari en Albania, a la llegada de musulmanes, y “viajó” por los aires hasta llegar la iglesia Genazzano, acompañada por una multitud de ángeles durante la tarde del 25 de abril 1467.

Desde ese momento, la pequeña iglesia se convirtió en un santuario. La aparición milagrosa se menciona en el frontón de la iglesia donde hay un bajorrelieve con la pintura de la Virgen llevada por los ángeles, por encima de las nubes. La pintura se encuentra en la capilla dentro de la iglesia protegida por una verja de hierro forjado.

Antecedentes

Aproximadamente a unos 48 kilómetros al sur de Roma, se encuentra la pequeña ciudad de Genazzano, cuyo origen se remonta a los días del Imperio Romano. Esta aislada pero hermosa localidad, era la preferida de altos representantes de gobierno, tales como patricios y funcionarios de la corte imperial, para establecer sus lujosas residencias. Allí se levantaron mansiones y villas, acompañadas de anfiteatros, templos, circos, termas, lugares dedicados al culto de los diversos dioses paganos. Una de estas celebraciones, tenía lugar el día 25 de abril, y el honraba a la diosa pagana “Flora”.

Después que Constantino el Grande diera libertad a la Iglesia terminando con la persecución a los cristianos, bajo el pontificado del Papa San Marcos (336) se erigió allí la primera iglesia dedicada a Nuestra Señora, bajo la tierna invocación de Madre del Buen Consejo.

Más tarde, serían los Agustinos quienes levantarían un modesto convento en esa misma ciudad, que con el paso del tiempo quedaría en el olvido, perdiendo su importancia y trayendo su consecuente declive.

Estando ya perceptiblemente deteriorado, de su antigua gloria solo quedaba un bello mural de mármol que tallado en bajo relieve, tenía una hermosa representación de la Virgen Madre del Buen Consejo.

Posteriormente, y mucho más tarde ya en el siglo XIV, se encargó a la Orden de los Eremitas de San Agustín, el cuidado del antiguo templo. Pero, lamentablemente, los acuciantes problemas financieros que atravesaban les impidió llevar a cabo las refacciones necesarias. La reforma del templo consagrado a la Madre del Buen Consejo tendría que esperar.

Nuestra Señora del Buen Consejo

Nuestra Señora quiso valerse de una simple terciaria agustina para realizar un prodigio único en la Historia de la Iglesia. Petruccia de Nocera, viuda desde 1436 y sin hijos, dedicaba la mayor parte de su tiempo a la oración y a ejecutar pequeños servicios en la iglesia de la Madonna del Buen Consejo.

Afligida por las lamentables condiciones en las que se hallaba el derruido templo, oraba interminablemente para que este, pudiese ser finalmente restaurado. Así, un buen día, decidió que sería ella misma quien tomase la iniciativa.

Avanzadas ya las obras de restauración, la ya anciana Petruccia, que llevaba a cuestas 80 años, se dio cuenta de que no contaba con suficiente dinero para concluir con las labores de remodelación y ampliación del templo. Para complicar más las cosas, nadie salía al frente para ayudarla. Muy por el contrario, comenzaban a burlarse de ella por su imprudencia al iniciar una obra que no podría concluir, sea por la falta de dinero, sea por lo largo de sus años.

La piadosa mujer, sólo se limitaba a contestar:

“No deis, hijos míos, tanta importancia a esta infelicidad aparente, pues os aseguro que antes de mi muerte la Santísima Virgen y nuestro Santo Padre Agustín terminarán la iglesia comenzada por mí”.

 

La historia

Era un día Sábado. Más precisamente, un 25 de abril de 1467. La celebración de la fiesta en honor a Nuestra Señora del Buen Consejo, transcurría sin contratiempos y había además una nutrida asistencia de los fieles. Es alrededor de las cuatro de la tarde que una hermosa melodía es escuchada por todos los asistentes. No provenía ni de la iglesia ni era entonada por músico alguno, sino que más bien parecía venir del cielo.

La llegada de la Imagen de la Madre del Buen Consejo. Crédito de la imagen: salvemariaregina.info

Alzando las miradas, todos los asistentes se pusieron a escudriñar el firmamento a fin de descubrir el origen de tan celestiales acordes.
De pronto, justo encima del tejado de las torres principales de la Iglesia, en el limpio y azul cielo de aquella primavera, asoma una pequeña nubecilla, de la que se desprendían luminosos rayos multicolor. Esta blanca nube descendía al son de aquella hermosa sinfonía.

Lentamente la nube descendió hasta la iglesia de Nuestra Señora del Buen Consejo, quedando suspendida en el aire, justo al lado de la pared que se hallaba al fondo de la inconclusa capilla. Sin mediar esfuerzo humano alguno, las campanas de la vieja torre, comenzaron a repicar por si mismas. Pronto le siguieron las campanas de todas las iglesias de Genazzano. Este acontecimiento atrajo a innumerables fieles y curiosos, quienes a fin de admirar con sus propios ojos y ser testigos presenciales de aquel hermoso fenómeno venido del cielo, ahora abarrotaban la capilla.
Poco a poco la pequeña nube se fue disipando, revelando una hermosa pintura que representaba a Nuestra Señora con el pequeño Niño Jesús en brazos.

Conmocionado ante tal revelación, el gentío comenzó a gritar “¡MILAGRO! ¡MILAGRO! . A la sazón muchos comenzaron a sentir, por inspiración Divina, la necesidad de pedir cura y consuelo a la milagrosa imagen, las que fueron atendidas casi de inmediato. De esto ha quedado evidencia en los registros, que de los hechos, hicieron las autoridades eclesiales locales.

La noticia corrió como reguero de pólvora y se esparció primero por el Lacio y después por toda Italia, atrayendo fervorosas multitudes que llegaban al lugar  a venerar la milagrosa imagen, regalo del Cielo, a fin de encontrar solución o consuelo a sus problemas terrenales.

Gracias al milagroso portento, las limosnas comenzaron a llegar en enormes cantidades, permitiendo que se retomasen las obras de la iglesia.

 

El milagroso traslado por los aires

No sin mucho esfuerzo, la Santa Iglesia Católica había logrado combatir al paganismo imperante en la región. Todas aquellas actividades que antaño se llevaban a cabo en honor a la “diosa” Floral en medio del desenfreno y todo tipo de vicios, fueron finalmente desterradas y e su lugar, se celebraba a San Marcos, el santo patrono de la ciudad.
En la mañana de ese día, en la Iglesia de la Madre del Buen Consejo comenzaban las celebraciones con una Misa solemne, en presencia de las autoridades eclesiásticas y civiles e incontables fieles venidos de toda la región del Lacio.

Entre los peregrinos llegados a Genazzano para celebrar las festividades, habían dos curiosos personajes, uno adulto y el otro bastante joven, que no dejaban de llamar la atención de los presentes debido, primero a sus extrañas vestimentas y segundo, a lo poco común de su fisonomía.
Se trataba pues un par de extranjeros llegados desde Albania a principio de aquel año, quienes al ser entrevistados, contaron esta increíble historia.

Corría el mes de Enero del año 1467 y Jorge Castriota, conocido por su pueblo bajo el apelativo de “Skanderbeg”, había fallecido. Se trataba del último de los grandes monarcas albaneses, aristócrata y militar, considerado como el héroe nacional de Albania. Recibió su apodo Skanderbeg de los otomanos, que significa “príncipe Alejandro” debido a la defensa heroica que hiciera de la Iglesia Católica en aquella pequeña nación cristiana.

En 1457 un ejército otomano de 80.000 soldados invadió Albania con la esperanza de acabar con la resistencia albanesa de una vez por todas. Este ejército estaba liderado por Isa beg Evrenoz, uno de los oficiales que derrotó a la caballería de Castriota, y por el sobrino de éste, Hamza Kastrioti. Después de haber evitado la batalla con los turcos durante meses, Skanderbeg atacó a los otomanos entre Lezhë y Krujë en septiembre y les propinó humillante derrota.

A la sazón, el pueblo albanés padecía las tristes consecuencias del cisma bizantino. Se hallaba confundido y dividido entre la adhesión a la Santa Sede o el rechazo a esta. Esta tibieza, se encargaría de llevar a aquel pueblo a la catástrofe. Muerto el “León de Guerra Skanderbeg”, la nación quedó vulnerable al enemigo turco, quien viendo en esta la oportunidad tan esperada, se abalanzó sobre su dividida presa, ocupándola casi en su totalidad.

Monumento al “Fulminante León de guerra Skanderbeg” en la plaza Albania de Roma. Wikimedia Commons.

Solamente la pequeña Scútari, había logrado resistir la ocupación otomana, repeliendo uno tras otro los intentos de conquista. Sabedores de que la caída de la ciudad era inminente, muchos deciden escapar mientras les era posible a países vecinos. Así, podrían conservar su fidelidad a la Santa Sede en Roma.

Entre ellos estaban Giorgio y De Sclavis, los dos protagonistas de esta historia. Cuando se disponían a emigrar como muchos de sus compatriotas, algo los retuvo en Scútari. Se trataba de una pequeña iglesia donde se veneraba una imagen de Nuestra Señora, misteriosamente descendida del cielo hacía doscientos años.
De acuerdo con la tradición, la imagen había llegado desde el Oriente, y por las gracias que concedía, su santuario se había hecho el principal centro de peregrinación de Albania. El propio príncipe Scanderbeg lo había visitado varias veces con sus soldados victoriosos.

Ésta era la gran aflicción de Giorgio y De Sclavis: dejar la patria en el infortunio, abandonando con ella aquel don celestial, el gran tesoro de Albania. Con lágrimas en los ojos fueron un día al viejo templo para rogar a aquella santa Madre, en su dolorosa perplejidad, les diese el buen consejo que necesitaban, pues les parecía que debían preservarla de la furia mahometana, pero al mismo tiempo buscar en el exilio para su propia seguridad.

nuestra señora del buen consejo
Giorgio y De Sclavis caminando sobre las aguas, siguiendo a la imagen de Nuestra Señora del Buen Consejo. Crédito: salvemariaregina.info

Esa misma noche la Santísima Virgen les hizo saber, en sueños, lo que esperaba de ellos. Les mandó que preparasen todo lo necesario para dejar aquel país ingrato, al que nunca más verían. Agregó que el milagroso fresco iba a retirarse de Scútari para escapar a la profanación, y que iría a otro país para continuar allí derramando sus gracias.
Por fin, les ordenó que siguiesen a la imagen adonde ésta fuese. A la mañana siguiente los dos amigos ya estaban listos y fueron al santuario.
Aún sin saber el rumbo que los hechos tomarían, se arrodillaron ante la bienamada pintura.De repente vieron, con indescriptible emoción, que ésta comenzaba a desprenderse de la pared donde se había apoyado desde su misteriosa venida de Oriente. Y habiendo dejado su nicho, quedó un momento suspendida en el aire, hasta ser envuelta por una nube blanca. Sin embargo continuaba visible para ellos a través de esta nube.

Después, saliendo del templo la imagen comenzó a apartarse de Scútari, desplazándose por los aires a buena altura del suelo. Fue avanzando hacia el Mar Adriático, a una velocidad que permitía a los dos amigos seguirla. Así anduvieron cerca de 40 km. hasta llegar a la costa.

Sin detener su curso, la imagen abandonó la tierra y avanzó sobre el mar, llevando detrás suyo a los fieles Giorgio y De Sclavis, que ahora caminaban sobre las olas como lo hiciera su Divino Maestro en el lago de Genezaret.
A la noche, la nube misteriosa que de día los preservaba de los ardores del sol con su sombra benéfica, los guiaba con su luz. Así llegaron a las costas de Italia, y continuaron siguiendo la nube atravesando montañas, ríos y valles, hasta que días después avistaron las torres y las cúpulas de Roma. Pero, llegados a las puertas de la ciudad, de repente la nube desapareció. Entonces Giorgio y De Sclavis comenzaron a deambular por la ciudad, afligidos, preguntando de iglesia en iglesia y en las calles, si allí había posado una imagen venida del Cielo. Pero no obtenían ninguna información que los pudiese reconfortar.

Fue entonces que corrió por toda Roma la asombrosa noticia de que una imagen de Nuestra Señora había aparecido en los cielos de Genazzano. ¡Cuál no fue su alegría cuando, llegados al local donde reposaba ahora la pintura milagrosa, constataron que era exactamente la misma imagen! Postrados en señal de profunda veneración e intenso afecto, alabaron y agradecieron a la Virgen el inmenso favor que les había concedido. En poco tiempo se comprobó que la extraordinaria historia de los dos albaneses era absolutamente cierta. Los dos peregrinos fijaron su residencia definitiva en la ciudad y nunca más se apartaron de su Señora.

Allí se casaron, colocando sus vidas y su descendencia bajo la protección de la Madre del Buen Consejo. Gracias a aquella portentosa manifestación Divina, se había logrado derrotar al

paganismo. Todas las actividades paganas que antaño, y el 25 de abril se instituyo como la fiesta de Nuestra Señora de Genazzano.

 

La imagen de La Madre del Buen Consejo

(Comentario del profesor Plinio Corrêa de Oliveira)

Madre del Buen Consejo
La imagen de la Madre del Buen Consejo. Crédito: salvemariaregina.info

Es una imagen que representa a Nuestra Señora como Reina. Ella usa una corona de piedras preciosas; el Niño Jesús también usa una. Estas joyas, donadas por individuos, fueron colocadas en la imagen en acción de gracias por los favores espirituales y milagros obrados por Nuestra Señora del Buen Consejo. Tome en consideración los adornos de perlas en la imagen. Estos adornos son de estilo oriental.  Hay una notable coherencia en la imagen revelada más en Nuestra Señora que en el Niño Jesús. Él es menos expresivo que ella. Su rostro es completamente sereno; no hay nada en su fisonomía que sea tenso. Todo en su rostro da la impresión de su gran satisfacción al tener a su Hijo en sus brazos.

Es curioso que ella no lo está mirando directamente, sino que está mirando a la persona que le está rezando. Pero su cara toca con su frente. Este contacto transmite una alegría que es sobre todo una comunicación entre ambas almas.  No es un éxtasis o fenómeno extraordinario. Es la impresión que tiene toda madre cuando está en contacto con su hijo. Es un momento en que su amor materno es más expresivo y floreciente, cuando su ternura se expande de una manera especial. Nuestra Señora se representa así aquí.

Su bondad, ternura y espíritu protector hacia su Hijo se puede notar en la posición de su cuello y cabeza. El niño está en sus brazos y su mano derecha rodea su cuello. Esto explica por qué su cuello está inclinado y su cabeza ligeramente doblada por Su peso.

Él tiene una extraordinaria intimidad con ella. Él se aferra a ella como alguien acostumbrado a tal posición. Y ella lo permite como una persona que ha estado en esta situación mil veces. Ella está feliz de llevar un peso tan ligero y dulce.

El niño no tiene miedo; Él no desea nada más en este mundo que ella. Él es completamente para ella, ya que ella es para él. Él siente la alegría de estar protegido por ella. Ninguno de los dos está pensando en nada excepto en el otro. Cuando analizas a este Niño, ves que Él no está pensando en una pelota para jugar o un bombón para comer. Él solo piensa en su madre así como ella está pensando únicamente en él.

Sin embargo, hay un curioso contraste en sus actitudes. Él tiene un aire de dominio, parece satisfecho y protegido; a pesar de que Él se parece a su Señor. En su fisonomía, hay veneración y respeto por él. Parece que ella está tratando de adivinar lo que está sucediendo en su alma, prestando atención para darse cuenta si va a decir algo. Ella asume el aire de una persona que reza. Ella no está pidiendo nada en sus oraciones; Ella está contemplando su persona. Me parece que está haciendo un acto de contemplación.

Él tiene esta gran intimidad con ella, pero sus ojos no la miran directamente, sino que se vuelven hacia arriba.  Sus ojos se elevan hacia Dios el Padre. Los ojos de Nuestra Señora miran hacia abajo. Es el quid de la mediación. La miramos a ella; ella lo mira a Él; y Él mira a las otras dos Personas de la Santísima Trinidad.

¿No es hermoso cómo esta doctrina de la mediación de Nuestra Señora con la Santísima Trinidad se insinúa en esta imagen?

Su contemplación de Él no le impide mirar a la persona que está rezando. Es su rol: como mediadora recibe nuestras oraciones y las transmite a Dios. Él las recibe como Dios y también transmite nuestras oraciones a las otras Personas de la Santísima Trinidad.

Entonces, tienes la doctrina católica de la mediación de gracias expresada delicadamente en esta imagen. No tiene la precisión de la teología, sino la sutileza propia del arte. Es agradable descubrir esto en la imagen, sin haberlo notado a primera vista.

 

Cómo se agregó esta invocación a las Letanías

Las razones por las que conviene a María el título de “Madre del Buen Consejo” están expresadas en el decreto Ex quo Virgen del 22 de abril de 1903 firmado por el cardenal Serafino Cretoni, prefecto de la Congregación Ritos, con la que León XIII añadió la invocación, “Mater Boni Consilii, ora pro nobis” (Madre del Buen Consejo)  a la letanía de Loreto o Letanías de la Virgen María.

El decreto se refiere al episodio de las bodas de Caná, cuando María habla las últimas palabras que se le atribuyen en el Evangelio:. “Haced lo que él os diga” y cuando estando ya clavado en la Cruz, Nuestro Señor se dirige a los discípulos diciendo, “He ahí a tu madre”, instando así pues a todos los cristianos a seguir como niños a María, consejera veraz.

Por otra parte, la tradición atribuye la introducción del título mariano de “Madre del Buen Consejo” al papa Marco, quien tuvo a su cargo la evangelización del territorio Genazzano y la erección de una iglesia dedicada a María Madre del Buen Consejo.

Fuentes

http://www.fatima.org.pe/articulo-405-nuestra-senora-del-buen-consejo-de-genazzano
https://es.wikipedia.org/wiki/Skanderbeg
http://forosdelavirgen.org/43/nuestra-senora-del-buen-consejo-de-genezzano-italia-25-de-abril/
http://www.salvemariaregina.info/SalveMariaRegina/SMR-192/Sanctuaries06.html