11 de Febrero: Nuestra Señora de Lourdes

Nuestra Señora de Lourdes Virgen de Lourdes
Esta es la historia de las apariciones de Nuestra Señora de Lourdes, en aquel pequeño pueblo, en donde la madre de Dios, nos regalase una fuente de agua celestial y revelase a la pequeña Santa Bernardita Soubirous: «Yo soy la Inmaculada Concepción«.

Contenido

– Bernardita Soubirous
– La mañana del 11 de Febrero
– Se divulga el acontecimiento
– Las diabluras de Lourdes
– Las autoridades en contra de la aparición
– Bernardita vuelve a la gruta
– La fuente de agua
– Yo soy la Inmaculada Concepción
– La Iglesia se pronuncia sobre las apariciones

– El mensaje de Nuestra Señora de Lourdes
– Oración a Nuestra Señora de Lourdes
– Más sobre Nuestra Señora de Lourdes


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Bernardita Soubirous

11 de Febrero: Nuestra Señora de Lourdes Santa Bernardita Soubirous

A orillas del rió Gave, el 7 de Enero de 1844 en la provincia de Lourdes, Francia, nació Marie-Bernarde Soubirous (María Bernardita Soubirous), la vidente de nuestra Señora de Lourdes.

Fue hija de padres muy pobres. Desde niña se caracterizó por lo frágil de su salud. Cuando llegó a la edad adolescente, la llamaban Bernardette, que traducido al español es Bernardita.

Bernardita era considerada una muchacha piadosa, modesta y amante de la oración. A sus 14 años se dedicaba diariamente a las faenas del campo, entre ellas, a recolectar leña para su familia.

Era la mayor de varios hermanos. Sus padres vivían en un sótano húmedo y miserable, y el papá tenía por oficio botar la basura del hospital local. La niña tuvo siempre muy débil salud a causa de la falta de alimentación suficiente, y del estado lamentablemente pobre de la habitación donde moraba.

En Bernardita se cumplió aquello que dijo San Pablo: «Dios escoge a lo que no vale a los ojos del mundo, para confundir las vanidades del mundo«. Bernardita a los 14 años no sabía leer ni escribir ni había hecho la Primera Comunión porque no había logrado aprenderse el catecismo. Pero tenía unas grandes cualidades: rezaba mucho a la Santísima Virgen y jamás decía una mentira.

 

La mañana del 11 de Febrero

11 de Febrero: Nuestra Señora de Lourdes virgen de lourdes
Nuestra Señora de Lourdes

El día 11 de febrero de 1858, Bernardita, entonces una niña de catorce años, recogía leña en Massbielle, en las afueras de Lourdes, acompañada de su hermana  Marie Toinete, de 11 y su amiga Jeanne Abadie, cuando acercándose a una gruta (la actual gruta de las apariciones), sintió una extraña ráfaga de viento que la sorprendió. De inmediato vio una nube dorada y a una Señora vestida de blanco, con sus pies descalzos cubiertos por dos rosas doradas, que parecían apoyarse sobre las ramas de un rosal, en su cintura tenia una ancha cinta azul, sus manos juntas estaban en posición de oración y llevaba un rosario.

Bernardita al principio se asusto, pero luego comenzó a rezar el Rosario que siempre llevaba consigo. Al mismo tiempo que la niña rezaba el Rosario, la Señora pasaba las cuentas del suyo entre sus dedos, cuyas cuentas eran de alabastro, engarzadas con cadena de oro. Al finalizar, la Virgen María dio un paso atrás hacia el interior de la Gruta y desapareció. Estas apariciones se repitieron 18 veces, hasta el día 16 de julio.

El Domingo 14 de Febrero, Bernardita se dirigió a la gruta donde había visto a la hermosa Señora. Llevaba en sus manos una pequeña botella con agua bendita, y la comenzó a rociar mientras decía «Si eres de Dios, quédate, sino, vete«. Una vez que la botella de agua bendita quedo vacía, Bernardita procedió a rezar el Rosario.

4 días más tarde, el 18 de Febrero, la Virgen María comenzó a dirigirse a Bernardita en su propio dialecto (gascón):» Me haría usted el favor de venir aquí durante 15 días?«. Bernardita respondió que sí lo haría. La Señora a su vez le contestó:»Te prometo que seras feliz, no en esta vida, sino en la otra¨.

 

Se divulga el acontecimiento

La noticia de las apariciones no tardo en recorrer toda la comarca. A consecuencia, muchos, de buena fe, acudían a la gruta creyendo en el suceso, mientras que por el contrario, otros se burlaban.

Santa Bernardita, narró los hechos de la siguiente manera:

Sentí como un fuerte viento que me obligó a levantar la cabeza. Volví a mirar y vi que las ramas de espinas que rodeaban la gruta de la roca de Masabielle se estaban moviendo. En ese momento apareció en la gruta una bellísima Señora, tan hermosa, que cuando se le ha visto una vez, uno querría morirse con tal de lograr volverla a ver (…).

Creyendo engañarme, me restregué los ojos; pero alzándolos, vi de nuevo a la joven, que me sonreía y me hacía señas de que me acercase. La mujer vestía túnica blanca con un velo que le cubría la cabeza y llegaba hasta los pies, sobre cada uno de los cuales tenía una rosa amarilla, del mismo color que las cuentas de su rosario. El ceñidor de la túnica era azul. (…)

Después vi que la joven seguía sonriendo. Eché mano al bolsillo para coger el rosario que siempre llevo conmigo y se me cayó al suelo. Me temblaba la mano. Pero yo no me atrevía. No es que tuviera miedo, porque cuando uno tiene miedo huye, y yo me hubiera quedado allí mirándola toda la vida. Entonces se me ocurrió rezar y saqué el rosario. Me arrodillé. Vi que la Señora se santiguaba al mismo tiempo que yo lo hacía.

Mientras iba pasando las cuentas de la camándula (Rosario) Ella escuchaba las Avemarías sin decir nada, pero pasando también por sus manos las cuentas del rosario. Y cuando yo decía el Gloria al Padre, Ella lo decía también, inclinando un poco la cabeza. Terminando el rosario, me sonrió otra vez y retrocediendo hacia las sombras de la gruta, desapareció. (…) Aquella Señora no me habló hasta la tercera vez.

Sin embargo, al enterarse su madre de los hechos, se disgustó mucho creyendo que su hija estaba inventando cuentos -aunque la verdad es que Bernardita no decía mentiras-, al mismo tiempo algunos pensaban que se trataba de un alma del purgatorio, y a Bernardita le fue prohibido volver a la roca y a la gruta de Masabielle.

Muchos en el pueblo compartían el parecer de su madre, y veían con mucho recelo los relatos de la pequeña niña.

 

Las diabluras de Lourdes

Para empeorar las cosas, hubieron también noticias de apariciones concomitantes en los pueblos vecinos, en las que diversas videntes (algunas de ellas de vida no muy santa…) reportaban haber sido testigos de apariciones similares a las de Bernardita. Estas, como después se supo, eran obra del maligno, que por diversos medios intentaba alejar a los fieles de la verdadera aparición.

Así lo atestigua J. B. Estrade, uno de los primeros relatores de las apariciones, quien alertó sobre estos hechos, el 19 de febrero, en ocasión de la cuarta aparición.

Cuando Bernardita, desde la Gruta, subía hacia la ciudad, habría revelado que la aparición había sido perturbada por clamores extraños e insólitos. Estos clamores parecían subir del Río Gave, y eran numerosos y como contestándose unos a otros. Se interpelaban, se cruzaban como las vociferaciones de una muchedumbre tumultuosa. Entre estos aullidos deformados una voz más clara se elevó iracunda y se oyeron estas palabras proferidas como una amenaza: «¡Escapa!. . . ¡Escapa! . .»

¿A quién se dirigía esta orden perentoria? Bernadette comprendió en seguida que no era a ella, demasiado insignificante para ser peligrosa, sino a la «joven blanca» que se mostraba a sus ojos extasiados, y cuyo nombre aún ignoraba. Pero — siempre de acuerdo con la versión de J. B. Estrade — la Visión de luz no hizo más que volver los ojos un instante hacia el punto de donde salían los clamores y esta rápida mirada fue tan eficaz, de una autoridad tan perfectamente soberana, que el silencio siguió inmediatamente a los clamores que se habían oído hasta ese instante.

En este enlace puede leer más sobre las Diabluras de Lourdes.

 

Las autoridades en contra de la aparición

Los sucesos acaecidos en la Gruta eran tan públicos y extraordinarios que nadie pudo permanecer indiferente. La impiedad, viendo progresar el entusiasmo religioso, y deseosa de concluir con aquella manifestación de lo sobrenatural, que eran su palmaria condenación, quiso valerse de la fuerza y de la amenaza, como en efecto lo hizo llevando a Bernardita por los tribunales y conminándola con penas y castigos incluso con encerrarla en la cárcel.

A la edad que tenía la niña, bien podía creer la impiedad seguro su triunfo; pero ignoraba lo que es el poder y la gracia de Dios, que se complace en escoger la más débil para confundir lo más fuerte según el mundo. Así es, que a pesar de las prohibiciones que se habían hecho a la niña, sintiendo ésta una fuerte inspiración que la llamaba hacia la gruta, en la mañana del veintitrés de febrero, se dirigió a ella. Arrodillada, con un cirio en una mano y el rosario en la otra, empezó a rezarlo, cuando al poco tiempo, la multitud advierte la súbita transformación de su rostro.

La augusta Soberana del Paraíso detuvo sobre la pobre niña una mirada llena de inexplicable ternura, pareciendo amarla más desde que había sufrido. Luego la llamó amorosamente por su propio nombre:- «¡Bernardita! -Aquí estoy», respondió la niña Y la Virgen Sma. entabló con ella una conversación íntima, y aun pudiera decirse familiar.

En aquella misteriosa intimidad le reveló un secreto para ella sola. «Y ahora,» le dijo, «id a decir a los sacerdotes que quiero se me edifique aquí una capilla.» Y al pronunciar estas palabras, la fisonomía de la Virgen Sma., su mirada y su ademán parecían prometer que allí repartiría gracias sin cuento. Bernardita cumplió fielmente el encargo que se la había hecho.

 

Bernardita vuelve a la gruta

A pesar de la prohibición, muchos amigos de Bernardita le pedían que vuelva a la gruta; ante ello, su mamá le dijo que consultara con su padre. El señor Soubiruos, después de pensar y dudar, le permitió volver el 18 de febrero.

Después de oír la Santa Misa ese día a las seis de la mañana, Bernardita se dirigía a la Gruta con una señora de Lourdes y una joven de la Congregación de María. Llegada primera la niña, se arrodilla, empieza a rezar el Santo Rosario, y al poco tiempo ve una luz clarísima que iluminaba el hueco de la peña, y al momento la celestial Visión.

Oye la voz que llama, y ve que la aparición con su mano le hace señas para que se aproxime. «Ahí está, dice a sus compañeras, (que ya lo habían imaginado, al ver su rostro transfigurado por el éxtasis) y me hace señas para que me acerque». «Pregúntala si le molesta que estemos aquí contigo».

Bernardita mira a la Virgen y después de breve rato contestó: «Podéis quedaros». Las dos mujeres se arrodillaron y encendieron un cirio bendito, que habían llevado consigo. Adelantándose la niña, a instancia de sus compañeras, recibiendo de éstas el papel, la tinta y la pluma que le daban presentó estos objetos a la Aparición, diciéndole: Señora mía, si tenéis algo que comunicarme, quisiera que tuvieseis la bondad de escribir en este papel quién sois y qué deseáis.

La Virgen se sonrió al oír tan sencilla petición y entreabriendo sus labios dijo: «Lo que tengo que deciros no es necesario escribirlo. Hacedme únicamente el favor de venir aquí durante quince días.» Os lo prometo, respondió Bernardita. Luego, la Virgen le dijo a Bernadette:

«Ven aquí durante quince días seguidos». La niña le prometió hacerlo y la Señora le expresó «Yo te prometo que serás muy feliz, no en este mundo, sino en el otro».

 

 

La fuente de agua

En la novena aparición, el 25 de febrero, la Señora mando a Santa Bernadette a beber y lavarse los pies en el agua de una fuente, señalándole el fondo de la gruta. La niña no la encontró, pero obedeció la solicitud de la Virgen, y escarbó en el suelo, produciéndose el primer brote del milagroso manantial de Lourdes.

En muy breve tiempo, los rumores sobre las apariciones, comenzaron a extenderse entre los lugareños. Los siguientes días, Bernardita asiste a la gruta como le había prometido a la Santísima Virgen y cada vez lo hacia acompañada de un mayor número de personas. Solamente ella logra ver a la Virgen.

El día 25 de Febrero según testifico Bernardita, la Virgen María le dijo que fuera a tomar agua de la fuente y que comiese de las flores que allí crecían libremente. Ella interpretó que debía de ir a tomar agua del cercano río Gave, pero la señora le indicó con el dedo, que escarbara en el suelo. Al hacerlo, comenzó a formarse fango, Bernardita entonces al intentar beber, ensució su rostro, lo que causó un poco de escepticismo entre los presentes. Sin embargo, poco después empezó a brotar agua. El manantial que comenzó a brotar aquel día, produce un promedio de 100,000 litros de agua por día, desde aquel entonces hasta la actualidad.

 

Yo soy la Inmaculada Concepción

Cada día que pasa se incrementa el número de personas que visita la gruta y que acompaña a Bernardita. Para el 4 de Marzo, se reúnen aproximadamente unos 20,000 fieles. En la décimo sexta aparición, el día 25 de Marzo y ante la reiterada petición de las autoridades eclesiales a Bernadita para que le pidiera a la aparición su nombre, ella insiste:

«Señora, ¿tendréis la bondad de decirme quién sois y cuál es vuestro nombre?».

La bendita Aparición sonrió sin contestar. Animada por su benevolencia, Bernardita insistió una vez más:

«oh Señora! ¿queréis tener la bondad de decirme vuestro nombre?»

Los resplandores de la Aparición aumentaron, como si fuese creciendo en alegría; pero tampoco respondió. Bernardita, extasiada ante esta hermosura, redobló sus instancias, pronunciando por tercera vez estas palabras:

«Señora, ¿queréis tener la bondad de decirme cuál es vuestro nombre?»

A pesar de tantas instancias, la Aparición permanecía silenciosa.

La niña, como si una inspiración superior la guiara, por cuarta vez dijo:

«¡Oh Señora! os lo suplico, queréis tener la bondad de decirme quién sois y cómo os llamáis?

A esta última súplica, la Aparición desplegó las manos, suspendió del brazo derecho el rosario, abrió los brazos y los inclinó al suelo, corno para indicar las bendiciones que derramaría sobre la tierra. Después elevándolos hacia el cielo, pronunció con una gratitud indecible: «Yo soy la Inmaculada Concepción.»

Durante esta aparición, Bernardita sostuvo en la mano su vela encendida y en cierto momento, la llama comienza a arder sobre sus dedos, pero sin hacerle daño alguno. Este hecho fue de constatado de inmediato por un médico allí presente.

 

La Iglesia se pronuncia sobre las apariciones

Las apariciones fueron declaradas autenticas el 18 de Enero de 1862. Fue el Papa Pio IX, quien autoriza al Obispo local, para que permitiera la veneración de la Virgen María en Lourdes. En el lugar donde sucedieron estos acontecimientos, comenzó a construirse un santuario. El mismo Papa le dio el titulo de Basílica en 1874.

Bernardette seria canonizada como Santa por el Papa, Pio XI, el 8 de Diciembre de 1933. Hoy en día, el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, es considerado uno de los lugares de peregrinaje católico más importantes del mundo. Con una población de apenas unos 15,000 habitantes, Lourdes recibe un aproximado de 6´000,000 de visitantes por año.

A nuestra Señora de Lourdes, se le considera universalmente como la patrona de los enfermos.

 

El mensaje de Nuestra Señora de Lourdes

El Mensaje que la Santísima Virgen dio en Lourdes, Francia, en 1858, puede resumirse en los siguientes puntos:

1-Es un agradecimiento del cielo por la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, que se había declarado cuatro años antes (1854), al mismo tiempo que así se presenta Ella misma como Madre y modelo de pureza para el mundo que está necesitado de esta virtud.

2-Es una exaltación a la virtudes de la pobreza y humildad aceptadas cristianamente, al escoger a Bernardita como instrumento de su mensaje.

3-Un mensaje importantísimo en Lourdes es el de la Cruz. La Santísima Virgen le repite que lo importante es ser feliz en la otra vida, aunque para ello sea preciso aceptar la cruz.

4-Importancia de la oración, del rosario, de la penitencia y humildad (besando el suelo como señal de ello); también, un mensaje de misericordia infinita para los pecadores y del cuidado de los enfermos

 

Oración a Nuestra Señora de Lourdes

Dóciles a la invitación de tu voz maternal, oh Virgen Inmaculada de Lourdes, acudimos a tus pies en la humilde gruta donde aparecisteis para indicar a los extraviados el camino de la oración y penitencia, dispensando a los que sufren las gracias y prodigios de tu soberana bondad.

Recibid, oh reina compasiva, las alabanzas y súplicas que pueblos y naciones, unidos en la angustia y la amargura, elevan confiados a Ti.

¡Oh blanca visión del paraíso, aparta de los espíritus las tinieblas del error con la luz de la fe! ¡Oh mística rosa, socorre las almas abatidas, con el celeste perfume de la esperanza! ¡Oh fuente inagotable de aguas saludables, reanima los corazones endurecidos, con la ola de la divina caridad!

Haz que nosotros tus hijos, confortados por Ti en las penas, protegidos en los peligros, apoyados en las luchas, amemos y sirvamos a tu dulce Jesús, y merezcamos los goces eternos junto a Ti. Amén.

Más sobre Nuestra Señora de Lourdes

Nuestra Señora de Lourdes | Fuentes

https://www.ewtn.com/spanish/Maria/lourdes2.htm#Historia
https://www.aciprensa.com/recursos/historia-1091