Nuestra Señora de las Lajas


 

Nuestra Señora de las Lajas

En la frontera entre Colombia y Ecuador existe un hermoso santuario. Una verdadera maravilla que atrae a miles de visitantes de todas partes a es remota zona montañosa. Peregrinos movidos por la devoción, admiración o ya por simple curiosidad, llegan al Santuario de Nuestra Señora de las Lajas, en donde se encuentra una milagrosa imagen, incrustada en la roca de la ladera de una montaña.

Una imagen impresa sobre las rocas

La imagen de Nuestra Señora de las Lajas (una laja es en general, es una roca plana, lisa y poco gruesa), se haya impresa en las rocas de un desfiladero sobre el río Guaitara en Colombia, cerca de la frontera con Ecuador. La imagen de origen milagroso (conforme con la tradición local), está situada al lado de una cueva muy alta en las montañas, y era completamente desconocida hasta que fue descubierta a mediados del siglo XVIII por una mujer local.

Nuestra Señora de las Lajas

El Santuario de Nuestra Señora de las Lajas.

Desde aquel entonces hasta la fecha, el misterioso origen de la imagen sigue sin resolver ¿La hicieron acaso los ángeles?

La historia detrás de la imagen

En el siglo XVIII, María Mueses de Quiñones, una mujer local del pueblo de Potosí, Colombia, caminaba a menudo las seis millas de distancia que la separaban del pueblo y el vecino de Ipiales. Un día en 1754 cuando estaba haciendo uno de estos viajes, se acercó al lugar llamado Las Lajas, donde el sendero pasa por el profundo desfiladero del río Guaitara. A María nunca le gustó esta parte del camino porque habían rumores de que la cueva de Las Lajas estaba embrujada. Tales supersticiones permanecieron incluso entre los indios cristianos convertidos.

María llevaba a su hija Rosa, que era sordomuda cargada en sus espalda, como suelen hacer las mujeres locales. Al culminar su ascenso a Las Lajas, cansada, se sentó en una piedra para descansar. Aprovechando el momento, la niña se puso a jugar a prudente distancia de su madre. Segundos más tarde, luego de una breve distracción, María horrorizada vio que su pequeña Rosa daba gritos (recuerde que era sordomuda) desde el interior de la cueva: «Mami, ¡Aquí hay una mujer con un niño en brazos!»

María se asustó mucho. Esta era la primera vez que había oído hablar a su hija. Ni siquiera se detuvo a ver la imagen de la hablaba la niña. A toda prisa, la tomó de la mano y hechó a correr al pueblo de Ipiales, temerosa de que los rumores de la cueva embrujada fuesen verdad.

Cuando ella contó a los pobladores locales lo sucedido, nadie la tomó en serio. En Potosí, entre sus amigos y familiares, hubo desconcierto general. Era claro que había tenido lugar un evento sobrenatural, pues la pequeña sordomuda estaba curada. Sedientos de lo verdad, los indios finalmente la escucharon y comenzaron a hacerle muchas preguntas pero sin embargo, no tomaron acción alguna.

En breve la noticia se extendió, aunque algunos dudaban de su veracidad, muy a pesar de ver a la niña curada.

Rosa desaparece de casa

Pocos días después, Rosa desapareció de su casa. Después de buscarla en los alrededores, la angustiada María volvió pensó que su hija debía haber ido a la cueva nuevamente, pues desde que Rosa podía hablar, a menudo decía que el «La mujer la estaba llamando a la cueva». María corrió a Las Lajas para buscar a su hija. Al llegar a la cueva, María vio a Rosa arrodillada frente a una espléndida dama, jugando cariñosamente con un niño que había bajado de los brazos de su madre para dejar que niña disfruta de su ternura divina.

Mirando a su madre, la pequeña Rosa dijo: «Mamá, la mestiza me llamó». Una mujer mestiza es aquella que tiene mitad de sangre española y mitad de sangre indígena, como ya era común en la época.

Nuestra Señora se presentó como una mujer mestiza, para indicar que ella es realmente la madre de los indios, madre de los españoles y madre de los niños de ambos, que entonces formaban la  raza americana.

Nuestra Señora de las Lajas

María y la pequeña rosa frente a la imagen de Nuestra Señora de las Lajas.

María cayó de rodillas ante esta hermoso espectáculo; tenía frente a sí a la Santísima Virgen y al niño Jesús. Ya no tenía miedo.

De vuelta en su pueblo, María guardó silencio sobre el evento. Pero con frecuencia ella y Rosa iban a la cueva para colocar flores silvestres y velas en las grietas de las rocas.

Los meses pasaron María y Rosa guardaban su secreto. Poco después, Nuestra Señora realizó un milagro espectacular que provocó que la noticia de su maravillosa presencia, se extendiese por tierras cercanas a las orillas rocosas del río Guaitara.

Inesperadamente, Rosa enfermó y murió. Su afligida madre llevó su cuerpo en brazos hacia la gruta para pedirle ayuda a la Virgen. Le rogó a Nuestra Señora que la trajese de vuelta a la vida. En respuesta a sus oraciones, la Reina del Cielo y la Tierra, realizó el milagro de la resurrección de la niña.

María cuenta los hechos

Esta vez, María estaba decidida a contarles a todos sobre aquel el evento extraordinario, y se le ocurrió, que si la gente del pueblo no le había hecho mucho caso muy a pesar de ver a la niña curada, ahora les contaría a sus patrones.

Movidos por las noticias, fueron rumbo al sitio de la aparición un grupo de personas compuesto de sacerdotes, personas distinguidas y mucha gente local. Fue entonces cuando todos vieron estampada en la roca, una magnífica imagen de la Bienaventurada Virgen María, sosteniendo a su hijo pequeño, con los Santos Domingo y Francisco de Asís, arrodillado a sus pies. La Virgen extendía un rosario a Santo Domingo y al infante alcanzaba un cordón a San Francisco.

Fue entonces cuando la maravillosa imagen de Nuestra Señora en la pared de la gruta fue descubierta. María Muese de Quiñones no podía recordar haberla notado hasta entonces. Sus rasgos delicados y regios son los de un latinoamericano. Su abundante cabello negro la cubre como un manto. Ella tiene unos catorce años de edad. Los nativos no tenían ahora dudas: esta también era su reina.

Desde aquellos días la imagen de Nuestra Señora de las Lajas, como la de Nuestra Señora de Guadalupe, ha trascendido los siglos sin perder su esplendor.

A medida que crecía la devoción a la imagen,el viejo sendero de tierra se vio reemplazado y muchas mejoras tuvieron que ser implementadas.

La construcción del templo

El precioso santuario estilo gótico está edificado sobre el lugar del milagro en Guáitara, en los Andes colombianos, a 7 kms de la ciudad de Ipiales y 11 kms del puente de Rumichaca que une Colombia y Ecuador. Es un lugar de extraordinaria belleza, escogido por la Santísima Madre para prodigar su amor. La Basílica también es una obra preciosa edificada sobre la pendiente del río.

La imagen se encuentra en el punto central sobre el altar. Cada 16 de septiembre, fecha de su aparición, millares de peregrinos acuden al santuario para honrar la Virgen y rezar junto con ella.

Uno de los más populares benefactores del templo de las Lajas fue «el ciego Rivera«, quien sin la luz de sus ojos recorrió campos, pueblos y ciudades mendigando dinero para comprar materiales con los cuales construirle el santuario a Nuestra Señora. Es el amor a la Madre que no repara en sacrificios, con tal de poder levantarle un templo digno de tan Gran Benefactora. Nos podemos imaginar cómo le habrá recompensado Ella en la eternidad.

El arquitecto Espinoza la construyó con obreros que no sabían nada de construcción. Labradores campesinos, a los cuales él tenía que enseñarles desde; el modo como se hace una formaleta hasta la proporción en que hay que mezclar la arena y el cemento. Pero la buena voluntad pudo más que las dificultades que se presentaban. Y trabajando fueron aprendiendo.

La belleza de Nuestra Señora de las Lajas

La imagen de Nuestra Señora de las Lajas representa a Nuestra Señora y al niños Jesús, acompañados por Santo Domingo de Guzmán (recibiendo el Santo Rosario) y San Francisco de Asís, recibiendo un cordón que le es alcanzado de manos del niño Jesús.

Exámenes científicos llevados a cabo por geólogos alemanes, han descubierto que estas imágenes no fueron dibujadas con ninguna pintura, tinte u otro pigmento, de tal forma que los colores que componen la imagen, son los colores de la roca misma, que penetran la roca misma algunos pies de profundidad.

Estas imágenes increíblemente hermosas, se mantienen intactas desde su descubrimiento en 1754, por lo que muchos devotos sostienen que semejante portento,  solo puede ser el producto de manos divinas.

He aquí a la Reina

Nuestra Señora de las Lajas

La imagen de Nuestra Señora de las Lajas

La disposición de los colores presentes en la imagen, destilan una Impresionante sensación de majestad. No hay duda para quien se ponga de pie frente a ella, de que esta en presencia de una reina.

El color de su vestido, es un cálido y rico rojo, bordado con un patrón floral dorado, dando la impresión de es la prenda propia de una reina. Su largo cabello, cae libremente de tal manera que parece ser un manto real.  La forma en que está el cabello arreglado refuerza la noción de majestad. Su los ojos brillan de manera pura y afable.

Las dos coronas son muy hermosas y ricas. Fueron agregadas por sus fieles devotos posteriormente, en acción de gracias por los favores recibidos.

Al observar el rostro de Nuestra Señora de las Lajas, se percibe la realeza de quien mira desde su postura, de manera un tanto seria e inquisitiva. La imagen de Nuestra Señora de las Lajas no sonríe. Por el contrario, tiene la mirada de una persona que reclama el respeto de sus devotos, en silencio pero con fuerza.

También expresa su delicada maternidad. Incluso aunque su mirada no está dirigida hacia el pequeño Niño Jesús, Nuestra Señora transmite una enorme intimidad con él. ¡Qué seguro se siente el niño Jesús siente en sus brazos! ¿Podría ser acaso otro trono más digno de Él?  Es como si los dos fuesen uno en amor e intención. Nuestra Señora extiende esta misma maternidad al pecador que se arrodilla delante de ella, pues Ella también es su madre.

Es curiosa la relación entre Madre e hijo en la imagen de Nuestra Señora de las Lajas. Es muy frecuente ver en diversas representaciones marianas, que la Virgen y el Niño son representados mirándose el uno al otro, pero no sucede así en esta imagen. Están tan acostumbrados a estar juntos que no tienen necesidad de mirarse el uno al otro para mantener su atención mutua. Por ello, esta imagen es considerada por muchos como una obra maestra que refleja tanto el Majestad y la maternidad de Nuestra Señora.

El Divino Infante

Nuestra Señora de las Lajas

Detalle del niño Jesús en la imagen de Nuestra Señora de las Lajas

En contraste, el pequeño niño Jesús presenta una actitud sumamente amistosa hacia sus devotos, lo que no deja de llamar la atención, pues usualmente, es el niño el que es representado en actitud más seria, y, su Santísima Madre (muy por el contrario) es representada con una actitud más bien compasiva.

EL tamaño del Niño pareciera ser demasiado pequeño en comparación con su Madre. La actitud del niño no pareciera corresponder a la un infante tan pequeño. Es como si se quisiera expresar su gran sabiduría, incluso a tan temprana edad.

Nuestra Señora de las Lajas | Fuentes
Con extractos de la revista Crusade Noviembre / Diciembre del 2018