Sobe el Purgatorio – Los Novísimos según el catecismo de San Pio X – Parte III


novísimos san pio x EL PURGATORIO

PARTE III

NOVÍSIMOS – SOBRE EL PURGATORIO

Con la palabra purgatorio, de designa al lugar o estado de las almas de los justos, que murieron en gracia y amistad con Dios, pero con el reato de alguna pena temporal debida por sus pecados, es decir, imperfectamente purificadas de las faltas cometidas.

El Concilio II de Lyon, en el año 1274 estableció:

Creemos que los verdaderamente arrepentidos que murieron en caridad, antes de haber satisfecho con frutos dignos de penitencia por sus comisiones y omisiones, sus almas son purificadas después de la muerte con penas purgatorias.

El papa Benedicto XII en 1336 al respecto dijo:

Por esta constitución que ha de valer para siempre, con autoridad apostólica definimos:

 

Que según la común ordenación de Dios, las almas de todos los santos que salieron de este mundo, antes de la pasión de nuestro Señor Jesucristo, así como la de los Santos Apóstoles, santos, mártires, confesores, vírgenes y de los otros fieles muertos después de recibir el bautismo de Cristo, en los que no había nada que purgar al salir de este mundo, ni habrá cuando salgan igualmente en el futuro, o si entonces lo hubo, o habrá algo purgable en ellos, cuando después de su muerte se hubieren purgado, estuvieron, están y estarán en el cielo, donde vieron y ven la divina esencia hasta el juicio y desde entonces hasta la eternidad.

El concilio de Florencia del año 1439 es ya mucho más explicito:

En el nombre de la Santísima Trinidad, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, con la aprobación de este concilio universal de Florencia, definimos que por todos los cristianos sea creída y recibida esta verdad de fe, y así, todos profesen que si los verdaderos penitentes salieron de este mundo antes de haber satisfecho con frutos dignos de penitencia, por lo cometido y omitido, sus almas son purificadas con penas purificadoras después de la muerte.

Finalmente, en la profesión tridentina de fe, promulgada por el papa Pio IV en 1564, se leen las siguientes palabras:

Sostengo firmemente que existe el purgatorio y que las almas allí  detenidas son ayudadas por los sacrificios de los fieles.

El Purgatorio

La Santísima Virgen María aliviando el sufrimiento de las almas en el purgatorio.

¿En qué consiste el purgatorio? – En el purgatorio, dice Santo Tomás en su tratado y en el articulo tercero, hay una doble pena; una de daño en (en cuanto se les retrasa la visión de Dios) y otra de sentido (en cuanto son castigados con fuego corporal) y son ambas penas son tan intensas, que la pena mínima del purgatorio, excede a la mayor de esta vida.

En el purgatorio se expían unicamente los pecados veniales, perdonados o no antes de morir y los pecados mortales ya perdonados antes de la muerte. Por otra parte, la pena de daño corresponde al pecado por la aversión a Dios realizada por el pecador al cometerlo y la pena de sentido, corresponde al goce ilícito de las cosas creadas.

Por los pecados veniales no se debe a nadie pena de daño ya que el hombre no se aparta por ellos de Dios como ultimo fin, sino tan sólo se desvía un poco del recto camino, pero conservando su tendencia principal a Dios. A los pecados mortales ya perdonados tampoco corresponde  pena de daño, ya que la aversión  a Dios que hubo cuando fueron cometidos, fue rectificada por el pecador al arrepentirse de ellos y volverse nuevamente a Dios. En el purgatorio no se da pena de daño por ninguna clase de pecados.

¿Qué es la pena de la dilación de la gloria? – Toda la tradición católica esta de acuerdo que se trata de una pena intensísima, humanamente imposible de describir. Cuan grande sea este dolor, podemos conjeturarlo por cuatro consideraciones:

En primer lugar se ven privadas de un tan gran bien, precisamente en el momento en que debían gozarlo. Cuando tristemente, comprenden que Dios es el fin su existencia y ahora no pueden gozarlo. Ellas comprenden la inmensidad de este bien con una fuerza que iguala únicamente a su ardiente deseo de poseerlo.

En segundo lugar, advierten claramente que han sido privadas de ese bien por su propia culpa.

En tercer lugar, deploran la negligencia que les impidió satisfacer por aquellas culpas, cuando hubieran podido hacerlo fácilmente. Mientras que ahora se ven constreñidas a sufrir grandes dolores y este contraste aumenta grandemente la severidad de su dolor.

Finalmente se dan perfecta cuenta de qué tesoros inmensos de bienes eternos, de qué grados de gloria celestial, tan fácilmente accesibles, les ha privado su culpable negligencia durante su vida terrestre.

Todo esto aprendido con conciencia vivísima, excita en ellas un vehemente dolor como acá en la tierra lo experimentamos en las cosas humanas cuando se juntan y reúnen esas cuatro circunstancias.

Si bien es cierto las almas que padecen en el purgatorio, no saben sobre el tiempo al que han de estar sujetas a esta purificación,  pueden notar que mientras más se purifican y liberan su alma de toda escoria, sienten con mayor vehemencia el deseo de estar con Dios.  Dicho de otra manera, el dolor que experimenta un alma en el purgatorio, es mayor cuando se está próximo a salir de él, que cuando recién en él se entra.

¿Qué es la pena del sentido? – La tradición católica está perfectamente de acuerdo de que las almas del purgatorio, además de la pena de la dilación de la gloria, en la forma que acabamos de exponer, sufren una especie de pena de sentido en castigo de los goces ilícitos de los bienes creados, que se permitieron durante su permanencia en el cuerpo mortal. En el purgatorio tiene que haber por consiguiente una pena de sentido, con mayor razón todavía que una pena de daño.

La tradición de los padres latinos es casi unánime en favor del fuego real y corpóreo en todo semejante al del infierno. Lo mismo opinan casi todos los teólogos escolásticos antiguos y modernos.

Santo Tomás de Aquino, identifica realmente ambos fuegos al colocar el purgatorio junto al infierno, de tal suerte que un mismo fuego, atormentaría a los condenados y purificaría a los habitantes del purgatorio. San Agustín explica como con una misma causa puede producir contrario efectos según los sujetos sobre quienes recaiga, pues así como con un mismo fuego resplandece el oro y la paja humea, no por eso se confunden entre si. Así también, una misma adversidad, prueba y purifica a los buenos y reprueba, destruye y aniquila a los malos.

La tradición de los Padres latinos es casi unánime en favor del fuego real y corpóreo, en todo semejante al del infierno. Lo mismo opinan casi todos los teólogos escolásticos antiguos y modernos. Santo Tomás de Aquino identifica realmente ambos fuegos al colocar el purgatorio junto al infierno, de tal suerte que un mismo fuego atormentaría a los condenados y purificaría a los habitantes del purgatorio, cf. De purgatorio (Suplemento) a.2.

San Agustín explica hermosamente cómo una misma causa puede producir contrarios efectos según los sujetos sobre quienes recaiga:

«Porque, así como con un mismo fuego resplandece el oro y la paja humea, y con un mismo trillo se quebranta la arista y el grano se limpia, y, aunque se expriman en una misma prensa el aceite y el alpechín, no por eso se confunden entre sí, así también una misma adversidad prueba, purifica y afina a los buenos, y reprueba, destruye y aniquila a los malos.

Por consiguiente, en una misma calamidad, los pecadores abominan y blasfeman de Dios, y los justos le glorifican y piden misericordia; consistiendo la diferencia de tan varios sentimientos no en la calidad del mal que se padece, sino en la de las personas que lo sufren; porque, movidos de un mismo modo, exhala el cieno un hedor insufrible, y el ungüento precioso una fragancia suavísima»

(De Civitate Dei, l I c.8 n.2)

Queda por determinar cómo un fuego material y corpóreo pueda atormentar a un alma espiritual. Todo se explica fácilmente si consideramos que ese fuego material es un instrumento de Dios para purificar al alma, y Dios puede muy bien utilizar un instrumento corporal para producir un efecto espiritual y aun sobrenatural; como ocurre, por ejemplo, con el agua del bautismo, que produce en el alma del bautizado nada menos que la gracia santificante.

El fuego obra sobre el alma, no por propia virtud, sino como instrumento de la justicia divina, del mismo modo que el agua bautismal produce, bajo la influencia de Dios, la gracia en nuestra alma. Si no se ha estado bien dispuesto a recibir los instrumentos de la misericordia divina, habrá que sufrir de parte de los instrumentos de su justicia.

Este modo de obrar del fuego es misterioso; tiene por efecto, según Santo Tomás, ligar en cierto modo al alma, es decir, impedirle obrar como ella quisiera y donde quisiera, y le inflige de este modo la humillación de depender de una criatura material. Sufrimiento que no deja de tener analogía con el que experimenta una persona paralítica, que no puede hacer los movimientos que quisiera.

El Purgatorio en el Antiguo Testamento

El Purgatorio queda evidenciado en el Antiguo Testamento:

¿Cómo un dolor corpóreo (el fuego) puede afectar a un alma inmaterial? – Esto se explica muy fácilmente. Es necesario considerar a ese fuego material como un instrumento de Dios para purificar al alma. Dios puede muy bien emplear un instrumento corporal para producir un efecto espiritual y aún sobrenatural, como ocurre con el agua del bautismo, que produce en el alma del bautizado, nada menos que la gracia santificante. El fuego obra sobre el alma no por propia virtud, sino como instrumento de la justicia divina, del mismo modo que el agua bautismal produce bajo la influencia de Dios la gracia en nuestra almas.

¿Dónde está situado el purgatorio? –  Las Sagradas Escrituras nada nos dicen del lugar en el que se sitúa el purgatorio y sobre este punto la razón está desprovista de argumentos decisivos. Sin embargo es probable y está en conformidad con las declaraciones de los padre de la Iglesia y a múltiples revelaciones particulares, que el lugar del purgatorio es doble.

Según la ley común, es un lugar inferior contiguo al infierno, de tal suerte que un mismo fuego, atormenta a los condenados y purifica a los justos. Sin embargo, los condenados están situados en la parte más inferior, como corresponde a su situación moral.  Santo Tomás de Aquino comenta al respecto, que por disposición particular de la Divina Providencia, algunos difuntos pasan su purgatorio en diversos y determinados lugares, ya sea para instrucción de los vivos, ya para obtener de ellos los sufragios de la Iglesia que alivien sus tormentos.

Notas: Cabe recordar la curiosa anécdota del padre Pio quien tuviese la visión de su fallecido sacristán en la Iglesia, yendo de un lado al otro y arrodillándose cada vez que pasaba delante del sagrario. El sacristán purgaba así su inadvertencia por pasar en vida frente al mismo sin rendirle la debida reverencia.

Muchos lectores recordaran, aquellas historias contadas por las abuelas, en las que se hacían referencia a las «ánimas» en pena y de aquellos lugares, en los que habían manifestaciones de estas almas. Estas historias lejos de caer en la superstición, tienen, como se puede apreciar, un fundamento teológico. No en vano, existe cerca del Vaticano, un lugar explícitamente mandado construir por San Pio X para la conservación de  objetos en los que ha quedado de manifiesto la acción de estas almas: el llamado Museo de las ánimas del purgatorio.

¿Qué dicen las Escrituras sobre el purgatorio? – La doctrina del purgatorio se encuentra claramente definida en las Sagradas Escrituras, aunque falte la expresión material que se adoptó más tarde para designar el lugar o estado de las purificaciones ultra terrenas.

En el Antiguo testamento, El libro de los macabeos es tan claro sobre el tema del purgatorio, que el mismo Lutero, se dio perfecta cuenta de que con el, se venían abajo sus argumentos de negación, de que en la Biblia se hablase del purgatorio.  Soslayó la dificultad insuperable para él, negando el carácter canónico de aquel libro.

«Entonces encontraron bajo las túnicas de cada uno de los muertos objetos consagrados a los ídolos de Yamnia, que la Ley prohíbe a los judíos. Fue entonces evidente para todos por qué motivo habían sucumbido aquellos hombres.

 

Bendijeron, pues, todos las obras del Señor, juez justo, que manifiesta las cosas ocultas, y pasaron a la súplica, rogando que quedara completamente borrado el pecado cometido. El valeroso Judas recomendó a la multitud que se mantuvieran limpios de pecado, a la vista de lo sucedido por el pecado de los que habían sucumbido.

 

Después de haber reunido entre sus hombres cerca de 2.000 dracmas, las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, obrando muy hermosa y noblemente, pensando en la resurrección.  Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los muertos;  mas si consideraba que una magnífica recompensa está reservada a los que duermen piadosamente, era un pensamiento santo y piadoso.»

2 Macabeos 12:40-42

Notas: Este texto forma parte de una de las epístolas de una de las misas que hay para los difuntos (hay un total de cuatro misas para los difuntos). Una de estas misas, lleva este texto, tomado de los Macabeos.

Toda la tradición cristiana ha considerado este texto como demostrativo de la existencia del purgatorio.  Sin duda alguna, Judas Macabeo vio la futura resurrección de los soldados caídos, pero para que en la futura resurrección puedan tener parte entre el pueblo de Dios, es preciso que se purifiquen antes del pecado cometido. Tal es la finalidad de la colecta que envió a Jerusalén para ofrecer sacrificios por aquel pecado. Los soldados caídos no estaban por consiguiente en el infierno, donde ya no hay remisión posible.

En el Nuevo Testamento, encontramos de parte de Jesús, la advertencia hecha para aquellos que pecan contra el Espíritu Santo.

«Por esto os digo, todo pecado y blasfemia les será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu Santo, no les será perdonada. Quien hablare contra el hijo del hombre será perdonado, pero quien hable contra el Espíritu Santo, no será perdonado ni en este siglo ni en el venidero».

San Mateo 12, 31-32

La exegesis católica tradicional, ha visto en estas palabras de Jesucristo una clara alusión al purgatorio -al menos de una manera indirecta- pues al decir que la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada ni en este mundo ni en el otro, deja claro de entender, que hay al menos otra clase de pecados que se perdonan al menos en la otra vida. Sin embargo, sucede que no se da el perdón de los pecados ni en el Cielo ni en el infierno -cono resulta obvio -, luego por conclusión, tiene que haber otro lugar que es el que llamamos purgatorio.

«¡Mire cada cual cómo construye!  Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo.  Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego.

Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego.  Aquél, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. El, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego.»

I Corintios 10-15

Este es el texto clásico del Nuevo testamento que han invocado los santos padre para afirmar la existencia del purgatorio. San Pablo, habla bajo estas imágenes, de castigos escatológicos y temporales, sufridos por faltas no grave. De estas afirmaciones de San Pablo se desprende una conclusión: Después de esta vida terrena, se dan castigos temporales impuestos por faltas no graves.

Así, toda falta no expiada por la penitencia, recibe su merecido castigo por parte de Dios; penas eternas por las faltas graves y penas temporales por las leves. Si llega el fin sin que se hayan expiado las faltas, reciben su correspondiente castigo.