Mes de Noviembre en sufragio de las benditas almas del purgatorio – Día Decimoctavo


Dispuesto por el canónigo Francesco Vitali, Arcipestre de Fermo, y publicado en Sevilla por la Imprenta y librería de D. Antonio Izquierdo en 1858. Reimpreso en Madrid en 1863.

En el nombre del Padre ✠, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo ✠. Amén.

Postrados en la presencia de Dios con el mayor fervor de espíritu, supliquémosle que nos asista en el ejercicio de esta sagrada devoción, diciendo:

Disponed, Señor, y confortad nuestras almas con la abundancia de vuestra gracia, para que penetrando en la penosa cárcel del Purgatorio, con afectos de fe, caridad y compasión podamos procurar a los fieles difuntos la mayor abundancia de sufragios que redunde en favor suyo, gloria vuestra y provecho de nuestras almas. Amén.

DÍA 18 DE NOVIEMBRE
MEDITACIÓN: CON LAS SANTAS INDULGENCIAS SE SUFRAGA A LAS ALMAS DEL PURGATORIO.

 

PUNTO PRIMERO

Otro medio eficacísimo, que tuvo su origen en los tiempos mismos de los Apóstoles para sufragar a las almas del Purgatorio, son las santas indulgencias, con las cuales se perdona la pena temporal debida a los pecados. Los méritos de Jesucristo, de María Santísima y de los Santos forman el precioso tesoro de donde ellas toman su valor; y así como estos méritos son de un precio infinito, así las santas indulgencias pueden concederse sin límite alguno; mas el dispensarlas está reservado a los Pastores de la Iglesia, y especialmente al Sumo Pontifice Romano. Hay indulgencias concedidas a los vivos, las cuales no se ganan sino por quien cumple las obras prescritas; y otras en favor de los difuntos, las cuales pueden serles aplicadas por los vivos. ¡Oh, cuán benigno ha sido el Señor en multiplicarnos los medios de socorrer al Purgatorio!

 

PUNTO SEGUNDO

Entre las indulgencias, unas son parciales que perdonan una sola parte, y otras plenarias, que perdonan toda pena temporal que a cada pecado era asignada en los antiguos cánones penitenciales. Por lo cual, si se gana una parcial indulgencia por las almas de los difuntos, se descuenta ordinariamente parte de su deuda; si una plenaria, se borra esta enteramente, y libres de aquella cárcel de fuego, vuelan a gozar de la eterna felicidad de la gloria. ¡Oh! ¿Quién hay entre nosotros que no pueda procurar tanto bien al Purgatorio? Todos tenemos la mision legitima de hacerlo: todos lo pode,os si queremos; y cuanto es más generosa la Iglesia en abrirnos sus tesoros a favor de aquellas almas, tanto más inexcusables seremos nosotros si no lo hiciéremos.

 

PUNTO TERCERO

Mas para ganar las indulgencias dos condiciones se requieren. La primera es la de estar libre de todo pecado mortal al cumplir las obras prescritas, y si alguno no lo estuviere debe purificarse con una buena y santa confesión. Condición que si es indudablemente necesaria para las indulgeneias de los vivos, no lo es menos para los difuntos conforme a la más segura y verdadera sentencia de los Doctores. La segunda es la de practicar las referidas obras, las cuales de ordinario consisten en la confesión, comunión y en rezar algunas preces según la voluntad del que las concede. Es de notar que quien suele acercarse cada ocho días al sacramento de la penitencia puede ganar todas las indulgencias concedidas en el curso de la semana, aunque no se confiese cada vez. El método, pues, de las santas indulgencias, no solo es provechoso a las almas del Purgatorio, sino que santifica también las nuestras con el uso de los sacramentos y con la práctica de las virtudes. Sea, pues, empeño nuestro el recoger este doble fruto de un medio tan eficaz de salvación.

 

ORACIÓN

Cuanto es más grande ¡oh Señor! vuestra dignación en proveernos de abundantísimos medios para aliviar a las almas del Purgatorio, tanto mayor debe ser nuestro empeño en valernos de ellos a favor de aquellas infelices que penan, no menos que de nuestras propias almas. Las santas indulgencias son un tesoro inagotable, abierto siempre en beneficio de los vivos y de los difuntos, y tanto más os complacéis cuanto más se enriquecen de él los fieles. He aquí, pues, ¡oh Señor!, que nosotros hacemos intención de ganar todas las santas indulgencias concedidas por el ejercicio de esta sagrada devoción, y os prometemos hacer por ganar también otras en lo sucesivo para sufragar al Purgatorio, y para nuestro propio aprovechamiento. Pero vos, Señor; prevenidnos, acompañadnos, asistidnos siempre con vuestra gracia en tan devoto empeño, para que no falten en nosotros las disposiciones que para ello se requieren.

EJEMPLO: Santa María Magdalena de Pazzi había asistido con suma caridad a la muerte de una hermana suya de altísima perfeccion, a quien las monjas no sólo hicieron prontamente los acostumbrados sufragios de la religión, sino que aplicaron también las santas indulgencias que se ganaban aquel día. Quedaba expuesta todavía la difunta en la iglesia, y desde las rejas la miraba con afectos de ternura y devoción Maria Magdalena, implorando para ella paz y reposo eterno, cuando vio salir de aquel yerto cadáver el alma de su hermana resplandeciente de viva y hermosa luz, y elevarse hacia el Cielo para recibir la corona de la eterna gloria. No pudo la Santa menos de exclamar «Adiós, hermana; adiós, alma bienaventurada, antes voláis vos al Cielo que vuestro cuerpo baje al sepulcro. ¡Oh felicidad! ¡Oh gloria! ¡Ah! En los abrazos del divino Esposo acordaos de nosotras que suspiramos en la tierra». Y al decir esto se le apareció su esposo Jesús para consolarla, diciéndole que en virtud de las santas indulgencias aplicadas por aquella alma había sido libertada tan pronto de las penas del Purgatorio y admitida en las mansiones de la gloria. Por lo cual avivóse en lo sucesivo de tal modo en aquel monasterio el fervor de ganar toda clase de indulgencias, que se hacía casi escrúpulo de malograr negligentemente alguna. ¿Cómo no se enciende también en nuestros pechos una chispa de aquel santo fervor? Imitemos a aquellas vírgenes en tan bello empeño, que no podrá faltar el efecto de librarse las almas del Purgatorio si nosotros no faltáremos en las disposiciones necesarias para ganar dignamente las santas indulgencias (Vida de Santa María Magdalena de Pazzi, n. 1º, cap. 39).

Rezaremos cinco Padre nuestros, Ave Marías y Réquiem en memoria de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo en sufragio de los fieles difuntos (y particularmente de N.), suplicando al Eterno Padre que se apiade de sus almas por la Sangre que derramó su divino Hijo, diciendo cinco veces:

JACULATORIA: Eterno Padre, por la preciosísima Sangre de Jesús, misericordia. Padre nuestro, Ave María y Réquiem….

SUFRAGIO: In præsénti témpore vestra abundántia illórum inópiam súppleat. (2 Cor. 1, 14). Con la riqueza que poseemos de las santas indulgencias debemos socorrer las extremas necesidades que aquejan a las almas del Purgatorio, aplicándolas en su sufragio.

Arrebatada en espíritu la beata María de Quito, vió en una gran plaza una mesa llena de oro, de plata, de diamantes, de perlas y de todo género de piedras preciosas, y oyó una voz que clamaba fuertemente: «El tesoro está a la disposicion de todos; quien quisiere coja y aprovéchese de él. Era este tesoro una imagen del mucho más precioso de las santas indulgencias, expuesto todos los días en la Iglesia a común beneficio de los fieles». Quien desea, pues, valerse de él para sí o para los otros, dése a ganar las santas indulgencias, y no dejemos de aplicarlas por las almas del Purgatorio, a quienes acarrean tanto bien y que con tanta ansia las esperan de nuestra caridad. (Vida de la Beata María de Quito).

Añadiremos un Padre nuestro y Ave María por los propagadores de esta devoción.

De profúndis clamávi ad te, Dómine: * Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, * in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: * Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: * et propter legem tuam sustínui te, Dómine.
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: * sperávit anima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: * speret Israel in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: * et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Israël, * ex ómnibus iniquitátibus ejus.
℣. Requiem ætérnam dona eis, Dómine.
℞. Et lux perpétua lúceat eis.
℣. A porta ínferi.
℞. Erue, Dómine, ánimas eórum.
℣. Requiéscant in pace.
℞. Amen.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℞. Et clamor meus ad te véniat.

ORACIÓN
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor: animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum (Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras la remisión de todos sus pecados, al fin de que obtengan, por nuestras devotas oraciones, el perdón que siempre han deseado. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos). Amén.

℣. Requiem ætérnam dona eis, Dómine.
℞. Et lux perpétua lúceat eis.

Añadiremos un Padre nuestro y Ave María por los propagadores de esta devoción.

De profúndis clamávi ad te, Dómine: * Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, * in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: * Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: * et propter legem tuam sustínui te, Dómine.
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: * sperávit anima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: * speret Israel in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: * et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Israël, * ex ómnibus iniquitátibus ejus.
℣. Requiem ætérnam dona eis, Dómine.
℞. Et lux perpétua lúceat eis.
℣. A porta ínferi.
℞. Erue, Dómine, ánimas eórum.
℣. Requiéscant in pace.
℞. Amen.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℞. Et clamor meus ad te véniat.

ORACIÓN
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor: animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum (Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras la remisión de todos sus pecados, al fin de que obtengan, por nuestras devotas oraciones, el perdón que siempre han deseado. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos). Amén.

℣. Requiem ætérnam dona eis, Dómine.
℞. Et lux perpétua lúceat eis.
℣. Requiéscant in pace.
℞. Amen.

***

Cuando se quieran hacer sufragios particulares por el alma de algún difunto se dirá algunas de las siguientes oraciones antes de la susodicha Fidélium Deus, con la cual se concluirá siempre.
Oración por un Sacerdote u Obispo: Deus, qui inter apostólicos Sacerdótes fámulos tuos pontificáli seu sacerdotáli fecísti dignitáte vigére: præsta, quǽsumus; ut eórum quoque perpétuo aggregéntur consórtio. Per Christum Dóminum nostrum (. Por Jesucristo nuestro Señor). Amén.

Por el Padre o por la Madre: Deus, qui nos patrem et matrem honoráre præcepísti: miserére cleménter animábus patris et matris meæ, eorúmque peccáta dimítte; meque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére (Oh Dios, que nos mandásteis honrar a padre y madre, compadecéos clemente de las almas de mi padre y de mi madre, perdonando sus pecados, y haced que pueda verlos en el gozo de la luz eterna. Por Jesucristo nuestro Señor). Amén.

N. B. Si son muchos los que hacen este ejercicio, donde se dice Patris et Matris meæ; se sustituirá Paréntum nostrórum, y donde meque se dirá nosque: si se pide solamente por el Padre se dirá animæ Patris mei o nostri; si por la sola Madre, animæ, Matris meæ o nostræ.

Por los hermanos, y por otros parientes o bienhechores: Deus, véniæ largítor et humánæ salútis amátor: quǽsumus cleméntiam tuam; ut nostræ congregatiónis fratres, propínquos et benefactóres, qui ex hoc sǽculo transiérunt, beáta María semper Vírgine intercedénte cum ómnibus Sanctis tuis, ad perpétuæ beatitúdinis consórtium perveníre concédas (Oh Dios, que concedéis el perdón y sois amáis la salvación de los hombres, os suplicamos vuestra clemencia; para que le concedáis a nuestros hermanos de congregación, parientes y bienechores, que partieron de este siglo, por la intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen Santa María y con todos vuestros santos, llegar a ser consortes de la bienaventuranza perpetua. Por Jesucristo nuestro Señor).

Por un solo difunto: Inclína, Dómine, aurem tuam ad preces nostras, quibus misericórdiam tuam súpplices deprecámur: ut ánimam fámuli tui N., quam de hoc sǽculo migráre jussísti; in pacis ac lucis regióne constítuas, et Sanctórum tuórum júbeas esse consórtem.

Por una sola difunta: Quǽsumus, Dómine, pro tua pietáte miserére ánimæ fámulæ tuæ N.: et a contágiis mortalitátis exútam, in ætérnæ salvatiónis partem restítue. (Os rogamos, Señor, tengáis piedad por vuestra misericordia del alma de vuestra sierva N., y que desnuda del contagio de la mortalidad, le restituyáis su parte en la salvación eterna bienaventuranza. Por Jesucristo nuestro Señor).

Por dos o mas difuntos: Deus, cui próprium est miseréri semper et parcére, propitiáre animábus famulárum famularúmque tuárum, et ómnia, eórum peccáta dimítte: ut mortalitátis vínculis absolúta, transíre mereántur ad vitam (Dios, de quien es propio tener misericordia y perdonar siempre, os suplicamos por las almas de vuestros siervos y siervas, y perdonadles todos sus pecados, para que siendo liberados de las cadenas de la muerte, merezcan llegar a la vida).

En el nombre del Padre ✠, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo ✠. Amén.