María y el mendigo generoso

Las narraciones del sacerdote del siglo XII, Gonzalo de Berceo fueron extremadamente populares entre los habitantes de Castilla y su recopilación fue considerada una de las obras más importantes de la España medieval.

He aquí una breve historia trae a colación el pasaje bíblico de la pobre viuda y las ofrendas,

 

Había un hombre muy pobre que vivía unicamente de las limosnas que algunas almas caritativas le podían hacer llegar. No tenía ningún otro tipo de ingresos, excepto en las raras ocasiones en las que podía trabajar; que era cuando llevaba en su bolsa algunos centavos adicionales.

Buscando que  ganarse el favor de la Gloriosa Madre de Dios, a quien amaba profundamente, compartía con los pobres todo lo que recibía. Así, se esforzó llegando al punto de dejar de lado las propias necesidades.

Cuando este pobre tuvo que pasar de este mundo, la Madre Santísima vino a saludarlo. Ella le habló muy dulcemente. Quería elogiarlo, y todos en la ciudad pudieron escuchar Sus palabras:

«Has codiciado mucho nuestra compañía y te la has ganado con mucha habilidad, pues has compartido tus limosnas e incluso te haz olvidado de tus propias necesidades. Has dicho ‘Ave María’.  Sé bien por qué haz hecho todo esto. Ten por seguro que haz hecho un muy buen trabajo».

Nuestra Señora prosiguió:

«Este día en el que  estamos, es el último. Considera cantar el Ite missa est. Ha llegado el momento de que puedas cobrar tu salario. He venido aquí para llevarte conmigo al Reino de mi Hijo, que es ciertamente tu amigo, allí donde los ángeles se alimentan de buen pan de trigo; las Santas Virtudes [el coro de los Ángeles] estarán complacidas contigo».

Cuando la Dama Gloriosa terminó este discurso, el alma abandonó el cuerpo de aquel pobre mendigo. Un coro de ángeles la tomó y la llevó al cielo. ¡ Alabado sea Dios!

Las personas que habían escuchado la voz, de inmediato vieron cumplida la promesa. Cada uno a su manera dio gracias a la Madre Gloriosa que es tan prudente.

Desafortunado aquel que escuchando estas palabras, no se sienta complacido en Nuestra Señora.

Desafortunadamente, sería el que escuchó tal cosa sin sentirse extremadamente complacido con la Santa María. Si él no la honrara más, sería insolente. El que se aparta de Ella está muy engañado.

Fuentes

https://www.traditioninaction.org/religious/h150_Tomas.htm
Traducido y adaptado por Proyecto Emaús