María, el Arca de la Nueva Alianza


María, el Arca de la Nueva Alianza

Nos permitiremos comenzar este artículo titulado: María, el Arca de la Nueva Alianza, con un breve comentario introductorio hecho por el padre Stefano Manelli, fundador de los Frailes Franciscanos de la Inmaculada, orden que languidece tristemente bajo la mirada de un comisario vaticano desde julio de 2013.

«De todos los símbolos marianos en el Antiguo Testamento, el Arca de la Alianza disfruta de gran preeminencia. En el siglo cuarto, San Ambrosio y San Efren la llamaron «El Arca» y Ricardo de San Víctor (1073) la llamó «Foederis Arca», el Arca de la Alianza. Las similitudes simplemente son sorprendentes. Lo que el arca significaba en símbolo, pre-figuraba, lo que la Santísima Virgen María es en realidad.

Pero el arca era solo un símbolo. En María, Dios estaba realmente presente, tanto así, que se convirtió en su hijo. Esa tipología llevó a los primeros cristianos a considerar a María como el Arca de la Nueva Alianza»

– Padre Stefano Manelli  

San Luis de Montfort, posiblemente el mejor mariólogo de todos los tiempos, en su obra maestra «El tratado de la verdadera devoción a María», cita a San Euquerio:

«Si deseas entender a la Madre, entiende al Hijo: porque ella es la digna Madre de Dios. Hic taceat omnis lingua — Aquí que cada lengua se calle».

Tipología Bíblica: Verdad y belleza en las Sagradas Escrituras

Hay una manera muy hermosa de conocer, admirar y comprender las enseñanzas de Nuestra Santa Madre Iglesia desde una perspectiva bíblica. Consiste en estudiar el Antiguo Testamento a la luz de la tipología bíblica, es decir, el criterio hermenéutico por el cual las imágenes y descripciones reportadas en el Antiguo Testamento son representaciones reales de personas, eventos y enseñanzas que se encuentran en el nuevo.

El Antiguo Testamento se cumple en el Nuevo. Como Jesús mismo dijo: «No vine a destruir, sino a dar cumplimiento». Lo que los hebreos tenían solo en figura, en símbolo, hoy la Iglesia lo tiene de hecho, en realidad. Por ello, este artículo, invita al lector a considerar a la Santísima Virgen María, como Arca de la Nueva Alianza.

Un estudio cuidadoso de la Sagrada Escritura revela que los cuatro dogmas marianos básicos (su maternidad divina, virginidad perpetua, inmaculada concepción y asunción al cielo, e incluso el quinto aún no definido por el Pontificio Magisterio, su papel como mediatriz) se puede ver en figuras veladas en la historia del Arca de la Alianza. Es una lectura emocionante, y espero que nuestros lectores la disfrutarán.

¿Qué había en el interior del Arca de la Alianza?

Sabemos por el Antiguo Testamento, que el Arca de la Alianza era el signo más sagrado de la presencia de Dios sobre la faz de la tierra. En el interior del Arca, se colocaron objetos sagrados muy significativos de la peregrinación a la Tierra Prometida: las tabletas de piedra con la palabra de Dios, escrita bajo la forma de los 10 mandamientos, dados a Moisés en el monte Sinaí (Éxodo 25:16), un recipiente que contenía  el maná milagroso, el pan bajado del Cielo. (Éxodo 16: 33-34), y la vara de Aarón, que había florecido y que representaba al sumo sacerdote (Num 17,1-23).

Construida con material precioso e incorruptible

Pero antes de considerar la tipología bíblica entre el Arca de la Alianza y Nuestra  Señora, citemos algunos segmentos clave presentes en el Antiguo Testamento sobre el origen del Arca.

El en libro de Éxodo, en el capítulo 25, encontramos las precisas instrucciones que da Dios para la construcción del Arca de la Alianza.  En sus versículos, se listan una larga serie de materiales preciosos, finísimos, muy selectos (Oro, plata, púrpura, diversas piedras preciosas, etc.). Así también, Dios dio precisas instrucciones en cuanto a las dimensiones del arca y la manera de construirla. «La haréis conforme al modelo de la Morada y al modelo de todo su mobiliario que yo voy a mostrarte».

De entre los materiales que la conforman, los dos principales son la madera de Acacia y el oro. La madera de Acacia es sumamente resistente. Su aromática savia repele cuanta plaga quiera carcomerla, razón por la que se le considera incorruptible o madera que no se descompone. De la misma manera el oro, además de ser el metal precioso más maleable;  es capaz de conservar su brillo sin mancha, sin opacarse nunca. La palabra en latín que representa al oro es Aurum que significa «brillante amanecer».

Ahora bien, la Santísima Virgen María, fue escogida por Dios Padre, para que Dios hijo, tomase carne en Ella. Por lo tanto, aquella que recibe el verbo de Dios, debe ser -al igual que el Arca de la Alianza-, incorruptible, pura sin mancha. Por eso, la Santísima Virgen María, fue preservada de todo pecado. Muy a pesar de la opinión de muchos, esta es la razón que da sustento bíblico al dogma de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María: Siempre pura, Virgen sin mancha, concebida sin la culpa del pecado original.

María, cual oro purismo, fue maleable -por así decirlo-, a los designios de Dios padre desde toda la eternidad: «Hágase en mi según tu palabra» fue la respuesta de la Virgen al anuncio del Arcángel Gabriel, aceptando humildemente la voluntad de Dios. Por lo tanto, de aquí se desprende y queda en claro, que María no fue sólo un «instrumento» -como airadamente esgrimen muchos-, María, debió ser moldeada para ser el recipiente más puro y perfecto, acorde con los planes de Dios y a la dignidad de quien iba a concebir. Decir lo contrario o negar este aspecto, fundamental en el plan de nuestra salvación, es simplemente una herejía.

María y el verbo encarnado

Y aquí está lo primero que debemos aclarar: María no tiene sentido sin Jesús. Para poder entender a María en el misterio de salvación, primero, tenemos que entender quién es su hijo: El Verbo de Dios hecho carne. Es decir, María llevó en su interior al Verbo Encarnado.

En Juan 1:14 encontramos que la Santísima Virgen María, contenía el verbo de Dios:

«Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.»

El Arca de la Alianza hubiera sido solo una caja de oro bellamente decorada, si no hubiera llevado también en su interior las piedras de los Diez Mandamientos, es decir, la palabra de Dios, el verbo de Dios.

El Espíritu Santo cubre al Arca de la Alianza y a María Santísima

Las Sagradas Escrituras nos cuentan como la Gloria de Dios cubría con su presencia el lugar donde se encontraba el Arca de la Alianza. En el libro de Éxodo capítulo 40 versículos del 34-35 se dice que el Arca estaba cubierta por la presencia y el poder de Dios:

«Entonces la nube cubrió la tienda de reunión y la gloria del Señor llenó el tabernáculo. Y Moisés no podía entrar en la tienda de reunión porque la nube estaba sobre ella y la gloria del Señor llenaba el tabernáculo.»

En Lucas 1:35 encontramos que María fue cubierta por el poder de Dios:

«Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo Niño que nacerá será llamado Hijo de Dios.»

El pan bajado del Cielo

Dentro de los objetos sagrados contenidos en el interior del arca de la alianza, según el libro del Éxodo, se encontraba también un vaso lleno de maná, el pan enviado por Dios o el pan bajado del Cielo.

En Juan 6:51 podemos leer, que María llevó en su vientre a Cristo, el hijo de Dios, el Pan Vivo bajado del Cielo:

«Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.»

El Sumo Sacerdote

Dios mandó a Moisés que recogiera una vara seca de almendro de cada tribu y las pusiera en el interior de la Tienda del Encuentro. Sobre cada vara, se había escrito el nombre de los principales que representaban a cada pueblo. Sólo una vara de entre todas florecería. El hombre cuya vara retoñase, ese era el elegido por Dios como sumo sacerdote. La que floreció fue la vara de Aaron, hermano mayor de Moisés. Esta vara, era parte de los objetos sagrados colocados en el interior del Arca de la Alianza y representa al Sumo Sacerdote.

En el libro de Hebreos 4:14 se nos dice que María llevó en su vientre y posteriormente engendró al Sumo Sacerdote:

«Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos – Jesús, el Hijo de Dios – mantengamos firmes la fe que profesamos.»

Su traslación

Esta es quizás una de las tipologías bíblicas más interesantes. En el libro II de Samuel, en el capítulo 6, podemos leer que el Arca de la Alianza fue trasladada por David a casa de Obededom de Gat. Además de otros acontecimientos, nos cuenta sobre la inmensa alegría de David y como éste saltaba y danzaba ante la presencia del Arca. También nos cuenta que el Arca de la Alianza permaneció en aquella casa durante tres meses  y que durante ese periodo, Yahveh bendijo a Obededom y a toda su casa.

En Lucas 1, 39 podemos leer el siguiente texto, conocido como «La Visitación»:

«En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.  Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo;[…] María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.»

Lo primero que hay que señalar aquí, es que tanto el Arca de la Alianza como la santísima Virgen María, tuvieron que trasladarse a una región montañosa. Quizás la correspondencia entre pre figura y figura no sean tan sorprendentes, pero las siguientes si que lo son.

María, el Arca de la Nueva Alianza
Antes de proceder a la explicación de esta tipología, es necesario traer a colación, la primera parte del saludo del Arcángel Gabriel a la Santísima Virgen María, en la que él la llama «Llena de gracia». Sabemos que esto tenía significación literal, puesto que María había quedado llena del Espíritu Santo, y desbordaba la gracia de Dios que habitaba en Ella, donde sea que Ella fuese. Es por esta razón que el pequeño Juan, saltó de alegría en el seno de Santa Isabel, pues esta había quedado llena del Espíritu Santo. El niño saltó de gozo y David bailó de alegría.

Otra correspondencia, no menos sorprendente, la encontramos en el tiempo de permanencia en sus respectivas casas: Ambas, tanto el Arca como María, permanecieron y derramaron la gracia y el poder de Dios (como ya hemos visto con Santa Isabel y el aún no nacido Juan) durante tres meses.

¿Podría alguien acaso negar lo profundo de los designios de Dios y la belleza presente en el plan de nuestra Salvación.? Me limitaré a decir con toda humildad: El que quiera ver, que vea.

Dios hablaba a su pueblo por su medio

En 1 Samuel  4:4, se describe que Yahveh se sentaba sobre los querubines que adornaban la parte superior del Arca y desde allí le hablaba a su pueblo. El texto se corrobora en Números 7, 89:

Cuando Moisés entraba en la Tienda del Encuentro para hablar con El, oía la voz que le hablaba de lo alto del propiciatorio que está sobre el arca del Testimonio, de entre los dos querubines. Entonces hablaba con El.

Hoy en día, Dios habla a su pueblo por medio del Arca de la Nueva Alianza: La Santísima Virgen María. La Salette, Lourdes y Fátima (sólo por mencionar tres apariciones marianas reconocidas como verdaderas por la Iglesia pre-conciliar, amén de las muchas otras.)

Sólo Dios y nadie más puede habitar en Ella

Finalizamos este artículo, con esta tipología bíblica, que espero sirva para abrir los ojos, de aquellos enemigos de la verdadera fe, que de manera continua, insultan la pureza y virginidad perpetua de nuestra Señora, argumentando la consumación carnal del matrimonio entre la Virgen María y San José. Y ya que hemos comparado las semejanzas entre el Arca de la Alianza y Nuestra Señora, hagamos así también ahora de la misma manera. En el libro II de Samuel, encontramos el siguiente texto:

Al llegar a la era de Nakón, extendió Uzzá la mano hacia el arca de Dios y la sujetó porque los bueyes amenazaban volcarla. Entonces la ira de Yahveh se encendió contra Uzzá: allí mismo le hirió Dios por este atrevimiento y murió allí junto al arca de Dios.»

Muy a pesar de que Úzza sólo quería detener el vuelco del arca durante su traslado a la casa de Obededom, fue castigado. El mensaje es claro: Para Úzza, la consecuencia fulminante de su atrevimiento fue la muerte. Por eso, nadie ni nada más puede habitar donde habita Dios. Nadie.

Conclusión

María, el Arca de la Nueva Alianza

Sabemos gracias a 2 Macabeos 2:4-8 que el Arca fue escondida y no pudo ser encontrada nunca más. Estaba escrito también en ese documento que el profeta, por instrucciones de Dios, se había hecho acompañar por la tienda del encuentro con Dios y el arca de la alianza, y que se había dirigido al monte desde el cual Moisés había visto la tierra prometida por Dios y que, al llegar allí, Jeremías había encontrado una cueva, en la que depositó el arca de la alianza, la tienda y el altar de los inciensos, después de lo cual tapó la entrada.

Por Jeremías 3:16 sabemos que esa Arca no volverá a ser encontrada ni mucho menos reemplazada:

Y sucederá que en aquellos días, cuando os multipliquéis y crezcáis en la tierra —declara el Señor— no se dirá más: «Arca del pacto del Señor»; no les vendrá a la mente ni la recordarán, no la echarán de menos ni será hecha de nuevo.

Pero sin embargo, Juan en el libro del Apocalipsis 11:19 nos cuenta:

«Entonces fue abierto el Templo de Dios, el que está en el cielo, y fue vista en su Templo el Arca de Su Alianza; y hubo relámpagos y voces y truenos y terremoto y granizada».

Después de haber visto todas estas similitudes, podemos entender más fácilmente lo que nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica al respecto:

María, en quien va a habitar el Señor, es en persona la hija de Sión, el arca de la Alianza, el lugar donde reside la Gloria del Señor: ella es «la morada de Dios entre los hombres» (Ap 21, 3). «Llena de gracia», se ha dado toda al que viene a habitar en ella y al que entregará al mundo.

María es el Signum Magnum: “el Gran Signo de Dios sobre la tierra”.

 

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