Aires de tristeza respira la Misa de hoy en todo su conjunto. En la epístola, Isaías, quinientos años de Jesucristo, nos anuncia proféticamente la pasión del Salvador. En el Evangelio vemos la mala voluntad de los Fariseos y Judas.
Como estaban los apóstoles con Lázaro el resucitado y sus hermanas Marta y María en el convite, estaría seguramente también la virgen Santísima, cuyo Corazón presentía ya los amargos días que le esperaban. Jesús pasó de ser la mayor parte del día de hoy en el templo enseñando a los judíos; y por la noche volvió a Betania, distante unos tres cuartos de hora de Jersusalén.

Epístola

En aquellos días dijo Isaías: El Señor Dios ha abierto mis oídos y yo no me he resistido: no he vuelto atrás. A los que me azotaban he vuelto mi cuerpo y mis mejillas a los que mesaban mi barba: No he apartado mi rostro de los que me increpaban y me escupían. Señor Dios mio, por Vos no he sido confundido, por eso he puesto mi cara como piedra durísima, y se que no he de quedar confundido. Cerca está el que me hace justicia. ¿Quién podrá contradecirme? Presentémonos juntos al juicio y veamos ¿quién es el enemigo? Acérquese a mí. El Señor Dios es mi auxilio: ¿Quién me condenará? He aquí que todos ellos se consumirán cual vestido gastado: la polilla se los comerá. ¿Quién hay de vosotros que tema al Señor y oiga la voz de ciervo? El que estaba en tinieblas y no tiene luz espere en el nombre del Señor y tenga por sostén a su Dios.

Evangelio (Juan 12, 1-9)

Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume. Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?» Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella. Jesús dijo: «Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre tendréis.» Gran número de judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos.”

 

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