Lo Maravilloso, lo real y lo horrendo en la «literatura» infantil contemporánea


A través de los cuentos, la inteligencia infantil transpone los límites del ambiente doméstico y aprende las nociones iniciales sobre la sociedad humana.

Las primeras nociones sobre la vida, las impresiones más profundas que el hombre recibe relativas a los aspectos esenciales de la vida y de su posición ante ella, las recibe en sus primeros años de existencia a través de los cuentos, de los juguetes y… del smartphone. ¿Qué ven nuestros hijos?

Los niños, todo el mundo lo sabe, tienen sus primeros contactos con la vida a través de los cuentos.

Por medio de ellos, la inteligencia infantil transpone los límites del ambiente doméstico y aprende las nociones iniciales sobre la sociedad humana, con las innumerables diferenciaciones que comporta, las atracciones que ofrece, los deberes que impone, las decepciones que trae, y el juego complicado de las pasiones en los altos y bajos de esta gran lucha que es la existencia. «Militia est vita hominis super terram» (Milicia es la vida del hombre en la tierra), dice la Sagrada Escritura (Job 7,1). “Militia” sí, en que unos luchan por los intereses personales, legítimos o ilegítimos, y otro luchan contra el mundo, contra el demonio y contra la carne, para mayor gloria de Dios.

Las primeras nociones sobre esta “militia”, las impresiones más profundas que el hombre recibe relativas a los aspectos esenciales de la vida y de su posición ante ella, las recibe en sus primeros años de existencia.

De ahí la importancia capital, para una civilización católica, el hecho de proporcionar a los niños una literatura profunda y sanamente religiosa. No nos referimos únicamente al Catecismo y a la Historia Sagrada, que por supuesto debe ser el centro de todo, sino a otras que serían como el comentario o la aplicación de lo que la Religión enseña.

Esto que en términos de buena doctrina es lo normal, ¡cómo difiere del caudal de la literatura infantil moderna!

En este caudal completamente laico —y ya por eso lamentable— hay aún distinciones que hacer. Pues hace mucho que el laicismo no es el único mal de la literatura infantil de nuestros días.

Cuando hablamos de la literatura infantil, incluimos evidentemente en esta calificación genérica las ilustraciones que ella comprende legítimamente, y de la cual se hace un uso muchas veces exagerado.

En principio, lo que se ofrece a los niños debe tender a hacerlos madurar, bajo pena de no ser enteramente sano. Ahora bien, en esta composición hay ciertas simplicidades, deliciosas para los ojos de adultos como interpretación delicada de la fantasía infantil, pero que no ayudan esa maduración. Alguna cosa en el cochero, en el lacayo, en la estructura del cerro y en los edificios da la idea de una cosa hecha no solamente para niños, sino por niños. Y eso se nota, aunque menos claramente, en los otros elementos de la escena.

La inocencia y el sentido de lo maravilloso

Pero, hecha esta reserva, ¿cómo no elogiar el gusto, la delicadeza, la variedad de esta composición? Lo maravilloso, indispensable en los horizontes infantiles como medio para perfeccionar el sentido artístico, elevar el espíritu, abrir el horizonte, estimular sanamente a la imaginación, está aquí expresado con un tacto y un gusto notables.

Pasemos ahora de lo maravilloso a una representación de la vida cotidiana, con sus aspectos serenos, caseros, simpáticos: otro elemento esencial en los horizontes de la literatura infantil, para despertar la atracción y el interés, por la realidad y por la virtud. Todo evoca la atmósfera feliz, serena, discretamente abundante, de la vida doméstica popular. Lozanía de alma, templanza, largueza, bienestar sensato en la propia medianía, todo ello ahí se expresa.

Viene ahora la «literatura» dañina

Hasta hace unos cuantos años atrás, podíamos considerar como lectura inapropiada para nuestros niños, aquellas que hacían uso bastante gráfico de puñetazos, tiros, asaltos, agresiones,  narración melodramática, correrías, sangre, muerte, «super-hombres» que vuelan, que transponen murallas, que lanzan rayos: toda una siniestra y ridícula contextura de inverosimilitudes, de crueldades, de groseros artificios de sensacionalismo, personajes semi-desnudos, etc. Pero hoy en día, todo esto puede lucir de lo más inocente, si lo comparamos con un nuevo «género» literario, que pretende tomar por asalto a los más indefensos.

Hoy en día, la perfidia de algunos ha dado un paso mucho más atrevido y no ha tenido reparo alguno, en ofrecer al publico más inocente y vulnerable que pueda existir (los niños) un nuevo «género literario», que por increíble que parezca, ya está a la venta en las más populares tiendas de libros en linea.

Se trata de la literatura que pretende normalizar entre nuestros hijos nada más y nada menos que el satanismo.

El exponente más reciente de este «género» es el libro llamado Children’s Book of Demons (Libro de demonios para niños) que según ha advertido la Asociación Internacional de Exorcistas «invita a los niños a invocar demonios».

El autor, sin ninguna precaución, presenta a los niños la evocación de los demonios como algo ordinario y recomendable, invitándolos a aliarse con ellos, para aprovecharlos. Para ello propone dibujar las diversas marcas que los representan. Estas están inspiradas en los símbolos propios de los grimorios, los libros de hechicería para que los iniciados intenten supuestamente entrar en contacto con los espíritus llevándole así hacia la «destrucción moral, psicológica y espiritual».

Hoy más que nunca, los padres estamos llamados a tomar una posición mucho más seria y actuar con mayor responsabilidad en este aspecto, pues el enemigo ataca frontalmente, y como suele ser propio de su estirpe, cobardemente hace blanco en los más inocentes e indefensos.

 

 

 

 

 

Fuentes

https://www.accionfamilia.org/ideal-de-sociedad/ambientes-costumbres/lo-maravilloso-lo-real-y-lo-horrendo-en-la-literatura-infantil/