Las puertas del Cielo y del Infierno


Durante el evento histórico de la caída de Jerusalén a mano de los musulmanes, fueron muy pocos los defensores Cristianos que lograron sobrevivir. La mayoría de los cruzados que defendía la Ciudad Santa, fueron asesinados allí mismo y tan sólo unos cuantos tomados como prisioneros.

Uno de estos prisioneros era un Capitán perteneciente a la Orden Teutónica, orden alemana que iniciase sus labores como una orden caritativa, encargada de cuidar y aliviar a los enfermeros  y peregrinos que caían víctimas de la fiebre, la difteria, las intoxicaciones, las pestes y otros males del desierto.

Desde el ascenso al poder de Saladino, y su declaración de “guerra santa” contra los caballeros Cruzados, la orden vio crecer su brazo armado a la que de inmediato se unieron cientos de caballeros. Estos caballeros, estuvieron dentro de aquellos pocos y últimos defensores de la Ciudad Santa, que superados ampliamente en número, fueron capturados y hechos prisioneros por los musulmanes.

Un lugarteniente de Saladino, se encargaba personalmente de interrogar a estos prisioneros. Llegando hasta el capitán que dirigió al valiente puñado sobreviviente, y mirándolo  fijamente a los ojos le pregunta:

-Háblame sobre el Dios de los cristianos. ¿Donde está están las puertas que los llevan al Cielo y al Infierno?

El musulmán solo obtuvo silencio como respuesta…

Algo enfadado, saca el guantelete de su mano derecha, abofetea duramente al capitán y vuelve a hacerle la misma pregunta…

-Según ustedes los cristianos, ¿donde está están estas puertas?

El capitán responde:

-Tan solo  un cobarde  alardea con alguien incapaz de defenderse.

Las palabras del caballero llenaron de ira al musulmán, quien tomando su cimitarra, se aprestaba a dar el golpe mortal sobre el cuello del prisionero, pero el cruzado se anticipa y habla:

– Estás a punto de abrir la puerta del infierno. Tu espada, tu ira, tu ego, tu falta de humildad te abren la puerta.

Los guerreros siempre son sencillos, sin astucia en sus mentes, sin matemáticas. Solo conocen dos cosas: la vida y la muerte. Él no había venido a aprender ninguna doctrina pero esas palabras contenían algo que los guerreros pueden comprender.  Puso de nuevo la espada en su cinto y entonces el caballero cruzado le dijo:

-Así es como se abren las puertas del Cielo. La compasión, la misericordia, la nobleza, te abren esta puerta.

El musulmán pensó entonces para sí:

La mente es el cielo, la mente es el infierno y la mente tiene la capacidad de convertirse en cualquiera de ellos. Y muchos seguimos buscando en alguna parte, fuera de nosotros mismos…El cielo y el infierno no sólo están al final de la vida, también están aquí y ahora. A cada momento las puertas se abren… En un segundo se puede ir del cielo al infierno, del infierno al cielo.

Cortando las cuerdas de le aprisionaban, extiende un salvoconducto al caballero y a los suyos y les deja irse en paz. El lugarteniente musulmán, había encontrado la puerta que podía llevarlo al Cielo.