Las mil caras del Ocultismo


Ocultismo

Elementos católicos, como lo son las imágenes de los santos y las velas votivas, se mezclan con otros propios del ocultismo.

Rodeado de misterio y renovado prestigio, el ocultismo se ha venido expandiendo y popularizando a lo largo de los últimos siglos hasta adquirir carta de ciudadanía. Las ciencias ocultas y misterios iniciáticos nos confunden por la multiplicidad de nombres y divisiones. Sin embargo, el problema es uno. Conozca mejor el problema, su historia, sus ramificaciones y consecuencias

Para empezar a hablar de este tema es necesario saber con claridad qué es, o a qué nos referimos con Ocultismo. Esta palabra nace del latín occultus lo cuál significa «escondido» y «secreto”. Si bien el término concreto fue creado en 1856 en la escuela francesa de Eliphas Lévi, siempre ha existido esta corriente, y para efectos simplificadores utilizaremos esta palabra para designar a la misma. Sirve para referirse, pues, a la creencia en fuerzas ocultas y en la práctica de las “ciencias” ocultas (magia, astrología, mancias, alquimia, espiritismo, medicinas ocultas, etc.).

Los ocultistas dicen que ocultismo y esoterismo son sinónimos, y aunque estos últimos en algunos casos lo niegan, podríamos decir que en su núcleo las diferencias se vuelven insustanciales frente a los fines que “ambos” (si pueden distinguirse realmente) buscan. La realidad es que los esotéricos, basados en un conjunto de doctrinas pseudo-religiosas, pseudo-científicas o pseudo-filosóficas, buscan encontrar un conocimiento cuya transmisión se reserva a un círculo de iniciados. Es decir que ambos, ocultistas y esotéricos, pretenden alcanzar un fin similar, con algunas variaciones, más o menos acentuadas – según la “escuela” – en los medios.

Pero poco sacaríamos de definiciones académicas si no nos remontásemos hasta el comienzo de este fenómeno, y a la sustancia misma del mismo.

Los cristianos podríamos decir – sorprendentemente para algunos – que el ocultismo nace poco después de la creación del hombre. ¿Por qué? Quedarnos en que el mismo está limitado a una serie de rituales sin sentido, o a una explicación “diferente” de las cosas es tal vez muy correcto para un diccionario, pero un poco pobre para un análisis. El ocultismo (y el esoterismo, al que también nos referiremos con la misma palabra desde ahora, para simplificar) pretende, si lo pensamos bien, extraer una gran “ganancia” de una pequeña acción.

La superstición, de hecho, tiene un gran papel en esto. Por lo general, esta palabra va asociada mentalmente a la “desgracia”, pero sin embargo tiene un efecto mucho más generalizado. Así, un martes (o viernes) trece, o un gato negro, o un espejo roto están relacionados con un mal acontecimiento en el futuro próximo, pero pisar excrementos, o tocar madera, o usar determinado color de ropa, etc. se relacionan con buenos sucesos.

Estas creencias, más o menos arraigadas en cada quien, no tienen su origen en que estos incidentes auguran tal o cual acaecimiento, sino que lo provocan. Por esto, en cierta medida, la superstición se basa en un mecanismo similar al recién comentado.

Si lo pensamos, que alguien camine por debajo de una escalera tiene tanta relación con la “mala suerte”, como que echando yuyos en una cacerola y cantando a la luz de la luna una mujer consiga marido. Ambas, como hemos dicho, pretenden conseguir o evitar algo grande a través de algo pequeño.

Decíamos antes que este “fenómeno” nacería poco después de la creación del hombre, y ahora podemos explicar algo mejor esta postura. Si pensamos en una sociedad secreta, vestida con extraños hábitos, haciendo rituales excéntricos, evidentemente nos repelerá la idea de tamaña antigüedad. Sin embargo, si lo situamos en el orden de la superstición y el engaño comentados, podríamos decir que Adán y Eva pecaron, por este motivo, a través de una práctica supersticiosa. Comiendo una manzana, acto pequeño, alcanzarían la divinidad, ganancia grande.

En realidad, el acto en sí que realiza quien posee esta vana esperanza, no es pequeño sino muy grande, aunque no en el campo material. Tiene que ver con su valor metafísico, de rompimiento con Dios y por lo tanto, de “congraciamiento” con el demonio.

Es interesante ver que mientras la santidad desprende del individuo todo el interés hacia sí mismo para volcarlo hacia el prójimo y sobre todo hacia Dios, las prácticas ocultistas y supersticiosas siempre tienen origen y fin en nosotros mismos.

La verdadera religión nos lleva a ubicarnos últimos en la fila, para estar siempre ocupados de los demás: “quien procura salvar su alma la perderá, pero quien salva el alma de su prójimo salvará la suya propia y ambas brillarán juntas por la eternidad”.

Como contrapartida, lo que ahora veremos como religión del demonio, hace girar todo en torno a nosotros: yo gano poderes, yo controlo a la naturaleza, yo consigo que alguien me ame, yo sé cuál es mi futuro. En definitiva: yo no necesito a Dios.

Imágenes de Cristo crucificado entremezcladas con elementos propios del paganismo y de la superchería.

El abandono de Dios por mi propia satisfacción tiene muchas consecuencias. Por un lado, el orgullo luciferino de ser, tener y hacerlo todo como Dios, no porque fuimos creados a su imagen y semejanza, sino porque podemos llegar a ser iguales a Él (‘seréis como dioses’…). Así, dejamos de amar a Dios sobre todas las cosas. Por otro lado, estamos tan atentos a nuestros intereses que solo tenemos amor hacia nosotros, violando el mandamiento de amar al prójimo como a mí mismo. Finalmente, carentes ya de amor y de moral, no nos importan los medios para conseguir nuestros objetivos…

Para quienes creemos en la acción demoníaca, es bastante evidente el gusto de los ocultistas por deformar y profanar lo sagrado. Por esto, el ocultismo posee, a modo de religión, su propio tipo de sacramentos y sacramentales, símbolos, ritos y grados jerárquicos.

Con respecto a esto último, la jerarquía, se puede hacer una reflexión interesante: donde hay amor, las personas e incluso las cosas se ordenan jerárquicamente, y así quien es más santo, o más sabio, o más bueno, guía al resto en una escala perfecta en que cada cual escucha y obedece a su superior y guía y aconseja a sus inferiores. Cuando el amor no existe, las formas de jerarquía sufren inmensas variaciones: o bien desaparecen, y nos enfrentamos al igualitarismo a ultranza, o se basan en el terror.

Por esto los católicos vemos en el Cielo la máxima perfección de la jerarquía, donde Dios es la cabeza, María el cuello, luego están los serafines, querubines, etc., es decir, las distintas órdenes angélicas y de santos hasta llegar a los ángeles de la guarda. Y vemos en el infierno la misma jerarquía subvertida, donde unos castigan a otros para conseguir ser obedecidos y por el hecho de maltratar. Es evidente que sin azotes, donde reina el odio no puede haber jerarquía, porque pasiones como el orgullo que genera traición, desobediencia, desorden, etc. se revuelcan en su propia putrefacción.

Los grados magnificentes que posee la Iglesia, en donde cada peldaño de la escalera hace todo lo que le es posible, y luego pide auxilio del escalón superior para alcanzar lo que no puede hacer por si mismo, y así tenemos seglares, y luego sacerdotes, luego obispos y finalmente el Papa, con algunos grados intermedios que hacen más suave aún la transición, son imitados burlescamente por los demonios. Pero por lo que hemos dicho, le resulta imposible generar una jerarquía sana, en donde el superior vela por las necesidades del inferior.

Por esto, donde no aplica una igualdad aniquilante, aplica una escala de egoísmos, donde cada quien labora por su propia ganancia hasta tal punto que hay secretos que no pueden ser compartidos ni beneficiar a los niveles inferiores. Es mas bien un “sálvese quien pueda”.

Curiosamente, muchas ramas diferentes de adoradores de lo oculto, proyectan su propio sistema en la Santa Iglesia, culpándola de poseer “conocimientos secretos” que se revelan sólo cuando uno está inserto en la jerarquía. Nada más ridículo y lejano de la realidad… El mensaje de Cristo es claro y no tiene los dobleces que requiere el demonio para perder a las almas. El dice: “Sólo la Verdad os hará libres”, y cierra toda duda de dónde encontrar tal Verdad con: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

Breve recorrido histórico

Ya hemos situado el primer infortunado hecho relacionado con nuestro tema en la acción perpetrada, por engaños diabólicos, de los Padres de la humanidad: Adán y Eva. Y si observamos con detención, descubriremos que el demonio se ha ocupado de que su propia “religión”, en la que la gente se consagra y lo adora de una u otra forma, más o menos sutil, existiera en toda época histórica desde su primera intervención, a través de diferentes sistemas de creencias y de cultos que siempre se han encaminado hacia el mismo fin.

Cuando el hombre olvida a Dios, sólo atiende de sí mismo: por eso el mundo de hoy es tan individualista, y por eso las falsas religiones y los cultos mágicos también lo son, aún revestidos de ilusorio amor.

Satanás es un ser desordenado. Su inteligencia es enormemente mayor a la nuestra, pero la incongruencia de su distancia con Dios, es decir, el haber sido creado para Dios y el haber renegado de ello, lo sume en una locura en que no hay orden posible.

Por esto, mientras primero existió un Pueblo Elegido que, con errores y aciertos se mantuvo al lado de Dios, y luego el cristianismo coronó la perfección de la obra del Creador con la máxima expresión posible del hombre: ser santo a imagen y semejanza de Nuestro Señor y de la Santísima Virgen; mientras Dios hizo esto, decíamos, el demonio fabricó muchas creencias, errores, deformaciones, ritos y mentiras con el correr de los siglos. Al parecer, ¡qué diferente es el sacrificio de niños para los dioses a mezclar orégano con agua bendita! Sin embargo… ¡qué parecido es el sentido de ambos actos!

Por la evidente necesidad de condensación que requiere este espacio, mencionaremos sólo algunos períodos históricos conocidos que evidenciarán este fenómeno:

Egipto

En los egipcios tenemos un primer ejemplo. Amuletos y amenazas protegían a las momias contra los malos espíritus. En una tumba encontramos la siguiente inscripción: “Soy el Kher-Heb (el sacerdote mago) realizado, conozco todos los secretos mágicos”.

El sacerdote recibía un fluido mágico por medio de pases magnéticos sobre la nuca y la espalda, que hacía el sacerdote supremo, que, a su vez, lo había recibido de su predecesor. El faraón, hijo de Ra, el sol, lo recibía de su padre y lo transmitía a los elegidos.

La venta de amuletos era para los magos un importante devengo. Existían collares, brazaletes, a los cuales el hechicero había comunicado el “sa” (fluido mágico) por unos conjuros magnéticos. En algunos de estos objetos se grababan fórmulas encantadoras. Otros talismanes tienen forma de signos jeroglíficos que representaban lo que el poseedor del objeto deseaba: la juventud del cuerpo y del espíritu (simbolizada por una hoja de lechuga), la estabilidad (imagen de cuatro columnas), el poder (el cetro). También entraban en juego los materiales, los colores, y los ritos con que se hacía cada uno.

Por otro lado, los hechiceros egipcios hacían un frecuente uso de hierbas. Fabricaban filtros de amor, venenos sutiles, medicamentos y se servían de ellos para leer el espacio y el tiempo. En general era un niño quien servía de vidente en este caso.

Amuletos y talismanes parecen haber sido reemplazados en la época griega – al menos en la clase acomodada – por gemas, piedras finas sobre las que se grababan figurillas de dioses a veces híbridos, palabras misteriosas, y que se llevaban generalmente en el dedo.

Hacían sacrificios rituales para ofrecer a los dioses, practicaban la nigromancia, tenían una jerarquía antinatural y exagerada en un rey-dios, los sacerdotes “elegidos” y unos súbditos en su mayoría insignificantes.

Para efectos ejemplificadores pararemos aquí con ellos. Basta con observar estos elementos para distinguir la garra que configuró este sistema.

Caldea

En Mesopotamia era precisamente entre los caldeos donde se reclutaba la clase de los doctores, sacerdotes, magos y adivinos. Pronto el nombre de su pueblo llegó a designar prácticamente la función que llevaban. Caldeo llegó a ser sinónimo de mago.

Los magos consultaban a los astros y redactaban los libros sabios, reservados sólo a quienes seguían el mismo camino. Diodoro dice de su principal actividad, la astrología: “Por haber observado los astros un gran número de años, conocen con más exactitud que el resto de los hombres su curso y sus influencias, y predicen con seguridad muchas cosas del porvenir”.

Pero además de su fascinio por la bóveda celeste, los caldeos descifraban el porvenir a través de todos los medios imaginables: entrañas de asnos o mulas, hidromancia, filomancia, o adivinación a través de hojas de árbol, los reflejos de los diamantes, etc.

Al lado de las prácticas que tenían como fin conocer el porvenir, estaba reservado un gran espacio al conjuro de los malos espíritus por talismanes o fórmulas.

Los caldeos, magos y sobre todo astrólogos, representaron un papel considerable en la difusión de las ciencias ocultas. Sus obras estuvieron desaparecidas durante la Edad Media, “época oscura” como muchos gustan llamarla. Pero con el Renacimiento (del paganismo) volvieron a surgir como si jamás hubiesen sido interrumpidas.

Grecia

Si bien los griegos tomaron mucho de Egipto y Caldea en materia de superstición, hay algunos aspectos que les son particulares. Los oráculos, por ejemplo, ocupan el primer lugar en la ciencia oculta de Grecia.

El principio del oráculo (que significa respuesta) es una conversación entre el sacerdote y el dios. Para hacer posible esta conversación, los griegos instituyeron a las pitonisas. Eran, en general, mujeres simples que guardaban el templo y a ellas el “dios” poseía y hacía hablar. Esto es, por cierto, la base del espiritismo moderno, y lo que los cristianos llamamos posesión diabólica.

La historia de los oráculos es toda la historia de la antigua Grecia: “Nada existe que no haya sido predicho”, dice Plutarco.

También hacían adivinación por medio de pájaros desde tiempos muy antiguos.

La astrología ingresa en Grecia por mano de los caldeos, con gran éxito por las revelaciones que ésta trae. Y es instituido, por primera vez con tanta claridad, el sistema de grados o escalones que tienen que ir ascendiendo los adeptos hasta alcanzar el “Conocimiento” liberador. Esto son las escuelas iniciáticas, las ciencias herméticas destinadas a unos pocos consagrados. Nuevamente: ‘seréis como dioses’…

De Roma no hablaremos porque es una continuidad de Grecia con pocas variaciones, entre estas la adivinación etrusca que los influencia, pero donde no hay demasiado que destacar, salvo que tampoco están exentos del ocultismo en algunas de sus variantes.

Edad Media

Comenzada la era cristiana, sobreviene una intensa lucha por apagar estas creencias y costumbres que han sido condenadas por Dios mismo, como podemos leer en la Sagrada Escritura. Daremos un ejemplo entre las numerosas afirmaciones categóricas que encontramos. En Levítico 20, 6 Dios dice:

“En cuanto a los que se dirijan a hechiceros y brujos y se contaminen con ellos, me alzaré contra ellos y los exterminaré en medio de mi pueblo”.

A la labor evangelizadora de explicación y conversiones que lleva a cabo la Iglesia, se suma la lucha interna con herejías como la gnóstica, que viene a proclamar que Yahvé es el malo y el demiurgo el bueno, y agregan como sus amigos griegos que la salvación está en el conocimiento de nuestra propia divinidad (otra vez…).

En el fuerte combate que se desata entre lo que subsiste y reaparece de adoración demoníaca, San Gregorio de Tours se muestra como el mas fuerte adversario. El ocultismo alcanza, así, un período de aparente inacción (siempre con rebrotes pequeños aquí y allá, y con fuerza en países gobernados por otras religiones), durante la “tenebrosa Edad Media”, única época de la historia del mundo en que estos horrores cesaron al menos en gran parte de su actividad.

Renace el germen de mal

Pero en el Próximo Oriente se alza la voz del profeta, de Mahoma, que transmite al mundo árabe sus mensajes.

Los árabes, ante él, creían en lo maravilloso, en los djinns, en los buenos o malos genios que hablan a los humanos. A pesar de él, y después de él, continuaron usando prácticas mágicas recibidas de todos los pueblos del Oriente. Haciendo, por ejemplo, un uso abusivo del maleficio: quemaban incienso macho ante una estatuilla de cera que se pareciese lo más posible al enemigo, recitaban un versículo del Corán, la atravesaban con alfileres y añadían: “Penetrad en su cuerpo como esta aguja penetra en esta figura”.

Los talismanes estaban muy extendidos, letras cabalísticas, cuadrados mágicos, sellos de Salomón, manos de Fátima de origen solar. En la literatura árabe se encuentran toda una serie de indicaciones y de recetas (algunos de estos antiquísimos libros son leídos aún por los hermetistas). Creían en el poder de los signos, e Ibn Kaldun enseñó que contemplando algunos de ellos, ciertos individuos deberían poder sustraerse a las condiciones físicas corrientes, entrar en una especie de estado psíquico en el que se encontrarían en comunicación con el más allá. Nunca han cesado de practicar la geomancia (adivinación por figuras trazadas en la arena).

Ocultismo

Una mano de fátima.

Durante los siglos posteriores a Mahoma, nació toda una literatura árabe que concedió a la magia gran importancia y disertó sobre la piedra filosofal. Los sultanes, entusiastas de la cultura, hicieron traducir en lengua árabe los antiguos escritos griegos que tratan de las ciencias “filosóficas”. Durante la terrible conquista del Islam, conquista que va desde el Indo hasta España, los sabios árabes almacenan, absorben toda la “ciencia” de los pueblos conquistados y amalgaman en un solo sistema de creencias, las prácticas y las tradiciones ocultas de todos los países conquistados. Introducida en España por los moros y los sabios judíos (cabalistas), esta “ciencia árabe” se extenderá por Occidente, donde hará renacer la astrología, la alquimia, la magia

Surge entonces la verdadera fuerza de la alquimia. Según varios ocultistas, procede de Grecia y fue codificada en una de las obras de Hermes Trismegisto, el padre del Hermetismo. La meta que persigue es el descubrimiento del Conocimiento, nuevamente, esta vez bajo la forma de piedra filosofal, que borra los pecados y otorga la sabiduría perfecta.

Con el comienzo del Renacimiento, surgen en tropel todas estas creencias y entran en su apogeo. Florecen como margaritas las sociedades secretas, y la magia, más descarada que nunca, va requiriendo menos de dioses y más de poderes. Aparecen con el tiempo los grandes magos iniciáticos que mezclan sus rituales con elementos satanistas claros y sin velos.

Ocultismo hoy

Probablemente no haya existido, ni siquiera en el excesivo Renacimiento del paganismo, tanta promoción, tanta liberalidad, tanta desfachatez por parte de los ocultistas, y tanta desidia, tanto desinterés, tanta tibieza por parte de quienes nos colocamos en el lado opuesto del ocultismo, es decir: del lado de Dios.

El satanismo gana derechos, el New Age pregona absurdos a los cuatro vientos, las recetas mágicas inundan los kioskos de revistas y las librerías. Entre tanta insolencia demoníaca, encontramos un ejemplo que nos deja mudos de impresión. Bajo el título “La Santa Cruz de Caravaca (tesoro de oraciones)”, libro facilísimo de conseguir por cierto, encontramos recetas como la que sigue:

Oración para librarse de los enemigos, y la operación que se debe hacer

Dios, Señor mío, acuérdate de mí, y vuélveme, Dios mío, las antiguas fuerzas para que yo pueda vengarme de mis enemigos.

Con la mano izquierda se toma un limón y se dice lo siguiente:

Limón, has de saber que ningún mágico se ha puesto contra mí N., porque el rey Saday, éste es el mágico conjurado desde el fondo de Anereoraene, pues en todos éstos puede pedir homenaje.

(esto se hace nueve días seguidos, y se dice tres veces cuando se hace la operación, y luego se tira el limón al fuego, y si se hace al dar la medianoche, es mejor; y cuando se tiene el limón y se le dicen las palabras, siempre se mira al limón).

Impresiona encontrar con tanta precisión, en un libro de supuesta índole cristiana, una burla tan descarada a las novenas y oraciones devotas que hacemos a Dios, Su Madre y todos los santos.

Ocultismo

¿Por qué habría de actuar un demonio ante un acto tan insignificante, cumpliendo nuestro designio? Volverán a preguntarse algunos. Y nosotros reiteraremos: porque la ofensa metafísica que hacemos a Dios dirigiendo nuestros pedidos a un limón, manchando la oración y deformando las prácticas cristianas tiene un “anti-valor” enorme en odio hacia Dios y en mal hacia nosotros mismos, que pretendemos sacar ganancia cuando lo único que hacemos es hundirnos.

Conclusión

Es muy tentador hacer un recorrido histórico más amplio, con mayores detalles, investigación de fechas y los procesos de su avance tanto en Oriente como en Occidente. Sin embargo, este trabajo excedería en demasiado material el espacio destinado a esta investigación semanal.

Pero en definitiva, poco importará en el núcleo de este problema la cantidad de sectas o creencias, la fecha de su surgimiento, y los ritos concretos que hacen en la actualidad. Lo fundamental es poder ver, cara a cara, la acción que se lleva a cabo, y al obrador de la misma.

Una monja participa -abiertamente- de un ritual chamánico.

El respeto que todo ser humano merece suele ser confundido con el respeto irrestricto a toda clase de barbaridades que éste pueda maquinar, y el demonio instaurar o alentar. Donde hay desvío, error o mal declarado, debe haber una explicación y un intento de enmienda. Si Dios es Verdad, debemos ser fieles a la misma, o no somos fieles a Dios: así de fácil.

Con todo el amor y la caridad que merecen, pues, nuestros prójimos, es necesario dejar en claro qué es de Dios y qué no lo es. Y cuando nos queda clara la Revelación Divina en todos los campos que somos capaces hasta hoy de comprender, se nos hace claro también que Dios no es relativista ni con el mal, ni con quienes lo consienten. Dejemos esto claro para entender por qué es necesario rechazar el mal. Sólo se ama totalmente al bien cuando también se detesta al mal: no puedo amar a Dios y no detestar al mal que desearía destruirlo si le fuese posible hacerlo.

Podemos dejar esta reflexión con la idea de que cada pueblo ha tenido su forma de expresión, que “por casualidad” tuvo ciertas raíces comunes con casi todas las culturas que existieron. Eso en definitiva haría cualquier antropólogo, excepto tal vez alguno creyente. Pero podemos también ver en todo esto una guerra que comenzó el día de la caída de los ángeles rebeldes, y que se desata cada día en el campo de batalla que somos los seres humanos dotados de libertad.

Dice San Pablo, en Efesios 6, 12:

“que no es nuestra lucha contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires”.

Fuentes
http://web.archive.org/web/20020819033417fw_/http://www.cristiandad.org/investigaciones/ocultismo.htm