La Salve / El Salve

La Salve El Salve

La Salve El Salve

La Salve / El Salve es considerada una de las más hermosas (sino la más bella de todas) oraciones dedicadas a la Santísima Madre de Dios.  La composición de la Salve, también conocida como Salve Regina en latín, se atribuye tradicionalmente a San Bernardo de Claraval, el gran doctor de la Iglesia y una de las magníficas figuras de la Edad Media.

Según un relato de las Crónicas de Speyer, mientras el santo actuaba como legado apostólico en Alemania, ingresó en la Catedral de Speyer la víspera de la Navidad de 1146 cantando el himno por primera vez. Mientras cantaba las palabras «O clemens, O pia, oh dulcis Virgo Maria», hizo tres genuflexiones.

Según otra narración, el santo compuso y cantó el himno antes de las fechas navideñas, pero agregó esta triple invocación al final un día que rezaba en esa catedral y entró en éxtasis. Durante el éxtasis, Nuestra Señora se le apareció y él exclamó: «¡Oh clemens, o pia, o dulcis, Virgo María!«. En esa iglesia existe, hasta el día de hoy, una placa de bronce inscrita, en el lugar exacto donde San Bernardo se habría arrodillado cuando tuvo la visión de la Virgen y exclamó esas palabras.

También se ha atribuido al obispo de Compostela, Pedro de Mezonzo, al de Le Puy-en-Velay, Ademar de Monteil, al monje alemán Hermann von Reichenau, e incluso al obispo legendario de Segovia San Jeroteo.

Las palabras de la Salve Regina fueron tan apropiadas para Nuestra Señora, que con la aprobación de la Santa Sede, el canto se incorporó a las plegarias generales y la liturgia de toda la cristiandad.

Esta bella oración, suele rezarse al final del Rezo del Santo Rosario. También en muchas iglesias suele agregarse el rezo de la Salve al final de la celebración de la Santa Misa, a manera de pedir la especial protección e intercesión de la Reina de los cielos y tierra por nosotros y por nuestros seres queridos.

La Salve / El Salve Salve Regina

Oración La Salve / El Salve

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve.
A Tí clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Tí suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

Oración la Salve en Latín (Salve Regina)

Salve, Regina, Mater misericordiae.
Vita dulcedo, et spes nostra, salve.
Ad te clamamus, exsules filii Hevae.
Ad te suspiramus, gementes et flentes, in hac lacrimarum valle.
Eia, ergo, advocata nostra, illos tuos misericordes oculos ad nos converte;
et Iesum, benedictum fructum ventris tui, nobis post hoc exsilium ostende.
O clemens,
O pia,
O dulcis Virgo Maria.

Ora pro nobis Sancta Dei Genitrix.
Ut digni efficiamur promissionibus Christi. Amen.

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