La Renovación Carismática Católica: Los pretendidos Carismas - Quinta Parte | Proyecto Emaús

La Renovación Carismática Católica: Los pretendidos Carismas – Quinta Parte

EL DON DE SANACIÓN: – Al oír a los pentecostales o carismáticos o de la renovación carismática o en el espíritu, parece que estuvieran caminando sobre una alfombra esmaltada de innumerables milagros, que exhiben como prueba segura del origen divino del movimiento. Sin embargo, para aceptar como auténticas las curaciones milagrosas se requieren tres condiciones:

a) Que se excluyan todas las causas naturales capaces de obrar una curación súbita, lo que no sucede por ejemplo en las curaciones milagrosas reales o verdaderas del cáncer o en la resurrección de los muertos.

b) Que el supuesto milagro se someta a un examen atento por parte de médicos, científicos y teólogos , como sucede por ejemplo en los milagros de Lourdes o en los que se atribuyen a la Virgen y a los Santos.

c) Que la sentencia final sea dada por la autoridad competente.

Ahora bien, estas tres condiciones no se dan en el Movimiento Carismático o Renovación Carismática. Ellos creen en los milagros por el simple testimonio de quienes dicen recibirlos; algunos “milagros” son de naturaleza trivial, otros de naturaleza psicológica, otros no duran permanentemente. Además sería necesario examinar las causas de cada milagro en particular. Hay tres posibles causas:

1) Dios: pero en este caso hay que establecer que son verdaderos milagros, y en tal caso no debe haber ninguna traza de orgullo, de ostentación o de auto-satisfacción, muy presentes en el movimiento carismático.

2) Procesos psicológicos: Por ejemplo, se pone un gran énfasis en el hecho de que algunos convertidos han abandonado su costumbre de beber; pero es notorio que los miembros de Alcohólicos Anónimos logran resultados similares por medio de la ciencia profana y con tratamientos que incluyen técnicas psicológicas, sin ningún recurso al “espíritu” invocado por los carismáticos.

3) El demonio: – Puede, también él obrar algunos “prodigios”, especialmente en una atmósfera cargada de emotividad, atmósfera que es la buscada en esos encuentros multitudinarios, que duran varias horas y donde se relatan testimonios y anécdotas, con fondo de música percusiva, sincopada y fuerte; y el orador a los gritos. Ante estas circunstancias se producen fenómenos de tipo psicológico, a partir de los cuales incluso se llega a una disociación de conciencia tan extrema que se liberan hormonas relajantes y que adormecen, explicando así las desapariciones de síntomas de dolor, aunque no disminuyan en nada las enfermedades.

El mismo Cristo nos ha puesto en guardia sobre esta posibilidad, por cuanto nos ha avisado que vendría un tiempo en el que los falsos profetas obrarían “milagros” o “prodigios” para engañar, si fuese posible, hasta a los elegidos. Como el movimiento carismático se basa en falsas premisas doctrinales, le es fácil al demonio infiltrarse y extraviar a las almas.

 

EL DON DE LENGUAS: – Aunque ya hemos dicho algo de este argumento cuando examinamos la primera carta de San Pablo a los Corintios, podemos añadir alguna consideración, puesto que los carismáticos – pentecostales aprecian muchísimo este “don”.

Hasta hace poco tiempo ellos lo han considerado como la prueba definitiva de la efusión del Espíritu Santo. Esto implica como consecuencia que al recibir los Sacramentos nosotros no podamos estar seguros de haber recibido el Espíritu Santo, toda vez que no hay ningún fenómeno externo; ni siquiera en Sacramentos como el Bautismo, la Confirmación y el Orden, que han sido instituidos justamente para conferir una especial efusión del Espíritu Santo. En los Sacramentos, en efecto, nuestra única garantía es la fe sincera en la promesa de Cristo, atestiguada por la infalible autoridad de la Iglesia, aunque esta fe no se apoya casi nunca en el sentimiento o en la experiencia.

Contrariados por tales objeciones, los pentecostales católicos dejaron de considerar estos dones como la prueba de la efusión del Espíritu Santo. Ante tales contradicciones, ¿qué debemos pensar? ¿Con qué autoridad establecen ellos los criterios de su fe? ¿Les indujo primero el Espíritu Santo a creer que el don de lenguas es la prueba definitiva, y después que no lo es? ¿Puede el Espíritu Santo estar sujeto a tales contra­dicciones?

Y si consideramos la naturaleza del “carisma”, nuestra perplejidad no puede más que aumentar, porque las lenguas que dicen hablar los pentecostales – carismáticos no son de hecho len­guas humanas. Son lenguas extrañas, simples balbuceos de sonidos ininteligibles, (que algunos han llegado a afirmar que era la “lengua o lenguaje de los ángeles”) a los que se llama glosolalia. Ya hemos notado que las “lenguas extrañas” de que se habla en los Hechos de los Apóstoles y en la primera carta a los Corintios eran verdaderas lenguas, si bien desconocidas en su mayor parte a los pre­sentes.

Los pentecostales, sin embargo, dan una explicación y hablan de la posibilidad de orar ”no objetivamente, de una manera pre-conceptual” . Esta es la definición dada por Le Renouveau Charismatique (ver Lumen Vitae, Bruselas 1974):

“La posibilidad de orar no-objetivamente, de una manera pre-conceptual, tiene un valor considera­ble en la vida espiritual. Permite expresar con medios pre-conceptuales lo que no puede ser expresado conceptualmente. La oración en lenguas es a la oración normal como la pintura abstracta, no representativa, es a la pintura ordinaria. La oración en lenguas requiere un tipo de inteligencia que tienen hasta los niños”.

En primer lugar, no existe nada semejante en la Tradición de la Iglesia, en la ense­ñanza de los grandes maestros del espíritu y de los grandes místicos de la Iglesia. Y aunque Cristo ha enseñado a los Apóstoles y a los primeros discípulos a orar y ha dado hasta una fórmula con la cual expresar las propias peticiones, Él jamás ha orado de manera “pre-conceptual” y “no objetiva”, ni ha enseñado a sus discípulos a hacer algo así. Este género de oración implica que los murmullos no corresponden a la realidad objetiva, puesto que son no objetivos, y que el Espíritu Santo es incapaz de expresar la realidad divina en el lenguaje racional. PERO TODO ESTO ES FALSO. Los Profetas, Cristo, los Apóstoles y después los Santos en el curso de veinte siglos, inflamados en el Espíritu Santo, fueron capaces de expresar la más alta Verdad en lenguaje humano . La expresión, lógicamente, es inferior a la realidad, pero esto no se debe al uso de un lenguaje “no objetivo” o “pre-conceptual”, sino al hecho de que cuando el hombre habla de la realidad divina, necesariamente se expresa de forma analógica.

A este argumento de los carismáticos, además, sería necesario plantearle ulteriores interrogantes. Por ejem­plo; ¿podría ser que, lejos de ser un don del Espíritu Santo, el “hablar en lenguas” [mussitationes] fuera un fraude o una manifestación de procesos psíquicos debidos a una explosión emotiva? Se puede añadir que hay, al menos en algunos casos, otra posible fuente: Satanás, que intenta engañar a los hombres remedando los milagros del primer Pentecostés.

Otro fenómeno que hay que juzgar desfavorablemente es la multiplicación de este milagro. Uno de los jefes del carismatismo francés en 1978 decía que “en Francia el 80% de los carismáticos pentecostales habla en lenguas” (Le Figaro, 18 de Febrero 1978). ¿Así es que los milagros suceden con esa frecuencia?

 

El indiferentismo religioso

Como ya hemos recordado, el movimiento carismático “católico” pentecostal fue importado del pentecostalismo protestante. Los pentecostales católicos lo han reconocido agradeci­dos, y han llegado a considerar como auténtico el movimiento pentecostal de los pro­testantes. Era lógico que fuera así, pues de otra manera caerían en abierta contradicción con sus propios orígenes; en consecuencia, celebran sus encuentros de oración con los protestantes de cualquier denominación y sin distinciones.

En estos encuentros, cualquiera que haya recibido el don de ser “guía” puede impo­ner las manos sobre cualquiera, sin preocuparse de la Iglesia o de la secta a que perte­nezca. Todos reciben dones supuestamente del Espíritu Santo, hablan en lenguas, interpretan, profetizan y sanan.

Las diferencias doctrinales no son una barrera. Y así los católicos, que deberían sostener que solamente ellos poseen la Verdad plena, no intentan iluminar a sus herma­nos protestantes con la plenitud de la Verdad que sólo se puede encontrar en la lglesia Católica. En cuanto a los protestantes, lejos de admitir las justas pretensiones de la Iglesia Católica, lo cual debería ser el resultado lógico de una auténtica efusión del Espíritu Santo, afirman experimentar un conocimiento más claro de la doctrina de sus respectivas denominaciones protestantes.

Tanto los carismáticos “católicos” como los protestantes afirman trabajar, con rapidez y en espíritu de caridad y de mutua comprensión, por la unidad, que es la mira del movimiento ecuménico. Las cuestiones doctrinales no se discuten, porque (como ellos dicen) buscan la unidad a “UN NIVEL MÁS PROFUNDO”. Con lo de “nivel más profundo” intentan decir “nivel emotivo” , que confunden con el “amor sobrenatural”. Sin embargo, el nivel emotivo es el más falaz.

Sólo la Verdad es el nivel más profundo, y en él la unidad es posible porque Cristo vino a dar testimonio de la Verdad, rechazando todas las componendas con el error y la ambigüedad. Él ha dado su vida por la Verdad; si la Verdad no es aceptada y confesada plenamente, el amor sobrenatural y la unidad son imposibles.

El movimiento carismático, por tanto, está destinado a hacer naufragar la esperanza del ecumenismo, ya que ninguna unión será posible en tanto nuestros hermanos protestantes —o de otras confesiones— no acepten la plena potestad de fe y de gobierno de la Iglesia Católica.

Es notorio también que algunos jefes carismáticos han hecho afirmaciones, y han tomado posiciones, que difícilmente se pueden conciliar con la doctrina católica. Así por ejemplo, Kevin Ranaghan (quien junto con su mujer Dorothy ha recibido el Bautis­mo del Espíritu, ayuda al Card. Suenens a organizar el movimiento en todo el mundo, y ha escrito “Pentecostales Católicos” , que se considera un clásico en el tema) con ocasión de la Encíclica Humanae Vitae (1968) sostiene, contra la enseñanza del Papa Paulo VI, el derecho al control de los nacimientos.

¿Cómo podría el Espíritu Santo inspirar una cosa al Papa y otra a Kevin Ranaghan? ¿O quizás él tenía razón y el Papa estaba equivocado?…

Todavía más: en la página 4 de su libro “Pentecostales Católicos”, Kevin, citando “La Cruz y el puñal” de David Wilderson, escribe:

“estas palabras muestran claramente que Cristo recibió el Espíritu para que pudiese ser Mesías y Señor” .

¡Sin embargo, esto es una herejía! Porque Cristo no recibió el Espíritu Santo para ser Mesías y Señor, sino que era las dos cosas desde su concepción, a causa de la Unión Hipostática.

Tómese también la afirmación de la página 250, relativa a los promotores de una “auténtica vida de Fe” . Kevin cita no sólo a San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola y San Francisco de Sales, sino también a Joaquín de Fiore (cuyos errores fueron condenados en 1215), George Fox (fundador de los cuáqueros protestantes), John Wesley (fundador de los metodistas) y el ¡Telepastor Billy Graham! Por ello, según Kevin Ranaghan:

“el Espíritu Santo no hace diferencia entre la Iglesia Católica y las varias denominaciones protestantes, sino que trabaja igualmente en todas, despreocupándose de lo que creen y enseñan.”

Continuará…

 

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