La Oración Admirable: La Catequesis católica resumida en una oración


Esta breve oración, fue presentada originalmente en el Misal Diario y Devocionario Latín / Español (por el padre Luis Rivera CMF), publicado por editorial Regina en 1952 y resume en sus breves lineas, una verdadera catequesis de la doctrina cristiana. Cuenta con la aprobación eclesiástica correspondiente (por el canonigo Cipriano de Monstserrat).

Oración Admirable

Para pedir a Dios grandes beneficios y muchas mercedes

Dios y Señor mio, yo creo en Vos, corroborad mi fe; yo espero en Vos, asegurad mi esperanza; a Vos os amo, inflamad mi voluntad; arrepiéntome de haber pecado, aumentad mi contrición. Yo os adoro como mi primer principio y deseo como mi último fin, os doy gracias como a a mi continuo bienhechor, y os invoco como a mi soberano defensor.

Dignaos Señor, gobernarme por vuestra justicia, consolarme por vuestra misericordia y defenderme por vuestra omnipotencia. Os consagro mis pensamientos, mis palabras, mis acciones y mis trabajos, para que desde hoy en adelante, sólo en Vos piense, hable y obre según vuestra santísima voluntad, y sea por Vos cuanto padeciere.

Porque quiero yo Señor, todo lo que Vos queréis y cuanto Vos queréis y como Vos lo queréis. Os pido que ilustréis mi entendimiento, abraséis mi voluntad, purifiquéis mi cuerpo y santifiquéis mi alma.

Ayúdame a satisfacer por mis ofensas pasadas, vencer las tentaciones, corregir las pasiones que me dominan y practicar las virtudes que me convienen. Llenad mi corazón de ternura a vuestra piedad, de aversión a mis defectos, de celo con el prójimo y de menosprecio del mundo.

Haced que me conforme a la sujeción debida con mis superiores, que procure ser agradecido con mis bienhechores, fiel con mis amigos, benévolo con mis enemigos y suave con mis inferiores.

Hacedme Señor prudente en mis empresas, animoso en los peligros, sufrido en las adversidades y humilde en los buenos sucesos. Que siempre procure tener la atención debida en mis oraciones, la templanza en mis empleos y la constancia en mis resoluciones.

Inspiradme, Señor, el tener una conciencia recta, practicar un exterior modesto, una conversación ejemplar y una conducta regular; que me dedique a domar la naturaleza, a seguir la gracia, a guardar la ley, a negociar la ley, a negociar mi salvación y a procurar la de todos.

Dios mio, descubridme la pequeñez de la tierra, la grandeza del Cielo, la brevedad del tiempo y de la vida y la duración de la eternidad. Haced, Señor, que me prevenga siempre para la muerte, que tema el juicio final, que evite el infierno y que consiga el paraíso, por los merecimientos de Nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, Dios y hombre verdadero, que con Vos y el Espíritu Santo, vive y reina por os siglos de los siglos. Amén.