La homosexualidad devasta la Iglesia, pero no se habla de ella

 

Finalmente llegó la “Carta del Papa al Pueblo de Dios”, que confirma un hecho ahora inequívoco:  la homosexualidad en la iglesia de hoy de la que no se quiere hablar. El tema se excluye formalmente de la predicación. De hecho, incluso en la carta escrita por el Papa Francisco emitida ayer sobre la “devastación” de la Iglesia estadounidense causada por el ejercicio de la homosexualidad en el clero, no se habla de la homosexualidad. Solo se habla de “abuso”, como si las relaciones homosexuales habituales de un cardenal con sacerdotes y laicos, pudiesen “hablar en silencio” dada la mayoría de edad y el consenso entre los protagonistas.

El escándalo que ha envuelto el cardenal McCarrick, recientemente se ha disparado con el informe de Pennsylvania, que tiene por objetivo  el ejercicio de la homosexualidad en la Iglesia y nada más. El ejercicio de la homosexualidad que ha puesto de cabeza a la Iglesia estadounidense y se eleva muy alto en las jerarquías eclesiales y del Vaticano.

Pero frente a esta situación devastadora que vuelve a repetirse, nadie se refiere a la homosexualidad como lo que es; una enfermedad, un mal intrínseco, violencia inaceptable, una práctica siempre gravemente inmoral, una pena , la negación del plan de creación.  A la gravedad sin precedentes de esta situación, se añade  la gravedad aún más inaudita del silencio, el que en realidad, cubre la gravedad de la situación, la esconde desviando la atención hacia otras cosas, importantes pero no centrales.

Si miramos a nuestro alrededor, debemos observar que todos en la Iglesia desde hace mucho tiempo, han dejado de evaluar moralmente a la homosexualidad, e incluso evitan hablar sobre ella. El tema ha desaparecido de las homilías, de los discursos, de la prensa católica. La expresión queda solo en alguna iniciativa pastoral destinada a incluir a las parejas homosexuales en el tejido eclesial con modalidades expresivas que solo saben de aceptación y nunca de evaluación.

Todo el mundo guarda silencio acerca de la homosexualidad, pero luego se permite que el Padre James Martin hable de ello en el Congreso de las Familias en Dublín y hable de ello no solo como un problema pastoral, sino como una “oportunidad para una vida de gracia”. Las protestas nacen, los cardenales renuncian, otros dicen que no participarán … pero al padre Martin no se le toca.

Es llegado a este punto que los fieles de la Iglesia Católica, llegan a sus propias conclusiones, mismas que resumen la situación. La primera, es que parece claro que hay una fuerte presencia homosexual en la Iglesia, la segunda es que esta fuerte presencia trabaja para cambiar la doctrina de la Iglesia sobre la homosexualidad. Es para disipar esta hipótesis que se siente la necesidad urgente de que el Papa, los cardenales y los obispos llamen a la homosexualidad por su nombre, sin mantenerla en silencio bajo un fuerte vacío.

Sabemos que en el clima teológico de hoy,  no se permite hablar de la homosexualidad, podemos hablar de ella pero sin condenarla y además, a manera de un diálogo abierto y en un medio ambiente “campestre”, con la intención de construir puentes y no muros, para centrarse en las cosas que unen y no de las que dividen, incapaces de juzgar porque sólo Dios juzga y otras consignas similares … es dejar la puerta abierta para permitir la aceptación del hecho en que los teólogos construyen la aceptación de la ley, por lo que ya están trabajando desde hace algún tiempo .

Ya no hablamos de la homosexualidad en la Iglesia, porque ahora se entiende como una situación “imperfecta” que debe ser bienvenida y purificada al realzar sus aspectos positivos. Es así como el silencio, oculta ya frente a nuestros ojos, una nueva doctrina.

Fuentes

http://www.lanuovabq.it/it/lomosessualita-devasta-la-chiesa-ma-non-se-ne-parla-piu
Traducido y adaptado por Proyecto Emaús

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