La guerra por nuestras mentes

Hoy, hay una guerra que debemos librar en nuestra mente. De hecho, la mente es el campo de batalla central de nuestra vida cristiana. La mente es donde “vivimos”, donde estamos solos con nuestros pensamientos y con Dios; es donde pensamos, deliberamos y decidimos. Nuestra “vida de pensamiento” determina nuestro destino:

Siembra un pensamiento, cosechar una acción.
Siembra una acción, cosecha un hábito.
Siembra un hábito, cosecha carácter.
Siembra un carácter, cosecha tu destino.

Así es, todo comienza en la mente. Si se puede hacer que una persona piense de cierta manera, se pueden controlar sus sentimientos, sus decisiones y, en última instancia, su destino. El mundo y el diablo buscan acceso a nuestras mentes. Intentan influenciarnos, sembrar semillas de pecado, duda y confusión. Además, a nuestra propia carne parece gustarle que la engañen. Somos como aquellos que, como dice San Pablo, “no tolerarán la sana doctrina, arrastrados por su propias pasiones se harán con un montón de maestros para satisfacer sus propios deseos(2 Tim 4: 3).

Es necesario y debemos participar en esta batalla tanto para nosotros como para aquellos a quienes amamos, especialmente hoy en día, cuando las influencias que distraen al mundo son tan numerosas y tan astutas. Hay mucho en los escritos de San Pablo para animarnos en esta batalla. Considera estos pasajes:

¡No!, las armas de nuestro combate no son carnales, antes bien, para la causa de Dios, son capaces de arrasar fortalezas. Deshacemos sofismas y toda altanería que se subleva contra el conocimiento de Dios y reducimos a cautiverio todo entendimiento para obediencia de Cristo.

Cada pensamiento debe estar sujeto al estándar del Evangelio: ¿está esto en conformidad con lo que Dios enseña o no? Si no lo está, debe ser tomado cautivo y excluido o purificado en relación a Cristo.

¿Es esto lo que hacemos? ¡Muy a menudo no lo es! En cambio, toleramos el error, la oscuridad, la impureza, la necedad y la blasfemia. En lugar de aislar este tipo de pensamientos, le permitimos acceso libre a nuestra mente, a nuestra conciencia  y a los rincones más íntimos de nuestro corazón. Somos expuesto a través de las películas, la música, el Internet, y todo tipo de medios de comunicación, a todo tipo de contenido, grosero, sin caridad, perverso, violento, disfuncional, simple y llanamente malo. Más sin embargo, no todo en el mundo es necesariamente malo o perverso, como dice San Pablo en Tesalonicenses, “Examinadlo todo y quedaos con lo bueno. Absteneos de todo género de mal” (1 Tes 5: 21-22).

Cuando ideas, propuestas o cualquier tipo de contenido no pase esta prueba, debemos asilarlas y rechazarlas. Demasiado a menudo las toleramos. Tenemos muy poco sentido o somos completamente inconscientes de la guerra que tiene lugar por nuestras mentes. Tristemente, muchos son fácilmente engañados, llevados por cualquier cosa necia, impura o impía. PRESTE ATENCIÓN: Estamos en guerra y el campo de batalla es nuestra mente.

Os digo, pues, esto y os conjuro en el Señor, que no viváis ya como viven los gentiles, según la vaciedad de su mente, sumergido su pensamiento en las tinieblas y excluidos de la vida de Dios por la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su cabeza, los cuales, habiendo perdido el sentido moral, se entregaron al libertinaje, hasta practicar con desenfreno toda suerte de impurezas. Pero no es éste el Cristo que vosotros habéis aprendido, si es que habéis oído hablar de él y en él habéis sido enseñados conforme a la verdad de Jesús a despojaros, en cuanto a vuestra vida anterior, del hombre viejo que se corrompe siguiendo la seducción de las concupiscencias, a renovar el espíritu de vuestra mente, y a revestiros del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad. Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. Si os airáis, no pequéis; no se ponga el sol mientras estéis airados, ni deis ocasión al Diablo.
El que robaba, que ya no robe, sino que trabaje con sus manos, haciendo algo útil para que pueda hacer partícipe al que se halle en necesidad.
No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen.
No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el que fuisteis sellados para el día de la redención. Toda acritud, ira, cólera, gritos, maledicencia y cualquier clase de maldad, desaparezca de entre vosotros. Sed más bien buenos entre vosotros, entrañables, perdonándoos mutuamente como os perdonó Dios en Cristo. Sed, pues, imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma.

(Efesios 4:17-45)

El mundo nos hipnotiza tan fácilmente, consideramos que sus formas son “sofisticadas”, “elegantes” y culturales, pero esto es un engaño. San Pablo (con el Espíritu Santo) habla de estas cosas y describe a quienes las promueven como “perdidos en la futilidad”, insensibles al mal, como si tuvieran mentes oscuras y corazones endurecidos. Somos convocados para separarnos de todo eso y ser renovados en nuestras mentes y lavados en la verdad. En otras palabras, no admires los males, ni el glamour de este mundo ni sus prioridades a menudo insensatas ni sus búsquedas inútiles.

Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto.

(Rom 12:2)

No hay lugar más seguro en el mundo que dentro de la voluntad de Dios. Nuestro objetivo es el ser transformados a la imagen de Dios, no conformados a un mundo condenado y pasajero. Nuestro objetivo es el ser sobrios, el ser capaces de discernir la voluntad de Dios en todas las cosas. Solo esto nos traerá la paz y la salvación. Solo mediante el claro discernimiento de la voluntad de Dios podremos conocer el camino a casa.

¿Estás de lado del Señor en este campo de batalla? ¿Dónde está puesta tu mente ahora? Date cuenta de que hay una batalla por tu mente. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre. No te dejes llevar por todo tipo de enseñanzas extrañas ni novedades.

Fuente

Publicado originalmente en http://blog.adw.org/2018/05/pondering-with-paul-the-battlefield-of-our-mind/
Autor: Monseñor Charles Pope.

Traducido y adaptado por Proyecto Emaús.

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