La Gran Apostasía y el Katejon

El término apostasía viene del término griego “ἀποστασία” que significa salida, defección, revuelta o rebelión. Ha sido descrita como “una salida plenamente consciente o una rebelión contra el mensaje del cristianismo o el rechazo a Cristo por parte de alguien que ha sido cristiano. Viene una Gran Apostasía (o quizás ya estemos en ella), de eso no hay duda. Nos alertó el Señor.

“Y respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe,  porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo, y a muchos engañarán.  Y muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos. Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.  He aquí, os lo he dicho antes.”

San Mateo 24, 4

San Pablo también nos ha alertado sobre la Apostasía en II Tesalonicenses 2, 2-1:

Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos,  que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto.

¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros, os decía esto?  Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste. Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente que lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca y destruirá con el resplandor de su venida.

San Pedro también nos lo recuerda en II San Pedro:

En el pueblo de Israel hubo también falsos profetas. De la misma manera, habrá entre ustedes falsos maestros que introducirán solapadamente desviaciones perniciosas, y renegarán del Señor que los redimió, atrayendo sobre sí mismos una inminente perdición.
Muchos imitarán su desenfreno, y por causa de ellos, el camino de la verdad será objeto de blasfemias. Llevados por la ambición, y valiéndose de palabras engañosas, ellos se aprovecharán de ustedes. Pero hace mucho que el juicio los amenaza y la perdición los acecha. Hermanos míos, ustedes están prevenidos. Manténganse en guardia, no sea que, arrastrados por el extravío de los que hacen el mal, pierdan su firmeza.

El papa Pablo VI hablo del tema en su homilía en el Aniversario de su Coronación el 29 de Julio de 1972:

“Una potencia hostil ha intervenido. Su nombre es el diablo, ese ser misterioso del que San Pedro habla en su primera Carta. ¿Cuántas veces, en el Evangelio, Cristo nos habla de este enemigo de los hombres?”

Nosotros creemos que un ser preternatural ha venido al mundo precisamente para turbar la paz, para ahogar los frutos del Concilio ecuménico, y para impedir a la Iglesia cantar su alegría por haber retomado plenamente conciencia de ella misma.

Nosotros sabemos que este ser oscuro y perturbador existe verdaderamente y que está actuando de continuo con una astucia traidora. Es el enemigo oculto que siembra el error y la desgracia en la historia de la humanidad”.

El mismo Papa decía en la Audiencia de Noviembre 15 de 1972:

El mal no es solamente una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y perversor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa. Se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a reconocer su existencia; o bien quien hace de ella un principio que existe por sí y que no tiene, como cualquier otra criatura, su origen en Dios; o bien la explica como una pseudorealidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias.

Nuestra doctrina se hace incierta, por estar como oscurecida por las tinieblas mismas que rodean al Demonio. Pero nuestra curiosidad, excitada por la certeza de su existencia múltiple, se hace legítima con dos preguntas: ¿Existen señales, y cuáles, de la presencia de la acción diabólica? ¿Y cuáles son los medios de defensa contra un peligro tan insidioso?
La respuesta a la primera pregunta impone mucha cautela, si bien las señales del Maligno parecen hacerse evidentes, podremos suponer su acción siniestra allí donde la mentira se afirma hipócrita y poderosa contra la verdad evidente; donde el amor es eliminado por un egoísmo frío y cruel; donde el nombre de Cristo es impugnado con odio consciente y rebelde; donde el espíritu del Evangelio es mistificado y desmentido; donde la desesperación se afirma como la última palabra, etc.

Definitivamente habrá una apostasía y esta apostasía sera en nuestra Iglesia,

Decía San Juan:

“Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo, salieron de nosotros pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.”

(I Juan 2:18)

Si nosotros somos la verdadera Iglesia de Jesús, la apostasía va a ser entre nosotros, no sera entre las sectas o entre los Mormones o Testigos de Jehová, ellos ya son apostatas desde el mismo momento en que decidieron no ser parte de la Santa Iglesia Católica.
La apostasía sera entre nosotros y tenemos que estar preparados. Las fuerzas del maligno ya esta actuando y lo mas terrible de todo, es que la Iglesia jerárquica no esta haciendo casi nada sobre este tema. Hay un desorden doctrinal y una franca herejía entre nosotros, que hacen aún mas triste el ver que no se tomen medidas disciplinares. Muchos Obispos miran para otro lado o lo que es peor, pretenden no ver mal alguno en los errores que se están propagando dentro de la Iglesia.

El Katejon

San Pablo habla de “algo” que retiene la manifestación del Anticristo, “Katejon” es la palabra que emplea el apóstol Pablo para referirse a este obstáculo. “El término griego katejon, es el participio presente del verbo katecho (katécho) que significa: retener, agarrar, impedir.

San Pablo tiene unas enigmáticas palabras en su carta II a los Tesalonicenses 2:

“Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste.Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida”

En la versión griega de ambos versículos el término “katejon” se utiliza dos veces en modos distintos en Tesalonicenses:

  • to katejon, en el versículo 6,
  • o katejon en el versículo 7.

En ambos casos se usa el participio presente, con pronombre neutro en el primer caso y con pronombre personal en el segundo, lo cual indica que el Katejon sera una cosa y una persona al mismo tiempo, ambos impiden que el malo se manifieste en el mundo.

Así que tenemos que hay “algo y alguien” que retiene la manifestación del que se opone a Dios. Ríos de tinta han corrido sobre quién o que será. Para algunos autores el Katejon sería la autoridad de la Iglesia. La autoridad de la Iglesia afirmada por el Sucesor de Pedro Apóstol. Cuando la autoridad de la Iglesia ha sido fuerte sobre los hombres y estos la han seguido, obedecido y estimado, el hombre de iniquidad no ha sido escuchado y ha estado sometido a la oscuridad. En la medida que la autoridad de la Iglesia ha sido erosionada el “hombre de iniquidad” ha comenzado a manifestarse.

¿Como ha sido mermada esta autoridad de la Iglesia? De dos formas:

1- Desde afuera

– El continuo ataque por todos los medios de comunicación a la Iglesia, ridiculizándola, mintiendo sobre lo que cree, vive y espera. E desprestigio constante de su Jerarquía. La Iglesia Católica ha sido sometida al bombardeo mediático mas corrosivo conocido hasta la fecha.

– La aparición de sectas seudocristianas que agresivamente cuestionan dogmas, doctrinas y orden, erosionando con sus ataques, seudodoctrinas y burlas la fe en la Iglesia Apostólica.

– La Aparición de un Islam agresivo e invasivo que erosiona nuestra cultura cristiana sin contención.

2- Desde Adentro

– La infiltración de los Seminarios católicos con un modernismo laicista y militante, haciendo del Sacerdocio una profesión que una vocación. Elena Blavastky, madre de la Teosofía y la Nueva Era pensaba que la Iglesia Católica como principal enemigo a combatir.

–En 1818 , un miembro de una asociación secreta, Nubius, dijo que el objetivo de ellos era “la aniquilación total del catolicismo , y más tarde de toda la cristiandad“. Más tarde Elena Blavastky en el siglo XIX y Lenin en el Siglo XX expresaron la necesidad de infiltrar los Seminarios Católicos.

– La erosión constante por sacerdotes, religiosos y laicos de las Escrituras, negando todo aspecto sobrenatural de ella y reduciendo las Escrituras a una simple colección de cuentos más o menos interpretables.

– La negación o la racionalización de los Dogmas de la Iglesia.

– La infiltración de doctrinas paganas y orientalistas dentro de nuestras Parroquias, movimientos, ordenes religiosas, etc que sustituyen la Ortodoxia de la Fe Apostólica.

– Un humanismo desaforado donde se pone al hombre en el lugar de Dios.

– Un feminismo y un ecologismo militante que sustituye la Doctrina Social de la Iglesia limitándola a una agenda política.

El escritor Sam Keen en “The Christian Century” distingue dos tipos de revolución: una es dura, explosiva y política: busca la confrontación directa. La otra es suave, implosiva y religiosa: busca cambiar la conciencia a través de experiencias “místicas” o “psicológicas”. La revolución suave es difusa y no se le reconoce una organización fácilmente.

El terreno que pierde la Iglesia (Katejon) lo gana el hombre de iniquidad. Así hemos visto sobre todo en estos últimos diez años, como nuestra sociedad se va descristianizando a ritmo alucinante, casi sin control, pues ya no hay Katejon que lo detenga.

¿Que podemos hacer nosotros para contrarrestar esta destructiva y perniciosa tendencia del mundo actual? Tenemos que predicar a tiempo y destiempo, enseñar, aconsejar para que la mayor cantidad de almas no se pierdan.

Posiblemente puedes caer en la tentación de Ezequiel y decir “Nadie me va a oír”. Veamos la respuesta le dio el Señor al Profeta en Ezequiel 3:

«Hijo de hombre, a ti te he puesto como centinela del pueblo de Israel. Por tanto, cuando oigas mi palabra, adviértele de mi parte al malvado: “Estás condenado a muerte.” Si tú no le hablas al malvado ni le haces ver su mala conducta, para que siga viviendo, ese malvado morirá por causa de su pecado, pero yo te pediré cuentas de su muerte. En cambio, si tú se lo adviertes, y él no se arrepiente de su maldad ni de su mala conducta, morirá por causa de su pecado, pero tú habrás salvado tu vida. Por otra parte, si un justo se desvía de su buena conducta y hace lo malo, y yo lo hago caer y tú no se lo adviertes, él morirá sin que se le tome en cuenta todo el bien que haya hecho. Por no haberle hecho ver su maldad, él morirá por causa de su pecado, pero yo te pediré cuentas de su muerte.  Pero si tú le adviertes al justo que no peque, y en efecto él no peca, él seguirá viviendo porque hizo caso de tu advertencia, y tú habrás salvado tu vida.»

Finalmente, valdría la pena traer a colación las palabras dadas por Juan Pablo II en su discurso durante el Congreso Eucarístico de 1976 llevado a cabo en la ciudad de Filadelfia, Pensilvania, con motivo de la celebración del Bicentenario de la firma de la Declaración de la Independencia de EE.UU. El entonces Cardenal Wojtyla (Juan Pablo II) dijo:

“Ahora estamos parados frente a la mayor confrontación histórica que la humanidad ha experimentado alguna vez.
No creo que el gran círculo de la Sociedad Americana, o de todo el amplio círculo de la comunidad cristiana se dé cuenta de esto completamente.

Ahora nos enfrentamos a la confrontación final entre la Iglesia y la anti-iglesia, entre el Evangelio y el anti-evangelio, entre Cristo y el anticristo.
El enfrentamiento se encuentra dentro de los planes de la Divina Providencia. Está, por lo tanto, en el plan de Dios, y debe ser un juicio que la Iglesia debe asumir y afrontar con valentía.

Tenemos que estar preparados para someternos a grandes pruebas en un futuro no muy lejano.
Pruebas que nos obligarán a estar dispuestos a renunciar a incluso nuestras vidas.
Y una entrega total de sí mismos a Cristo y para Cristo.

A través de sus oraciones y la mía, es posible aliviar esta aflicción, pero ya no es posible para evitarla que suceda.
¡Cuántas veces la renovación de la Iglesia ha sido a través de la sangre!
No va a ser diferente esta vez”.

Tenemos que predicar, y ya que la apostasía es irrefrenable, tenemos que insistir para que la mayor cantidad de almas no se pierdan, de ellos nos pedirá cuenta el Señor. Esa es nuestra labor y nuestra meta, no desanimarnos..no desfallecer, amonestar, insistir “A tiempo y destiempo”.

Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos.
Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato, para que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo, la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén.

¡Ánimo católico, pelea el buen combate! Tenemos que dar esta buena batalla y salvar almas para el Reino.

 

Fuentes

https://apologeticasiloe.net/temas-de-apologetica-2/la-gran-apostacia-y-el-katejon/

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