La epidemia de narcisismo

Quizás la haz observado tu mismo en algún familiar, amigo, en tu centro laboral, de estudios o en las redes sociales (el lugar preferido de los narcisistas).

El narcisismo es considerado el más común de los desordenes de la personalidad. Lo padece aproximadamente un 6.2% de los adultos de los E.E.U.U.

Los narcisistas sufren de arrogancia y de un egocentrismo extremo, que los deja incapaces y sin interés en ver las cosas desde la perspectiva de cualquier otra persona. Sufren de delirios de grandeza y son impulsados ​​por sentimientos de infalibilidad, pero también son altamente competitivos e inseguros. Responden al éxito de los demás con enojo y envidia, y se sienten maltratados y pasados ​​por alto si otros no los elogian y felicitan repetidamente.

El narcisista es la personificación del orgullo. Es el punto final de la arrogancia. Es exactamente lo contrario de la humildad. Hoy en día se puede encontrar en todas partes. Se trata de un asunto verdaderamente serio. Previene la caridad, divide las familias, rompe los matrimonios y conduce al egoísmo.

¿Cómo identificar a un narcisista?

Un sitio web proporciona ciertos indicadores, enumerando los síntomas que incluyen:

  • Sentimientos exagerados de auto-importancia.
  • Un sentido de derecho a todo, desconectado de cualquier hecho real.
  • Sentirse superior a otras personas.
  • Preocupación por las fantasías de riqueza, poder, fama y popularidad.
  • Priorizar la competencia sobre la cooperación.
  • Actitudes cínicas hacia aquellos que actúan desinteresadamente o expresan creencias idealistas.
  • Falta de empatía y comprensión de los motivos ajenos.
  • Incapacidad para ver sus propios defectos o admitir cuando están equivocados.
  • La creencia de que sus intereses son más importantes que los intereses de otras personas.
  • Un hábito de dividir el mundo en ganadores y perdedores.

 

Síntomas adicionales

Los síntomas emocionales son:

  • Necesidad de atención constante y halagos.
  • Sentimientos frecuentes de envidia y resentimiento.
  • Impaciencia y un temperamento explosivo.
  • Extrema sensibilidad a la crítica.
  • Incapacidad de adaptarse al cambio sin sentir rabia o frustración.
  • Sentimientos no reconocidos de inseguridad, vergüenza, vulnerabilidad.
  • Malhumor, a menudo acompañado de signos de depresión.
  • Miedo profundo de ser indefenso o impotente.
  • Un deseo obsesivo de venganza contra cualquier persona percibida como un enemigo.

En sus interacciones sociales, las personas con trastorno de personalidad narcisista suelen:

  • Presumir y alardear (y algunas veces mentir) sobre sus logros.
  • Hacer todo lo posible para evitar asociarse con cualquier persona que consideren debajo de ellos.
  • Dominar las conversaciones interrumpiendo constantemente y negándose a permitir que otros elijan los temas de discusión.
  • Insultar o degradar a otras personas como una forma de verse mejor.
  • Aplacar a quienes los adulan, y critica o denigra a quienes los critican.
  • Reaccionar con indignación y ofensa cuando los comentarios humorísticos se dirigen hacia ellos, o si son objeto de burlas.

 

La humildad: Virtud que define al cristiano

La humildad es una virtud moral contraria a la soberbia, que posee el ser humano en reconocer sus habilidades, cualidades y capacidades, y aprovecharlas para obrar en bien de los demás, sin decirlo. La humildad permite a la persona ser digna de confianza, flexible y adaptable, en la medida en que uno se vuelve humilde adquiere grandeza en el corazón de los demás.

Puede definirse a la virtud de la humildad como: “Una cualidad por la que una persona considerando sus propios defectos tiene una pobre opinión de sí misma, y se somete voluntariamente a Dios y a los demás por amor a Dios.”

San Bernardo la define como: “Una virtud por la que un hombre, conociéndose a sí mismo como realmente es, se rebaja“. Estas definiciones coinciden con la de Santo Tomás: “La virtud de la humildad“, dice, “consiste en mantenerse dentro de los propios límites, sin tratar de alcanzar cosas que están sobre uno, sino sometiéndose a la autoridad del superior” (Suma Contra Gentiles, lb. IV, cap. LV, tr. Rickaby).

¿Dentro de cual encajas tú?