La desconexión de la realidad en un mundo interconectado

La revolución tecnológica digital está cambiando para siempre nuestras vidas.

Frente a una TV que no admite réplicas, Internet ha creado un espacio público de comunicación, un espacio “virtual” para un público mantenido desde hace decenios en la subcultura de la televisión global. Es la realización técnica que más que ninguna parece dar forma a la utopía de la “aldea global”. Con los medios de comunicación tradicionales la comunicación es unidireccional, con Internet en cambio se crea una “sociedad de comunicación” donde todos pueden interactuar en tiempo real independientemente de su distancia.

Si estas tecnologías fueran utilizadas y finalizadas de manera positiva, seguramente producirían cambios positivos. Desgraciadamente el cambio social inducido por el potencial tecnológico depende de las modalidades de aplicación de la estructura propietaria de los nuevos medios de comunicación.

La red y sus dueños imponen ideas y visiones del mundo completamente distorsionadas a una masa incapaz ya de elaborar autónomamente la realidad, una masa que no se da cuenta ya del nivel de manipulación al que está sometida.

En un mundo en el que la cultura y los medios de comunicación están al servicio de los intereses del Poder, la tecnología en la que se basa Internet no puede sino pertenecer a este Poder; es decir, los mismos que controlan todos los recursos industriales y tecnológicos del planeta.

Toda la Web está severamente protegida y custodiada por los grandes propietarios de la infraestructura estratégica, de la cual dependemos ya todos. Los medios de comunicación de masa (radio-TV-Web) son los instrumentos determinantes en la creación del “sentido común”; hoy es con Facebook con el que se influyen mayormente los comportamientos, los pensamientos, pero sobre todo el lenguaje de millones de adolescentes, privados de una personalidad propia.

Como puede constatarse fácilmente, la revolución tecnológica digital está a la base de un gran proceso de regresión intelectual y cultural. Estas tecnologías se han convertido, en efecto, en el instrumento con el que las personas expresan su satisfacción de hacer ver qué hacen, qué comen, qué compran, con quién están, dónde están.

La “vitrinización” de la propia vida a través de Facebook y las demás redes sociales se convierte en una “moda”. El deseo de hacer público lo que es privado, se convierte en una costumbre.

En las redes sociales puede expresarse libremente la “mentalidad moderna”, es decir, el triunfo de la “superficialidad” y del “cotilleo”. Es la mentalidad de la sociedad de hoy, que está viviendo su declive cultural como si fuera una suprema “liberación”; una sociedad en la que el hombre “moderno” vive sin ningún esfuerzo para mejorarse, sin ninguna preocupación por mantener la civilización creada por sus antepasados.

El éxito de las redes sociales se debe al hecho de que sirven de multiplicadores del deseo de estar en el centro de la atención, son el peor uso que se puede hacer de la tecnología digital.

La “selfie generation”, como es llamada, son los “tontos útiles siempre en pose, empeñados en exhibir el propio ego perfectamente conformado a las “modas” y a las “tendencias” del momento. Son aquellos que controlan si tienen algún “like” más, que viven en función de la admiración ajena.

En las fotos, las personas parecen tan felices y fiables, los amigos tan sinceros, las familias tan unidas, los lugares de trabajo tan acogedores. Todo es ficción. Se publican fotos manipuladas, retocadas, en poses “trasgresoras” de top model, o para mostrar el último garabato tatuado en el brazo.

La competición por querer parecer el mejor, mantiene a todos empeñados y nadie se da cuenta de que en cambio somos perdedores. La gente de hoy, más superficial y egoísta, está preocupada de cómo aparece, está más atenta al propio aspecto que a desarrollar los talentos que Dios nos ha dado.

Desde siempre, los hombres se mueven como seres sin sentido en la feria de la vanidad, movidos por el deseo de ganarse un espacio en los escenarios de la tierra. Y si no consiguen ganarse al menos un papel de comparsa, se convencen de que Dios se ha olvidado de ellos.

La verdad es vista como una enfermedad cuando en cambio, nunca como ahora, es la cura.

Si tenéis una cuenta de Facebook o de cualquier otra red social, estáis ya en el “EGOsistema”. En este mundo “virtual” se expresa esa autorreferencialidad propia de los nuevos “selfies” de la “gleba”, o mejor de la “globalización”.

Existen “aplicaciones” que permiten monetizar una foto publicitando un producto de una determinada marca. Los modernos “selfies” de la “gleba” pueden ofrecer así la propia imagen “cool” y “sonriente” para hacer la publicidad a las “brands” del Gran Capital Internacional. Esto garantiza ese instante de popularidad del que la gente de hoy va en busca. Todos conectados a la red, pero desconectados de la realidad.

Sucede a menudo ver en lugares de arte a los turistas con el indispensable “selfie stick” en la mano, producto demencial para los nuevos narcisistas digitales; demasiado empeñados en exhibirse para darse cuenta de que las obras de arte más hermosas están vinculadas precisamente a la cultura cristiana.

La finalidad de las redes sociales digitales o social networks es el mismo de las series televisivas, de las películas de Hollywood o de los telediarios: mantener a las personas lejos de la realidad. La técnica es siempre la misma: gestionar el patrimonio emotivo del individuo, orientándolo hacia opiniones “predefinidas”.

Vendrá un tiempo en que los hombres creerán en fábulas”, advierte San Pablo (2 Tim 4, 3-4). El tiempo de la televisión global y de Facebook parecen presentar sus rasgos.

La principal fuerza de control social de la “aldea global” está en direccionar la “opinión pública”. Para esto, el sistema dispone siempre de un ejército de “parásitos” bien remunerados para tranquilizar y consolar a las masas, confirmando el ordenamiento en vigor. El público es constantemente estimulado a ser complaciente con la mediocridad, a seguir a los «vips», «influencers» y a los protagonistas del espectáculo, que hacen parte de un mundo que promueve la sumisión a lo “políticamente correcto” como una virtud. La finalidad es evidente: hacer a la humanidad dócil a los Dueños del mundo, “libre” de las Leyes de Dios y sometida al mito del consumo compulsivo.

Todo lo que espontáneamente entregamos al sistema por medio de los medios de comunicación social se convierte en material para el control social y político. Por esto, los medios de comunicación social son los ambientes donde mejor puede ser perseguido el “psicorreato”: los que no respetan la “higiene verbal” de lo “políticamente correcto” son inmediatamente identificados y eventualmente sancionados según las leyes “civiles” de la “democracia totalitaria”.

El modelo empresarial de facebook es claramente de espionaje y permite individuar y fichar a los usuarios en base a sus ideas políticas, creencias religiosas, etc.

Casi un tercio de la humanidad utiliza ya Facebook, pero no todos saben que NO son propietarios de los contenidos de sus “páginas”; desde el punto de vista legal, en base al derecho editorial, todo lo que es publicado – palabras y pensamientos, imágenes y vídeos – no les pertenece, sino sólo a Facebook.

¿Existe un modo de utilizar positivamente la tecnología digital?

Seguramente es bueno permanecer lejos de las redes sociales, de la exposición mediática digital, de los blogs, de las participaciones en chats donde las personas discuten intensamente sobre la “nada”.

Como almacén de informaciones Internet tiene un poder sin precedentes, permite acceder a una librería prácticamente infinita. Se puede finalizar el uso de estas tecnologías a la consulta de enciclopedias, textos de literatura, documentación científica, manuales técnicos, tutoriales, cursos didácticos, portales para contactos profesionales en el trabajo, etc.

Es necesario, sin embargo, tener la conciencia de que las tecnologías digitales se convertirán cada vez más en la plataforma para el control totalitario del nuevo ordenamiento global, que tiene como finalidad dirigir a los pueblos hacia una forma de esclavitud universal enmascarándola tras la pantalla del “progreso”.

“Si, por tanto, lo que se llama ‘progreso’ no es conciliable con las Leyes Divinas del ordenamiento mundial, no es ciertamente bien, ni progreso, sino camino hacia la ruina.

 

… Haber ganado el hombre en la presente era técnica e industrial un admirable poder sobre las cosas orgánicas e inorgánicas del mundo no constituye un título de emancipación del deber de someterse a Cristo, Rey de la historia, ni disminuye la necesidad que el hombre tiene de ser sostenido por Él. Y, en efecto, el ansia de la seguridad se ha vuelto cada vez más fuerte.

 

… La experiencia actual demuestra precisamente que el olvido o descuido de la presencia de Cristo en el mundo ha provocado el sentido de pérdida y el defecto de seguridad y de estabilidad propios de la era técnica”

(Radiomensaje de Su Santidad Pío XII a todo el mundo con ocasión de la Navidad, sábado 24 de diciembre de 1955).

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Publicado Originalmente en: https://adelantelafe.com/reflexiones-sobre-las-nuevas-tecnologias-digitales/