Jesús según Celso

Jesús según Celso

Celso, escribiendo a finales del siglo II, produjo el primer ataque a gran escala sobre el cristianismo en su obra Doctrina verdadera o también llamada Discurso sobre la verdad. El documento de Celso no ha sobrevivido, pero en el siglo III Orígenes lo contestó, gracias a lo cual se conoce el escrito de Celso a través de sus respuestas.

Según Orígenes, Celso acusó a Jesús de ser un mago y hechicero. Aunque se trata de una referencia indirecta -por eso incluimos este testimonio en fuentes relevantes [no principales]-, de algún modo, las declaraciones de Celso son una confirmación de las curaciones y hechos milagrosos obrados por Jesús.

Las citas de Celso contra el cristianismo, como es de imaginar, son todas muy críticas y negativas. Convendría poner también las refutaciones de Orígenes para equilibrarlas, pero la brevedad del espacio nos lo impide.

Por ejemplo, empieza burlándose de Jesucristo, diciendo que habría sido hijo de una judía amancebada con un soldado romano de nombre Pantero, que habría practicado la magia que aprendió en Egipto. Para Celso el argumento más fuerte en contra de Cristo es su humillante muerte en la cruz, absolutamente indigna de una divinidad.

Compara luego los relatos de la resurrección con los que circulaban de otros personajes de la cultura griega:

Las viejas leyendas que narran el nacimiento divino de Perseo, de Anfión, de Eaco, de Minos, hoy ya nadie cree en ellas. Por lo menos dejan a salvo cierta verosimilitud, pues se atribuyen a esos personajes acciones verdaderamente grandes, admirables y útiles a los hombres. Pero tú ¿qué hiciste o dijiste hasta tal punto maravilloso? En el Templo la insistencia de los judíos no pudo arrancarte una sola señal que pudiera manifestar que eras verdaderamente el Hijo de Dios.

CELSO, Discurso verdadero contra los cristianos, pág. 29

De la crítica al fundador del cristianismo, pasa a sus seguidores y doctrinas. Según Celso los cristianos habrían favorecido una especie de Estado dentro del Estado: no participan en los cultos ni fiestas, niegan las tradiciones de los antepasados. Además serían gente de la peor calaña: ignorantes, pobres, supersticiosos, vendidos, etc.

Hay una raza nueva de hombres, nacidos ayer, sin patria ni tradiciones, unidos contra todas las instituciones religiosas y civiles, perseguidos por la justicia, universalmente marcados de infamia, pero que se glorían de la execración común.

CELSO, Discurso verdadero contra los cristianos, pág. 19

Es crítico con las pruebas que ofrecen sus contemporáneos cristianos a favor de la divinidad de Jesús, al recordarles que mucho de lo que se le atribuía ya era común en otras figuras míticas de la época:

¿Qué razones os autorizaban a creer que él era Hijo de Dios?

— Y, decís, porque él sufrió el suplicio para destruir la fuente del pecado.

— Pero ¿no hay millares de otros que fueron ejecutados, y no con menos ignominia? (…) ¿Qué razón, a fin de cuentas, os persuade a creer en él? ¿Es porque predijo que después de muerto resucitaría? Pues bien, sea, admitamos que hubiera dicho eso. ¡Cuántos otros esparcen también maravillosas fanfarronadas para abusar y explotar la credulidad popular! Zamolxis de Citia, esclavo de Pitágoras, hizo otro tanto, según se dice, y el propio Pitágoras en Italia; y Rampsonit de Egipto, de quien se cuenta que jugó a los dados en el Hades con Deméter y que volvió a la tierra con un velo que la diosa le había dado. Y Orfeo entre los odrises, y Protesilao en Tesalia, y Hércules, y Teseo en Tenares. Convendría previamente examinar si alguna vez alguien, realmente muerto, resucitó con el mismo cuerpo.

Fuentes

https://rsanzcarrera2.wordpress.com/2018/01/24/jesus-segun-celso-finales-siglo-ii/