La importancia de persistir en la oración

persistir en la oración

En los Evangelios el Señor enseña la necesidad de persistir en la oración

Pide y te será dado; busca y encontrarás; llama a la puerta y se te abrirá. Por el que pide, recibe y el que busca, encuentra»

(Mateo 7: 7-8)

Es necesario persistir en la oración. El pedir requiere de persistencia. Si bien podemos buscar algo brevemente y luego darnos por vencidos si no lo encontramos fácilmente, la búsqueda implica una búsqueda continua, quizás prolongada. Del mismo modo, no solemos llamar a la puerta suavemente, dando un solo golpe para luego irnos si no hay respuesta; golpeamos insistentemente, cada vez de manera más fuerte y cuantas veces sea necesario, y si no sale nadie, generalmente lo intentaremos unas cuantas veces más.

Es por eso que el Señor usa imágenes que resaltan la importancia de «repetir» y de «insistir» en la oración. De hecho, la misma palabra «repetición» viene de las raíces latinas que denotan petición vigorosa y repetida (re (nuevamente) + petere (preguntar, rogar, o incluso atacar, ir a, o esforzarse por)).

La repetición, por su naturaleza, es a menudo vigorosa e incluso molesta. Jesús enseña este concepto en la parábola sobre la viuda persistente:

Les propuso una parábola sobre la necesidad de que orasen siempre sin desalentarse:  “Había en una ciudad un juez que no temía a Dios y no hacía ningún caso de los hombres. Había también allí, en esta misma ciudad, una viuda, que iba a buscarlo y le decía: “Hazme justicia librándome de mi adversario”.  Y por algún tiempo no quiso; mas después dijo para sí: “Aunque no temo a Dios, ni respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me importuna, le haré justicia, no sea que al fin venga y me arañe la cara. Y el Señor agregó: “Habéis oído el lenguaje de aquel juez inicuo. ¿Y Dios no habrá de vengar a sus elegidos, que claman a Él día y noche, y se mostraría tardío con respecto a ellos?  Yo os digo que ejercerá la venganza de ellos prontamente”.

(Lucas 18: 1-8)

Sin embargo, en efecto, Jesús dice que debemos orar y no perder la esperanza, que debemos llamar a Dios día y noche.

Aquí hay otro pasaje en el que Jesús enseña persistencia:

Y les dijo: “Quien de vosotros, teniendo un amigo , si va ( éste ) a buscarlo a medianoche y le dice: “Amigo, necesito tres panes, 6 porque un amigo me ha llegado de viaje, y no tengo nada que ofrecerle”,  y si él mismo le responde de adentro: “No me incomodes, ahora mi puerta está cerrada y mis hijos están como yo en cama, no puedo levantarme para darte”, os digo, que si no se levanta para darle por ser su amigo, al menos a causa de su pertinacia, se levantará para darle todo lo que le hace falta. Yo os digo: “Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, golpead y se os abrirá”

( Lucas 11: 5-8)

Hay otros ejemplos, como el duro pasaje de la mujer sirofenicia que seguía pidiéndole a Jesús que curara a su hija a pesar de ser ignorada e incluso llegando a ser reprendida (Mateo 15: 20-24). Pero la mujer se acercó a Jesús, se postró ante El y le dijo: “Señor, socórreme”. Jesús le contestó con una de las frases más duras que se hayan escuchado en el Evangelio: “

«Espera que se hayan saciado los hijos, no está bien tomar el pan de los hijos, para echarlo a los perritos»”.

Aquella mujer respondió: “Es cierto, Señor, pero los perritos debajo de la mesa, comen las migas que dejan caer los hijos”. Entonces Jesús respondiendo le dijo: “Oh mujer, grande es tu fe; hágasete como quieres”. Y su hija quedó sana, desde aquel momento.

Y luego, el del ciego de Jericó que le gritaba a Jesús de manera tan insistente que incluso llegó a ser reprendido por la multitud para que se callase (Lucas 18:36-39).

Cuando iba aproximándose a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, y mendigaba. Oyendo que pasaba mucha gente, preguntó que era eso. Le dijeron: “Jesús, el Nazareno pasa”.  Y clamó diciendo: “Jesús, Hijo de David, apiádate de mí!”  Los que iban delante, lo reprendían para que se callase, pero él gritaba todavía mucho más: “¡Hijo de David, apiádate de mí!” Jesús se detuvo y ordenó que se lo trajesen; y cuando él se hubo acercado, le preguntó: “¿Qué deseas que te haga?” Dijo: “¡Señor, que reciba yo la vista!” Y Jesús le dijo: “Recíbela, tu fe te ha salvado”. Y en seguida vio, y lo acompañó glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.

Reflexiona bien sobre esta enseñanza y aprende a persistir en la oración.

Fuentes

http://blog.adw.org/2019/03/jesus-teaches-need-persist-prayer-wear-god/
Traducido y adaptado por Proyecto Emaús