Esta es la historia de Grigio, el perro de San Juan Bosco


El misterioso Grigio, el perro de San Juan Bosco

El misterioso Grigio, el perro de San Juan Bosco. Crédito:petsblog.

«Decir que era un ángel a muchos les daría risa. Pero tampoco se puede decir que fuera un perro común y corriente»

Muy pocos saben la historia de la misteriosa mascota de Don Bosco (Grigio, el perro de san Juan Bosco), un enrome can de color gris, de hocico largo y orejas puntiagudas que aparecía de una misteriosa manera: siempre en el momento en el que era necesario defender la vida del santo, protegiéndole de malvivientes y de sus enemigos,  los valdenses.

Seguramente, no a pocos les tomara por sorpresa, el saber que, aunque parezca increíble, san Juan Bosco tuvo muchos enemigos, llegando a recibir innumerables amenazas y padeciendo diversos atentados. Como el sacerdote ejemplar que era, nunca anduvo armado; la Divina Providencia siempre lo defendió en los momentos de peligro. ¿De qué modo? Entre otros, valiéndose de un misterioso perro bastante parecido a un lobo. A causa de su color ceniciento recibió el nombre de Grigio, “Gris” en italiano.

En aquella época, las persecuciones contra Don Bosco venían de los valdenses, unos heréticos cuyo último bastión fue el Piamonte , que si bien es cierto predicaban la pobreza, rechazaban el culto de los santos, el sacerdocio y la mayoría de los sacramentos. El movimiento valdense surge, a partir del movimiento de los Pobres de Lyon, en el siglo XII, a partir de la predicación de Pedro Valdo, es actualmente considerada como una secta protestante.

Una noche un hombre disparó contra el sacerdote. Habiendo fallado se abalanzó sobre su víctima. Pero Grigio, el perro de San Juan Bosco estaba allí; empujó al malvado y lo obligó a huir.

Otra día, San Juan Bosco iba unos cuantos pasos detrás de dos individuos. Sintiendo el peligro dio media vuelta, pero antes de que pudiera gritar se le echaron encima los granujas y le cubrieron la cabeza con una bolsa. Surgido como por milagro, Grigio se puso a ladrar y tiró al suelo a uno de los hombres al que inmovilizó agarrándole la garganta con los colmillos, mientras el otro huía. Don Bosco le hizo comprender al perro que soltara al bribón que también huyó corriendo.

Otra noche, al sacerdote lo atacó un malandrín armado con una estaca. Juan Bosco, que no conseguía escapar, le tuvo que dar una trompada muy fuerte. El malhechor lanzó un grito y de los matorrales cercanos empezaron a salir todos sus cómplices.

El sacerdote se sintió perdido. Pero Grigio, el perro de San Juan Bosco apareció una vez más. Y se puso a dar vueltas alrededor de él, enseñando los colmillos a sus enemigos.

­- Por favor, gritó uno de los hombres, Llame a su perro, ¿no ve que va a morderme?

_¿Y que quiere Ud. que haga?, dijo Don Bosco

– Perdónenos, Sr. Cura, somos unos pobres tipos; nos han dado mil francos….

-¿Y por esa cantidad me habrían matado?

– ¡Llame a su perro!

– Primero prométanme que me dejarán tranquilo a partir de ahora.

-¡Se lo juramos por la Virgen!

– Grigio, ven. ¡Bravo me has salvado la vida!

Otra noche, el perro llegó al Patronato. Se acercó al Cura, puso el hocico en la mesa donde aquel estaba cenando y volvió a salir. Juan Bosco comprendió poco después lo sucedido. Como un amigo lo había traído más pronto de lo previsto y el inquieto porque no lo había visto regresar, quiso asegurarse de que el Santo realmente estaba allí.

El perro, nunca le aceptó comida a Don Bosco, ni por supuesto ningún cobijo. En cuánto a los niños estos podían acariciarlo y hacerle cuantas travesuras se le ocurrieran; dejaba que le tiraran de los pelos o de las orejas. Cuando se detuvo la persecución contra Don Bosco, el Gris dejo de presentarse. ¿Que explicación se le podría dar a tal suceso?

¿El perro de San Juan Bosco era capaz de prever el futuro?

El misterioso Grigio, el perro de San Juan Bosco

Grigio, el perro de San Juan Bosco: Mamá Margarita advierte al Santo de no salir aquella noche.

Se cuenta que en otra ocasión, Grigio, el perro de San Juan Bosco, impidió al santo abandonar la casa. Era de noche y Don Bosco necesitaba salir.  Margarita intentó disuadirlo, pero él la tranquilizó, tomó su sombrero y se puso en camino, acompañado por algunos niños.

En el portón encontraron a Grigio tendido en el suelo. «¡Oh, Grigio! Tanto mejor, iremos bien acompañados» –dijo el santo–. «Levántate y ven con nosotros». Pero el perro, en lugar de obedecer, gruñó y no se movió. Uno de los muchachos le empujó con el pie para ver si lograba levantarlo, pero el gran animal le mostró los dientes de forma amenazante.

Mamá Margarita dijo entonces: «¿No quisiste oírme? Pues hazle caso al perro, y no salgas a esta hora». Atendiendo el deseo materno, Don Bosco optó por volver dentro de la casa. Poco después apareció corriendo un vecino para prevenirlo de no salir, porque habían sido vistos cuatro individuos armados me rodeando en los alrededores, decididos a matarlo.

Más tarde, personas dignas de crédito confirmaron el hecho. Ese perro capaz de «anticipar el futuro» y obrar en consecuencia, ¿era un simple animal irracional? El Fundador de los Salesianos no respondió esta pregunta, pero hizo una interesante narración a sus discípulos. La transcribimos a continuación en sus propias palabras.

 

Grigio, el perro de San Juan Bosco: Relato del propio Santo

Grigio fue motivo de muchas conversaciones y variadas hipótesis. Muchos de ustedes lo vieron y hasta lo acariciaron. Haciendo a un lado las historias peregrinas que se cuentan de él, voy a ex- ponerles la pura verdad.

A causa de los frecuentes atentados de los que yo era objeto, me aconsejaron no andar solo cuando tuviera que ir a la ciudad de Turín o al volver de ella. Una tarde oscura regresaba a casa con algo de miedo, cuando vi a mi lado un enorme perro, que a primera vista me asustó; pero ya que me festejaba como si fuera su dueño, entablamos inmediatamente buenas relaciones y me acompañó al Oratorio. Lo que sucedió aquella tarde se repitió muchas veces, de manera que puedo decir que Grigio me prestó importantes servicios. Les contaré algunos.

 

Regresé bien escoltado al Oratorio

A fines de noviembre de 1854, durante una tarde oscura y lluviosa, volvía de la ciudad por la calle de la Consolata. En un punto determinado, advertí a dos hombres que caminaban a poca distancia frente a mí. Cuando trataba de pasar al lado opuesto, para no topármelos, ellos volvían hábilmente a colocarse frente a mí. Quise volver sobre mis pasos, pero no tuve tiempo: dieron un par de saltos hacia atrás y me arrojaron un manto a la cara. Uno de ellos logró amordazarme con un pañuelo. Quería gritar pero no podía ya…

En ese preciso momento apareció Grigio. Rugiendo como un oso, se lanzó con las patas contra el rostro de uno, mostrándole las fauces al otro, de manera que les convenía más envolver al perro que a mí.

– ¡Llame al perro!, gritaron espantados.

– Lo llamaré, pero dejen a los transeúntes en paz.

– ¡Llámelo deprisa!

Grigio seguía rugiendo como un oso enfurecido. Ellos se fueron por su camino, y Grigio, siempre a mi lado, me acompañó. Regresé bien escoltado al Oratorio.

 

Ni siquiera olfateó la comida

Las noches en que nadie me acompañaba, tan pronto como dejaba atrás las últimas casas veía aparecer a Grigio por algún lado de la calle. Muchas veces los jóvenes del Oratorio lo vieron entrar al patio. Algunos querían pegarle, otros arrojarle piedras.

–No le molesten, es el perro de Don Bosco, les dijo José Buzzetti.

Entonces todos se pusieron a acariciarlo y lo siguieron hasta el comedor, donde yo estaba cenando con algunos clérigos y sacerdotes, y con mi madre. Ante una visita tan inesperada, todos se quedaron amedrentados.

–No teman, es mi Grigio, déjenlo pasar, les dije.

Dando un largo rodeo a la mesa, vino hasta mí para festejarme. Yo también lo acaricié y le ofrecí sopa, pan y carne, pero los rechazó. Aún más: ni siquiera olfateó la comida. Siguiendo entonces con sus muestras de satisfacción, apoyó la cabeza en mis rodillas, como si quisiera hablarme o darme las buenas noches; enseguida, con gran entusiasmo y alegría, los niños lo acompañaron afuera. Recuerdo que aquella noche había regresado tarde a casa y un amigo me había traído en su carruaje.

 

Lo buscaron, pero nadie lo encontró

La última vez que vi a Grigio fue en 1866, mientras iba de Murialdo a Moncucco, a la casa de mi amigo Luis Moglia. El párroco de Buttigliera quiso acompañarme un buen trecho, lo cual hizo que la noche me sorprendiera a la mitad del camino.

– ¡Oh, qué bueno sería tener a mi Grigio aquí!, pensé.

En ese momento Grigio vino corriendo hacia mí, con grandes demostraciones de alegría, y me acompañó durante el trecho del camino que aún debía recorrer, unos tres kilómetros. Llegando a la casa de mi amigo, conversé con toda la familia y fuimos a cenar, mientras mi compañero quedó descansando en un rincón de la sala. Terminada la comida, mi amigo dijo:

–Vamos a dar de comer a tu perro.

Y tomando un poco de comida, se la llevó al perro pero no lo encontró, por más que lo buscara en todos los rincones de la sala y de la casa. Todos se quedaron admirados porque ninguna puerta, ninguna ventana había sido abierta, y los perros de la casa no dieron ninguna alarma.

Buscaron a Grigio en los cuartos superiores, pero nadie lo encontró. Esa fue la última vez que vi a Grigio. Jamás supe de su dueño. Sólo sé que ese animal fue verdaderamente providencial para mí en los muchos peligros en que me vi metido.

 

Grigio, el perro de San Juan Bosco: Nunca nadie supo de donde vino ni donde fue

La historia de Grigio es absolutamente extraordinaria. Parece bien comprobada; aparece en todas las biografías del Santo y hasta en los libros, que se han inspirado en su vida. Se trataba de un animal de carne y hueso.

La hipótesis más razonable consiste en considerarlo un perro errante que se había apegado al Cura. Aunque ¿Cómo se podría haber dado cuenta de los peligros que le acechaban? ¿Cómo pordría el perro de San Juan Bosco presentir el peligro?

Claro está que Juan Bosco intentó saber de dónde venía el perro. Un día, una mujer le contó que Grigio, el perro que él decía ver,  había muerto hacía muchos años. Habiéndose hecho conocido como el perro de San Juan Bosco y siendo conocido de todos los que rodeaban (tanto amigos como enemigos) , una persona le preguntó al santo que pensaba al respecto.  San Juan Bosco respondió de esta manera:

«Decir que era un ángel daría risa. Pero tampoco se puede decir que fuera un perro corriente».

Toca a cada quien, ante la evidencia y relatos del Santo, sacar sus propias conclusiones.

Grigio, el perro de San Juan Bosco | Fuentes

https://www.petsblog.it/post/88414/i-cani-dei-santi https://es.aleteia.org/2018/04/17/gris-el-perro-angel-guardian-de-don-bosco/