Hacia una Iglesia sin Cristo

Al presentar la Conferencia en el Vaticano que se celebra hoy y mañana para recordar los tres años de la publicación de la Laudato Si’, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral anuncia que se ha convertido en “plastic-free”, como buen ejemplo para dar a todos. ¿Pero éste es el testimonio que nos ha pedido Cristo?

Hoy y mañana [5-6 de julio] se desarrolla en el Vaticano una gran Conferencia Internacional que quiere hacer un inventario a tres años de la publicación de la encíclica Laudato Si’. El título es «Saving our Common Home and the Future of Life on Earth» (Salvar nuestra casa común y el futuro de la vida sobre la Tierra). La conferencia está organizada por el nuevo Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, presidido por el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, junto con Caritas Internationalis y Global Catholic Climate Movement; y cuenta con la presencia de políticos, científicos, economistas, representantes de organizaciones no gubernamentales, obviamente todos ellos convencidos o partidarios del ecologismo y de la lucha contra el cambio climático.

No entro directamente en los contenidos de la Conferencia, es un discurso que ya hemos hecho muchas veces y también recientemente. Más bien creo que vale la pena detenerse en algo especialmente curioso que fue noticia en la presentación de la Conferencia a la prensa. Así como «es necesario guiar dando el buen ejemplo» – explicaron los responsables del dicasterio vaticano – y también la Conferencia dedicará amplio espacio a las «buenas prácticas», he aquí que el mismo Dicasterio para el Servicio para el Desarrollo Integral anuncia que es el primer organismo vaticano “plastic-free”, libre de materiales plásticos.

Dado que el plástico es el nuevo enemigo número 1, en las oficinas del Dicasterio está prohibido su uso: empleados y funcionarios se traen desde su casa los vasos de vidrio, los cubiertos de metal y así sucesivamente. Y así como los católicos son por naturaleza misioneros, he aquí que se proyecta extender esta iniciativa a todas las oficinas vaticanas. Pero eso no basta: al ser infinito el deseo del bien, el secretario del dicasterio ecologista agregó también que el objetivo es convertir el “carbón neutral”, es decir, neutro desde el punto de vista de las emisiones de anhídrido carbónico que – en la teoría que indica en la actividad humana la responsabilidad principal del cambio climático – serían la causa del calentamiento global. Tendremos entonces monseñores y empleados del Dicasterio empeñados en cuantificar y, en consecuencia, reducir y compensar las propias emisiones de anhídrido carbónico. Evito dejarme llevar a fáciles e invitadoras ironías sobre cómo es posible reducir las emisiones de los monseñores, para ir inmediatamente al corazón de la cuestión.

Aun admitiendo – pero no concediendo – que sea correcta esta teoría del calentamiento global antropogénico, ¿la Iglesia Católica sirve precisamente para lanzar las campañas ecológicas? ¿Para esto la instituyó Cristo? ¿Para liberar al hombre de los materiales plásticos? ¿La misión de la Iglesia es salvar el planeta?

No puedo dejar de sentir alguna inquietud al escuchar a cardenales y obispos hablar con el mismo lenguaje del WWF o de las agencias de la ONU, por otra parte inspiradas por ideologías neo-paganas y por proyectos políticos globalistas de índole masónica. Es humillante sentir hablar de profecía a propósito de los materiales plásticos eliminados, el uso de paneles solares y la recolección diferencia de los residuos. Es desconcertante ver el testimonio cristiano reducido a “buenas prácticas” y a “dar el buen ejemplo”.

En ciertos niveles existe la impresión que antes que ser “libres de los materiales plásticos” se pretende en realidad una Iglesia “libre de Cristo”, en la que Jesús es un estorbo que dificulta encontrar a los hombres. Desde su propio punto de vista – y, en consecuencia, en modo positivo – quien al comentar la Conferencia de estos días, subrayó el hecho que en el título de la Laudato Si’ – y también en la Conferencia – se decidió hablar la “casa común” y no de “Creación”, el cual es un término religioso: «La decisión de no usar la definición religiosa en el título es el primer signo de una gran apertura al diálogo con todas las personas de buena voluntad». Precisamente: evitemos hablar de Creación, que tiene su orden jerárquico; evitemos hablar de un Dios creador que es fuente de nuestra responsabilidad frente a lo Creado: sería un tema que dividiría. Por el contrario, hablemos de biodiversidad, de animales y plantas para salvar, de materiales plásticos que hay que prohibir. Así nos entendemos.

Pero al punto al que hemos llegado aquí, es evidente que ya nos hemos liberado de Cristo.

Fuentes

Artículo publicado originalmente en www.lanuovabq.it/it/verso-una-chiesa-cristo-free // Traducción al español por: José Arturo Quarracino

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