Hace 74 años, la bomba atómica mató a dos tercios de los católicos Japoneses

ACI / CNA.- Hoy 9 de Agosto, se han cumplido 74 años del ataque nuclear contra Japón, llevado a cabo por Estados Unidos, en un evento que pondría fin a la segunda guerra mundial. La bomba apodada «Fat Man«, caería sobre Nagasaki, ciudad japonesa que ya para entonces, contaba con una rica historia de mártires cristianos del siglo XVI y XVII.

Aquel día,, la pequeña comunidad católica japonesa perdió en Nagasaki dos tercios de sus miembros.

Tras la destrucción de Hiroshima el 6 de agosto de 1945, el alto mando militar estadounidense liderado por el presidente Harry Truman, puso la mira sobre Kokura para forzar la rendición de Japón. Sin embargo, el mal tiempo hizo que se cambiara por Nagasaki.

En ese entonces Nagasaki tenía unos 240 mil habitantes. Un error de cálculo de los aviadores estadounidenses hizo que la bomba no cayera en el centro de la ciudad, pero el efecto igual fue devastador y asesinó de manera inmediata a unas 75 mil personas.

En los días siguientes murió un número similar a causa de heridas y enfermedades ocasionadas por la radiación.

Historia de la comunidad católica en Nagasaki

Nagasaki fue desde el siglo XVI un centro importante del catolicismo en Japón, impulsado por los misioneros jesuitas y franciscanos.

La persecución contra católicos que vino casi de manera inmediata fue recordada en 2007 en el libro de las memorias del Cardenal Giacomo Biffi –fallecido en 2017–, donde expresa el fuerte impacto que tuvo para él la noticia de las bombas atómicas lanzadas sobre Japón en 1945:

«Ya había escuchado hablar de Nagasaki. La había encontrado repetidamente en el ‘Manual de historia de las misiones católicas’ de Giuseppe Schmidlin, tres volúmenes publicados en Milán en 1929. En Nagasaki desde el siglo XVI surgió la primera consistente comunidad católica del Japón.

 

En Nagasaki  el 5 de febrero 1597 habían dado la vida por Cristo treintaiséis mártires (seis misioneros franciscanos, tres jesuitas japoneses, veintiséis laicos), canonizados por Pío IX en 1862.

 

Sin embargo, cuando se retoma la persecución en el 1637 fueron asesinados hasta treinta y cinco mil cristianos. Después la joven comunidad vive, por decir así, en las catacumbas, separada del resto de la catolicidad y sin sacerdotes; pero no se extingue.

 

Así, en 1865 el Padre Petitjean descubre esta ‘Iglesia clandestina’, que se le dio a conocer después de haberse asegurado que él era célibe, que era devoto de María y que obedece al Papa de Roma; y así la vida sacramental puede retomarse regularmente.

 

Casi veinte años después, en 1889 se proclama en Japón la plena libertad religiosa, y todo reflorece.

 

El 15 de junio de 1891 es erigida canónicamente la diócesis de Nagasaki, que en el 1927 acoge como pastor a monseñor Hayasaka, que es el primer obispo japonés y es consagrado personalmente por Pío IX. Del Schmidlin venimos a saber que en el 1929 de 94.096 católicos nipones unos 63.698 son de Nagasaki”.

Es decir, que 16 años antes de la hecatombe atómica, vivían en Nagasaki un poco más de 63.000 fieles. Así, luego de este breve resumen del catolicismo en esta ciudad, el Purpurado escribe:

“Podemos bien suponer que las bombas atómicas no hayan sido tiradas al azar. La pregunta es por lo tanto inevitable: ¿Cómo así se escogió para la segunda hecatombe, entre todas, precisamente la ciudad de Japón donde el catolicismo, aparte de tener la historia más gloriosa, estaba más difundido y afirmado?”.

Los ataques afectaron a toda la población de Japón, pero Nagasaki fue un centro histórico del catolicismo desde que misioneros europeos como San Francisco Javier llegaron en el siglo XVI. Después de que los gobernantes de Japón cerraron el país, en parte debido a los temores de dominación extranjera, los católicos japoneses sobrevivieron siglos de persecución antes de que su libertad de religión fuera asegurada nuevamente en el siglo XIX.

Catedral de la Inmaculada Concepción de Nagasaki en Enero de 1946. Wikimedia.

La Catedral de la Inmaculada Concepción, construida entre 1895 y 1925, fue destruida cuando la bomba atómica cayó detonó a menos de 2,000 pies de distancia. Una catedral reconstruida, la estructura actual, se completó en 1959.

Los católicos en realidad estaban adorando en Nagasaki, en la catedral, en el momento en que se arrojó el arma atómica. Todas las personas en la catedral fueron asesinadas instantáneamente”, dijo a CNA Maryann Cusimano Love, profesora de relaciones internacionales en la Universidad Católica de América en 2015.

Cruz que sobrevive al ataque atómico es regresada por universidad

 Una universidad de Ohio, regresa a la Catedral de la Inmaculada Concepción de Nagasaki, una cruz de madera que fue recuperada de los restos de la catedral después del ataque atómico del 9 de agosto de 1945 contra la ciudad.

Según Maus, la cruz fue recuperada de las ruinas de la catedral por Walter Hooke, un católico y un marine estadounidense estacionado en Nagasaki, quien se la envió a su madre. Hooke donó la cruz en 1982 al Centro de Recursos para la Paz, que alberga materiales de referencia relacionados con los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki.

Maus decidió devolver la cruz después de enterarse de que un grupo de Nagasaki había estado tratando de localizarla.

La cruz se mostrará en la catedral.

La Dra. Tanya Maus, directora del Centro de Recursos de Paz del Wilmington College, planeaba devolver la cruz el 7 de agosto.

«Se conservaron muy pocos artefactos de la catedral y por eso es crucial devolver esa cruz, que está tan profundamente ligada a su identidad«, dijo Maus, según Wilmington College, una institución de artes liberales cuáqueras en Wilmington, Ohio,

El regreso se realiza como un «gesto de buena voluntad internacional de paz y reconciliación«. Maus dijo que “esto es algo que debemos hacer. Estas son conexiones que ayudan a construir un mundo más pacífico «.

El papa Francisco pidió difundir esta para no olvidar los estragos de la guerra

La Oficina de Prensa de la Santa Sede dio a conocer el 30 de diciembre del 2017, que el Papa Francisco ha pedido que se imprima una foto para generar consciencia sobre la guerra y sus lamentables consecuencias.

Un niño japonés espera su turno en la fila del crematorio para su hermano, a quien lleva muerto en su espalda. La forografía fue tomada por Roger O´Donnell despues del bombardeo a Nagasaki.

Vatican News recuerda que en 1995 el fotógrafo O’Donnell dijo sobre la escena:

“vi a este niño que caminaba. Tendría unos diez años. Noté que cargaba a un niño sobre sus espaldas. En esos días era una escena muy común en Japón. Con frecuencia nos cruzábamos con niños que jugaban con sus hermanitos o hermanitas en la espalda, pero ese niño tenía algo distinto”.

En múltiples ocasiones el Papa Francisco ha denunciado que en el mundo actualmente existe una “Tercera Guerra Mundial a pedazos”, y ha alentado todos los esfuerzos para alcanzar la paz.

El Milagro de Hiroshima

Esta historia, documentada por historiadores y médicos, es conocida como el Milagro de Hiroshima.

Los jesuitas Hugo Lassalle, superior en Japón, Hubert Schiffer, Wilhelm Kleinsorge y Hubert Cieslik, se encontraban en la casa parroquial de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, uno de los pocos edificios que resistió a la bomba. En el momento de la explosión, uno de ellos se encontraba celebrando la Eucaristía, otro desayunaba y el resto en las dependencias de la parroquia.

Según escribió el propio P. Hubert Cieslik en un diario, únicamente sufrieron daños menores producto de cristales rotos, pero ninguno a consecuencia de la energía atómica liberada por la bomba.

Los médicos que los atendieron tiempo después les advirtieron que la radiación recibida les produciría lesiones graves, así como enfermedades e incluso una muerte prematura.

El pronóstico nunca se cumplió. No desarrollaron ningún trastorno y en 1976, 31 años después del lanzamiento de la bomba, el P. Schiffer acudió al Congreso Eucarístico de Filadelfia (Estados Unidos) y relató su historia, confirmando que los cuatro jesuitas estaban aún vivos y sin ninguna dolencia.

Fueron examinados por decenas de doctores unas 200 veces a lo largo de los años posteriores y no se halló en sus cuerpos rastro alguno de la radiación.

Los cuatro religiosos nunca dudaron de que habían gozado de la protección divina y de la Virgen: “Vivíamos el mensaje de Fátima y rezábamos juntos el Rosario todos los días”, explicaron.

El P. Schiffer escribiría “El Rosario de Hiroshima”, un libro en el que cuenta todo lo que vivió.

Hace unos años, al celebrarse un aniversario más de la bomba de Hiroshima, el Obispo de Niigata, Mons. Tarcisius Isao Kikuchi, difundió un mensaje en el que subrayó que Japón puede contribuir a la paz “no con nuevas armas, sino con sus actividades de nobleza y amplia historia en el crecimiento mundial, de modo particular en las consideradas naciones en vía de desarrollo”.

El Prelado añadió que “con esta contribución al desarrollo, que lleva al pleno respeto y a la realización de la dignidad humana, sería muy apreciado y respetado por la comunidad internacional”. Cada año, del 5 al 15 de agosto, el país celebra una Oración por la Paz.

En Hiroshima y Nagasaki murieron unas 246 mil personas, la mitad en el momento del impacto de las bombas y el resto en las semanas posteriores por los efectos de la radiación.

La bomba de Hiroshima fue arrojada el dia de la Solemnidad de la Transfiguración del Señor y la rendición de Japón ocurrió el 15 de agosto, cuando la Iglesia celebra la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María.

Con información de Aciprensa y CNA.