Guerra psicológica anticatólica


Con estas flamígeras reflexiones abrimos esta columna para sentar su premisa fundamental: existe una enemistad profunda e irreconciliable entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas, entre la Virgen Santísima y Satanás, que durará hasta el fin de los tiempos:

«Dios no ha hecho ni ha formado nunca más que una sola enemistad, pero irreconciliable, que durará y aumentará hasta el fin, y es entre María su digna Madre, y el demonio; entre los hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y secuaces de Lucifer, de manera que el más terrible de los enemigos que Dios ha creado contra el demonio es María, a quien dio desde el paraíso terrestre, a pesar de que Ella sólo existía entonces en la mente divina, tal odio contra ese maldito enemigo de Dios, tanta industria para descubrir la malicia de aquella antigua serpiente, tanta fuerza para vencer, aterrar y aplastar a ese orgulloso impío, que él la teme, no sólo más que a todos los ángeles y hombres, sino, hasta cierto punto más que al mismo Dios:

Y esto no porque la ira, el odio y el poder de Dios no sean infinitamente mayores que los de la Santísima Virgen, cuyas perfecciones son limitadas, sino 1º porque Satanás, dado su orgullo, sufre infinitamente más al ser vencido y castigado por una pequeña y humilde esclava de Dios, y la humildad de ésta le humilla más que el poder divino; 2º porque Dios ha otorgado a María un poder tan grande contra los demonios, que más temen ellos, según muchas veces han declarado a su pesar por la boca de los posesos, uno sólo de los suspiros de María a favor de algún alma, que las oraciones de todos los santos, y una sola de sus amenazas más que todos los otros tormentos».

Extracto del «Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen María» de San Luis María Grignion de Montfort. Pág. 50, art. 52.

En esta lucha abierta se encuentra el eje de la historia. Esta batalla se desarrolla en todos los campos de la acción humana. Son dos familias de almas que se enfrentan constantemente y pugnan por la salvación o condenación de los hombres.

Muchas veces el escenario ha sido en la misma tierra de combate, y espíritus generosos han sabido rendir sus vidas con virtuoso desprendimiento y santo desprecio por las consideraciones humanas. Ya el libro de los Macabeos nos retrata con colores luminosos uno de los tanto pasajes del Antiguo Testamento en que es apreciable esta lucha y enemistad.

Y así fue con cada estallido del infierno en la tierra, con cada intento de Satanás para perder a los hombres. La Historia recoge piadosamente estos sucesos y los conserva con piedad para perpetua memoria de los pueblos.

La lucha en los días de hoy

Con angélica inteligencia, el enemigo de la Virgen y de la Iglesia, ha sabido ir mutando sus estrategias e inspirando astutos cambios a sus hijos espirituales, según conviniese a sus planes y proyectos hasta que pueda – según pretende desde un inicio – hacerse adorar y servir por todos y eclipsar a Dios con su triunfo.

Por lo mismo ha podido insinuar a sus siervos y secuaces, cuándo avanzar, cuando retroceder, cuando simular muerte y cuando sugerir el peso de una multitud que clama por un cambio. Padre de la Mentira y psicólogo exquisito, sabe con astucia de serpiente, toda la complicada trama que componen las relaciones humanas en sociedad, y utiliza todo su conocimiento a favor se sus siniestros planes y asechanzas.

En el pasado, no vaciló en ahogar en sangre a poblaciones enteras para imponer sus principios infernales. En otras ocasiones sometió por la violencia y el terror naciones enteras que gimieron cautivas bajo sus garras. En otras, en fin, supo delimitar con precisión quirúrgica, qué demoler y derribar para acabar con cualquier barrera, obstáculo o reacción que pudiesen no sólo impedir, sino siquiera retardar sus planes. Y la Santa Iglesia, como precioso diamante entre vulgares trozos de vidrio, siempre fue perseguida, directa o indirectamente en cada ataque y jugada demoníaca.

La sangre de los mártires fue siempre semilla de nuevos cristianos y la promesa del mismo Cristo de que las puertas del infierno no prevalecerían contra Ella, y que estaría con Ella hasta el Fin, se ha venido cumpliendo con consoladora y segura fidelidad.

La Serpiente Antigua corrigió el camino y un nuevo tipo de guerra comenzó a librarse. No se trataba más de lucha abierta y manifiesta. De esas luchas que no dejan a nadie indiferente y que involucran del todo y en todo al hombre.

Comenzó a tratarse de un género distinto. Salvo raras excepciones, no utilizará la fuerza más que para apagar un foco de reacción aquí o crear un exceso allá para reforzar sus principios si es necesario. Ahora se tratará de la penetración de sus perversos principios en la mente, en la psiquis humana, sin derramar una sola gota de sangre y obteniendo masas enteras corriendo alegre y confiadamente al abismo infernal.

Sin resistencias, con el apoyo y aplauso de todos, conquista almas en proporciones y adhesión nunca antes desconocidas. Se trata de la guerra psicológica. Guerra, digámoslo de una vez, que constituye la gran esperanza y salida para el ejército del mal.

El odio y la violencia metamorfoseados

Aunque nacido necesariamente del odio – y dirigido por su propia lógica interna al uso de la violencia, ejercida por medio de guerras, revoluciones y atentados – el ataque dirigido y comandado por Satanás, se vio compelido por grandes y profundas modificaciones en la opinión pública, a disimular su rencor, así como a fingir haber desistido de las guerras y de las revoluciones.

Ahora bien, la lógica quiere que si esas disensiones fuesen sinceras, de tal manera se desmentiría a si mismo, que se auto-demolería.

Lejos de eso, usa la sonrisa tan sólo como un arma de agresión y de guerra, y no extingue la violencia, sino que la transfiere de campo de operación de lo físico y palpable al de las actuaciones psicológicas impalpables. Su objetivo: alcanzar, en el interior de las almas, por etapas e invisiblemente, la victoria que ciertas circunstancias le estaban impidiendo conquistar de modo drástico y visible, según los métodos clásicos.

Por supuesto, aceptamos la objeción, no se trata aquí de efectuar, en el campo del espíritu, algunas operaciones dispersas y esporádicas. Se trata, por el contrario, de una verdadera guerra de conquista – psicológica, sí, pero totalteniendo en vista a todo el hombre, y a todos los hombres en todos los países. Un ejemplo de candente actualidad: la ‘revolución cultural’ del socialismo renovado.

Como una modalidad de guerra psicológica revolucionaria, a partir de la rebelión estudiantil de La Sorbonne, en mayo de 1968, numerosos autores socialistas y marxistas en general pasaron a reconocer la necesidad de una forma de revolución previa a las transformaciones políticas y socio-económicas, que operase en la vida cotidiana, en las costumbres, en las mentalidades, en los modos de ser, de sentir y de vivir. Es la llamada revolución cultural.

Consideran ellos que esta revolución preponderantemente psicológica y tendencial, es una etapa indispensable para llegar al cambio de mentalidad que haría posible la implantación de la utopía igualitaria, pues, sin tal preparación, esa transformación revolucionaria y los consiguientes «cambios de cultura» resultarían efímeros.

Proceso de transformación: el secreto y el éxito de la guerra psicológica

La revolución en las tendencias es, recordémoslo, la más profunda y primera de toda revolución en el hombre. Esas tendencias desordenadas por su propia naturaleza luchan por realizarse, no conformándose ya con un orden de cosas que es contrario: comienzan por modificar las mentalidades, los modos de ser, las expresiones artísticas y las costumbres, sin tocar al principio, de modo directo – habitualmente por lo menos – en las ideas. Estas últimas, inspiradas por el desarreglo de las tendencias profundas, generan nuevas doctrinas.

Es decir, de las camadas profundas tendenciales pasamos a la crisis en el terreno ideológico. Estas nuevas ideas procuran a veces, al principio, un modus vivendi con las antiguas, y se expresan de tal manera que mantienen con éstas un simulacro de armonía, el cual habitualmente no tarda en romperse en lucha declarada.

Esta transformación de las ideas se extiende, a su vez, al terreno de los hechos, donde pasa a operar, por medios cruentos o incruentos. La transformación de las instituciones, de las leyes y de las costumbres, tanto en la esfera religiosa cuanto en la esfera temporal. Es una tercera crisis, ya enteramente en el orden de los hechos.

La evolución descrita no significa necesariamente que dichas profundidades – si bien de algún modo escalonadas – sean unidades cronológicas distintas. De hecho, las distintas operaciones las interpenetran en el tiempo. Por otra parte, no se diferencian nítidamente unas de otras. La nitidez varía mucho de un caso para otro.

No significa tampoco que sean incoercibles. El libre arbitrio humano, coadyuvado por la gracia, puede vencer cualquier crisis. Describimos como que describiendo el proceso de una enfermedad hasta la muerte, sin pretender con ello que la enfermedad sea incurable.

Una guerra psicológica total

Insistimos en este concepto de guerra revolucionaria total. En efecto, la guerra psicológica tiene como objetivo toda la psiquis del hombre, es decir, lo «trabaja» en las varias potencias de su alma y en todas las fibras de su mentalidad. Tiene por objeto a todos los hombres, es decir, tanto a partidarios o simpatizantes de la ofensiva infernal, cuanto a neutros y hasta adversarios.

Ella echa mano de todos los medios, a cada paso le es necesario disponer de un factor específico para llevar insensiblemente cada grupo social y hasta cada hombre a aproximarse, por poco que sea, de la jugada del momento. Y esto en cualquier terreno: en las convicciones religiosas, políticas, sociales o económicas; en las impostaciones culturales, en las preferencias artísticas, en los modos de ser y de actuar en familia, en la profesión, en la sociedad.

Las dos grandes metas de la guerra psicológica revolucionaria

Dadas las actuales dificultades de reclutamiento ideológico de jugadas como el comunismo, lo más útil de sus actividades no se ejerce sobre los amigos y simpatizantes, sino sobre los irreductiblemente neutros y sobre los adversarios: engañar y adormecer en forma paulatina a los irreductiblemente neutros, dividir a cada paso, desarticular, aislar, aterrorizar, difamar, perseguir y bloquear a los adversarios; éstas son, a nuestro modo de ver, las dos grandes metas de la guerra psicológica revolucionaria.

De esta manera, la Revolución se vuelve capaz de vencer, pero más por el aniquilamiento del adversario que por la multiplicación de los amigos.

Obviamente, para conducir esta guerra, la Revolución moviliza todos los medios de acción con que cuenta en los países occidentales, gracias al apogeo en que éstos se encuentra la ofensiva de esta cara de la ofensiva anticristiana.

¿De donde surge esta opción de combate?

La guerra psicológica es la resultante natural de la combinación de dos factores contradictorios que ya mencionamos: el auge de influencia revolucionario sobre casi todos los puntos clave de la gran máquina que es la sociedad occidental, y por otro lado el declive de su capacidad de persuasión y liderazgo sobre los estratos más profundos de la opinión pública de Occidente (de sus rostros más duros, como el socialo-comunismo, por ejemplo).

Binomio miedo-simpatía: un sencillo ejemplo de sus técnicas manipuladoras

Hay en esta estrategia demoníaca un concierto tal con la psicología humana que aterra comprobar la efectividad que sus principios de acción presentan así como la ceguera de los hombres para con éstos.

Para no exceder las pretensiones de este trabajo, citaremos tan sólo una de las técnicas revolucionarias de coerción y manipulación de la opinión pública. Se trata del binomio ‘miedo / simpatía’.

Imaginemos un sector social particularmente reacio a cooperar con un estallido o amenaza revolucionaria. El comunismo, por dar un caso recurrente.

La Revolución se encargará de presentar no ya una alternativa radicalmente atea e igualitaria, sino una alternativa tan igualitaria como la anterior, pero de rostro sonriente junto con la irrupción de otra amenazante y caotizadora. La opinión pública, aterrada ante esta última, salta a las garras de la alternativa sonriente y afable, aún cuando tenga los mismos fines que la anterior menos simpática. Por adopción psicológica, desde entonces se preferirá todo lo relacionado con la alternativa apacible y nunca se buscará una reacción legítima y distinta desde los principios hasta los medios y fines.

O bien – mejor aún – conducirá la retórica hacia la visión de dos alternativas extremas y aparentemente contrarias (un candidato terrorista y sanguinario tipo ‘Che Guevara’ y otro estalinista-fascista armado y radical) y una línea intermedia que represente exactamente lo que se desea conseguir en esa porción social o en ese país. Como ventaja se contará, de paso, con un alegre y encendido entusiasmo para la propuesta que en condiciones normales y meditadas nunca habrían sido aceptadas.

Por eso el binomio miedo/simpatía juega con estas dos emociones procuradas en el sentir público. Para violentar y forzar la conducta y los sentimientos hacia alternativas hasta el momento firmemente rechazadas.

El lector atento observará cómo puede utilizarse en sentido inverso para, por ejemplo, conducir a modo de un ganadero con su grupo de animales, hacia un punto deseado creándole una imaginaria ‘barrera’ en el sentido opuesto, una suerte de ‘por aquí ni pienses que puedes mirar o estar’. Y un buen perro amenazante oportunamente colocado en el sentido opuesto del deseado, cerrará la operación mental que deseábamos.

En política equivaldría guiar a la opinión pública hacia un signo determinado por una campaña de terror, que involucre al signo opuesto en un personaje que haga las veces de ‘bestia negra’ donde descargar una incesante propaganda negativa, una lluvia de reprobaciones y condenas, una larga serie de protestas y actos de repudio, etc. por contaminación de los medios de comunicación unánimemente transmitiendo ese clima y reforzándolo con su prestigio y peso social, la cirugía estética social ya fue silenciosamente operada.

¿Cómo contrarrestar el ataque?

Sabemos que el libre arbitrio humano, coadyuvado por la gracia, puede vencer cualquier crisis, como puede detener y vencer a la misma Revolución. Este libre arbitrio debe ser ayudado por el hábito de la reflexión y del espíritu sanamente crítico, el sano cuestionamiento, el refuerzo de la lógica y el estudio constante.

El primer paso que dan los revolucionarios, es borrar de nuestras mentes y corazones el principio de contradicción, por el cual ‘una cosa no puede ser y no ser bajo al mismo tiempo y bajo un mismo punto de vista’. Es como diría el Señor: «Que vuestro lenguaje sea sí, sí, no, no, pues todo lo demás viene del Maligno.»

Observemos bien nuestro interior y midamos hasta qué punto tenemos nítidas las fronteras entre el bien y el mal, la virtud y el pecado, lo bello y lo feo, lo lícito y lo ilícito, la verdad y la mentira, etc. Una vez esfumadas las fronteras, damos para a todo, porque otro se encargará de pensar por mí y yo me limitaré a actuar.

Independicemos nuestro pensamiento y, por ejemplo, veamos cual es la oposición lógica a lo que rechazamos. ¿Es lo que se nos presenta su contrario o es su par en el juego? ¿Qué sería lo legítimo en aquello? Son muchas las preguntas que espontáneamente van surgiendo. Y dejamos, poco a poco, de ser esclavos para vivir la libertad que el Dulce Redentor obtuvo para nosotros a Precio de Su Sangre.

Fuentes
Artículo publicado originalmente en el desaparecido sitio Cristiandad.org en el 2001 por Cynthia Caden