Esta es la razón de por qué la verdad despierta el odio | Proyecto Emaús

Esta es la razón de por qué la verdad despierta el odio

¿Por qué existe tanta persecución contra la verdad en el mundo entero? ¿Por qué en países donde los católicos constituyen la mayoría absoluta de la población, hay, sin embargo, tantos ataques a la Iglesia Católica? ¿A quién se persigue realmente? ¿A Cristo?, ¿A la verdad?…

Aquí es necesario tener presentes dos elementos que nos han de ayudar a formar criterio. El primero, es recordar que fue Nuestro Señor Jesucristo quien se llamó a si mismo “la verdad”, El único camino para llegar al Padre.  Seguir a la verdad, implica -necesariamente-, desechar todo lo que se aleja o pretende alejarnos de ella, es decir, la mentira.   También fue el mismo Cristo quien nos advirtió y recordó que la mentira, proviene del enemigo del hombre, mentiroso y homicida desde el principio.

El fue un homicida desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira.

Juan 8:44

Es por ello,  que los verdaderos Cristianos e hijos de Dios, hemos sido llamados a ser “piedra de tropiezo” (en el sentido de 1 Pedro 2:8),   y “disidentes” con este mundo, del que Satanás es amo y Príncipe. Por ello, cuando rechazamos todo aquello que nos ofrece, denunciamos abiertamente sus mentiras y nos apegamos a la verdad, se nos identifica de inmediato como adversarios y enemigos de su funesta obra. Esto conlleva por supuesto ciertas dificultades y consecuencias: odio y persecución.

Dos niñas rezan en las ruinas de una iglesia derruida por el terrorismo islámico.

Recociendo que aquellos quienes identifican plenamente sus mentiras,  se les ha concedido por gracia de Dios el conocer la verdad,  se decide a arremeterles  de mil una maneras, pero, no cuenta que en Su infinita sabiduría, el Señor permite a los esbirros del demonio (los ejecutores de sus obras) atormentar a sus escogidos. De esta manera con el tiempo concedido en esta vida, el necio se condena y el justo es santificado. Por eso es necesario considerar las dificultades de esta vida asociadas con el proclamar la Verdad, como medios de santificación.

Por otra parte también es necesario resaltar que estos ataques no sólo se hacen cada vez más repetidos sino también cada vez más violentos. Los medios de comunicación ya casi no informan, o si lo hacen es con muy poco destaque, los diversos atentados a imágenes religiosas, profanaciones del Santísimo Sacramento, intentos de incendio, y otras cosas de ese género.

Imágenes de la Santísima Virgen María, blanco muy común de quienes odian la verdad.

Las puertas y paredes de múltiples templos alrededor del mundo ya han sido quemadas, pintadas y los vitrales que adornaban sus ventanales han sido quebrados por todo tipo de manifestantes. Atentados contra imágenes de la Santísima Virgen, no han sido extraños en los últimos años. A esto podemos sumar los rayados en muros de Iglesias, donde se lee: “la única Iglesia que ilumina es la que arde”.

Estos hechos podrían parecer pequeños o insignificantes en comparación de la persecución que sufren los cristianos ya no sólo en países como Siria o Irak sino más bien (y de manera asolapada muchas veces) en el mundo entero.

Para entender cuál es la lógica de este odio, le damos la palabra al Profesor Plinio Corrêa de Oliveira, quien escribió en el diario “Folha de Sao Paulo” un artículo sobre el tema.

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Un simpático lector me pide que explique por qué la Iglesia – a pesar de ser quien pregona la verdad – ha sido tan combatida a lo largo de su historia. También quiere saber por qué son tan combatidos en nuestros días los católicos que no pactan con los errores del siglo, y se mantienen fieles a la enseñanza inmutable de Nuestro Señor Jesucristo.

Me parece que el lector podría haber ampliado aún más el espectro de su pregunta. Las persecuciones hechas contra la Iglesia y los verdaderos católicos de nuestros días, son un prolongamiento histórico de las que sufrió Nuestro Señor Jesucristo.

¿Cómo explicar que el Dios- Hombre, que es el Camino, la Verdad y la Vida, haya sufrido persecución, hasta el punto de ser crucificado entre dos vulgares ladrones?

A esa pregunta responde luminosamente uno de los mayores Doctores de todos los tiempos, el gran San Agustín, obispo de Hipona. Reproduzco aquí -adaptándola ligeramente, para mejor comprensión del lector contemporáneo- la enseñanza del Doctor de los siglos IV y V.

Los Cristianos Ortodoxos y sus iglesias en Donbass, Ucrania, también han sido objetivos preferidos de quienes odian la verdad.

Comentando la célebre palabra de Terencio: ‘la verdad engendra odio’, San Agustín pregunta cómo explicar hecho tan ilógico.

Enunciado así el problema, el santo Doctor pasa a la explicación.

La naturaleza humana es tan propensa a la verdad que, cuando el hombre ama algo contrario a la verdad, quiere que este algo sea verdadero. Con esto, cae en el error, persuadiéndose de que es verdadero lo que en realidad es falso.

Así, es necesario que alguien le abra los ojos. Ahora bien, como el hombre no admite que se le muestre que se equivocó, por esta misma razón no tolera que se le demuestre cuál es el error en que está. Y el Doctor de Hipona observa:

¡De esta forma, ciertos hombres odian la verdad por amor hacia aquello que ellos tomaron por verdadero! De la verdad ellos aman la luz; no, sin embargo, la censura a sus equivocaciones. Por su deslealtad, tales hombres sufren de la verdad el siguiente castigo: no quieren que la verdad los desvende; y, sin embargo, ella los delata y continúa velada a sus ojos.

Y así, es de esta manera, es precisamente de esta manera como es hecho el corazón humano. Ciego y perezoso, indigno y deshonesto, se oculta, pero no admite que nada se le oculte. Y por esto le sucede que él no consigue huir de los ojos de la verdad, pero la verdad huye de los ojos de él.

Con estas palabras concluye san Agustín su magistral comentario…

He ahí, la razón por la cual quien dice la verdad sufre persecución. ¡Y así se explican la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los veinte siglos de historia de la Iglesia!”